Las dos tallas marianas titulares (y II)

Viene de: Parte I

http://www.elapuron.com/blogs/arqueta/701/las-dos-tallas-marianas-titulares-i/

– IMAGEN DE CANDELERO ATRIBUIDA A SILVA.

                       La otra imagen de la Inmaculada que se venera actualmente en un magnífico retablo dorado de estípites -fechado en 1762- de la Capilla de La Vera Cruz -segunda capilla de la Epístola-, es una escultura de madera policromada de tamaño natural que desfila procesionalmente cada 08 de diciembre por las adoquinadas calles de la capital palmera. Para ello se coloca en unas magníficas andas de baldaquino de plata similares a las de San Francisco de Asís, aunque mayores y más pesadas. Fueron confeccionadas por el platero Salvador Luján y costeadas por la antigua Venerable Orden Tercera. Precisamente es la VOT la que decidió, el 9 de febrero de 1671, acudir a la procesión en la fiesta de la Inmaculada Concepción, "fiesta que más tarde, en virtud de la licencia obtenida el 10 de marzo de 1725, la Hermandad realizaba a su costa con la imagen de Nuestra Señora de la Concepción de la capilla de la Vera Cruz."

                      Se cuenta que dicha capilla había sido obra del pueblo que, el 1 de abril de 1560, había pedido al Cabildo de la isla que "se admitiese moneda no sellada porque era de limosna para construirla".

                      El bello retablo fue obra del maestro Antonio Luis de Paz (1732-1769), quien lo cubrió de "estofados de oro con todo primor" y costeado por el coronel Felipe Manuel Massieu de Vandale, cuando la Inmaculada fue declarada  "Patrona de Las Españas" en 1760. En la parte superior aparece la pintura de Duns Escoto, el teólogo franciscano que tanto defendió el dogma. También un escudo con la invocación "Mater Inmaculata", rematado con una corona imperial. En el inventario del extinguido convento de San Francisco de 1835 consta "otro altar con retablo dorado y en él la imagen de N.S. de la Concepción de vestir, y en su remate un cuadro del Sutil Escoto". Esta pintura de Duns Escoto es del anterior retablo, y según Acosta Felipe, "tiene una particularidad, es una tabla cuadrada a la que se le añaden los elementos moldurados para adaptarla a ese espejo lobulado tan barroco". Es precisamente en 1721, en la relación hecha por el presbítero Pablo Mateo Barroso de Sa donde se dice que "desde la fábrica de dicha capilla en el altar y detrás del retablo de madera que hiço la cofradia se hiço dentro de la pare un hueco de un nicho para la Ymagen de Nuestra Señora de la Concepción y a un subsiste detrás de dicho retablo con una inscripción que dice: Tota Pulchra esta mica mea".

                      La impresionante talla podía ser retirada a través del fondo de su hornacina hasta el camarín -originalmente de Nuestra Señora de los Dolores-, construido por Felipe Manuel Massieu "a fin de vestir y desnudar a Nuestra Señora con el mayor adorno y desensia…". Para algunos investigadores, como Acosta Felipe, esta bella imagen, que no consta de haber sido cambiada en ningún momento, "es anterior a la fecha propuesta, yo la fecharía entre 1706 y 1710 atendiendo a que no es lógico que tenga retablo sin existir. En el recuento de la bajada de 1715 ya se la nombra además".

                       En el Libro de la Cofradía de Misericordia o de la Vera Cruz existe una junta en la que se autoriza rodar su retablo, con su entrada a dicho camarín y sobre el que Massieu ordena fabricar una habitación. Por lo tanto, el retablo de la Inmaculada ya existía en un lateral de esa capilla, el mismo que ocupó luego el Calvario. Naturalmente hacen retablo nuevo -en el que actualmente se halla entronizada-, pero no aparece en ningún momento nada que diga que cambian de imagen. Es decir, se interpreta que el delicado candelero es anterior a esa fecha de 1732 en que se está haciendo el nuevo retablo, realizado en madera, dorado y policromado. Todo él es un "himno sublime a María".                      

                      A la imagen, siguiendo con un tipo de representación de influencia flamenca, nos la encontramos bajo la forma de la Mujer del Apocalipsis, "vestida de sol y con la luna bajo sus pies". El sol de rayos que envuelve la bella figura y la luna de plata colocada a sus plantas, son atributos simbólicos siempre presentes.  Este modelo iconográfico, utilizado por el escultor Bernardo Manuel de Silva (1655-1721) para plasmar el dogma de la Inmaculada Concepción de María, es de vestir y pelo lacio suelto postizo y natural.   Por este motivo, varios autores han visto en Silva el creador de esta exquisita pieza devocional. Pérez Morera, en su obra sobre el escultor palmero, indica que se conoce "al menos, dos representaciones de Bernardo Manuel de Silva que se ajustan al modelo descrito, ambas muy parecidas entre sí. Se trata de la Inmaculada Concepción de la capilla de la Vera Cruz en el convento franciscano de Santa Cruz de La Palma, y la conservada, retirada del culto, en la iglesia de San José de Breña Baja. Desde el siglo XVI existía en el convento de San Francisco una imagen de vestir y pelo postizo de la Inmaculada. Para esta escultura nuestro artista debió tallar una nueva cabeza y manos, de tal manera que su rostro es prácticamente idéntico al de la Inmaculada de Breña Baja y al de la Virgen del Socorro de Breña Alta. Quizá la renovación de la imagen original se hizo a finales del siglo XVII, años después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción en 1661".

                     El catedrático palmero Daranas Ventura también confirmaba esta autoría: "acoge el retablo en su única hornacina la imagen de vestir de la Inmaculada Concepción del escultor Bernardo Manuel de Silva (1655-1721) y destaca en ella su apiramidada figura, cabello postizo, largo cuello y semblante de mirada distante, de la que no se excluye un cierto grado de altivez…"

                     Efectivamente, la imagen de la Virgen aparece en posición frontal y majestuosa, con una rosa en las manos, que están unidas a la altura de la cintura. Sus características más destacadas son: rígida frontalidad, rostro oval, ojos semiabiertos, mirada perdida en el horizonte, barbilla prominente y redondeada, carnaciones marfileñas, cuello cilíndrico, nariz recta, cejas arqueadas y delgadas…

                      La gran concentración espiritual que emana de su actitud hierática y ausente sin duda captó la devoción del pueblo, que supo arroparla con mantos y joyas, con un valioso y hermoso trono de baldaquino de plata y otros regalos. En el inventario de 1821 se lee: "unas andas con cuatro carteras de la dicha parte está en plata y parte de madera. Un sol de plata con cuarenta y siete rayos. Treinta y dos campanillas de plata. Una luna y una corona de plata. Doce estrellas de plata…" Fue convertida en una espectacular dama de su tiempo adornada con los mejores ropajes.

                      Así, Ana María Massieu y Monteverde donó en herencia a la imagen un vestido "de lampaso encarnado con joyas de oro y plata que tenía."                                                                 

                       Los inventarios refieren una lista interminable de vestidos, jubones, sayas, pechos, tocas, pulseras, gargantillas, medallas, zarcillos, cadenas, pelucas naturales, etc. En el inventario del convento de 1821 -recogido por Facundo Daranas-, por ejemplo, se relaciona: "una águila de dos cabezas y pies de oro, el cuerpo de perlas finas con veintiuna esmeraldas y al centro el nombre de María. Un relicario de filigrana guarnecido de plata con dos esmeraldas y en el centro un Niño Jesús. Un par de pendientes de oro guarnecidos de perlas. Dos rosas de oro unidas por medio de unos hilos y guarnecida de perlas: la interior tiene una Virgen de la Concepción. Nueve anillos de oro guarnecidos de esmeraldas, tres de los cuales tienen unas piedras blancas…" Tanto es así, que el Obispo Francisco Martínez, prohibió en 1602 esta costumbre de vestir las imágenes de "Nuestra Señora y algunas sanctas tan profanamente como mugeres de siglo…". Otros prelados, como Cámara y Murga (en 1631), ordenaron que a las imágenes de devoción no se les pusieran "vestiduras profanas que ayan seruido a mugeres, y las vistan los sacristanes; y quando las huuieren de vestir mugeres, sea en la sacristía, o alguna capilla de la iglesia, adereçándolas de sus propias vestiduras, hechas para aquel efeto…" Sin embargo, como nos recordaba Pérez Morera, "esta actitud no fue aceptada por el pueblo, que se inclinó generalmente a los postizos, de forma que en los siglos XVII y XVIII fueron excepcionales las imágenes marianas que no se ajustaban al tipo denominado de candelero o de rueca…"

                       En el Archivo de Protocolos Notariales consta cómo Tomasa Massieu y Lordelo "soltera, nacida el 21 de diciembre de 1744, por su testamento (de su padre don Juan Massieu), le dejó un aderezo compuesto por brocamantón, collar con su cruz y pendientes, zarcillos y dos sortijas, todo de oro y esmeraldas". En el mismo documento, dejó condicionado el legado a que no lo pudiera enajenar sino transmitirse, a su elección, "en su descendencia, con obligación de prestar dicho brocamantón a la imagen de la Purísima Concepción, titular del convento franciscano, siempre que su poseedor viviera en La Palma, para el Día de los Desposorios de Nuestra Señora y para el domingo infraoctavo de Corpus en que salía procesionalmente dicha imagen". (A.P.N., 1764).

 BIBLIOGRAFÍA:

Archivo de Protocolos Notariales de Santa Cruz de La Palma, (A.P.N.), Miguel José de Acosta, 1764.

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Idem. "La plástica decorativa en el retrato de la Inmaculada Concepción en la iglesia de San Francisco de Santa Cruz de La Palma", en Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, número 4, Santa Cruz de La Palma, 2009

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PÉREZ MORERA, Jesús. Silva. Bernardo Manuel de Silva, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, D. L. 1994.

–  Idem. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad. Servicio de Publicaciones de la Caja de Ahorros de Canarias, Santa Cruz de La Palma, 2000

Idem. Arte Flamenco. Isla de La Palma, Gobierno de Canarias, 1990

Idem. Arte en Canarias. Del Gótico al Manierismo, Gobierno de Canarias, 2008

PÉREZ GARCIA, Jaime. «Santa Cruz de La Palma y su patrimonio histórico artístico. Breve guía para una visita a la ciudad», en Ecos del Santuario, nº 6, Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves, Santa Cruz de La Palma, 1980.

Idem: Casas y Familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1988

 

Un agradecimiento muy especial a mi estimado amigo Francisco Jesús Acosta Felipe, por su valiosa aportación de datos y citas.

 

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