Crónica de una “novisita”

El ambiente se enrareció cuando empezó a correr la voz de que la Consejera de Educación iba a visitar el IES. José María Pérez Pulido de Los Llanos de Aridane. "Viene a inaugurar el curso a La Palma", se apuntaba. Buena parte del profesorado torció el gesto cuando confirmó la noticia. Creo que les desagradó la perspectiva de compartir con la Consejera su espacio cotidiano de trabajo.

Puede que estas fechas sean tradicionales para dar la señal de salida al curso escolar. Pero chocaba que la política al cargo de este departamento del Gobierno viniera a inaugurar el año académico a un instituto que había arrancado hacía mes y medio.

Pensamos que, quizás, dado el retraso, podríamos ahorrarnos el gasto. Seguro que el desplazamiento de la corte de Educación (dietas, pasajes, seguridad…) totalizaba más que el salario del profesor que necesitaba el centro visitado, desde el comienzo real del curso. En corrillos, comentábamos que la nueva doctrina educativa, consistente en economizar a ultranza, debería manejarse con coherencia a fin de formalizar el recorte en lo sobrante.

Se nos avisó de que esta reflexión se hacía vulnerable a la crítica por el flanco de la demagogia. Pese a ello, continuábamos rascándonos la cabeza sin entender porque una ceremonia oficial de inauguración reportaba más al aprendizaje que la llegada de un profesor, aguardado por un curso huérfano de tutor y por varias decenas de estudiantes, que, a ese paso, tendrían que aprender lengua castellana a distancia.

Se hablaba de visita y pensábamos: "que sepamos nadie ha invitado a nadie". Y resulta comprensible este desafecto. El instituto convertido en sede inaugural es un ejemplo más del daño causado por la gestión educativa del gobierno autónomo. Precisamente, hace unos días, el claustro de profesores del colegio acordó por unanimidad redactar un escrito dirigido a la comunidad escolar. El texto intentaba apartar los cortinajes de la propaganda con que la Consejería oculta a la sociedad la realidad decadente de los colegios. El documento informaba de que, "en este momento, se encuentran los grupos de la ESO con el límite máximo de alumnos", a pesar de tener integrados a estudiantes con discapacidad; que un curso de Primero de Bachillerato tiene 38 alumnos y otro de Segundo 34 alumnos, de tal modo, "que es imposible atenderlos debidamente"; que el Ciclo Superior de Telecomunicaciones, implantado el curso pasado, "se desplaza nuevamente al IES Virgen de las Nieves", a pesar de "existir demanda de estas enseñanzas"; que "a día de hoy, falta la sustitución de una profesora de lengua del primer ciclo de la ESO, de baja médica desde el curso pasado".

Nos disgustaba recibir a quien considerábamos responsable de este destrozo. Nuestra Jefa lleva años desmontando engranajes esenciales para el funcionamiento de la enseñanza y rellenando su hueco con propaganda. Nos reconocíamos hastiados. "Y encima viene a sacarse la foto", comentábamos antes de separarnos para entrar en el aula.

Comprendíamos que no se trataba de una visita de cortesía. Era una gira de la Jefa que organizaba un acto oficial para atender sus propios intereses. No acudía a resolver los problemas del instituto. Aunque después supimos que en la estela del viaje llegaba al profesor que faltaba para completar la plantilla del Centro. Aprendimos, entonces, que las sustituciones tardan tanto porque las trae la Consejera en persona.

Tampoco venía a dar aliento. Los docentes hemos visto demasiadas veces como recurría a su archivo de estereotipos antiprofesor cada vez que los medios de comunicación publicaban un dato negativo sobre la educación en Canarias.

En realidad, llegaba para procurar su jardín, trataba de compensar el disgusto de la opinión pública hacia su gestión con las irradiaciones propagandísticas que, de siempre, generan las inauguraciones oficiales. Una por Isla, suponíamos. Hasta Navidades.

El programa de actos llamaba la atención porque las clases se interrumpirían una hora durante la jornada matinal. Los alumnos perderían clases. A no ser que consideráramos la ceremonia una actividad extraescolar. Nunca mejor dicho lo de extraescolar, porque la Consejera acudía por razones políticas. Lo cierto sería que, a esa hora, habría profesores y alumnos obligados asistir a una ceremonia inútil para la docencia pero útil para el partido de la Consejera, da igual cuál sea.

La visita no era atenta. Un síntoma fue que, hasta última hora de la tarde anterior, no se informó a los docentes sobre el programa de actos. El recibimiento tampoco sería afectuoso. La mayoría de los profesores acudirían ese día a trabajar vestidos de luto o con un lazo negro prendido de la camisa para mostrar su duelo por la Enseñanza Pública en Canarias. Igualmente, los alumnos parecían poco satisfechos: habían perdido a profesores estimados por ellos, debido a los recortes de la Consejería.

Y amaneció el día. Nos aguardaba un plato amargo. Bajo el oropel de los discursos-pantalla que se pronunciarían en el acto, estaría la realidad de una enseñanza pública yacente bajo la crisis económica, enterrada por un gobierno que nunca había querido protegerla y que derramaría lágrimas de cocodrilo, en presencia de una sociedad que no había sabido defender la parte de su futuro que se gesta en los colegios.

Pero el clima acudió en nuestro auxilio. El día estaba desapacible en Canarias y, pese a que los aviones remontaron el vuelo, la consejera no pudo realizar el trayecto de autopista que le separaba del campo de aviación. Sí pudieron arribar otras autoridades que, al cruzar la entrada del instituto, se maceraron en el luto de los profesores y la bulla espontánea de unos alumnos que querían "menos Milagros y más Educación".

Los visitantes estaban contrariados, pero una de las bondades de la democracia es que sirve para que las autoridades se miren en el espejo de la gente. Aunque algunas lo evitan.

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