Los prodigios de Nuestra Señora de Las Nieves (III)

– LA VIRGEN Y LA MAR

"Señores, recemos y digamos que buen viaje hagamos; una salve a la Virgen de Las Nieves, abogación de esta embarcación: el Señor nos de buen viaje y buen tiempo y nos lleve a puerto de salvamento"

En las paredes de la suntuosa ermita de Nuestra Señora de Las Nieves, "Santuario tan antiguo que no se le conoce ni sabe en esta isla origen y que se han obrado muchos milagros valiéndose de esta Imagen", cuelgan unos magníficos exvotos marineros en agradecimiento a la Patrona por los beneficios recibidos. A través de las centurias, la Palma ha tenido una dilatada historia marinera. Los hombres de la mar tuvieron por especial protectora a "la Morenita", a la que imploraron en sus vicisitudes, recordaron en sus peligros y cuya protección buscaron en los naufragios.

Yanes Carrillo nos recuerda en su obra de 1953, Cosas viejas de la mar, cómo en las noches de tormenta y dura tempestad, los marineros repetían aquella invocación, antes de subir a lo más alto de la jarcia, y esto, decían, "les daba ánimos y alientos para luchar allá arriba".

Era costumbre que en los veleros llevaran en su cámara una imagen de la Virgen de Las Nieves y así le suplicaban: "Madre mía de las Nieves, manda un relámpago para ver donde me agarro". A la venerada efigie se le imploraba y se encomendaban con fervorosa oración en momentos de peligro, diciendo "Madre mía de Las Nieves, ayúdanos". Algunas naves veleras que cruzan el Atlántico son bautizadas con el nombre de la Virgen milagrosa. Por eso se dice que es una Virgen marinera. Los capitanes de barcos atacados por los filibusteros, que se creen invencibles sobre el mar, imploran su protección. Cumpliendo promesas ofrecidas cuando el peligro les amenazaba, muchos de ellos, como recuerda Félix Duarte, llegan a "postrarse a sus pies, viendo en sus ojos divinos una escala de ternura y de amor, por la cual los espíritus cristianos, en sus horas de júbilo, vislumbran una anticipación de los éxtasis que disfrutan los bienaventurados en el reino de la gloria…"

El profesor Jesús Pérez Morera también rememora cómo una vez llegaban a tierra, rápidamente iban al Santuario a postrarse a los pies de "Asieta" (entre otras interpretaciones: "Alma Santa Inmaculada En Tedote Aparecida"), "a darle gracias por haber podido pisar nuevamente su tierra y si el viaje había sido malo y les había azotado alguna dura tempestad, al regreso le llevaban botijas de aceite para la lámpara y hacían promesas, yendo unos desde el muelle, desnudos, de la cintura para arriba; y otros mudos, sin hablar, hasta llegar al santuario, y otros descalzos, en cumplimiento de lo que habían prometido".

El santuario posee la colección de exvotos marineros pictóricos más completa del Archipiélago. El más antiguo lleva la fecha de 6 de mayo de 1639 (segundo más antiguo de España. El primero, fechado en 1621, se halla expuesto en la capilla del Rosario de la iglesia de Santo Domingo de la capital palmera), y los demás de 1704, 1722, 1723, 1757 y 1768. En palabras del artista e investigador palmero Fernández García: "todos se refieren a hechos similares y son un vivo exponente de la fe y agradecimiento de aquellos hombres por el favor recibido". Éste de 1639 narra cómo a las once y media de la noche del 12 de mayo de ese año, la fragata capitaneada por don Luis de Miranda salió del puerto de Campeche rumbo a La Palma y quedó varada hasta el día 16: "trabajando noche Y dia para salvar las vidas y al cabo de este tiempo fue el Señor servido Y la Virgen de Las Nieves que nadara dicha fragata y fuera navegando hasta Canpeche sin peligro ninguno (…) un devoto de aquella Santa Virgen prometio colocar el portento en su milagrosa Casa".

Los exvotos pictóricos tratan de describir, sin mayores pretensiones, y lo más claramente posible, la enfermedad o el accidente, en este caso la tempestad o el naufragio, de cuyas fatales consecuencias se han salvado milagrosamente. Unos tipos de pinturas votivas que fueron muy populares en América, encontrándose en casi todos los más importantes santuarios.

La serie de exvotos del Santuario de Las Nieves llamó la atención de Charles Edwardes, que visitó La Palma en 1887. Su contemplación suscitó en el ilustre viajero británico el siguiente comentario: "Es también en esta famosa capilla donde los hombres de la mar hacen sus promesas antes de embarcarse para La Habana. De sus paredes cuelgan viejas pinturas grotescas que representan milagros obrados en la mar por la Virgen misericordiosa. En 1704, por ejemplo, el capitán de una bricharca canaria, enfrentada a un barco pirata turco, invocó a la Virgen de Las Nieves con tal éxito que durante tres horas que duró la lucha no cayó un solo español, aunque sí numerosos turcos". El maestre de campo don Gaspar Mateo de Acosta envió desde La Habana, el 18 de noviembre de 1704, como agradecimiento a la Virgen de La Palma por su milagrosa intersección ante el ataque argelino, la maravillosa cruz parroquial de plata, de estilo barroco.

Una armada de "turcos africanos" había saqueado Lanzarote en 1618 y mostraba su intención de invadir La Palma. Unos bárbaros cuyas "nieblas de infidelidad no vieron el poder inexpugnable de la reyna que la favorece". Cuando se encontraban los navíos en la bahía capitalina, llevaron a la Virgen al monte que está frente del santuario y desde donde se divisaba la armada "a cuya presencia no pudieron los bárbaros sufrir lo ayrado de los divinos ojos; y no pudo ser sino llenos de temor la diligencia, con que, dexando aquella isla en su quietud y paz, fueron la buelta del mar a la de La Gomera". Allí, los temidos piratas argelinos Tabac Arráez y Solimán sí lograron invadir San Sebastián.

Otra sencilla historia de 1702 nos relata cómo la nave de Nicolás Marques, habiendo partido "de este puerto rumbo a la isla de San Miguel, al llegar la noche del vigésimo sexto día de viaje, se vio envuelta en una feroz tormenta, y al divisar una estrella durante la confusión, los tripulantes invocaron a Nuestra Señora de Las Nieves y en unos instantes volvió la calma".

De este terrible episodio naval también se ocupó fray Diego Henríquez, quien, "al historiar los milagros de Nuestra Señora de Las Nieves en 1714, describe, en el número 14, la benéfica intervención de la Virgen en aquel conflicto". En un manuscrito que se conserva en el British Museum de Londres y que fue publicado en la obra El Arte en Canarias [Siglos XV-XIX] Una mirada retrospectiva, gracias a que el canónigo don Santiago Cazorla León facilitó una copia del manuscrito del mencionado franciscano, se conoce cómo fue el ataque y su resolución: "… presentaron la batalla, midieron fuerzas y temiendo el christiano en lo menos robusto de las suyas lo avía de rendir el turco, acogiose al favor de Nuestra Señora de Las Nieves de su isla, imploró su auxilio, y saliendo valeroso de la riña, se entró en el puerto; Y para memoria deste beneficio, de orden del dicho capitán se puso en la capilla mayor la pintura que lo representa". Desde el inventario de 1718 aparece en el Santuario como "un cuadrito en que están pintados dos nauíos".

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