Casi todos los días suelo hacer un recorrido por una de las rutas urbanas más agraciadas que tenemos en la Isla, que discurre por las faldas de un hidrovolcán lacerado por el desarrollismo humano (La Caldereta) y una playa artificial ganada al mar (popularmente bautizada como Playa Nueva). Es una lástima que este camino a caballo entre tres municipios -Santa Cruz de La Palma, Breña Baja y Breña Alta- no pueda incorporar el tramo costero de Los Cuarteles hasta Los Cancajos. ¡Sería magnífico! ¿Por qué no lo libera el Ministerio de Defensa?, ¿dónde está la Dirección General de Costas con su ley redimiendo ese espacio?
En poco más de dos kilómetros este paseo es casi perfecto: llano, amplio, cómodo, hermoso paisajísticamente, ofreciéndonos varios tipos de naturaleza, como la agreste, la marina, la agrícola, la urbana, etc., con vistas al muelle y a los Riscos de Bajamar. Mientras vemos el calafateo de las embarcaciones de pesca, muchos de nosotros nos vamos impregnando de los colores de las estaciones. En primavera es el blanco de los anueles y tagasastes el que se mezcla con el amarillo de las gacias y cerrajas; llegado el verano, lamentablemente, es el pajizo del rabo de gato quien domina los acantilados. Al mismo tiempo que disfrutamos de la vegetación de estas magníficas cornisas podemos buscar las tres cabras cimarronas que desde hace dos años deambulan por las paredes, o sencillamente recrearnos con el vuelo de gaviotas, cernícalos, halcones, etc. Asimismo, ciertos días, y si somos buenos observadores, podremos contemplar algunos grupos de aventureros que bajan la abrupta costa practicando el salto del pastor; igualmente, cuando el alisio lo permite nuestros ojos podrán escrutar los cielos para ver progresar el lento vuelo de los parapentistas, o bien descubrir, en la arena de la playa, el entrenamiento de los miembros de equipos de atletismo, de lucha, de fútbol, etc., o simplemente familias que se acercan para disfrutar del frescor de la maresía y respirar el saludable yodo al mismo tiempo que ven partir los barcos.
Como les acabo de describir, es un paseo con numerosas bondades. De por sí constituye toda una excursión temática en torno a la naturaleza.
Además, en efecto agrada encontrar a tanta gente deambular por allí. Somos cientos los que diariamente utilizamos esta área de esparcimiento y es magnífico que algunos lleven sus mascotas -principalmente perritos-, pero lo que no resulta tan encantador es que conviertan las caminatas en carreras de obstáculos para los demás, pues muchas veces van ocupando todo el paso con sus cánidos, y otras, las peores, dejan sus deposiciones por doquier (he llegado a contar hasta 20), lo cual hace que tengas que desprender la mirada de nuestras bellezas naturales, para no tropezar con las realidades. Por eso creo que es responsabilidad de todos, viandantes, autoridades y administraciones, mantener este lugar todo lo limpio posible, como un ejemplo de colaboración entre municipios y una manifestación del civismo de los palmeros. ¡Dicho queda!

