Del zapatero Francisco Pérez sabemos que era vecino de Santa Cruz de La Palma, donde ejerció, con nombramiento del antiguo Concejo, como alcalde de su oficio. Era hijo de Francisco Pérez y debió nacer en torno al año 1567. Contrajo matrimonio, en la parroquia matriz de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, el 5 de junio de 1599, con Luisa Martín, hija de Bernabé González y Ana Martín.
En 1605, Francisco Pérez encargó, junto a su compañero de gremio Miguel González, dos hechuras y bulto de San Crispín y San Crispiniano al pintor Juan de Sosa, que debía salir en procesión sobre unas mismas andas, según recoge la profesora Constanza Negrín Delgado. Por esos años, la procesión de Corpus, San Miguel y Santa Cruz de Mayo -fiestas juradas que celebraba anualmente el Cabildo- era acompañada por las hermandades y cofradías de oficios con sus pendones. Francisco Pérez debió encontrarse en la fundación de la cofradía de San Crispín y San Crispiniano, establecida en la iglesia de El Salvador en 1605, el mismo año en que se encargaban -el 17 de mayo- las imágenes de sus patronos, de quienes celebraban onomástica y festividad el 25 de octubre. Estas imágenes, obras de Juan de Sosa, lamentablemente no se conservan. En 1688, el visitador eclesiástico Juan Pinto de Guisla, dada la decadencia de la cofradía, las suprimió.
El zapatero Francisco Pérez manifestó que en ese mismo año había comprado un pedazo de viña en el barranco de Aguacencio y, viendo que un laurel "lle hazia perjuicio con su sonbra en cantidad de parras que cojía debajo, mandó a Pedro Rodríguez Ramallo, vezino deste dicho lugar, le cortasse y rolasse el dicho laurel, el qual con Melchor Rodríguez, vezino deste dicho término, en pressencia deste testigo cortaron con achas el dicho laurel e derribándole con achas por el pie en domingo seis de febrero deste año".
Según su propia declaración, Francisco Pérez continuó cortando las ramas del laurel haciendo rolos y mandó a sus "esclabos, quemar el tronco porque no produciese y el mátil del árbol lo hizo trazar en rolos y llebarlos a su cassa para dellos hazer mallares para el lagar, en la qual los hizo poner junto a el lagar questá pegado junto a la cassa". Una vez terminado el corte del árbol y decidido su aprovechamiento como pieza necesaria del lagar, decidió cortarlo y tuvo que dejarlo "por no cortar bien la acha lo dexó habiendo labrado vn pedazo hasta cassi el pie donde estaban las dichas dos cruzes y con esto lo dexó". Un tiempo después, que era el " doze deste presente mes de abril [borrado]ga las çinco de la tarde poco más o menos este testigo tomó vna acha para proseguir en hazer del dicho rolo el dicho mellar enpeçando a labrar de la otra punta que hera en contra de la que tenía labrada antes, y yendo labrando la dicha punta para yr encontrarse con la otra que tenía labrada, quedó en medio de cada borde anbas puntas vn palmo, digo vna tercia poco más o menos, de palo sin labrar debajo la qual estaban las dichas dos cruzes. Y habiendo dado enzima deste pedazo de palo por labrar más de diez y seis golpes con la acha de manera que si la acha cortara o entrara dentro biniera las dichas dos cruzes por en medio en pedazos y avnque este testigo con todas su fuerça y con deliberación de partir el dicho pedazo de palo del dicho rolo hizo mucha diligencia dando con toda su fuerça en él para partirlo y nunca pudo sin hazer mui pequeñas señales con los golpes de la acha a dos manos y con toda su fuerça y no pudo partirlo.
Y por lo qual, vístosse este testigo enfadado y cansado viró el dicho rolo a lo cunplido y puso vna punta para su rostro virando el pedazo que quedaba [borrado] en medio de las dos puntas labradas y la sa[borrado] del suelo [borrado] con la dicha acha y a dos manos y con todas su fuerça dio en el dicho pedazo de palo por labrar seis o siete golpes con yntento de echallo fuera para que quedasse igual la labor con las dicha dos puntas labradas y al cabo de dichos golpes se despidió el dicho pedazo de palo que tiene de grosor de alto quatro dedos sin la cáscara y bido este testigo que en el dicho pedazo quedo vna cruz esculpida de negro de la misma madera incorporada la materia negra que señala la dicha cruz en el dicho palo, de largor de poco más de vna quarta con su pie y arriba en superfiçie vn atrabessado negro y a las superfizies de los braços otros dos atravesados".
Éste es el momento crucial en el que se relata con todo detalle y precisión, por boca de Francisco Pérez, cuándo y cómo aparecieron las dos cruces dentro de un tronco de laurel en Breña Alta. Continuaba la crónica de lo sucedido poniendo de manifiesto que en el mismo rolo o trozo de madera del laurel "quedó esculpida otra cruz del mismo tamaño, de la misma color y de la propia echura y en medio della se echa de ver vn Xpo cruçificado y a lo que se descubre pareze de mui buena pintura por berse en él señalados [borrado]cos, rostro, pies y diadema y esto se be porque la color que lo [borrado] del negro pareze cassi como blanco y pardito de que proboca deboçió"..
Como vemos, no sólo aparecieron dos cruces, sino que una de ellas tenía pintado un Cristo crucificado, con rostro, pies y diadema. La primera reacción del zapatero fue de confusión y "espantado de ver vna cossa tan santa y prodixiosa y cassi sin sentido por no saber que hazerse en tal casso y largo la acha en presencia de Domingo, hijo deste testigo, y de dos esclabos suyos llamados vno Antón y otro Pedro". Dice el texto que Francisco Pérez "largó la acha", esto es, soltó el hacha, reacción totalmente humana y comprensible ante lo que veían sus ojos. Tras el momento de estupor, "se yncó de rrodillas y con mucha beneraçión bessó las cruzes llamando a su hijo que las biesse; pusso el pedazo pequeño encima del otro rolo [borrado] que vna cruz pegada con otra quedaban juntas yguales y dexó estar el dicho madero en esta madera en esta manera asta la oraçión que llamó a Melchor Rodríguez, vezino deste lugar y le enseñó las dichas cruzes y el quitó el sonbrero y las adoró y pidió a este testigo le diesse vna dellas y este testigo no se la quiso dar, antes bolbió a juntar vn madero con otro como dicho tiene y se fueron dejando el dicho madero en el dicho lugar".
Comenzaba en este preciso momento, la tarde del 12 de abril de 1622, la veneración a las Dos Santas Cruces de Breña Alta, con rodillas al suelo, respetuoso beso, adoración y el gesto, aún usual, de descubrirse la cabeza retirándose el sombrero. Francisco Pérez no sabía qué hacer con las dos cruces, pero se negó a entregar una de ellas a su vecino Melchor Rodríguez, quien le había pedido una pieza. Continúa dando testimonio Francisco Pérez, y manifestando que, el miércoles 13 por la mañana, recibió en su casa de Breña Alta a su yerno Pedro Pérez, vecino de Santa Cruz de La Palma, y éste "les dixo si querían ber las cruzes que estaban en el dicho madero y este testigo se las descubrió y los ssusodichos las adoraron y le animaron a que llamasse gente para que biesen el dicho milagro". El hallazgo ya comenzaba a ser considerado como milagroso y a convertirse en objeto de culto. El vecindario acudía a ver el prodigio antinatural.
A Pedro Pérez le siguió otro testigo, Diego Arias, que "vido las dichas cruzes quedó espantado y las adoró". El hecho iba tomando más importancia ante los comentarios y nerviosismo de los testigos. En ese momento, decidieron pedir la presencia del cura de San Pedro, Amaro González, quien dijo que "viniendo el dicho cura vn poco lexos de su cassa deste testigo de visitar vn enfermo le llamó y le fue a encontrar en medio camino y le dio parte de lo suçedido, el qual se apeó del caballo y vino a la casa deste testigo, donde estaba el dicho madero con las dichas dos cruzes, el qual las descubrió y adoró con la reberencia debida y les dixo a todos se abían de tener por dichosos de haber parezido en su casa las dichas dos cruzes".
Momento decisivo y emotivo debió ser éste: un ministro de la Iglesia confirma con su presencia y comentarios el milagroso hallazgo ante sencillos campesinos y labradores de Breña Alta. Pasado el momento de estupor ante lo que veían sus ojos, Amaro González dispuso que se volvieran "a juntar los dichos maderos, el dicho cura hizo poner vn paño linpio sobre el dicho madero y lo hizo enramar con rosas y flores y con los que estaban presentes y otros vecinos que conbocó el susodicho y los dichos vecinos la traxero [sic] a hombros con la mayor deboción que se pudo a la parrochia de señor San Pedro del dicho término y le pusso en el altar mayor, donde está con el Santíssimo Sacramento".
Las dos Santas Cruces recibieron el primer enrame. Los vecinos, por indicación del cura, taparon el tronco de laurel y las cruces con un paño limpio, en señal de respeto, y los enramaron con rosas y flores. Corría el mes de abril y Breña Alta debía estar rebosante del alegre multicolor de los rosales y demás flores. Las cruces fueron colocadas sobre el altar mayor, donde se encontraba el Santísimo Sacramento. En 1618, se había autorizado la presencia permanente del Santísimo en Breña Alta, a pedimento de los vecinos del pueblo, obligándose éstos a dar 12 botijas de aceite cada año para la lámpara. En este mismo año, se constituyó la Cofradía.
Amaro González debió ser el primer cura de San Pedro -o de los primeros- en ostentar dicho cargo. Después de muchos años, la humilde y primitiva ermita, de cuya existencia hay constancia al menos desde 1539, daba un salto eclesiástico importante y es en 1618 cuando es considerada parroquia. Ello conllevaba la exposición permanente del Santísimo y el nombramiento de un cura a su cargo. Con anterioridad a la fundación de la parroquia de San Pedro, Amaro González se encontraba en 1616 como presbítero de la iglesia matriz de El Salvador (Santa Cruz de La Palma).
La información de los testigos continuó con las manifestaciones de Domingo Pérez, hijo del zapatero Francisco Pérez, quien después del juramento, puso de "manifiesto Quel martes, cassi a el sol puesto, que [serían] las cinco de la tarde poco más o menos en doze deste mes de abril deste año estando este testigo con su padre Francisco Pérez y dos esclabos de su padre, Antón y Pedro, todos juntos a la dicha ora en vna cassa que está en la viña que tiene su padre en el término de la Breña que conpró de Simón Martín, que está poco más de vn tiro de mosquete poco más o menos de la yglesia parrochial de señor San Pedro del dicho término de la Breña, junto a el lagar que está en el patio de la dicha cassa […]".
Nos confirma Domingo Pérez la adquisición de la hacienda por su padre a Simón Martín y que la misma se encontraba más o menos a un tiro de mosquete (unos 300 metros, aproximadamente) de la iglesia parroquial de San Pedro. Debía hallarse esta heredad a la vista de la iglesia de San Pedro, en las faldas o laderas pedregosas que forman el barranco de Aguacencio, hacia el naciente.
Continúa Domingo Pérez relatando que, junto a su padre y los esclavos de éste, Antón y Pedro, había un rolo "cassi seco de laurel, que será de largo de vna bara de medir poco más o menos y en redondo cassi otro tanto, y estaba labrado por vna punta a acha vn pedazo, su padre deste testigo con vna acha enpeçó a labrar el dicho rolo de la otra punta correspondiente a la questaba labrada en grosor de quatro dedos de madera y cassi vn coto de grossor sin la corteza y llegando a vn trecho que contó labrado y lo que estaba labrado antes benía a quedar en medio de anbas labores vn pedazo por labrar de obrar vna terçia poco más o menos.
[Lue]go su padre queriendo partir aquel pedazo den medio quest[aba] por labrar le dio con la acha por el corte de a dos manos con to[da] su fuerça muchos golpes en medio y no pudo hazer daño ni partirlo porque si lo partiera partiría por el medio o en pedazos las dos cruzes questaban debajo del palo questaba por partir".
Como vemos, la dura madera del añejo laurel se resistía a ser cortada por la hoja del hacha, como si quisiera proteger el tesoro que contenía en su interior. Francisco Pérez continuó en su empeño. Según su hijo Domingo, "como enperrado y aburrido, viró el palo a lo cumplido, mirando para si la vna punta y con la acha le dio algunos golpes a el pedazo de palo que no había podido partir; y al cabo dellos se despegó del dicho rolo vn pedazo del mismo palo que era el que había querido cortar su padre, que tenía de cumplido vna terçia como tiene dicho y de altor un coto; y en el dicho pedazo de palo esttá vna cruz con su pie y los braços atrabesados en proporçión, que la cruz tendrá de largo poco más de vna quarta, de color negras, algunas mampitas pardas tirantes tanto quanto a color de blanco y ceniza y esto estaba en el pedazo menor, vna de la forma dicha".
La actitud de Francisco Pérez cuando estaba cortando el laurel era de "emperrado y aburrido", es decir, ante la resistencia del madero, puso empeño y llegó hasta el aburrimiento. Las descripciones de los testigos, a los que se les tomó manifestación por separado, iban concordando. Un coto de altura corresponde, según el Diccionario de la Real Academia a "aproximadamente la formada por los cuatro dedos de la mano cerrada, sin contar el pulgar".
Vuelve a declarar Domingo Pérez lo mismo que los anteriores: que en el rolo grande quedó otra cruz del mismo tamaño, hechura y color y que, además de eso, "se ve en ella vna figura de vn Christo Cruçificado mayormente se diferençia el rostro perfecto ynclinado y los braços y los pies y diadema con proporción en la dicha cruz y se diferençia porque la cruz es negra incorporada en la misma madera que es blanca y en medio de la dicha cruz se be el dicho cruçifixo como a manera de blanco y ceniza lo que lo haçe ser el Christo".
Queda claro, además, que en una de estas dos cruces se encontraba una pintura, o algo semejante, de un Cristo Crucificado. El hijo de Francisco Pérez continúa manifestando que, de inmediato, la adoraron y se pusieron de rodillas ante ellas y que "su padre pusso el pedazo menor sobre el rolo grande y lo bolbió a cubrir como se estaba antes".
Llegada la hora de la oración de la tarde, la familia comenzó a darse cuenta de la importancia del milagroso hallazgo y, según Domingo Pérez, llamaron al vecino Melchor Rodríguez -como ya había manifestado su padre-. Las cruces que aparecieron el 12 de abril se quedaron en la propiedad hasta la mañana siguiente, hasta que llegó "de la ciudad su madre deste testigo y Pedro Pérez Manso, su cuñado, a los quales enseñó las dichas cruzes y las adoraron y dixeron que llamase gente y a el cura, el qual llamó algunos vecinos y a el dicho cura Amaro Gonsales".
Pedro Pérez Manso, cuñado de Domingo Pérez y yerno de Francisco Pérez, fue quien impulsó la iniciativa de poner en conocimiento de los vecinos y del párroco el hallazgo. Queda documentalmente confirmada la parentela política entre Domingo Pérez y Pedro Pérez Manso por el Libro I de matrimonios de la iglesia de El Salvador, donde consta el matrimonio del segundo con Ana Pérez el 26 de julio de 1620, hija del primero y de Luisa Martín, su mujer. Pedro Pérez Manso, también conocido como Pedro Bermúdez Manso, fue piloto de la carrera de Indias -falleció en La Habana antes de 1638-. En 1619 fundó el altar de San Carlos Borromeo de la iglesia de San Francisco de Santa Cruz de La Palma, cuya imagen se conserva.
La llamada a vecinos y cura dio resultado y "biniendo bieron las dichas cruzes y se espantaron de berlas y todos las adoraron y el dicho cura dixo a sus padres que se tubieran por dichossos haberse allado en su cassa y las quería traer a la iglesia". Recibían Francisco Pérez y su familia la congratulación del cura y la dicha y privilegio de haber encontrado las dos cruces.
El cura había tomado la determinación de conducir las cruces a la iglesia de San Pedro, lo que consintió la familia. Después de tomar un paño, "cubrieron el dicho madero con rossas y flores y el cura y los vecinos que se allaron presentes la traxeron en los hombros y en las manos hasta ponerla en el altar mayor de la parrochia de señor San pedro deste dicho término, a donde está el Santíssimo Sacramento, a donde concurrió mucha gente del lugar; y oi dicho día ha concurrido mucha gente de la çiudad ha ver las dicha cruzes".
La noticia se extendió rápidamente por toda la comarca. Antes de cumplirse las 48 horas del descubrimiento, ya era importante la concurrencia de gentes venidas de distantes lugares -especialmente, de las Breñas y de Santa Cruz de La Palma- que se acercaron a ver el prodigio sobrenatural en el templo de San Pedro.
Llegó el momento de tomar manifestación a Antón o Antonio, negro esclabo del Francisco Pérez, quien manifiesta que "vido antesdeayer, martes a la tarde, estando en la cassa de su amo, que está en la Breña, junto a la yglesia de San Pedro deste lugar, que su amo Francisco Pérez, en p[resencia] deste testigo y de Pedro, su esclabo, y de Domingo, hijo de su amo, con vna acha fue a partir vn rolo de laurel gruesso, de altor de poco más de vna bara; y queriendo partir atrabessado no pudo con la acha, avnque dio muchos golpes y luego lo viró a el cunplido y dando con la dicha aya algunos golpes despidió vn pedazo como de vna terçia de largor y media quarta de alto y de grosor de vn coto sin la cáscara y en cada vno de los dichos pedazos estaba vna cruz negra yncorporada en la madera con su pie y de altor de poco más de vna quarta".
Todos los testigos continúan coincidiendo en la descripción de cómo efectuó el corte del rolo de laurel Francisco Pérez. Las cruces eran de color negro y tenían pie, es decir, terminaban en forma de peana para facilitar su colocación sobre mesa o altar, tal como se ve en el pequeño dibujo de este mismo documento.
Antón, el esclavo negro, manifiesta que el vecino Melchor Rodríguez solicitó a su amo "que le diese vna para llebar a su madre y no se la quiso dar su amo y bolbieron a poner el palo pequeño sobre el grande y ayer, miércoles por la mañana, treze deste presente mes, vino de la çiudad su amo deste testigo y Pedro Pérez, yerno de su amo, y su amo les enseñó las cruzes y las adoraron y luego llamaron a el cura y a otros vecinos y cubrieron el rolo con vn paño blanco y lo enramaron con flores y ierbas y lo trajeron a la yglesia de señor Sant Pedro y lo pusieron en el altar mayor donde está el Santíssimo Sacramento·.
El esclavo Antón manifiesta que Melchor Rodríguez pidió a su amo una de las dos cruces para llevársela a su madre, detalle que confirma que, por esos tiempos, una cruz podía suscitar devoción entre las gentes del lugar.
El otro testigo, también esclavo de Francisco Pérez, Pedro, coincide con los relatos anteriores al afirmar que Francisco Pérez, "abiendo dado muchos golpes para sacar vn pedazo que se aba atrabessado en medio no lo pudo sacar ni hazía casi mella en el palo con la acha con lo qual lo viró a lo cunplido y abiendo dado vnos golpes con la acha en el dicho palo se abrió vn pedazo de poco más de vna tercia de largo y de vn coto de alto y en el dicho rolo grande quedó vna cruz y en el pequeño otra cruz y anbas negras de altor poco más de vna quarta con su pie y de vna misma echura, grandor y grosor y sus amos se yncaron de rrodillas, y este testigo y su compañero".
Continúa diciendo que el miércoles 13 de abril había llegado de Santa Cruz de La Palma Pedro Manso, su yerno; y llegaron por la mañanita y les enseñó las dichas cruzes y se yncaron de rrodillas y le dixeron a su amo que llamase gente y a el cura. Coincide también en la iniciativa que parte de Pedro Pérez Manso y, así, "llamó muchos vecinos del dicho término y a el cura y les enseñó las cruzes y el cura hizo traer vna toalla limpia y cubrió el madero donde estaban las cruzes; y lo enrramaron con yerbas y flores y lo traxeron a la iglesia de señor San Pedro, parrochia deste lugar de la Breña, y lo pusieron en el altar mayor donde está el Santíssimo Sacramento, a donde a ocurrido mucha gente del dicho lugar y de la çiudad"..
Según el esclavo Pedro y otros, desde ese lejano año de 1622 y con seguridad después, puede afirmarse rotundamente que las cruces se enrramaron. Hay que apuntar que yerbas no podían ser otra cosa que monteverde o hierbas aromáticas.
No falta aquí detalle alguno del momento en que aparecieron las cruces e, incluso, se aporta el testimonio de los anteriores propietarios de la hacienda. Por ejemplo, Baltasar Méndez Guerra declaró "que dio en dote vn pedazo de viña en el término de Aguasensio, que es en la Breña, a Simón Martín, su yerno, el qual lla bendió este año a Francisco Pérez, çapatero; en la qual bide este testigo naçió vn laurel abrá veinte y dos o veinte y tres años, el qual se crió con mucha fertilidad entre vnos peñascos, sin cassi tierra, y se hizo mui alto y vnbrosso". Es decir, tenemos a un testigo que, siendo propietario de estas tierras, vio nacer, entre peñascos y casi sin tierra, el frondoso laurel en torno a 1599.
Según Baltasar Méndez, cuando el laurel tenía unos catorce o quince años, comenzó a dar fruto "que llaman baga gruessa, del grosor de aceitunas gordales; y era ordinario dar vna fanega de loro, de la qual se sacaron vna botixa de aceite; y este testigo y la gente de su cassa le tenían por árbol mediçinal y lo experimentaron en algunas enfermedades de sus hijos que, vntándoles con la fruta del, sanaba"..
Baltasar Méndez aporta el testimonio del día exacto que en fue cortado el árbol. Fue "el domingo de carnestollendas [domingo de carnaval], seis de febrero, vido este testigo que Francisco Pérez cortó el dicho árbol por el pie con vna acha y con las ramas del, que no el pie del dicho árbol y el mástil del árbol, lo traçó en rolos; y dellos llebó dos a su cassa para hazer mallares para el lagar y los pusso en su cassa, que está en la dicha viña".
Habían pasado unos 66 días desde el corte del árbol, cuando Francisco Pérez decidió comenzar a labrar los mallares para el lagar con los rolos del laurel. Domingo Pérez dijo que el 12 de abril su padre cortó un rolo casi seco, lo que corrobora el testimonio aportado por Baltasar Méndez: el árbol se había cortado el 6 de febrero, domingo de Carnaval, y evidentemente debía estar casi seco.
Baltasar Méndez era vecino de Francisco Pérez, y en la tarde del 12 de abril, éste lo llamó y le enseñó vno de los dichos rolos y sacó vn pedazo del questaba partido esse día, el pedazo menor que se abía cortado del dicho rolo, del tamaño de más de vna terçia de largo y de anchor cassi vn palmo de grosor vn coto; y el rolo donde se quitó de largor de más de vna bara y gruesso más de otro tanto.
Y luego vido este testigo en el pedaço menor vna cruz y en el dicho rolo otra cruz, anbas negras con sus pies y del altor de poco más de vna quarta de vn grosor de vn tamaño y de vna echura.
Y este testigo se yncó de rrodillas y bessó el pie de vna dellas y dixo que hera necesario hacerlo saber a el cura por cossa de mucho misterio y el dicho Francisco Pérez las bolbió a cubrir y dixo que si las cubrieron con vn paño.
Y ayer, miércoles por la mañana, este testigo y el cura y el dicho Francisco Pérez y otras muchas personas deste lugar cubrieron el dicho madero de las cruzes y lo enrramaron con muchas rosas y flores, yerbas; y lo traxeron y pusieron en el altar mayor de la iglesia parrochial de señor San Pedro deste dicho término, donde a concurrido mucha gente de este término y de la çiudad a verle y adorarle.
Extracto del Capítulo III (De las razones para el arraigo de una fiesta) 3.2.2. Las pesquisas de 1622 en torno al tronco de un laurel y las dos Santas Cruces de Breña Alta, p. 47/60 en la obra Fiesta de la Cruz, Breña Alta, La Palma de Hernández Pérez, María Victoria: [Ayuntamiento de Breña Alta], 2005. 194 pp. isbn: 84-606-3827-8.

