El arte de navegar (I)

          La navegación marítima es el arte y la ciencia de conducir una embarcación desde el punto de zarpada hasta el punto de arribada de forma eficiente y con responsabilidad. Es arte por la destreza que debe tener el navegante para sortear los peligros de la navegación y es ciencia porque se basa en conocimientos físicos, matemáticos, oceanográficos, cartográficos, astronómicos, etc.

          Su historia la podríamos dividir en tres etapas. La primera etapa la ubicamos desde los inicios de la navegación hasta el descubrimiento de América. La segunda, que dura hasta el reconocimiento de la navegación a vapor. La tercera etapa va desde esta invención hasta nuestros días.

          La navegación a vela la situamos fundamentalmente en las dos primeras etapas, pues la incorporación de la máquina de vapor significó la desaparición del viento como impulsor principal de las embarcaciones. No obstante, en la actualidad en algunos lugares del planeta aún se utiliza la navegación a vela como medio de transporte comercial, aunque principalmente ha pasado a formar parte de actividades deportivas y recreativas.

          El ser humano ha navegado desde su pasado más remoto. Aunque sabemos que a Australia se llegó hace más de 40.000 años desde la costa del Sudoeste cruzando cortos tramos de los estrechos, y que muchos homínidos tuvieron que atravesar ríos caudalosos y mares muchos miles de años antes con embarcaciones muy rudimentarias o simples troncos; las pruebas directas más antiguas que nos han llegado de que el hombre navegara corresponden al Mesolítico[1].

          La navegación en aquellos tiempos se realizaba por aguas interiores o bordeando la costa, intentando evitar el adentrarse en alta mar siempre que se podía. Se utilizan troncos atados con cuerdas formando embarcaciones más sólidas, sin carecer tampoco de riesgo. La época del año era importante, así las benévolas condiciones climáticas del verano, la convertían en una estación más propicia para la navegación. Igualmente, en las zonas templadas -como el litoral mediterráneo-  donde la mayor parte del año se podía navegar, se desarrolló de una manera más rápida el comercio y la difusión cultural.

          En esta época es probable que se utilizara de forma eventual la vela como medio de propulsión aunque será en la Edad de Bronce donde quedará constancia de su uso en la construcción naval. Esta época no tiene una localización exacta en el tiempo, empieza en momentos distintos en diferentes regiones y culturas, según el nivel de desarrollo de cada civilización. Igualmente la vela fue utilizada antes por los pueblos más avanzados, o recíprocamente, permitió evolucionar más rápidamente a los pueblos que la empleaban, ya que a través de los viajes tenían acceso a muchos conocimientos que podían copiar y asimilar.

          En el tercer milenio a. de C. algunas civilizaciones orientales, y en concreto los egipcios, son los primeros constructores de embarcaciones a vela de los que tenemos constancia. Primero navegaron por el Nilo donde tenían un importante comercio interior para, posteriormente, salir al mar y desarrollar el comercio con otros pueblos como los fenicios. Con el paso del tiempo estas embarcaciones egipcias, preparadas para la navegación interior, pero carentes de aptitudes para enfrentarse al mar abierto fueron siendo sustituidas por barcos fenicios quienes poseían un mejor conocimiento de la construcción naval así como una mejor técnica de navegación.

          A lo largo del segundo milenio a. de C. la flota fenicia se fue extendiendo por todo el Mediterráneo. Fueron un pueblo modélico desde el punto de vista de su dedicación al mar y a la navegación. No se empleaban en la agricultura ni en la ganadería, su afán era navegar y comerciar. Podríamos decir que fue el primer pueblo al que atribuir la utilización de una marina mercante pues su actividad consistía en el intercambio de mercancías que ellos mismos producían, y el transporte de las elaboradas por otros pueblos. No conquistaron territorios como otros pueblos invasores de la antigüedad sino que fundaban campamentos como almacenes en sitios propicios de las costas, ya que durante sus largos viajes debían abastecerse en distintos puntos de su recorrido. Las factorías fenicias se esparcían prácticamente por toda la costa mediterránea más allá del estrecho de Gibraltar -que era la puerta del océano Atlántico- hasta las costas de Asia y el mar Negro. Los viajes fenicios establecieron nexos perdurables entre el Mediterráneo oriental y el occidental, no sólo comerciales, sino también culturales. No dedicaron sus barcos a la guerra ni se les conoce enemigo alguno, siendo una sorprendente excepción en los pueblos de la zona. La aportación de los fenicios a la navegación marítima fue valiosísima pues desarrollaron ciencias accesorias como el conocimiento de los vientos, las corrientes, las mareas, y la astronomía, orientándose por medio de las estrellas.

          Durante parte del segundo y el último milenio a. de C., los griegos, que en principio se dedicaban a la agricultura, se fueron convirtiendo en marinos debido al crecimiento de su población, llegando a dominar y controlar el comercio en el Mediterráneo. Pese a crear una importante flota de barcos de guerra no aportaron nada a la navegación, limitándose a copiar la tecnología de los fenicios. Sus embarcaciones realizaban cortos trayectos pues navegaban costeando y solamente de día.

          Los romanos ampliaron los conocimientos astronómicos y geográficos además de construir puertos y faros que facilitaron la navegación, volviéndola más cómoda y segura. Llegaron a dominar el Mediterráneo (Mare Nostrum), aunque preferían guerrear en tierra pues no era un pueblo excesivamente marinero.

          El Imperio Bizantino sólo utilizó la navegación cuando le fue preciso y de forma escasa, no aportando ninguna innovación a la navegación.

          Los vikingos, fueron la versión guerrera de los fenicios. Siendo grandes marinos, no empleaban la navegación para el comercio sino para el saqueo de pueblos costeros que realizaban normalmente en verano cuando el duro tiempo del norte de Europa les permitía hacerse a la mar. En medio de este ímpetu guerrero llegaron incluso a descubrir nuevas tierras como Groenlandia, Canadá e, incluso, parte de la costa norte de Estados Unidos.

          Contemporáneos a los vikingos fueron los árabes, quienes se fueron instalando a lo largo de la costa mediterránea, aportando nuevos conocimientos como la aguja náutica[2] o el astrolabio[3]. Con ellos se extendió la utilización de la vela latina, convirtiendo a la navegación en una actividad normalizada, incluso con unas mínimas reglas mediante las cuales los pueblos de la ribera mediterránea realizaban su actividad cada vez más expansiva hasta el punto de ser el preludio de lo que posteriormente se denominó como la época de los descubrimientos.

 


[1] Mesolítico o Edad de Piedra: es el periodo que transcurre desde la retirada del último glaciar (hace unos 12.000 años), hasta la llegada del Neolítico (hace unos 5.000 años). En esta época aparecen nuevas herramientas (hoz, hacha etc.) lo que favoreció la sedentarización del hombre.

[2] También llamada aguja de marear, es el aparato destinado a registrar la dirección de la quilla con respecto a la línea norte-sur del horizonte, y sirve para hacer seguir al buque el rumbo preciso para ir de un punto a otro. Consiste, fundamentalmente, en uno o varios imanes unidos a un ligero círculo graduado, llamado rosa de los vientos, que está suspendido por su centro de gravedad para que pueda girar libremente, y en virtud de las propiedades de los imanes, se oriente en la dirección del meridiano magnético.

[3] El astrolabio es un instrumento que permite determinar la posición de las estrellas sobre la bóveda celeste. Era usado por los navegantes, astrónomos y científicos en general para localizar los astros y observar su movimiento, para determinar la hora local a partir de la latitud o, viceversa, para averiguar la latitud conociendo la hora. También sirve para medir distancias por triangulación. Los marineros musulmanes a menudo lo usaban también para calcular el horario de oración y localizar la dirección de la Meca. Durante los siglos XVI a XVIII, fue utilizado como el principal instrumento de navegación, hasta la invención del sextante, en 1750.

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