Dentro de unos días volveré a mi actividad laboral y además del nuevo año notaré un cambio significativo en mi entorno. Ya no me protegerá la figura señorial y distinguida de mi colega Don Luis Pascual Tejeiro.
Su setenta cumpleaños ha llevado aparejada su merecida jubilación. Atrás quedaron muchos años de dedicación a la actividad docente en su Oviedo natal, en Ávila, Mondragón, Santa Cruz de la Palma y, especialmente, en el IES "Eusebio Barreto" de Los Llanos de Aridane, donde estuvo en los setenta y luego desde principios de los ochenta hasta este curso, impartiendo física, química, matemáticas, industrias alimenticias o lo que hiciese falta.
Lo conocí a finales de los setenta cuando lo tuve como profesor y tutor, luego desde finales de los ochenta fui su compañero, pero por encima de todo tuve en él un espejo y un amigo- en él he tenido hasta mi mejor profesor de tenis, aunque sigo arriesgando cada bola en lugar de limitarme a jugarla como él siempre me transmite-.
No es fácil encontrar alguien que con su bagaje esté atento a compartir modestamente experiencias, consejos, anécdotas y el cotidiano acontecer de manera tan altruista. De su magisterio pueden dar fe los miles de alumnos que en estos años se han formado en el instituto llanense, pero estoy seguro que todos coincidirán en destacar como principal rasgo de este profesor su humanidad. Luis Pascual no descuidaba la mínima ocasión para ilustrarnos con un consejo enormemente práctico con que encarrilar nuestras vidas. Sorprendía que desde aquella figura trajeada e impecablemente seria, cual dandy británico, se revelase alguien tan abierto, receptivo y cercano. Afortunadamente lo tuvimos como Jefe de Estudios del Bachillerato de Adultos durante varios cursos, ya que su empatía con los alumnos "mayores" que intentaban retomar los estudios era máxima y los estimulaba a no arrojar la toalla cuando tenían que hacer frente no solo a los avatares educativos sino a sus ya otras obligaciones.
Ahí estuvo el hombre hasta este último trimestre sobrellevando con elegancia su tarea, trabajo nada fácil teniendo en cuenta que a diferencia de otras profesiones con el paso de los años en lugar de mejorar nuestra situación las condiciones se van deteriorando, yo diría sin ser catastrofista que enormemente. Resistir con la cabeza alta en estos tiempos tempestuosos para mí ha tenido un doble mérito. He tenido otros buenos compañeros que no pudieron cambiar el chip con los cambios educativos y optaron por acogerse en un acto de honradez a adelantar su jubilación. Luis si pudiera continuaría adelante en esta profesión sin importarle los años u otras menudencias, porque el disfrute que extraía de su función era superior a los sinsabores que le pudieran aparecer.
En mi ya larga trayectoria he tenido a unos cuantos compañeros jubilados y ,sin duda, la otra compañera que mayor admiración me dejó en el desempeño de su labor fue Beatriz Román, curiosamente también llegada del norte de España, pero del mismo modo que Luis afincada en Los Llanos. También mi compañera desprendía el ímpetu de lo que se hace con gusto, la educación que se lleva fuera y dentro del aula, el estar atento a todo más allá de lo simplemente escolar y encima en este caso la sencillez fusionada con unos conocimientos extraordinarios que te hacen tener un referente a la hora de escoger un modelo a seguir- tan humilde es que quiso despedirse silenciosamente sin ningún tipo de homenaje-.
Ambos curiosamente están tan integrados en nuestra cultura que, siendo peninsulares ( aunque llevan ya casi cuarenta años en esta isla), no dejaban de llamar godo a aquel que presumiendo de su labia y superioridad se hacía acreedor a este calificativo.
Lo mejor es que a través de las tertulias en las terrazas de algún bar, del hilo telefónico o de cualquier encuentro casual en este pequeño paraíso en que vivimos espero seguir disfrutando de la amistad y del adiestramiento de ambos. Gracias por su ejemplo.

