Se cocía desde mediados de los años noventa del siglo pasado.
Por aquellas fechas, algunos altos cargos del gobierno de Canarias tornaban a sus pueblos de residencia, cuando su semana de trabajo finalizaba. En esos días de descanso, retomaban su costumbre mañanera de disfrutar de un cortado en el quiosco de la plaza, mientras conversaban con sus amigos de siempre. Soleaba, cuando uno de ellos comentó a la tertulia:
– "Al gobierno no le parece asumible el porcentaje de los presupuestos de la Comunidad Autónoma que se lleva Educación".
Los asistentes reconocieron el anuncio contenido en aquella frase. Sabían que un sector de los gestores políticos no valora virtudes acreditadas de la enseñanza como impulsar el progreso económico, promover la estabilidad social o garantizar iguales oportunidades a todos los ciudadanos. Al contrario, fija su atención en el alto coste económico del sistema educativo y en la escasa compensación electoral que reporta.
Durante la década siguiente, este pensamiento del gobierno del Archipiélago se materializó en la reducción paulatina del porcentaje del Producto Interior Bruto que se consignaba a la enseñanza pública y en el incremento constante de las partidas destinadas a subvencionar los centros educativos privados.
En diez años, el Gobierno disminuyó la inversión en Educación del 5,6% al 4% del Producto Interior Bruto. El capítulo asignado a Educación de los Presupuestos Generales de la Comunidad cayó del 30,6% al 23,7% (1) . Según un estudio publicado recientemente, desde 1995 hasta hoy, esta rebaja presupuestaria ha supuesto una pérdida global de 750 millones de euros (2) . En cambio, entre 1995 y 2008, las subvenciones a los colegios privados se triplicaron y pasaron de 44 a 144 millones de euros (3).
Durante estos años, los indicadores educativos del Archipiélago se hundieron hasta situar las Islas a la cola de España. El fracaso escolar en la ESO alcanzó al 38% de los estudiantes. No fue casualidad que, pasados tres lustros, el diagnóstico del "Plan Canarias" mostrara una comunidad endeble ante la crisis, debido a que sus principales motores económicos, el turismo y la construcción, habían sido dañados por la depresión, sin que el deterioro del sistema educativo permitiera compensar ese quebranto con la pujanza de una sociedad más instruida. Un 60% de los trabajadores canarios no tenía cualificación acreditada, en un momento en que, como la propia Consejería de Educación indicaba, "los estudios son clave para conservar un empleo" (4) .
Por supuesto, el gobierno negaba la conexión existente entre la merma del porcentaje de los presupuestos asignado a la enseñanza y el deterioro de los indicadores relacionados con la calidad escolar. Sobretodo, los correspondientes al número de alumnos que no completaba con éxito su formación.
El ejecutivo canario se escudó en dos chivos expiatorios: primero, en la falta de preparación y compromiso de los profesores; después, ante el desgaste sufrido por esta justificación, en el bajo nivel económico y cultural de un amplio sector de la sociedad canaria, agravado por la elevada afluencia de inmigrantes que arribaban a las Islas.
Estas coartadas venían acompañadas de una opacidad que buscaba ocultar las claves del desastre a la opinión pública. Solo a partir del desconocimiento era viable echar las culpas a los demás o activar campañas de propaganda que ensalzaran la gestión de los responsables políticos (pacto por la educación, acogida temprana, bilingüismo…).
La chocante respuesta del gobierno a la problemática social de las Islas delataba que consideraba esta realidad más una coartada útil para justificar cifras negativas, que un desafío a abordar desde la educación. Efectivamente, pese a reconocer los trastornos que los desajustes sociales imponían a colegios e institutos, la administración educativa estimaba "lógica" su política de disminuir las asignaciones a los establecimientos públicos y de respaldar financieramente a los privados. Al poco de asumir el cargo, la actual Consejera llegaba a atribuir las altas tasas de fracaso escolar a factores como "el gran peso de la Enseñanza Pública, en la Educación, en Canarias" (5). Precisamente, la que tenía que bregar con los desarreglos sociales del Archipiélago.
Pese a todo, la educación en Canarias era motivo de divertimento para el Presidente del gobierno, porque, en pleno verano de 2010, prometía, a bombo y platillo, que iba a incrementar la inversión en educación para asegurar la calidad de la enseñanza. No habría reducción, "sino todo lo contrario". Declaraciones que provocaron el desconcierto de los miembros de la comunidad educativa, que se miraban unos a otros, una y otra vez, sin entender nada (6) .
Con el comienzo del curso, en septiembre, volvió la seriedad. La Consejera comunicó los recortes inevitables que iba a sufrir su departamento a lo largo de los próximos años. No quedaba más remedio que hacer "más cosas con menos dinero", dijo. Sin embargo, afirmaba que para el Gobierno la educación era "una prioridad política de primera magnitud para operar los cambios que Canarias precisa" e insistía en que el sistema educativo público canario "cuenta con la suficiencia que precisa para la consideración de calidad y competitividad en el marco del conjunto del Estado y de Europa" (7). Al leer estas manifestaciones, recordé las palabras que el profesor Valentín Fernández Polanco escribiera, hace ya tiempo: "la medida en que una sociedad cree en la eficacia de la educación como herramienta para el logro de la igualdad y la justicia sociales se refleja inmediatamente en el tanto por ciento del PIB que esa sociedad está dispuesta a invertir en la enseñanza pública. Lo demás son discursos". (8)
A finales de septiembre, la responsable del Departamento declaró que si la reducción presupuestaria en Educación superaba los 120 millones de euros, sería complicado garantizar este servicio público (9) . El desmoche rebasó esa cifra y alcanzó los 131 millones de euros (10). Para más inri, asociaciones de padres y organizaciones sindicales descubrieron escandalizadas que las cantidades de los presupuestos derivadas a la enseñanza privada apenas menguaban un -0,5%. El contraste desnudaba tanto la estrategia del gobierno de Canarias que buena parte de la comunidad educativa se reafirmó en descartar a la crisis económica como el factor desencadenante de los recortes. Desde ese momento, denuncian con más ahínco que la crisis, en realidad, es el pretexto que sirve al gobierno para acelerar la tala emprendida tres lustros atrás.
Al final, un portavoz del Partido Popular en el Parlamento de Canarias nos dice la verdad. El recorte en educación recogido en las cuentas de la Comunidad Autónoma para el año 2011 está "justificado" porque hay que abogar por "una reforma educativa, con un modelo más competitivo". Y continúa: "por mucho que invirtamos, si no cambiamos la línea de política educativa, nos encontramos en un agujero negro" (11).
Los representantes políticos que confeccionan los presupuestos se muestran insensibles al hecho de que la enseñanza pública persigue metas valiosas para el futuro de la sociedad. En consecuencia, dejan sin respaldo económico la brega por superar dificultades que se libra cotidianamente en los centros educativos del Archipiélago. Esa actitud explica que Canarias se sitúe en la última posición de España en cuanto a inversión por alumno, 500 euros por debajo de la media nacional (12).
Como nos temíamos, para nuestros políticos, la educación es un agujero negro y la mejora manera de aminorar su profundidad y aclarar su color consiste en procurar la competencia con la enseñanza privada y en recortar, es decir, en hacer "más cosas con menos dinero".
"Más cosas con menos dinero". Suena a búsquense la vida, si pensamos mal, o al milagro de los panes y los peces, si nos damos, desesperadamente, a la fe.
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[1] Comisiones Obreras, Regresión presupuestaria en Educación durante la última década, 29 de noviembre de 2007
[2] Comisiones Obreras: La educación en España. Situación, problemas y propuestas, 2010.
[3] Instituto Nacional de Estadística, encuestas sobre financiación y gastos de la enseñanza privada.
[4] Diario de Avisos, Tenerife, 5 de noviembre de 2009.
[5] La Provincia, Las Palmas, 21 de septiembre de 2007.
[6] Educación subirá el presupuesto, Diario de Avisos, Tenerife, 25 de agosto de 2010.
[7] Brito garantiza el funcionamiento de la educación pública pese al recorte, La Opinión, Tenerife, 17 de septiembre de 2010.
[8] FERNÁNDEZ POLANCO, Valentín: "Logse: cuatro razones para un fracaso". En Aparte rei. Revista de filosofía, nº 22, julio de 2002
[9] Milagros Luis ve difícil hacer más recortes en Educación, Diario de Avisos, Tenerife, 23 de septiembre de 2010.
[10] El gobierno carga el tijeretazo al presupuesto en Educación y Sanidad", El Día, Tenerife, 30 de octubre de 2010.
[11] El PSC culpa a CC y PP de hacer ""insostenible"" el sistema educativo, Canarias Ahora.es, Las Palmas de Gran Canaria, 6 de noviembre de 2010.
[12] Comisiones Obreras: La educación en España. Situación, problemas y propuestas, 2010.

