Después de veintisiete años parece que habrá una nueva huelga en el fútbol español. Los jugadores quieren que les aseguren el cumplimiento de los contratos y la percepción de los mismos; sin embargo, plantean esta postura radical antes de iniciar la temporada y sin profundizar en unas negociaciones. Lo hacen además en una época en que la sociedad empieza a hartarse de conflictos, medidas de fuerza y de que no se arrime el hombro por sacar esto para adelante. Nos llenamos la boca hablando de Estado, algunos más patriotas hasta de nación, pero pocos suman por él y muchos son los que destruyen.
Tras este desahogo filosófico mío, la clave de esta situación remonta al uso fraudulento que los dirigentes han hecho de la Ley Concursal, que ha permitido que clubs endeudados que no han cumplido contratos, traspasos no puedan descender, es decir, se premia su mala gestión y no se les baja como antiguamente. Hace unos años me parecía una barbarie el modelo americano de la NBA que primaba unos requisitos económicos sobre los logros deportivos de los equipos; hoy cada vez estoy más convencido que para dejar participar a un equipo en una competición tendría que cumplir en unos plazos con una serie de requisitos como un presupuesto acorde a sus ingresos, unos límites salariales, unos sueldos que se revalorizasen o devaluasen en un porcentaje en función de un ascenso o descenso y unas penalizaciones graves en forma de puntos de descuento para quienes no cumpliesen con pagos a sus asalariados o no cumpliesen los plazos de pago de sus fichajes; algunas de estas normas ya las aplica UEFA o FIFA, pero dentro de España con tal de no enfadar a nadie todo vale-recuerden que hace dieciséis años se descendió a Sevilla y Celta por no cumplir con la normativa sobre sociedades anónimas, pero como la gente se echó a la calle, se les repescó y esa temporada jugaron veintidós equipos en Primera-.
La AFE tampoco está para muchas lecciones morales, cuando recibe dos millones de euros de la Liga de Fútbol Profesional, en otros países los sindicatos se nutren de sus afiliados y no de la Patronal. Es verdad que fuera de la Primera los sueldos de los futbolistas, teniendo en cuenta la cortedad de su carrera, no son tan cuantiosos, pero si los de Primera otorgasen un ínfimo porcentaje de sus fichas, pongamos un 0.5 por ciento, el problema estaría arreglado. Sé que esta medida tiene un aire demagógico, pero no deja de resultar ridículo que Cristiano, Messi, Casillas, Forlán, Llorente, Mata y tantos otros estén en huelga por solidaridad que no por gremialismo puro y duro. Percibo en las manifestaciones de algunos jugadores auténticas incongruencias, así he escuchado al jugador de la UD Javi Guerrero que lo que habría que hacer es gestionar como su club, cuando fue Las Palmas uno de los primeros equipos en aplicar la Ley Concursal que le permitió sobrevivir pero a costa de incumplir multitud de contratos.
Al final, se sigue maltratando a los aficionados con huelgas, horarios estrafalarios, precios abusivos en los abonos o entradas y ,algún día, estos se podrán rebelar contra este espectáculo con toda razón; cuánta distancia en el respeto a sus hinchas con la Premier que a día de hoy ya tiene un calendario fijado con horarios incluidos para toda la temporada. Esta situación no deja de ser el reflejo de un país, donde todos reivindican sus derechos pero muchos incumplen con sus obligaciones y que conste que reconozco que hoy mis reflexiones tienen un tufillo reaccionario que no suele destilar mi personalidad.

