Las misas de luz ocupaban otra parte destacada de la Navidad palmera. No hemos encontrado referencias antiguas acerca de las nueve misas que anteceden a la Nochebuena. Los únicos datos documentales que conocemos son de principios del Novecientos. No obstante, en ellos se apuntan claramente los instrumentos musicales que debieron utilizarse en los siglos precedentes. En un requerimiento notarial de 1908, el alcalde de Los Llanos de Aridane responde al párroco diciendo: «en este mismo templo se han llevado a cabo ensayos para misas de Luz, con panderetas, tambores y castañuelas y otros instrumentos por el estilo».
También las representaciones de coloquios, comedias y pasillos ocuparon la vieja Navidad palmera. Hay algunos casos célebres y muy conocidos por el auditorio. Nos ocuparemos de otros de los que se tienen vagas referencias. En la parroquia de El Salvador, por ejemplo, figura la remuneración «a los que hicieron un coloquio la noche de Navidad del 21 [1621] y a los músicos que fueron Gaspar del Lugo y Hierónimo de S. Juan» y, en el tramo de 1644 á 1647 por «aguinaldo las noches de Navidad por la música y coloquio».
Pudiera parecer que las poblaciones de mayor número de habitantes y destacada actividad económica y política fueran las únicas dónde tuvieron lugar estas representaciones. No es así. Valga el ejemplo del hoy todavía pequeño municipio de Puntagorda. En 1778, en la visita pastoral conducida por el palmero Domingo Alfaro, se hace constar: «que estando informado de ciertos entremeses ridículos que se hacen en esta iglesia la noche de Navidad lo que desdice del templo de Dios, moviendo a rizadas a los fieles que deben estar con la mayor compostura»; reprimenda del visitador que nos muestra lo que realmente ocurría en San Amaro.
La citada crónica de 1899 de Bordanova destaca que, terminadas las ceremonias de Nochebuena, la plaza de la iglesia de San Pedro Apóstol de Breña Alta comenzaba a ocuparse de alegres guapos mozos cantando preciosos romances con el acompañamiento instrumental de un tambor y el choque de los palos.
El salto a la incorporación de otros instrumentos en la Navidad palmera debió acontecer a finales del siglo xix y principios del xx. Hoy en día, el amplísimo repertorio de villancicos y la configuración de los grupos musicales y rondallas en proporción al nivel poblacional que dispone La Palma, si me permiten la licencia, no tiene parangón en ningún otro lugar del territorio español. Puedo decir incluso que, en muchos casos, cada una de las familias de la Isla suele conformar una auténtica rondalla.
Anunciar nuestro cantar se canturrea en estos días por La Palma. Cantar a lo Divino, en contraposición a cantar a lo Humano, otorga identidad propia a la Navidad en Canarias. La expresión cantar a lo Divino ha pasado al lenguaje coloquial, lo que justifica que nuestras rondallas se hayan convertido en rondallas de Divinos, en grupos como los Divinos de Santo Domingo (adscritos al templo homónimo, antigua iglesia del convento dominico de San Miguel de las Victorias) que nos esperan al término de este acto. Ese tema musical que todos los canarios esperamos oír en estas fechas tiene en gran parte de su letra autor conocido.
Mucho se ha escrito sobre los orígenes y autores de la letra de nuestro querido villancico canario Lo divino. Son varias las atribuciones, pero lo cierto es que desde que en 2001 publiqué mi primer trabajo sobre este asunto, poco se ha adelantado. A los que nos dedicamos por afición y devoción a estos temas algunas veces nos lleva la casualidad, -como ha ocurrido en este caso- a encontrarnos una fuente documental que aporta un cúmulo de información tal que puede llegar a rectificar antiguas afirmaciones y esclarecer hechos aparentemente irrefutables.
La casualidad -repito- quiso que cayera en mis manos un pequeño libro y lo abriera por la página 26, donde aparece un poema titulado Las dos Noches Buenas, firmado por Antonio Fernández Grilo. Mi mente primero y mi garganta después respondieron canturreando la entrañable música del villancico titulado en La Palma Anunciar y en el resto de las islas Lo Divino. El autor divide el poema en dos partes: la primera subtitulada Con mi madre y, la segunda, Sin mi madre, lo que evidencia que cuando escribió la primera recordaba la Navidad familiar con su progenitora y que, en la segunda, ésta ya había fallecido. El texto de la primera parte se compone de quince cuartetas, en las que Fernández Grilo rememora su infancia alrededor del nacimiento familiar que amorosamente preparaba su madre. Las dos primeras estrofas rezan:
«Madre del alma, cese tu pena,
calma tu angustia, por Dios no llores,
que ya bendicen la Noche-buena
los reyes magos y los pastores.
Bordan los valles blancos corderos,
hay regocijo en las cabañas,
y los tomillos y los romeros
llenan de aromas nuestras montañas».
El volumen donde se recoge la obra, que se conserva en La Palma, se titula El libro de la familia y fue publicado en Madrid en 1882 dentro de la colección Biblioteca Enciclopédica Popular Ilustrada. La primera edición, no obstante, data de 1880, aunque el 9 de noviembre de 1879 ya estaba lista para imprimir, según la Carta-Prólogo firmada por Teodoro Guerrero.
El poeta Antonio Fernández Grilo, hijo del cordobés Rafael Fernández y de la genovesa Magdalena Grilo, nació en Córdoba en el 13 de enero 1845 y murió en Madrid en 1906. Es autor de las obras Poesías (1860), Oda al príncipe don Alonso y las damas españolas, (1870) e Ideales (1891). Pasó su infancia y su juventud en su ciudad natal, donde en 1862 obtiene el primer premio en los juegos florales organizados por el Círculo de la Amistad, abriéndoseles desde ese momento las puertas a la literatura. Su carácter simpático y mundano, además de buen recitador, lo introdujo poco después en los círculos sociales madrileños.
Se le ha definido como poeta de ocasión, de amistad. Se ha llegado a afirmar que los reyes Isabel ii, Alfonso xii, María Cristina y Alfonso xiii sabían de memoria algunos de sus poemas. Esa amistad con miembros de la corona y ciertos políticos le sirvió para que su poemario Ideales, publicado en París en 1891, se editara bajo el patronazgo de Isabel ii. Fue conocido como el Castelar de la poesía. Grilo fue elegido para ocupar el sillón C (mayúscula) de la Real Academia Española, del que no llegaría a tomar posesión como consecuencia de su repentino fallecimiento.
A la altura de este trabajo es necesario obtener la fecha de la composición del poema de Grilo. El Dr. en Filología Románica Joaquín Criado Costa, presidente de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales y de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, en su tesis doctoral Vida y creación poética de Antonio Fernández Grilo (Universidad de Córdoba, 1975), recoge:
«En la Nochebuena de 1871 compone y dedica a su madre el poema En la Nochebuena; recuerda nuestro poeta el nacimiento que en su casa se colocaba durante sus años de infancia al llegar esas fechas; describe cada figurita de barro y de corcho lleno de nostalgia:
"Y por las cuestas de las montañas
rubias pastoras, de talle erguido.
Frutas y mieles de sus cabañas
llevando al Niño recién nacido"».
En reiteradas monografías se ha venido atribuyendo la letra de este villancico a los escritores canarios Ramón Gil Roldán (1881-1940), Diego Crosa, al. Crosita (1869-1942), Néstor de la Torre (1887-1938) y el presbítero Santiago Beyro Martín (1859-1926). Dicho lo que antecede, recordemos que la primera edición que contiene el poema de Fernández Grilo data de 1880 (aunque el libro estaba preparado ya a finales de 1879) y que el poema fue compuesto en la Navidad de 1871. Ante esto último resulta imposible, vistas las fechas de nacimiento de los poetas canarios, que sea ninguno de ellos autor de fragmento alguno del villancico Lo Divino. La mayoría no había nacido en 1871: Gil Roldán tendría unos 2 años y el mayor, Beyro, alcanzaría entre los 11 ó 12. Otras fuentes apuntan que los poetas canarios son coautores de la primera cuarteta, «Anunciar nuestro cantar», aunque también existe la opinión de que pertenece sólo a Gil Roldán.
El propio Santiago Beyro publica un artículo sumamente esclarecedor, «¡O tempora o mores!», en la primera página del periódico Gaceta de Tenerife (14 de enero de 1921), en el que recrimina al Orfeón La Paz de La Laguna:
«¿Por qué nos ha privado este año de regalarnos con el tradicional cántico conocido por Lo Divino? ¡Si es algo así como nuestro dulcísimo arrorró, arrullo de las madres canarias, que son las mejores madres del mundo; como la isa, especie de jota de nuestros queridos lares; como el tajaraste, que parece eco de la nobilísima raza guanchinesca; como el canto del boyero, tan sentimental y cadencioso cual una guajira cubana!».
Beyro recuerda los recorridos nocturnos y la delicia de escuchar cuerdas y voces de Lo Divino por la ciudad lagunera; y termina con rotundidad proclamando: «Nada, nada, que se escuche otra vez y siempre la Musa popular… "Madre del alma, cese tu pena. / Calma tu angustia, por Dios no llores, / Que ya bendicen la Noche Buena / Los Reyes Magos y los pastores…"».
Esta noticia apunta datos relevantes. Ya en 1921 el villancico era bastante conocido y querido en Tenerife, hasta el punto de que escritores como Beyro lo equiparan con todo merecimiento, al arrorró, la isa, el tajaraste y el canto del boyero. Formaba parte del repertorio tradicional navideño del Orfeón La Paz, fundado en 1918. Por los años "20 se había perdido la referencia de su autoría, haciéndose anónimo una pieza perteneciente a Fernández Grilo. El artífice de la recopilación y adaptación de la música que conocemos en Canarias es el recordado músico tinerfeño, natural de Tegueste, Fermín Cedrés Hernández (1844-1927), de quien se han escrito algunas biografías.
Cantando villancicos, las rondallas siguen recorriendo calles y templos canarios anunciado la buena nueva, el nacimiento de un niño. Los viejos e infantiles nacimientos familiares con figuritas de barro o plástico chino se iluminan con pequeñas luces y la ruta de los nacimientos palmeros que anualmente coordina la Asociación de Belenistas «San Francisco» convoca a propios y a extraños.
Así fueron y siguen siendo aquellas Pascuas en La Palma. Nacimientos envueltos entre pinos, ramas, oropel y papel… Tambores, panderos, chapas, castañuelas, cantigas, limosnas y aguinaldos recorrían eras en trilla portando en las manos llevaban pequeñas imágenes de la Virgen o de los santos… Coloquios, comedias, pasillos, procesiones del Buen Jesús… Todo muy lejano… Pero ayer -como hoy- no faltó la ternura de la Navidad de siempre.
Muchas gracias por su atención. ¡Feliz Navidad, para todos!

