Crema de castañas y Pimientos rellenos

Seguro que a algun@ de ustedes le gusta leer con música. Va mi propuesta, a ver si lo hacemos más llevadero:

http://www.youtube.com/watch?v=TIREh–XiXg

Y por si el tema no da para leerse todo el texto;

http://www.youtube.com/watch?v=xlaJhC5IjH0

Mi pretensión hoy es hacer una reflexión sobre el significado de la alimentación para el ser humano. Muy probablemente algo que está fuera de mi alcance a muchos niveles, lo que resultará lastimosamente evidente, pero quizá sí consiga algo digamos… "a nivel pedestre".

Según algunos sociólogos, si comemos lo que comemos, lo hacemos por razones en las que intervienen factores sociales, culturales e históricos. Como factor histórico a nadie se le esconde que el desarrollo de los procesos productivos potenciados por el desarrollo de la ciencia y la tecnología condicionan completamente lo que comemos. Tampoco se nos escapa la carga social tan importante que damos a la comida; el hecho de sentarse todos a la mesa, los banquetes de celebración, las comidas de negocios etc.

En el aspecto cultural, unos defienden que se eligen los alimentos en función de lo más o menos práctico que resulte su obtención, otros que es una cuestión más de costumbres, de tradición. Como casi siempre las mejores explicaciones vienen de la conjugación de ambas teorías.

El hecho cultural en la alimentación tiene, desde luego, implicaciones asombrosas. Fíjense que no es necesario irse al lejano oriente, ni hablar de tribus exóticas para encontrar desfases enormes. Sin salir de nuestro país pongamos, por ejemplo, las lapas: aquí se consideran una exquisitez, o, al menos, se pagan como tal en muchos restaurantes, y para la mayoría de peninsulares su consumo es, cuando menos, una excentricidad (por no usar términos más peyorativos). Tampoco a nosotros nos hace "mayormente" mucha gracia comer caracoles, criadillas, sesos…

Secundo la teoría de que el ser humano para su correcto funcionamiento necesita desarrollar ciertas aptitudes de su especie: pasar directamente de cazar nuestro alimento, o de disputarle la carroña a otros depredadores (muchos estudiosos sostienen que nuestros ancestros tenían más de carroñeros que de cazadores, y que nuestras primeras herramientas se concibieron para romper los huesos y llegar al tuétano), de un salto a la comida en sobres, la pizza en casa,…. tiene implicaciones no del todo sanas.

Al hilo de esto he oído varias veces a algún carnívoro afirmar que la carne debe tener un puntito de descompuesta, que realza su sabor. Es curioso en esta línea que un famoso plato francés de la más alta cocina, a base de faisán, se prepara dejando a éste previamente colgado de un hilo, hasta el momento que la cabeza se desprende. Nuestros tradicionales "adobos" tampoco tienen una carga despreciable en cuanto a esta pretensión…, y vamos a dejarlo ahí, que se nos puede quitar el apetito.

Evidentemente no podemos cazar nuestra comida (lo evidente es que, dado nuestro enorme éxito como especie, terminaríamos con todas las demás en cuestión de meses), así que en aras de un cierto equilibrio personal, sí deberíamos al menos preocuparnos por prepararla, o sea, cocinar. Desechar sin más estas consideraciones nos puede llevar fácilmente a consumir alimentos inadecuados y de una forma inadecuada.

Propuesta para hoy: Crema de Castañas y Pimiento relleno.

Estamos en otoño, eso por aquí significa entre otras cosas que tenemos disponibles castañas y setas, vamos a combinarlas:

La crema de castaña es un plato sencillo, fácil, rico y económico. Partimos de un caldo de res y verduras (¡sin olvidar el apio!)1, le añadimos cuatro o cinco castañas guisadas (con hinojo, anís o comino) por persona y lo pasamos por la licuadora o por el chino. Luego lo ponemos a hervir con un chorrito de nata unos quince minutos hasta que reduzca un poco.

Se sirve con queso rallado por encima, o con un poco de eneldo bien picado, o con un par de dientes de ajo machacados en el almirez con aceite de oliva virgen y sal, o con lonchas finas de salmón ahumado picado fino…, al gusto, vaya.

Unos pimientos rellenos de segundo no parece una mala idea.

La cantidad a preparar es relativa en el sentido de que daré la receta para cuatro, pero yo diría que, ya puestos, lo hacemos para ocho y congelamos la mitad para otro día, ¿no?

Cuatro pimiento morrones medianos u ocho pequeños, medio kilo de carne molida (mitad res mitad cerdo), una cebolla mediana, cuatro dientes de ajo, un tomate maduro, una zanahoria, medio pan duro, leche, un huevo, perejil y setas.

Comenzamos con la carne, la ponemos en un bol con dos dientes de ajo bien picados, un huevo batido, perejil picado, sal y pimienta, un poco de cebolla bien picada y medio pan duro que previamente habremos remojado en leche y escurrido. Se hace la masa.

A los pimientos se le corta la parte trasera y se limpian por dentro; lo que sobra, al recortarlo, lo aprovechamos para la salsa, y se rellenan con la masa.

La salsa: En un caldero ponemos un chorro de aceite, la cebolla bien picada, dos dientes de ajo picados, el pimiento de los recortes, el tomate, la zanahoria hervida y picada y una hoja de laurel o una ramita de tomillo. Cuando comienza a dorarse, un chorro de vino blanco, se deja unos minutos a que reduzca, y se le pone el agua de las setas. Otros cinco minutos y se pasa por la licuadora o el chino. Se ponen en el caldero los pimientos ya rellenos, y la salsa que hemos hecho por encima (debe casi cubrirlos) y cocer a fuego lento unos 40 minutos. A la mitad me gusta girar los pimientos y ver si se ha consumido mucho el liquido para añadirle un poco de agua. Al terminarlo rectificar de sal, si es necesario, y retirarle el laurel o el tomillo, porque si se maceran mucho pueden llegar a amargar un poco.

Las setas, si las hemos recogido nosotros (otro día hablaremos con más detalle del tema), procuremos que no sean venenosas…. La alternativa es comprar, por ejemplo, "trompetas de la muerte", en la zona de delicatessen de El Corte Inglés. Se ponen en agua unas 6 horas como mínimo, el agua va a la salsa, y las setas se pueden triturar y mezclar con la carne.

En cuanto al vino para acompañar esta comida, recomendaré el de siempre: el que más os guste. Y no os fiéis mucho de los premios que tenga. Una de las cosas que he descubierto sobre el tema es que los concursos muchas veces se hacen "ad hoc", o sea, primero se elabora el vino y su presentación y luego, como un paso más en la elaboración, se inventa un concurso para premiarlo. O se presenta en uno donde todos los vinos que se presentan tienen una mención u otra. Basta con no detallar este echo.

Que aproveche.

Para quien no lo tenga del todo claro con el caldo, le recomiendo visitar la entrada de blog del mes de junio, titulada "Comer de cuchara como señor@s".

 

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