La singular relación de Canarias con América posibilitó en gran medida un importante trasvase humano que, obviamente tuvo gran repercusión en el campo artístico con el intercambio de piezas de orfebrería, pintura y escultura. El origen de los contactos entre las Islas y Cuba, más concretamente en La Habana, obedeció al cambio experimentado por las corrientes emigratorias. La mayoría de los encargos antes del siglo XVIII procedían de talleres mejicanos.
Precisamente de origen cubano es el delicado candelero de la patrona titular del Monasterio, Santa Catalina de Siena, enviado de La Habana en 1779 por Francisco Brito y Leal para las dominicas. Su fiesta se celebraba con gran ornato y solemnidad cada 29 de abril, su onomástica. Viste el hábito negro y blanco de su orden. Se la presenta joven -murió en 1380 a los treinta y tres años-, con una amplia sonrisa, o tal vez, boca entreabierta aparentemente dispuesta a cantar o aconsejar. Recordemos también que se la consideraba una de las mujeres más notables de la época y consejera de papas y reyes.
También recibió culto en el mismo recinto sacro la efigie de Santa Rita de Casia, "Patrona de las Viudas" y de los "casos imposibles", entronizada en su altar hacia 1730 por fray Juan de Guisla y Acuña. Es una imagen de vestir cuyo rostro sigue el modelo flamenco arquetípico del taller de los Silva: rígida frontalidad, rostro oval, barbilla prominente, ojos semiabiertos, mirada perdida en el horizonte, nariz recta, cejas arqueadas, etc.
En estas tallas de vestir o candelero se hacía sólo la cabeza, también las manos y los pies, mientras que su interior estaba constituido por un esbozo que era cubierto por telas, mantos y adornos y que daba forma a la vestimenta. Resultaban obviamente más ligeras que las imágenes de talla para sus traslados procesionales y también resultaban más económicas. Ambas imágenes se custodian en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de esta capital. Santa Rita sigue desfilando por las calles cada 22 de mayo, su onomástica, en cuya procesión todas las viudas portan rosas rojas previamente bendecidas.
Dentro del grupo de escultores famosos procedentes de nuestra isla fue Marcelo Gómez Carmona. Sus primeros estudios los realizó en el Convento de San Francisco, pasando posteriormente al de Santa Catalina.
En la segunda mitad del siglo XVIII y primeras décadas del siguiente, al igual que había ocurrido en las centurias precedentes, la escultura hagiográfica acapararía el interés de la clientela y, en consecuencia, los artistas canarios se vieron obligados a seguir trabajando en ella. Este ambiente propicio del que la imaginería sacra aun disfrutaba, estaba ya próximo a tocar fin. En octubre de 1835 se inicia la supresión de comunidades religiosas, como hemos visto. Se derribaron conventos, se redujeron paulatinamente los encargos y se perdieron gran número de trabajos artísticos.
Un vestigio de las grandes riquezas que se atesoraban en aquel Monasterio es, por ejemplo, una magnífica custodia venezolana de plata sobredorada de 62 cms. de altura, hecha en Caracas por Francisco de Landaeta en 1779 y con un cerco de piedras azules. Al extinguirse el centro dominico se adjudicó a El Salvador y así figura en el Inventario de 1851. También nos llegó la bella cruz procesional de plata en su color, probable obra palmera de 1670, en cuyo escuadrón figuran espejos circulares con decoración grabada, relacionada con la iconografía de Santa Catalina: en el anverso, busto de la santa estigmatizada y coronada de espinas abrazando un crucifijo, en el reverso, corazón con cinco llagas sangrantes, corona, palma y azucenas. En los ángulos del escuadrón, pequeños adornos florales.
Es curiosa también la manera en la que se describe la procesión de La Virgen de Las Nieves en su visita al Monasterio en 1815, "todo aquel día permaneció la Majestad expuesta y a la tarde, a las cuatro, salió la procesión para las monjas catalinas, la carretera hasta dicho convento estaba muy enramada: las ventanas, colgadas de damascos, en la Madre Sacramento estaba Judith con la cabeza de Holofernes, la iglesia de dicho convento estaba muy bien compuesta: espejos, láminas, colgaduras, flores, cera, en fin, no había más que hacer. Al entrar se cantó una aria con muy buena música y enseguida sirvieron un buen refresco en la sacristía… la diversión y el concurso pues era en tal extremo que causaba horror en la noche… buenos fuegos, un paso figurando un jardín…"
BIBLIOGRAFIA
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LÓPEZ GARCÍA, Juan. "Conventos femeninos en el urbanismo de Canarias."
– Idem. El conjunto histórico de Santa Cruz de La Palma.
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– Idem. Casas y Familias de una Ciudad Histórica: la Calle Real de Santa Cruz de La Palma
PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad.
– Idem. Silva. Bernardo Manuel de Silva.
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RODRÍGUEZ, Gloria. La Iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma.

