Quema de artilugios pirotécnicos sobre el cuerpo

La polémica sobre la  normativa europea sobre la utilización de fuegos artificiales en las fiestas populares ha hecho saltar la alarma. Los responsables políticos y los amantes de las costumbres y tradiciones han tomado cartas en el asunto, aún estando dispuestos a extremar las medidas de seguridad.

En La Palma los fuegos artificiales son consustanciales con la propia identidad del palmero, aunque en los últimos meses de lamentable y polémica actualidad.

En 1882 con destino a las fiestas de San Andrés (San Andrés y Sauces) se adquirieron unos pequeños cañones de bronce en Londres, para "quemar la pólvora en día del Gran Poder". El alto coste [300 pesetas] provocó disputas y se abrió un expediente eclesiástico. La respuesta por parte de los defensores fue rotunda y esclarecedora del sentir de las gentes. Entendían que los cañoncitos eran medios auxiliares para atraer a la gente de los pueblos lejanos con "mayor concurso", termina el escrito "sentenciado".

"Fiesta, dice el pueblo, donde no hay cañonazos ni cohetes voladores, no son fiestas, y por consiguiente no se reúnen".

En 1866 encontramos los antecedentes más curiosos de incorporar y quemar artilugios pirotécnicos sobre el cuerpo de una persona en medio del público, al modo del Borrachito Fogatero (Villa de Mazo) y el Diablo (Tijarafe).

El periódico palmero El Time [14 de octubre de 1866, pg.4, sección de anuncios] recoge:

"FUEGOS ARTIFICIALES: El domingo 21 del corriente, si el tiempo lo permite, dará en el ex convento de San Francisco una función de fuegos artificiales el conocido aficionado al arte pirotécnico Domingo Vega, que desea complacer a este público ofreciéndole tan variado espectáculo.

    Se dará principio por una bonita pila a que seguirá un fuego chinesco. A continuación se quemará una brillante palma con salvas. Luego se presentará un joven aficionado llevando en su cuerpo tres ruedas de esmerada ejecución. Habrá además una gran rueda que girará diagonalmente, unas aspas de molino, variados fuegos de colores y una hermosa pieza en forma de ajedrez".

Esta noticia del rotativo palmero apunta un dato relevante para el asunto que nos ocupa:

"Luego se presentará un joven aficionado llevando en su cuerpo tres ruedas de esmerada ejecución".

La configuración del antiguo convento de San Francisco con dos patios, de distintos tamaños, interiores abiertos hacía al cielo apunta que se debió utilizar para este espectáculo el de mayor tamaño y menor obstáculos arquitectónicos. Aún con esto la profusión y espectacularidad de estos fuegos artificiales debieron ser de poca altura. Evidentemente se evitaría, dentro de lo posible, no sobrepasar los tejados del inmueble para no ser visionados por los espectadores que no habían pagado "la fisca" que establecía la publicidad.

Conociendo este espacio los asistentes debieron estar a poca distancia del espectáculo pirotécnico y la emoción y proximidad a estos efectos debió producir una fuerte subida de adrenalina, especialmente cuando se presentó el joven aficionado llevando en su cuerpo "tres ruedas de esmerada ejecución", joven que debió recorrer a pie, corriendo o caminando, el patio del convento.

Sin lugar dudas este antecedente documental marca claramente el arraigo que se tiene en La Palma a la utilización de fuegos artificiales sobre el cuerpo de una persona, evidentemente protegida, y en nuestra opinión apunta que se debió practicar con anterioridad a estas fecha concreta de 1866.

Los fuegos artificiales fueron un espectáculo, de igual manera que podía ser el teatro, un concierto de música o una representación circense, a la que acudía público, previo abono de entrada, a contemplar las formas caprichosas de la maestría del pirotécnico.

Otro de los mejores ejemplos lo recoge el mismo periódico en 1864, [11-12-1864, Pág.2] que queda de manifiesto, una vez más, la proximidad de las gentes a los fuegos artificiales.

"El último domingo se quemaron los fuegos artificiales anunciados por la compañía de Mad. Tounour, compuesto por Mr. Ireland, que dio a conocer nuevamente su ingenio en la pieza que figuraba las serpientes persiguiendo a una mariposa, la que produjo un agradable efecto a pesar de la corta distancia que la separaba del público y que permitía a este ver el mecanismo de aquella ingeniosa figura".

Son varias las "fiestas de fuego" en el calendario festivo de La Palma. La expectacuralidad, la magia, el estruendo y el colorido efímero, los olores de la pólvora mezclados a los de los churros festivos y la curiosa y extraña atracción humana ante el riesgo convertido en desafío de estas manifestaciones festivas las tenemos en: La danza del Diablo, de Tijarafe; el Borrachito Fogatero, de Villa de Mazo y el Diablo de San Miguel en Breña Alta, recuperado en 2009.

Todas ellas con personalidad propia. Son, sin lugar a dudas, manifestaciones de la cultura popular de La Palma.

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