El 11 de abril de 1880 tuvo lugar el Diálogo cuyas letras fueron dichas: las del Castillo por José María Pérez Hernández y las de la Nave por Marcial Brito Lorenzo, siendo compuesto por Antonio Rodríguez López.
CASTILLO: "¡Silencio!¡Silencio! ¡Ah de la Nave!
NAVE: ¡En facha! que se escucha una voz grave.
¡Carga mayores! Presto y á porfía
¡Las blancas lonas del juanete arría!
Braza mayor y gavias á estribor
y trinquete y velacho por babor.
CASTILLO: Repito: ¡Ah del bajel!
NAVE: ¿Qué voz me invoca
del fuerte altivo en la empinada roca?
CASTILLO: La voz del celo religioso y puro
que intacto guarda inespugnable muro.
Dime, pues, tu nombre Nave osada
que los vientos empujan á esta rada.
Al punto dí tu procedencia ignota
y el puerto que persigue tu derrota.
NAVE: Mi nombre; de mi patria el hemisferio,
y mi rumbo inmortal son mi misterio.
Rinde, pues de tu salva el homenaje
al augusto misterio de mi viaje.
CASTILLO: ¡Oh, nave audaz! No con palabras vagas
la voz de mi mandato satisfagas,
o el rayo de mi ardiente artillería
rasgará el pliegue de tu doblez impía.
NAVE: Refrena tu furor, piadoso celo,
que á romper voy de mi misterio el velo.
Vengo del polo, do la Nieve pura
con bella aurora celestial fulgura,
y en rumbo firme, impávida velera
fiel arrostrando la borrasca fiera
entre las olas de impiedad insana
camino al puerto de la Fé cristiana;
que soy, para que calmes tu porfía,
¡la misteriosa Nave de María!
CASTILLO: ¡Salve, Nave feliz! Toque tu quilla
de la ciudad de Santa Cruz la orilla,
y del pueblo Palmés para esperanza
en ella desde hoy más tu áncora afianza.
¡Salve! En señal de devoción sincera
descienda á medio palo mi bandera,
mientras con voz de artillería ruda
¡el celo religioso te saluda!
NAVE : El ancla preparad en el mar hondo
de la insondable Fé para dar fondo
¡Arría foques! ¡sienta gavias luego!
¡ y salude á este puerto nuestro fuego!
El autor del manuscrito de 1880 continuaba diciendo: "a la llegada al barranco tuvieron lugar las salvas de costumbre entre el Castillo y la Nave, que se hallaba con todo el aparejo largo, y después de las maniobras de ordenanza, para este año estaba el navío como nunca, pues tenía todo su aparejo completo y la tripulación vestida al estilo de un buque de guerra; con las iniciales de María en la orla y en la camiseta, se dio el tradicional diálogo del Castillo y la Nave…"
"Las conocidas circunstancias de la Isla de La Palma, tercer puerto del Imperio; su gran tradición marinera, fruto del contacto con América y Flandes, justifican en todo la existencia de un Barco de piedra; justifican el "Diálogo entre el Castillo y la Nave" que prevalece en el programa de nuestras Fiestas Mayores (…) La Santa María actual, sustituye a viejo costero que cedió su paso al mejor emplazamiento del nuevo navío, que tampoco lo es tanto. En la Cuesta de La Encarnación, las blancas almenas del Castillo vigilan el mar de cada día, y darán el "alto" al Barco (…)
Luis Ortega, «El diálogo entre el Castillo y la Nave»
El profesor Jesús Pérez Morera, en las notas históricas redactadas para Descripción Verdadera… sobre la fortaleza de María, dice "el castillo que se armaba en el cerro de La Encarnación, era de piezas de madera. En 1820 se construyó el almacén, seguramente para custodiar los 21 cañoncitos de hierro y sus montajes, que había donado un devoto. En él una inscripción señala: «ALMAZEN DE PELTRECHOS DEL GRAN FUERTE DE LA AMABLE NTRA SRA DE LAS NIEVES. FEBRERO 1º DE 1820». Continuaba informando de que "el 31 de diciembre de 1844, hallándose en esta Ciudad el Señor Brigadier segundo cabo de la Provincia Don Marcelino Junquera, tuvo por conveniente disponer que los 21 cañoncitos de la propiedad de Nuestra Señora de Las Nieves, que existían en este almacén que lleva su nombre, fueran trasladados al castillo principal de Santa Catalina y que en cada quinquenio y con el objeto para el cual fueron donados, pudieran extraerse del referido castillo, a condición de volver a él acabadas las funciones (Archivo Municipal de Santa Cruz de La Palma, Estante 8, Legajo 145, Número 1). El citado almacén fue pasto de las llamas el día 19 de abril de 1982".
Pérez Vidal escribió en el Diario de Avisos, en edición especial con motivo de la Bajada de 1945, un artículo del que recogemos algunos extractos:
"La Nave o Navío de la Virgen es de mampostería y se halla al extremo norte de Santa Cruz de La Palma, en la margen derecha del Barranco de Las Nieves, que por allí pasa. El Castillo se figura de madera sobre el lomo de la Encarnación, que se alza, enfrente, sobre la otra margen del mismo barranco. Cuando las fiestas se aproximan, se monta el Castillo, y se pinta, se apareja y dota de marinería la Nave.
El día de la conducción de la Virgen a Santa Cruz de La Palma, al llegar la procesión junto al Navío, se coloca la imagen en la cubierta de éste y, hecho un solemne silencio, comienza "el diálogo".
El Castillo da el alto al Navío y le pide "su nombre y su destino". El Navío contesta con vagas palabras e intenta desobedecer la intimidación. El Castillo, entonces, le amenaza con hundirlo, y el Navío, por último, manifiesta que conduce a la Virgen. Ante esta revelación, rinde homenaje a la fortaleza. Terminadas las salvas, hechas con viejos cañones de atacar por la boca, disparados por artilleros también viejos, quizá los de estos últimos años, supervivientes de Santiago de Cuba o Cavite, es desembarcada la imagen y se continúa la procesión hasta el templo.
El Diálogo, que se entabla por medio de bocinas y que el cauce del barranco amplifica y repite, no es fruto de la improvisación del momento. Versos altisonantes de poetas locales de diversas épocas han dado, por el contrario, formas poéticas más o menos afortunadas a la piadosa conversación".
DIÁLOGO ENTRE EL CASTILLO Y LA NAVE
(Párase la imagen de la Virgen al llegar al barranco frente a la proa del navío, y después de oírse la imponente voz de "silencio" comienza el ya tradicional diálogo)
CASTILLO
Silencio… Silencio … Silencio…
El mar y el viento
suspendan a mi voz
su eterno acento…
(pausa)
Velera Nave, que la mar surcando
a este fuerte te vienes acercando.
No prosigas tu rápido camino
sin decirme tu nombre y tu destino.
NAVE
Castillo altivo: detener no quiera
mi rumbo hacia el Oriente tu voz fiera .
A ella, mi marcha sin parar, respondo:
qué altos misterios en mi viaje esconde,
y que a mi bordo una DONCELLA PURA
conduzco de simpática hermosura,
en cuyo corazón sacro y divino
de la raza de Adán nació el destino.
CASTILLO
No son palabras sin sentido y vagas,
mi intimidación severa satisfagas.
Tu nombre dí, bajel desconocido,
y por tu derrotero comprendido
o te hundiré en la mar junto a ese cayo,
de mis cañones el certero rayo.
NAVE
Tu furia enfrena, y de tus broncos rudos
conviértanse los rayos en saludos.
Y porque el rumbo de mi viaje amparas,
Yo me llamo la Estrella de los Mares.
Vengo de aquellos sacros litorales
donde reinan las Nieves inmortales,
cuya helada región alumbra y dora
nueva celeste boreal aurora.
Traigo a mi bordo al puerto palmesano
Un tesoro sagrado y soberano.
Traigo de Jericó la Pura Rosa,
de Palestina la Azucena Hermosa;
traigo el Cedro en el Líbano arraigado
y el Olivo pacífico y sagrado.
Traigo el Alto Ciprés, la Vid Pomposa
de la región de Engadi deliciosa;
la Oriental Perla, el Arabesco Aroma
y de Sión la Cándida Paloma;
cuyo Tesoro el cielo me confía,
pues soy la sacra NAVE DE MARÍA.
CASTILLO
¡Salve, Nave Feliz!, surque tu quilla
el mar que baña la palmesana orilla,
y mensajera de sin par ventura
el áncora en tus playas asegura…
Mientras mi pabellón rinde homenaje
(Bájase a medio palo la bandera)
A tu grandeza y deseado viaje,
Y el eco de mi fuerte artillería
Hace salvas a la NAVE DE MARÍA.
(Rompe el fuego y mándase la maniobra del Barco).
(Estas letras, que son las empleadas desde fines del siglo pasado, las escribió don Antonio Rodríguez López, y conservamos una copia del 28 de abril de 1895)".

