Los orígenes palmeros de la actriz de Hollywood María Montez (2)

Isidoro Gracia García nace en Garafía el 3 de abril de 1873, hijo de Joaquín Gracia Anadón, natural de Estercuel (Teruel), y de María Antonia García Martín, oriunda de Garafía, municipio norteño de la isla canaria de La Palma. Cuando contaba diez años de edad fue sometido a un interrogatorio judicial, hoy totalmente fuera de derecho, respecto del incendio de la Casa Consistorial de Garafía, cuyos cargos habían sido imputados a su padre. Se trata, lamentablemente, de la manifestación de un menor, sin garantías procesales, que fue recogido en la sentencia y que debió marcar de por vida a Isidoro Gracia García.

Desde La Palma, el padre de María Montez emigra a Cuba y más tarde a la Republica Dominicana, estableciéndose en Barahona como «comer­ciante de mucho crédito». Se dedicó a los prósperos negocios del textil y a la exportación de madera (fallecido el patriarca, esta última permaneció entre las actividades mercantiles que llegaría a desarrollar la familia). En su definitiva residencia en la Republica Dominicana debió influir el consejo de su padre, quien, joven, había conocido de primera mano las posibilidades del país latinoamericano.

Su capacidad empresarial y sus facultades humanas le valieron el nombramiento por el entonces ministro de Estado (hoy, ministro de Asuntos Exteriores) como vicecónsul honorario, previa solicitud del Real Consulado de España en el país. «S. M. ha venido en elegirle y nombrarle para que sirva y ejerza este empleo», comunica Emilio de Palacios al cónsul en Santo Domingo el 21 de enero de 1921. Algún testimonio posterior asevera que «durante todo el tiempo que ha estado vacante el Viceconsula­do, ha prestado muy buen servicio a este Consulado como delegado del mismo». Según la documentación consultada, por esos años, en Barahona había «un gran número de españoles y aparte de esto se está construyendo el ingenio más grande de las Antillas, de modo, que el número de españoles comerciantes, colonos y operarios ha de crecer».

Isidoro Gracia se encontraba en la Republica Dominicana al menos desde 1904. Aquí contrae matrimonio, después de diecisiete años de relaciones, con María Teresa Vidal el 7 de enero de 1925. Para entonces ya había nacido la mayoría de sus hijos. Los dos últimos vendrían después: Jaime en agosto de 1925 y Teresa en 1932. Isidoro Gracia García fallece en 1933.

María África Gracia Vidal, María Montez

A la orilla del mar Caribe, en Barahona (República Dominicana), nació, el 6 de junio de 1912, María África Gracia Vidal, hija del canario Isidoro Gracia García y de Teresa María Vidal, oriunda de Baní. Según sus biógrafos dominicanos, su nombre de pila fue deseo de su padre «en homenaje a su tierra natal, la Isla de la Palma (una de las Islas Canarias), que aunque pertenezca a España está localizada en el continente africano». María fue la segunda de once hermanos: Isidoro, María África, Aquilino, Joaquín, David, Ada, Consuelo, Luz, Luis, Jaime y Teresita. Desde pequeña, la futura actriz mostró interés por el teatro y el cine. Llegó a escribir pequeñas obras dramáticas que representaba ante sus amigos y familia. Aprendió inglés sin profesor alguno, contando sólo con asiduas lecturas en revistas y periódicos. Aún con estudios básicos, se atrevió con la publicación de tres libros y varios poemas sueltos, que firmaba con su verdadero nombre, María África Gracia.

Su padre se dedicó fundamentalmente a la exportación de madera guayacán (Lignum vitae) para mantener a su numerosa prole, más otros dos hijos extramatrimoniales (Orbito y Gaudencio), a los que se sumaba además Antonio López (Toño), huérfano de un gran amigo; se trataba, en definitiva, de una gran familia de la que María llegaría a confesar: «Con cinco hermanos y cuatro hermanas y un deseo loco de no pasar inadvertida, tuve que aprender a cuidarme y hacerme valer o perderme en la lucha. Tuve que aprender cómo solicitar atención y obtenerla. Así fue cómo me acostumbré desde chiquitita a parecer mandona… sin serlo».

En Barahona se recuerda que cuando era una niña, en lugar de jugar a las casitas y a las muñecas, formaba un escenario con una sábana blanca iluminada con una lámpara doméstica. En el colegio actuaba en papeles protagonistas, marcados con gestos en la cara y extremidades. La opinión de sus vecinos sentencia con rotundidad: «Ella nació con esa vocación».

Por dos veces contrajo matrimonio: el 28 de noviembre de 1932 con el banquero William McFeeters (la pareja duró unos siete años); en octubre de 1942 conoció al actor francés Jean Pierre Aumont (1911-2001), con el que se casa el 13 de julio de 1943 (se cuenta que ese día los recién casados se besaron 112 veces). El matrimonio con McFeeters -según sus biógrafos- significaba la libertad ante la férrea disciplina de su padre y la prohibición de esta relación: el banquero contaba con 50 años de edad y María con 20. No obstante, la joven se casa y se traslada a vivir a Puerto Rico. El trabajo de su esposo le permitía disponer de tiempo suficiente para cultivar sus aficiones, asistir a la proyección de películas en inglés y perfeccionar el idioma.

Entre sus nuevas amistades surgió una invitación, que sería decisiva en su vida, para viajar a Nueva York. Allá fue María África Gracia sin la compañía de su marido. Encontró lo que inconscientemente buscó y soñó toda su vida; tenía entonces 29 años. McFeeters le reclamaba el retorno a Puerto Rico, sólo obtenía excusas y la callada por respuesta. Decide ir a Nueva York; en la ciudad norteamericana ambos se dan cuenta de que la unión se había roto, y deciden divorciarse. Según Pérez Arnay, «María hablaría siempre cariñosamente de su primer marido y atribuiría el fracaso de su matrimonio a un error». Con su carácter especial y alegre «conquistó velozmente el sofisticado mundo de la alta sociedad neoyorquina. Su melena pelirroja, su atractiva y estilizada figura y su elegante vestuario, la convirtieron en uno de los personajes que con mayor regularidad aparecían reseñados en las columnas de sociedad de los periódicos más afamados de la ciudad».

El primero que vio y plasmó la belleza de María África Gracia fue el pintor norteamericano McClelland Barclay (1891-1943). Buscaba a una bella mujer cosmopolita y contrata a la joven como modelo. Su óleo habría de convertirse en uno de los más conocidos y atractivos del pintor. Con la exposición de este cuadro a María comenzaron a lloverle ofertas de trabajo, pero ella aspiraba secretamente a la cumbre hollywoodiense.

Su carácter abierto y desenfadado le brindó la oportunidad que buscaba. En 1940 se entera de que George J. Schaefer, presidente de los estudios Pictures, se encontraba en Nueva York y de que iba a almorzar en el famoso Club 21. Con sus mejores galas se dirigió a una cita encontradiza. Un amigo le consiguió una mesa próxima a Schaefer y se produce el contacto. El presidente de la toda poderosa Pictures le invita a tomar café y le propone unas pruebas cinematográficas. Los ensayos dan buenos resultados y los estudios le ofrecen 100 dólares semanales. Sin embargo, el voto de George J. Schaefer es superado por el de la productora Universal, que incluye 150 dólares de salario, el traslado a Hollywood y el rodaje de una película.

A partir de aquí, María comienza a su carrera fílmica, con cintas tan famosas como Las mil y una noches (1942) -en la que encarnaba a Sherezade junto a los famosos actores Jon Hall y Sabu bajo la dirección de John Rawlins -, La salvaje blanca (1943) y Alí Babá y los cuarenta ladrones -del realizador Arthur Lubin-, La reina de Cobra (1944) -de Robert Siodmak-, Alma cíngara (1944) -de Roy William Nelly-, Sudán (1945) -de John Rawlins- o La Atlántida (1948) -de Gregg Tallas. María Montez encontró a un público inmerso en el conflicto de la ii Guerra Mundial y en una larga posguerra. Sus películas sirvieron de evasión ante tanto dolor y muerte. Su popularidad fue paulatinamente bajando; se traslada entonces a Europa, donde interviene en la película de aventuras La venganza del corsario (1951) de Primo Zeglio. Entre 1941 y 1951 protagonizó un total de 26 películas. Su repentina y trágica muerte privó a millones de admiradores de la actriz, que había merecido los calificativos de La reina del Tecnicolor, Ciclón Caribeño, Dinamita Dominicana, La sirena de Hollywood y La tempestuosa Montez. Su nombre, así, ocupó una parte destacada del cine mundial de los años "40.

Las películas de María Montez ocuparon gran espacio en las pantallas de las salas de cine del mundo. Como curiosidad, digamos aquí que en 1945 el Cine Colón de Las Palmas de Gran Canaria anunciaba para las sesiones de tarde y noche la emisión de Las mil y una noches calificándola como «No apta». Luego en 1980, el mismo film pasaba a la programación de Televisión Española en Canarias visionándose para todos los públicos en Primera Sesión a las 14:50 horas. Vid. [Redacción]. «Cine Colón». Falange (Las Palmas de Gran Canaria, 20 de julio de 1945), p. 4 y [Redacción]. El Eco de Canarias (Las Palmas de Gran Canaria, 25 de octubre de 1980), p. 31.

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