El Elefante del Rey.

"Vaya marrón, menuda se ha armado  para que tenga que pedir perdón…", debió pensar el Rey don Juan Carlos al comprobar la polémica que provocó su viaje safari a África. Cazar elefantes y búfalos en Botsuana u osos en Rumanía es algo que siempre ha hecho;  eso si:  en el mayor de los secretos. El poder político y mediático respetaban esa intimidad. Pero esta vez surgió un imprevisto que lo imposibilitaba: dio un mal paso y se rompió la cadera. La Casa Real tardó en reaccionar, incluso  sopesó si ocultar o falsear la información, pero el riesgo de que se descubriera la mentira podría tener consecuencias peores, por lo que se oficializó la cacería, a los tres días, cuando el Rey había regresado a Madrid para someterse a la operación pertinente. La publicación de una foto de archivo (2006), junto al cazador profesional Jeff Rann, y delante de un elefante abatido, corrió como la pólvora e hizo el resto.

Quizás no calibró la grave situación económica que está estrangulando a la sociedad española, no son días de vino y rosas precisamente (se fue justo en el peor momento de la crisis); quizás vive en otra realidad, alejado de los problemas del pueblo (de ahí que chocara respecto a su actitud previa al comentar que le preocupaba la juventud española); quizás no  imaginaba el poder propagador y crítico que  hoy en día se alcanza con Internet y las redes sociales.

La tradición de la aristocracia y las familias reales por las cacerías y los safaris era sabida, pero lo pensábamos como algo lejano, de otra época, una moda extravagante de ricos y gente elitista y ociosa. Este percance ha tenido el amargo don de recordarnos que hay cosas que no cambian y que esos extraños placeres de matar bellos animales en la sabana africana por parte del personal de las altas esferas sigue existiendo. Es más,  el previo accidente de su nieto de 13 años, al dispararse con una escopeta en el pie, algunos (me incluyo), inevitablemente, lo han relacionado con las primeras enseñanzas en el mundo de la cacería.

Las críticas de la sociedad se ha movido en diferentes ámbitos, aunque en general lo que ha molestado es que el Rey se haya ido a divertirse matando elefantes en medio de una crisis que tiene sobrecogidos a los españoles. Unos critican que estos viajes no sean sabidos, la réplica es que los reyes también tienen derecho a días de asueto; otros quieren saber todos los datos organizativos: ¿quién acompañó al Rey y quien pagó y organizó su viaje? ¿cuántos viajes similares hubo en el pasado? Personalmente, lo que más me ha dolido es el elefante. Cuando vi la foto con el paquidermo ejecutado llegué a pensar que era un montaje (nada más lejos de la realidad). Luego ha venido la defensa de las empresas que se dedican a los safaris: que hay zonas de África donde hay que controlar la población y que las cacerías dejan beneficios económicos en lugares necesitados. Más allá de eso, no es nada edificante la postal del Rey con un elefante acribillado a balazos, y menos en quien preside organizaciones pro-animales. A ver con que cara le cantas a un niño lo de "un elefante se balanceaba en la tela de una araña, como veía que no se caía, se fue a buscar a otro elefante…. dos elefantes…" mientras en  los canales de la televisión no paran de poner al Rey disparando y matando a esos mismos elefantes.

Algo ha quedado claro: en esta crisis dentro de la crisis, la sociedad en general ya no es un convidado de piedra, es parte activa que influye mucho por medio de Internet. De hecho, creí percibir que en este caso el pueblo fue por delante del mundo político y periodístico. Me explico. Cuando ya era sabida la situación y se publicó la foto, inmediatamente, las redes sociales comenzaron a echar humo: diferentes bromas, burlas y caricaturas invadieron la red de redes, no había freno. Sin embargo, el mundo político, y mayormente el periodismo tradicional, tenían el ancla desplegada. Solo al cabo de unos días comenzaron también a publicar y emitir sus críticas, humor y sarcasmo. En ese caso, el pueblo fue por delante del poder establecido y lo arrastró consigo. Al final, al rey no le quedó más remedio que pedir perdón. Posiblemente, sin Internet, no hubiese tenido que hacerlo. Fue como  el tapón que destapa la bañera. Para la sociedad, un tabú se rompió, y cuando eso ocurre, no hay vuelta atrás.

Pero quizás, con lo que no contó el Rey -y tenía que haber tenido más en cuenta-, fue con el pasado, que siempre tiene enseñanzas, aunque no siempre podamos o queramos verlas. Precisamente, un elefante puso en un brete a su abuelo, Alfonso XIII, un brete de tal magnitud que le costó el reinado y significó la proclamación de la II República. De hecho, el elefante se convirtió en el símbolo republicano. Incluso Primo de Rivera intentó mediar para que el paquidermo no se lo llevara por delante, pero no hubo manera: Alfonso XIII estaba obsesionado. En este caso se ha dado otra extraña coincidencia: el mayor momento del jaleo del elefante de don Juan Carlos coincidió con la celebración de la república (14 de abril).

¿No se lo creen? Es algo que me temía, así que he venido documentado. A continuación les ofrezco un mediometraje-documental: El Elefante del Rey (Carlos Higinio Esteban y Víctor García León), donde se contará esta historia poco conocida pero muy interesante a la par que inquietante (al menos para la monarquía). No se preocupen, no piensen que por decir monarquía será aburrida, que va, tiene los ingredientes de las mejores novelas que a todos nos gustan: amor, celos, pasión, locura…

Esta es la rocambolesca historia de un taxidermista, un rey y una bella mujer anarquista… en los años 20, cuando los burgueses se cansaron de la estética modernista de la revolución industrial y vuelven la mirada a la naturaleza. África se puso de moda en la alta sociedad. Políticos, aristócratas y familia real viajaban a la África inglesa para realizar safaris organizados. La clase media se conformaba con ir a la casa de las bestias.

Alfonso XIII da caza a un enorme elefante africano (no en Botsuana sino en Sudán) en verano de 1923, y así comienza la historia del famoso Elefante del Rey… la historia previa al otro famoso elefante de 2012 queremos decir.

El Elefante del Rey parte 1

http://www.youtube.com/watch?v=CU_w9Bbu94U

El Elefante del Rey parte 2

http://www.youtube.com/watch?v=HK3eBpheUC0&feature=relmfu

 

COMENTARIOS (3)

  1. Nieves Correa Pérez dice:

    Un fantástico y acertado análisis. Felicidades.

  2. Luis Rollán dice:

    Más allá de la caza del elefante. La historia tan recurrente del rey en Bostwana, me sugiere, me retrotrae en el recuerdo, a un libro que tuve ocasión de leerme de una escritora argentina de nombre Esther Vilar, que levantó una tremenda polémica en la por entonces España que daba sus últimos coletazos al franquismo en los albores de los años 70 del pasado siglo. Tuvo una entrevista, que debe estar en Youtube con el inefable José María Iñigo, en un programa magazine en prime time tipo Talk Show cuandó tan sólo teníamos la 1 y la de 2 de TVE. El susodicho libro llevaba por título "El varón domado", al que le atribuyo la misma actualidad e "interés informativo" que se le dio en equella época.

    Saludos cordiales…

  3. Queen dice:

    Me esfuerzo por tratar de entenderlo casi todo. Sin embargo, lo reconozco, estoy muy lejos de llegar a conseguirlo.
    Este viaje, esta cacería, "esta monarquía", no me "cuadran", por mucho "control de poblaciones" y mucho "estímulo económico y social" que queramos ver (y de hecho exista) detrás de este tipo de actuaciones.

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