Siglo XVII, dos mujeres orfebres en La Palma

A principios del siglo XVII la isla es cuna de un arte barroco propio y esplendoroso. Muestra de esa cultura singular aún perdura especialmente en los templos palmeros. El trajín de los talleres de imagineros y orfebres era consustancias con la ciudad de Santa Cruz de La Palma. La imaginería flamenca preexistente en la isla inspiró a esos artesanos y la importación de imágenes y plata barroca andaluza y americana marcó los cánones del momento insular. La Palma siempre atenta al discurrir del momento lo supo interpretar y lo convirtió en un arte propio.

Ejemplo curioso de esos talleres los tenemos en las hermanas María Leonardo de Santa Cruz (1614-1695) y su hermana Margarita (1619-1695), a las que encontramos realizando unos trabajos inusuales para los años en que vivieron: las artes de la orfebrería.

En la historia de la platería canaria son muy pocas las mujeres que se dedicaron a este oficio, reservado a los varones. María y Margarita debieron conocerlo desde la cuna; no en vano, su padre fue el platero Pedro Leonardo de Santa Cruz (1577-1634), continuador de una prolífera saga familiar de artesanos orfebres. Las Leonardas fueron bautizadas en la parroquia Matriz de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, donde hoy reposan sus restos mortales en sendas tumbas separadas.

Tal como opina Gloria Rodríguez (1928-2000) en el trabajo Los Leonardos; Una familia de plateros canario.1570-1681, cabe explicar este hecho porque ambas hermanas debieron sostener algún conflicto en la última etapa de sus vidas, si bien habían trabajado juntas la platería. Vivieron solteras hasta edad longeva en diferentes viviendas; Margarita, incluso, se hizo enterrar en sepultura propia. María, la primogénita, tenía su domicilio y taller en la calle Real del Tanquillo del Concejo (Pérez de Brito, 51) colindante con el callejón de Reyes, donde falleció. A la muerte de su padre, ocurrida en 1634, continuó con el oficio familiar de platera y la encontramos al año siguiente fechando un aderezo para la Virgen del Hospital de Dolores y en 1637 trabajando en los arreglos de una vara del palio de la cofradía del Santísimo.

Cuando trabajaban juntas se autoimpusieron el apelativo de las Leonardas, según consta documentalmente en 1655 en el libro de cuentas de la cofradía del Santísimo de El Salvador y en 1662 en el libro de fábrica parroquial de San José de Breña Baja, porque perciben cierta cantidad por la hechura de una corona para la imagen del Buen Jesús.

Retrotraernos a aquellos lejanos años y encontramos en una pequeña población como debía ser en esos años Santa Cruz de La Palma a dos mujeres en un taller de platería, armadas de extraños útiles e indumentaria (posiblemente con mandriles de cuero), aceptando encargos, recibiendo «la plata para la custodia que se está fabricando» o informando sobre el valor del joyero de la Virgen de las Nieves nos trae a la mente una encantadora imagen de unas curtidas manos, manos femeninas, haciendo filigranas con la plata, y trae también el cantarín sonido del martillo que doblega el noble metal. La imaginación nos trasporta a ese taller  palmero del siglo XVII.

 

Nota: La casa en la que vivió María corresponde a la reedificada en el siglo XVIII y conocida por "Casa Martínez Méndez. En lo antiguo, de Leonardo", según el recordado Jaime Pérez García. En el siglo XVII perteneció al platero Pedro Leonardo de Santa Cruz, en la que probablemente debieron tener el taller de orfebrería en Santa Cruz de La Palma. 

Scroll al inicio