LIGA ESCOCESA

  Desde hace unas semanas vengo leyendo el término Liga escocesa para denominar en la presente temporada futbolística la absoluta superioridad que Real Madrid y Barça ejercen sobre los restantes equipos. Hay que recordar que la Liga escocesa siempre tiene como ganador al Rangers o al Celtic, dos equipos de Glasgow, el primero representante de los protestantes y el segundo de los católicos, los demás equipos son meros invitados a este espectáculo y hay campañas que se deciden en sus enfrentamientos comunes, ya que no pierden ningún otro encuentro.

   Un aspecto que siempre he resaltado del fútbol sobre el baloncesto es que se le dé primacía a lo que se conquista en el campo sobre la gestión en los despachos. Sin embargo, en los últimos años se han imitado ciertas fórmulas baloncestísticas como la compra de plazas, el pago de determinados impuestos de participación e incluso se ha llegado a plantear la posibilidad de una liga cerrada al estilo NBA; que conste que, evidentemente, hay fórmulas que considero deberían imitarse como los topes salariales a los que incluso pondría un porcentaje de devaluación en caso de descenso deportivo y uno de incremento en el supuesto de ascenso, así se evitaría también la tiranía  de los jugadores en las situaciones que dan un buen rendimiento.

  Ahora bien, esta hegemonía culé y merengue que amenaza en próximas temporadas con ser todavía más grande necesita de una intervención  de la Liga de Fútbol Profesional que reparta  los ingresos televisivos de un modo más equitativo. Está claro que estos dos equipos son los que más dinero le dan a las televisiones, pero podríamos imitar el modelo inglés que reparte un fijo entre todos los competidores y un  porcentaje según las audiencias. Sé que esta medida puede ser antipopular, porque la mayoría de la España futbolística sigue fervientemente a uno de estos dos clubs y que encima cuentan con el apoyo mediático de las televisiones y los principales diarios deportivos.

  Ya los equipos no viven de las taquillas y de sus socios sino que televisión, publicidad generan ingresos muy superiores; si no se regulan unos límites en este contexto el resultado es una liga como la actual, la más partida que yo recuerdo, donde casi la clasificación la determinan los presupuestos- el Tete, recién ascendido y con la apatía que han mostrado sus dirigentes para revertir esta situación, ya casi estaba predeterminado a un descenso que a día de hoy deseo más que creo que no se produzca-  ; siempre me ha parecido que lo más encantador del deporte rey era la falta de previsión en los resultados, la aparición del factor sorpresa. En esta temporada los dos equipos con mayor presupuesto ocupan las dos primeras posiciones y los tres con menor presupuesto las tres últimas plazas.

  Hay que alcanzar también un equilibrio entre la libertad y determinadas actuaciones que adulteran en mi opinión la competición. Pongo algunos ejemplos, no puede ocurrir que un club como el Zaragoza con una deuda mayor de cien millones de euros según sus propios directivos se le permitan los desembolsos que ha hecho en el mercado invernal; no puede ocurrir que el Mallorca que disputa con el Athlétic una de las plazas europeas le haya comprado a uno de sus mejores jugadores Adúriz e incumpla impunemente los pagos de este traspaso; no podemos seguir tolerando que las designaciones arbitrales sean a dedo con lo que Real Madrid y Barça tienen a los mejores colegiados, especialmente cuando actúan fuera, y los demás sufran a muchos que han demostrado sobradamente que no dan unas mínimas garantías para confiar en ellos.

  Recuerdo que en este siglo solo el Valencia ha podido ser campeón fuera de este binomio, que de eso hace ya algunas temporadas y que en esta campaña el Barça solo ha perdido contra el Atlético y que el Real Madrid ha perdido contra el propio Barcelona, Sevilla y Athlétic.

  Sé que muchos seguidores culés y merengues estarán encantados con esta coyuntura, pero los demás debemos luchar, porque antes de que ruede el balón la suerte no esté tan echada.

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