Los orígenes palmeros de la actriz de Hollywood María Montez (3)

Pudiera parecer a priori que por el exotismo de sus películas y el glamour de Hollywood  María África hubiese desarrollado un carácter despegado y distante respecto de los suyos y de sus orígenes. Nada más lejos de la realidad. Tras la pantalla existió una mujer sensible, curiosa y orgullosa de sus antepasados. Es cierto que mantuvo una juventud confusa que rozó el escándalo. También el mundo de la popularidad le exigía contar con una presencia casi permanente en los medios de comunicación, en algunos casos incluso, con escandalosas declaraciones falsas y lejanas de la realidad. María tuvo dos personalidades: la mujer latina y cosmopolita de los años "40 y otra auténtica, la del ser cariñoso, generoso, afectuoso y preocupado por los suyos.

Según Armando Gracia Sanfiel (1913-1997) primo hermano de la actriz, a finales de los años "20, María Montez estuvo en la isla de La Palma en compañía de su padre. Recordaba que su tío era alegre, tocaba la guitarra y cantaba. Deben coincidir estas fechas con el ingreso de María en el colegio religioso de Santa Cruz de Tenerife. El testimonio de su primo coincide en fechas con lo que publicaba el periódico tinerfeño Aire Libre el 29 de noviembre de 1943. Eran los años de la artista de moda y ya la prensa canaria revindicaba sus orígenes con el titular «María Montez, la artista de moda, fue educada en Santa Cruz de Tenerife»; el artículo manifestaba:

«Al igual que todas las hijas de familias españolas acomodadas, María ingresó en un Convento para ser educada. Con tal fin sus padres la enviaron a Santa Cruz de Tenerife.

Siendo todavía colegiala, le entró a María un ferviente anhelo de viajar, hasta tal punto que un día hizo su equipaje y se escapó del colegio. Pero ya en el muelle de Santa Cruz, su intención de embarcar hacia puertos desconocidos la asustó; sin embargó tomó pasaje para Santo Domingo. Enterados sus padres, la esperaron a su llegada y sin ninguna ceremonia la reembarcaron en el mismo barco y la enviaron de nuevo al colegio».

Asimismo, esta noticia coincide con la información contenida en las monografías María Montez, homenaje y María Montez: la reina del Tecnicolor, ambas de Terenci Moix y Antonio Pérez Arnay.

Según la correspondencia familiar mantenida por Isidoro con su hermana Tomasa, las verdaderas razones del internamiento de María en el colegio de Santa Cruz de Tenerife fueron los amores no consentidos con un hombre de 50 años. En 1930, su padre le permite regresar a Barahona y reanudar su relación amorosa con el banquero irlandés William G. MacFeeters, con quien contrae matrimonio. Aunque respetaba y quería a su padre, la actriz llegaría a afirmar: «Si mi padre estuviese vivo, jamás hubiese podido realizar mi sueño de convertirme en actriz de cine, pues él no lo hubiera permitido. ¡Y yo jamás hubiera ido en contra de su voluntad!».

María Montez se sentía orgullosa de su sangre paterna. Cuando en 1949 le preguntaron en el Festival de Cine de Venecia su verdadera nacionalidad, respondió:

«Pero, hijo mío, ¿de dónde cree usted que soy? ¿Acaso turca? Mi padre, palmero, y mi madre, dominicana, y mi verdadero apellido, Gracia. Esto de «Montez» es el postizo para el cine y el teatro. Además, ¿es que no se me ve que no puedo ser más que española? Aunque he nacido en Barahona, tengo pasaporte español, me encantan los toros, me encanta el flamenco y si tengo algún arte y alguna gracia, se lo debo a mi sangre española. Por eso, la mayor ilusión de mi vida es hacer una película en España».

La rutina hollywoodiense -ya lo hemos apuntado- exigía estar continuamente a la sombra de los medios de comunicación y de eso sabía mucho María. Ello explica que en público llegase a quemarse un sombrero o que afirmarse que su abuelo Joaquín Gracia Anadón era un noble aragonés, conde de Gracia (según nos informaron desde el Ayuntamiento de Estercuel por carta de 23 de diciembre de 1993, en el Archivo Parroquial figura el bautizo de Joaquín Gracia Anadón el 23 de mayo de 1841 y «en dicho libro no consta que tuviera ningún título nobiliario»).

En su programa de ensoñaciones de grandeza, sostuvo, por ejemplo, que poseía joyas pertenecientes a la reina Isabel la Católica u obras del pintor aragonés Francisco de Goya, extremos confirmados incluso por los titulares de prensa de aquellos años: «[La actriz] posee una colección de tapices de Goya, una joya que perteneció a la Reina Isabel y valiosos topacios».

Sus excéntricas actuaciones y manifestaciones le llevaron incluso a enfrentarse al código de censura de Hays (1941), afirmando públicamente que detestaba usar sostén, consiguiendo de ese modo la notoriedad que seguramente pretendía. El código Hays, redactado por el republicano Hill H. Hays, establecía en sus principios generales normas de censura para la filmación de películas comerciales en Estados Unidos, aunque en este caso salpicó la vida personal de la actriz.

El cariño por sus orígenes lo demuestra cuando, unos días antes de su muerte, el empresario español Cesáreo González le ofrece hacer la película La maja de Goya; María declara a la prensa que la firmaría con su auténtico apellido, Gracia, y responde a un periodista francés: «Me eduqué en Santa Cruz de Tenerife, en España, y he tenido siempre para todo lo español verdadera admiración. […] estoy segura que allí todos verán muy bien que yo trabaje con mi verdadero nombre, pero a nadie le habrá de satisfacer tanto como a mí».

María Montez no sólo conocía su ascendencia canaria; también la turolense. Ello se deduce de la entrevista aparecida en Aire Libreel 19 de septiembre de 1949 (aunque el periodista no debió entender correctamente a la actriz): «Mi padre de Teruel y mi madre canaria, dice María Montez». En realidad, de Teruel era su abuelo y su madre, dominicana. Sobre sus orígenes españoles, la actriz contesta:

«Mi padre, de Teruel, y mi madre, canaria, y mi verdadero apellido, Gracia, María Gracia. Esto del "Montez" es el postizo para el "cine" y el teatro. Además, ¿es que no se me ve que no puedo ser más que española? Aunque he nacido en Santo Domingo, tengo pasaporte español, me encantan los toros, me encanta el flamenco, y si tengo alguna gracia, se lo debo a mi sangre española. Por eso la mayor ilusión de mi vida es hacer una película en España».

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