Cuando escribo esta entrada, aun no sé si la idea que se estrenaba en la anterior de ponerle música al tema será del agrado de la concurrencia, pero por un acaso y teniendo en cuenta que en caso contrario basta con no pinchar el enlace, ahí va la propuesta de hoy:
http://www.youtube.com/watch?v=DIMH4k2fJCs
No sé si os habéis dado cuenta de que, en prácticamente todas las entradas de este blog, insisto de una manera u otra en las ventajas que tiene prepararse uno su propia comida. Es que lo pienso y lo siento sinceramente, seré un poco cansino, qué le vamos a hacer. Es que una comida en un buen restaurante, bien preparada, bien servida y con buen ambiente es una gozada, concedido. Pero una comida en casa, aunque no esté tan elaborada, aunque sea mucho más sencilla, incluso un vulgar "asadero" con unas cuantas chuletas…. La sensación que deja llegada la tarde, después de enseñar a los niños cómo se enciende el fuego y demás, de haber escuchado por enésima vez la batalla del abuelito y de que tu señora te haya repetido por enésima vez, valga la redundancia, (es que es eso, un número indeterminado de veces), cuidado con esto, cuidado con lo otro y no le pongas tanto vino a tu padre…. pues… que tampoco tiene precio (aquí va un taco).
Ya si la comparativa la hacemos considerando una velada íntima, con lo que implica, que a buen entendedor etc. etc., a mí me parece que las probabilidades de que aquello triunfe aumentan considerablemente, ¿no? Incluso una comida de negocios, ¿por qué no? Demuestre usted iniciativa, capacidad de organización, previsión logística y compañerismo, a ver qué empresario se le resiste. Invite usted una comida en un local a la última, gaste el doble o el triple de lo calculado y quedará también estupendamente, claro que a otro nivel. Item más (ya en plan tirar la casa por la ventana), la comida queda mucho mejor cuando la preparas tú. Eso lo saben hasta los niños de pecho, que de eso saben mucho.
Coliflor con Chayota rebozados en salsa de espinaca
Estamos en la época, el otoño avanzado, en la que tanto la coliflor, como la chayota y la espinaca están en su punto, se consiguen fácilmente, o a buen precio, en el peor de los casos.
Las tres verduras combinan características muy a tener en cuenta. La chayota es diurética, antioxidante, con alto contenido en vitamina C, ayuda en el control de la diabetes y es muy apropiada en casos de retención de líquidos, con 22 calorías por 100 gramos. A la coliflor, con altos contenidos en vitamina C, A y E, se le atribuyen propiedades anticancerígenas, antioxidantes, muy indicada para el cuidado de las arterias y para evitar la retención de líquidos. Las espinacas, muy ricas en vitamina k, como la coliflor, necesaria para la coagulación de la sangre y el mantenimiento de los huesos, además las tres tienen altos contenidos en minerales. En conjunto, un combinado ideal para justificar las chuletas de cerdo asadas del segundo plato, en el caso claro está, de que por un motivo u otro se considere necesaria la tal justificación.
Partimos del consabido caldo, a media cocción aprovechamos la jugada y ponemos la coliflor entera boca abajo sobre la carne y verduras que se están cociendo, la chayota pelada y cortada en cuatro al tiempo, la dejamos unos diez minutos, así conseguimos cocerla un poco (luego terminarán de hacerse en el horno) y que le pasen su sabor al caldo: luego la troceamos y reservamos. Las hojas de espinaca lavadas las cocemos igual, podemos ponerlas por encima y retirarlas con una espumadera o en un escurridor de pasta por ejemplo: menos tiempo, en cinco minutos están.
En el vaso de la licuadora ponemos las espinacas, un buen chorro de nata, un huevo, un diente de ajo, sal, pimienta y licuamos todo. En un plato ponemos la coliflor, una vez retirados los tallos y la chayota laminada, le ponemos un poco de queso rallado o unas láminas de queso de fundir, luego le añadimos el batido de espinaca por encima y al horno a 150º durante 30 minutos, o el microondas si tiene grill.
Chuletas asadas a la brasa
Me temo que dar recomendaciones a este respecto va a resultar un poco petulante, pero no todo el mundo sabe prepararlas, ¿no?
Bueno, como todos sabemos, la chuleta fresca se distingue con facilidad de la congelada, además de en la temperatura, en el sabor, y en el precio. Si por algún motivo nos decantamos por las congeladas, yo recomendaría el adobo; dejarlas después de descongeladas unas doce horas en aceite, vinagre, orégano (42 veces más antioxidantes que una manzana), ajos y sal. Si elegimos frescas, yo las prefiero de aguja, que tienen más grasa infiltrada y son más jugosas; si hay niños, que no sé por qué motivo no suelen gustarles la grasa, pues de aguja y normales (con normales me refiero a las de lomo que la carne está más limpia de grasa). Ponerlas a la brasa, no al fuego que se queman, con un poco de sal, una sola vuelta para que no se sequen demasiado, y listo en unos diez o quince minutos, según la intensidad de la candela. Con unos muslos de pollo va igual, sólo que tarda bastante más.
Chorizos parrilleros, chistorras, salchichas y demás…. Yo lo dejaría correr. Además de que ya tenemos un entrante interesante, hay que tener en cuenta que estos productos se hacen aprovechando desechos, con altísimos contenidos en grasa y aditivos varios. Las alternativas son muchas: maíz asado, ensaladas variadas, quesos, unas setas-orejones por ejemplo a la brasa etc…
Para el fuego, depende un poco de las disponibilidades. El carbón es práctico, pero esas pastillas y esos líquidos para encenderlo no me inspiran demasiada confianza. Lo ideal sería hacerlo con leña, que por aquí es fácil de conseguir: brezo, faya, almendro… y unas pocas astillas de tea para prenderlo. Ofrece la ventaja añadida que mientras esperamos a que se haga la brasa vamos trasegando el vino y alternando con los comensales tranquilamente. Hay maderas poco recomendables como el naranjo y el limonero, cuyo humo se transfiere a la comida y da un gusto un poco desagradable; y otras que son directamente venenosas como la higuerilla, y el cardón (casi todas las que tienen esa savia que parece leche). La de pino tampoco es muy recomendable, aunque si no hay otra tendrá que valer. Sí que recomiendo no usar leña o madera de la que no se sepa la procedencia y si está o no tratada con productos químicos.
¿Unas papas arrugadas de guarnición? Es conveniente que sean de un tamaño homogéneo, entre el tamaño de un huevo de paloma y uno de gallina digamos, que lleven unos meses de cosechadas mejor que frescas. Se lavan bien y se ponen en un caldero con agua que casi las cubra, bastante sal marina -alrededor de 300 gramos para 1 kilo de papas-, y dejarlas, más o menos, el doble de tiempo que tardarían en cocinarse normalmente. Después de escurrir el agua se ponen otra vez al fuego y se van sacudiendo, así la sal se les pega y les da ese aspecto que nos gusta.
Buen provecho.

