PRIMER VIAJE A LA PALMA
Volvamos a los orígenes de la fundación. Menos entusiasta con esta aventura resultó ser la prudente Superiora Madre Pilar. La propuesta de su Obispo le hacía prever grandes dificultades. Sin embargo, no pudiendo negarse, pide la autorización episcopal para ir a La Palma y conocer "in situ" las condiciones en las que se pretendía asentar la nueva casa.
La acompañó la Madre Amparo. La travesía resultó muy penosa. Era el mes de junio de 1907. "Puesta la Madre en contacto con las realidades a estudiar, tropezó con grandes inconvenientes de difícil solución; tanto que llegó a persuadirse de la imposibilidad de realizar la fundación". Sin embargo, recordando las fervorosas palabras de ánimo e ilusión del Padre Cueto, optó finalmente por complacerlo y por "su deseo de cooperar a la salvación de las almas". Así, se determinó a aceptar la fundación.
En octubre de 1907 se fundó el Colegio de «Santa Rosa de Lima» de La Laguna (Tenerife) que había sido instituido como fundación personal de la Madre Pilar bajo la autorización del Obispo de Tenerife Nicolás Redondo, "atendiendo las repetidas súplicas de las familias tinerfeñas, quienes no escatimaron sacrificios, ni fatigas para llevar a aquella juventud el beneficio de la educación cristiana".
FUNDACIÓN DE «LA PALMITA»
El Padre Cueto, como popularmente se le llamaba, había aceptado el encargo del otorgante y en cumplimiento de su voluntad, dispuso que fuese la Comunidad de Religiosas Dominicas Terciarias de la Enseñanza las que se hicieran cargo de la fundación "para que rijan, gobiernen y administren el expresado establecimiento con el mayor celo e interés y con plenitud de facultades, con encargo de cumplir estrictamente lo ordenado por el testador".
El 19 de febrero de 1908 fue cuando la Sor María Pilar de la Anunciación -Fundadora y 1ª Superiora General, conocida cariñosamente por su Congregación como «Madre Pilar»-, salió por segunda vez rumbo a la Isla de La Palma, "sin descansar apenas de las fatigas de la fundación de La Laguna". También su salud se había resentido en su primer viaje en aquella Isla un año antes. Fue tal el ajetreo y las impresiones recibidas allí que tuvo que permanecer en el Hospital de Dolores, donde las Hermanas de la Caridad la "rodearon de cuidados y de exquisitas atenciones hasta su regreso a Las Palmas".
En esta ocasión, el médico se había opuesto tajantemente a que embarcara. A la fiebre alta, se unía el calor sofocante que reinaba en esos momentos: 39,5 grados. Haciendo caso omiso de los consejos de todos, partió hacia la Isla Bonita."Como todos los grandes siervos de Dios, hacía poco caso de sus achaques". Desde La Laguna llegó al muelle de Santa Cruz de Tenerife sintiéndose mejor, con algo menos de fiebre. Aquella misma tarde emprendió "un viaje tan temido y tantas veces aplazado".
La acompañaron las "obreras" experimentadas: Rvdas. M. Jesusa y M. Margarita Henríquez (Sor Margarita de la Coronación de Espinas), y la Hna. Sor María Luisa.
Después de una penosa travesía, llegaron al muelle de Santa Cruz de La Palma. Allí se encontraba la suegra de Don Domingo, Ana Valcárcel -madre de Carmen Kábana, esposa de aquél-. Tras el recibimiento, acudieron a la fastuosa Parroquia Matriz de El Salvador, "para que saludasen al Divino Prisionero, depositando a sus pies todos sus anhelos y esperanzas".
Con estas palabras se narraron aquellos instantes en el Álbum-Historial editado en 1954, para homenajear a los Fundadores de la Congregación: ¡Breve, pero sabrosa entrevista, en la que los obreros pidieron al dueño de la mies, fuerza y aliento en su servicio!¡Cómo llenaría de dulcedumbre sus corazones en recompensa a tantos sacrificios y en previsión de los que aún les retaban por padecer!
Después de aquel momento de descanso, ascendieron la cuesta que les separaba de "La Palmita" y tomaron posesión de la casa. Ésta se ubicaba en una ladera hacia el oeste de la ciudad, frente al mar y con unas impresionantes vistas de la bahía capitalina, "muy alegre y bonita". Carmen Kábana les había preparado abundantes provisiones de alimentos. Era la casa donde habitaba por el matrimonio Cáceres, por lo que no era apta en aquellos momentos para asentar una Casa Colegio. Hubo que enfrentarse con grandes modificaciones.
El jardín que rodeaba la hacienda estaba lleno de palmeras, así como toda la finca, lo que "justificaba su nombre".
El Colegio fue puesto bajo la advocación del Santo Padre Santo Domingo de Guzmán, en memoria de su fundador.
"… Los corazones palmeros, tan singularmente sensibles a todas las manifestaciones de la belleza, supieron apreciar y amaron apasionadamente a aquellas Madres, inteligentes, discretas, amables, sacrificadas…"
Continuando con las palabras escritas como elogio a sus fundadores, "cuya memoria no ha muerto con el tiempo": "El perfume de sus virtudes envuelve aún el amado Colegio, como las flores que cubren sus muros, escalando sus balcones… En lo más hondo de las arcas, celosamente guardado entre las joyas y recuerdos familiares, conservan, las que fueron sus alumnas, algún retrato, alguna cinta, una flor: algo que tuvo relación con la Madre preferida, con la Madre que dio los primeros toques al modelado de sus almas…"
La oportuna entrega de bienes tuvo lugar en el locutorio provisional de la casa donde definitivamente había de establecerse el colegio, actuando en el acto María del Carmen Kábana Valcárcel, viuda del donante Domingo Cáceres, a favor de la Comunidad de Religiosas Dominicas Terciarias de la Enseñanza.
Desde aquella fecha, 1908, el admirado y querido colegio de La Palmita, ha desarrollado ininterrumpidamente su labor docente en el seno de la sociedad de Santa Cruz de La Palma, habiendo pasado por sus aulas generaciones de niñas y jóvenes que recibieron allí una educación religiosa, antes no conocida en la isla al carecerse de colegio de esta índole en La Palma.
HACIENDA «LA PALMITA»
A finales del siglo XVII se la mencionaba como "una propiedad de viña y tierra calma y huerta de hortalizas con tres casas de tea y tejas, dos tanques de argamasa y árboles frutales, en dos partes separadas con un camino que sale de la calle de Jorós al Barranco de los Dolores" [1]. El regidor perpetuo del antiguo Cabildo de la Isla, y Capitán de las Milicias de La Palma Matias de Escobar Pereira, tras efectuar varias transacciones de compraventa y trueques, finalmente logró reagrupar varias fincas, dando como resultado esta heredad conocida como «La Palmita».
Como nos indicaba el fallecido cronista de la capital palmera Jaime Pérez García en una de sus magníficas obras[2], "la hacienda tenía un cañón de agua para su abasto por acuerdo de dicho Cabildo de fecha 16 de abril de 1685". Continuaba describiendo con detalle el lugar, poseedor de dos tanques, casa, árboles "y tierra calma valorada en 4.000 reales".
La parte superior de esta hacienda, hacia el poniente, lindaba "por arriba con tierras de Matías Lorenzo, por abajo el dicho camino, por un lado el dicho barranco de Los Dolores y huertas de Don Andrés de Valcárcel y Lugo, por el otro el camino real que sube de la calle de Jorós y pasa al barrio de Santa Catalina".
Las laderas, orientadas hacia el barranco fueron dejadas al Hospital de Dolores por María Luis, llamada "La Patata". Después de pasar a manos del pajarero Pedro Marín, después al licenciado Alonso de Castro Vinatea, etc., finalmente pasó a Matías de Escobar en 1655.
La parte inferior de la hacienda, hacia el naciente "que son las huertas de hortalizas, tierra calma y árboles con dos casas de tea y teja que la una está en lo más alto de esta parte es sobradada y antigua". Esta parte valía 13.000 reales. Una de sus porciones fue de Melchora de los Reyes y de María de la Cruz, hermanas, "que llamaban las palmitas por una palma grande que estaba junto a la puerta". Otro trozo perteneció al Hospital, a Margarita Pérez y a Juana Pérez del Corral. Y así un largo etcétera.
La hacienda transmitida en la descendencia de Matías de Escobar a través de su hija María de Escobar y Rojas, y tras las diversas particiones de las herencias, llegó a servir de fianza en 1763, cuando el doctor Felipe de Alfaro y Poggio, Castellano del Fuerte de San Carlos, fue nombrado hacedor de rentas del Cabildo Catedral. Pérez García seguía informándonos de que la familia se obligó con todos sus bienes para responder con ellos de la seguridad de los caudales a administrar, hipotecando "una propiedad que se compone de dos huertas que tenemos en el barrio de Jorós en esta ciudad que dicen La Palmita, que a justa y prudente estimación valen cinco mil pesos".
La "Palmita de Arriba", que es la finca que nos ocupa, fue heredada por la hija de Don Felipe, María Josefa de Alfaro. Más tarde fue legada a una sobrina llamada Magdalena Monteverde y Poggio, hasta que fue hipotecada en favor del rico terrateniente Domingo Cáceres Kábana, al que se la vendió con posterioridad el 21 de noviembre de 1886. Pérez García también nos recordaba en su obra que esta compra se efectuó por escritura otorgada ante el notario Melchor Torres Luján; "en ella, su propietario edificó un nuevo inmueble que dedicó a quinta de esparcimiento, obra que realizó bajo la dirección del maestro de obras Don Felipe de Paz Pérez".
[1] Archivo de Protocolos Notariales, Andrés de Huerta, 1696
[2] PÉREZ GARCÍA, Jaime: Santa Cruz de La Palma: recorrido histórico-social a través de su arquitectura doméstica, CajaCanarias, Excmo Cabildo Insular de La Palma, 2004, p. 86.

