"A MODO DE PRÓLOGO
He creído conveniente transcribir literalmente este apartado que, "a modo de prólogo", iniciaba en 1954 un Homenaje a la memoria de las Fundadoras de la Congregación de Dominicas en Canarias[1]. Con las siguientes frases se plasmaba el agradecimiento de toda una sociedad a un grupo de religiosas foráneas llegadas a La Palma que supieron ganarse a pulso el cariño de su pueblo anfitrión, el palmero, "orgulloso que no olvida" (tal vez antes más que ahora). El año de 2008, celebró muy especialmente el centenario de su llegada.
"Ruedan los años y en cada una de sus horas, se esfuma un recuerdo, una imagen se borra, sin que logre evitarlo la voluntad más tenaz, el afecto más sincero.
Con respecto a los Fundadores de la Congregación de Religiosas Dominicas de la Sagrada Familia, de Canarias, sabemos que su recuerdo permanece vivo en todos cuantos tuvieron la dicha de conocerles. Aun más; sigue ejerciendo su benéfica influencia a través de los años transcurridos.
Pero, hemos de prevenir la acción demoledora del tiempo, implacable segador de vidas y de recuerdos…
Ha sido concedida a nuestra Congregación la gracia especialísima de contar por Fundadores dos almas gigantes, distintas por el temperamento, pero, gemelas en su afán por el bien y en su celo apostólico.
Fueron secundados en sus trabajos por religiosas de tan alto valor moral, de tan relevantes virtudes, que llega a confundirnos el sereno estudio de su abnegada y fecunda labor. Con ánimo esforzado sobrellevaron alegres el peso de las dificultades que acompañan a toda Fundación, mayores al tratarse de vivir con vida propia, como fue el caso de nuestras Madres.
El prestigio de nuestros Colegios, la multiplicación de sus actividades, el buen espíritu que, gracias a Dios, reina en nuestras Casas, obra suya es. Sembraron en lágrimas… y cosechamos en alegría, viendo descender la bendición divina sobre la amada Congregación.
Para que nuestra siembra sea rica en frutos de apostolado, y aumente la prosperidad espiritual y material de esta Congregación que tanto amamos, precisa conservar perpetuamente el recuerdo de quienes nos precedieron; es obra de justicia y conveniencia; de gratitud y propio interés.
Despertar en nuestras jóvenes Religiosas la memoria de un pasado edificante; agradecer a las que ya se fueron y a las que aún nos quedan aquellas PRIMERAS MADRES, su fervor y sus desvelos; satisfacer el público anhelo de dedicar un recuerdo a quienes dejaron en nuestra sociedad canaria estela de luz que ilumina los hogares; bendecir una y mil veces la memoria del Obispo generoso, espejo de virtudes, sin cuya ayuda no se hubiera llevado a cabo la fundación, es el objeto primordial de estas páginas.
Trabajo, realizado sin pretensiones literarias, ALBUM- HISTORIAL…, aspira a ser solaz de nuestras alumnas presentes, de las que lo han sido y aún de todos aquellos que conservan encendida su admiración y gratitud hacia quienes les brindaron generosamente un consejo, tal vez, el consuelo en las mil dificultades de la vida…
Es un revivir de aquellos años felices que discurrieron a la sombra del amado COLEGIO, sea éste el que fuere. Tiempos que recordamos con nostalgia y simpatía…
Tiempos de nuestros inolvidables MADRE PILAR y PADRE CUETO…
En esta modesta obra hallaréis defectos de ejecución, de forma o presentación, más por encima de todo eso que es PEQUEÑO, vuestros corazones entenderán el lenguaje del AMOR y vendrán a entonar, unidos a los nuestros, un himno único de gratitud y exaltación:
"Magnificat anima mea Dominum…"
FUNDACIONES DE COLEGIOS Y CASAS NOVICIADO.
Entre las Órdenes Religiosas más antiguas y de más brillante historia que hay en la Iglesia, aparece con trazo destacado, la fundada por el español Santo Domingo de Guzmán en 1215. Es una Orden -cuyo nombre oficial es Orden de Predicadores, de acentuado carácter democrático-, que está extendida por todo el mundo católico. Ha dado a la Iglesia católica 4 Papas, 86 cardenales y cerca de 50.000 mártires. Según datos de 1973, la orden cuenta con 8.116 miembros (6.178 sacerdotes) y 38 obispos. [2] Estamos, por tanto, ante una Orden apostólica "de no envejecido espíritu, tan eficaz y oportuna ahora, como lo fue en su nacimiento; adornada con el florecimiento de verdaderos colosos en santidad y ciencia, ostentando dos ramas de órdenes femeninas: la Segunda Orden o de Clausura (nuestras «Catalinas» de Tenerife) y Tercera Orden, Regular y Secular. A la Tercera Orden secular (seglares) pueden pertenecer indistintamente, como es sabido, hombres y mujeres".
Aquí adjunto la relación de Colegios y Casas Noviciado, fundadas por la Congregación de Dominicas de la Sagrada Familia, tanto en Canarias como en la Península y América, desde 1891 y durante los primeros 64 años de su existencia.
– Colegio de San José en Las Palmas de Gran Canaria, 1891
– Colegio de Santa Rosa de Lima de La Laguna. Tenerife, 1907
– Colegio de Santo Domingo de Guzmán, La Palmita, Santa Cruz de La Palma, 1908
– Scala- Coeli. Teror (Gran Canaria) Casa Generalicia y Noviciado, 1925
– Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. Santa Cruz de Tenerife, 1928.
– Casa Noviciado y Colegio de la Presentación. Villava, Navarra, 1929
– Colegio de la Beata Imelda (Pitrufquén), Chile, 1935
– Colegio Fuenzalida. Santa Juana, Chile, 1936.
– Colegio de la Inmaculada Concepción. Guía, Gran Canaria, 1938
– Colegio del Amor Misericordioso. Los Llanos de Aridane, La Palma, 1938
– Escuela Técnica «Carmen Arriarán». Santiago de Chile, 1945
– Residencia Universitaria «Nuestra Señora del Pino». Madrid, 1950
– Colegio de la Sagrada Familia. San Fernando de Apure. Venezuela, 1953
– Colegio de Santo Domingo de Guzmán. Caracas, Venezuela, 1954
– Liceo «Carmela Romero». Concepción. Chile, 1954-1955
DOMINGO CÁCERES KÁBANA (donante)
La invitación que la Comunidad Dominica en Las Palmas recibe desde Santa Cruz de La Palma para aceptar una fundación en esta capital, fue el inicio de este histórico episodio. Fue en 1907 el año en el que el prestigioso abogado Domingo Cáceres, "persona muy estimada", había resuelto "emplear una parte de sus bienes en la fundación de una Comunidad religiosa dedicada a la enseñanza, que admita alumnado gratuito".
Don Domingo había nacido en Los Llanos de Aridane el 9 de abril de 1855. Era hijo de Antonio Cáceres Lorenzo y de María Ambrosia Kábana Wangüemert, naturales de la misma localidad. Poseedor de una bien saneada fortuna, demostró su altruismo y altos valores humanos al tratar de fundar en la casa de su hacienda "La Palmita" una institución benéfica para educar a huérfanas desamparadas.[3]
Por este motivo, el acaudalado caballero viaja a Tenerife donde es recibido por el Obispo de la Diócesis Nivariense Nicolás Rey Redondo para exponerle esta loable y original proposición. La respuesta no se hace esperar: el prelado no puede comprometerse a enviar allí Comunidad alguna, pues, "las bases presentadas no garantizan su subsistencia".
Lejos de desanimarse, Don Domingo continúa su viaje a Las Palmas de Gran Canaria, donde manifiesta su deseo al Obispo de la Diócesis de Canarias José Cueto y Díez de la Maza. Inicialmente el mitrado duda, pero es tal la insistencia del palmero, que el Padre Cueto -como es conocido cariñosamente-, acaba por persuadirse de que "en ello anda la mano de Dios, que reserva a la fervorosa Comunidad dominica, aquel campo de apostolado".
A partir de esos momentos, comienza a fraguarse y a tomar forma la idea de la anhelada fundación.
Desde aquella primera entrevista en Las Palmas, don Domingo había quedado encantado con el Padre Cueto. Esto "dio ocasión a una amistad tan sincera y profunda que sólo la muerte pudo cortar". El abogado y donante -que había dejado para el sostenimiento de la fundación diversas fincas de su propiedad en Santa Cruz de La Palma, El Paso, Breña Alta, Fuencaliente y Tazacorte, y había vendido varios solares en este último municipio-, hablaba siempre del Obispo como de "un alma excepcional". Fue tal el cariño y la confianza que le merecía, que llegó a nombrarlo su albacea.
Domingo Cáceres -que había contraído matrimonio en la capital de La Palma con María del Carmen Kábana Valcárcel el 8 de abril de 1891-, murió en esta preciosa ciudad el 4 de junio de 1907, a la temprana edad de 52 años, no pudiendo ver materializado su tan deseado sueño.
Domingo Cáceres Kábana, dueño de la Palmita de Arriba, otorgó testamento ante el notario Aurelio Gobea Rodríguez a 14 de marzo de 1907, y en su cláusula sexta dice textualmente: "Quiero y dispongo que con las fincas que expresaré en este mi testamento, se constituya un Instituto benéfico para la educación de huérfanas, señalando como local la casa enclavada en la finca titulada La Palmita, bajo las órdenes y dirección del Excmo. e Iltmo. Señor Obispo de Canaria Doctor Fray José Cueto Díez de la Maza, o para cualquier otra institución que dicho Señor Obispo tuviere por conveniente, de carácter benéfico-religiosa". Así quedó escrito y consta en el Archivo familiar Carrillo Kábana, en Santa Cruz de La Palma.
Sin embargo, aunque muy tarde, su última voluntad sí pudo ser cumplida por la Congregación. El 5 de junio de 1953, se trasladaron solemnemente sus restos a la Capilla del Colegio. En la ceremonia estuvo presente al Rvda. Madre General, con todas las religiosas, numerosas autoridades y una inmensa concurrencia de público.
[1] Album Historial. Homenaje a la memoria de sus Fundadores. Congregación de Religiosas Dominicas de la Sagrada Familia. Imprenta Minerva. Las Palmas de Gran Canaria, 1954. El resto de textos en negrilla de este trabajo que no estén identificados, también pertenecen a esta obra inédita publicada en el seno de la Congregación.
[2] GRAN ENCICLOPEDIA LAROUSSE, Tomo 7, Editorial Planeta, Barcelona, 1988, p. 3398.
[3] PÉREZ GARCÍA, Jaime: Fastos biográficos de La Palma, t. I, CajaCanarias, La Laguna, 1985.

