Una vez más la muerte se ha llevado a un deportista joven cuando lo mejor de su carrera aún estaba por llegar. La noticia nos dejó estupefactos y haciéndonos tomar conciencia del valor de la vida que convierte en anecdóticas otras historias. No soy dado a los halagos fáciles ni a ponderar en exceso determinadas conductas, de ahí que les asegure que no son gratuitas las consideraciones que sobre el central catalán voy a hacer.
En mi artículo sobre La Roja le citaba como un jugador que no había sido internacional por no pertenecer al Barça o al Real Madrid. Desde mi modesta opinión había acumulado méritos más que suficientes para prolongar sus internacionalidades en la Selección A, ya que había estado en todas las selecciones de las categorías inferiores. Por su puesto he visto desfilar buenos jugadores como Pablo, Juanito, el propio Albiol que no me han dejado de parecer secundarios y sin gozar de la estela y jerarquía del malogrado Dani. Se trataba de un defensa duro, pero hábil para jugar la pelota, con gran juego aéreo, fenomenal colocación y capaz de incorporarse con peligrosidad al ataque tanto combinando como rematando jugadas a balón parado. El hecho de haber estado toda su vida en el Español le convertirá en un símbolo de este club.
Conecté mi televisor para ver un rato el Valencia-Arsenal, en las pretemporadas no quiero empacharme de fútbol, cuando oí que había muerto un futbolista españolista, al saber el nombre, un pensamiento asoló mi mente, siempre la muerte se lleva a los mejores. Para mí el valor de Jarque en el Español era superior incluso al de Puerta en el Sevilla, fallecido en parecidas circunstancias. Desgraciadamente no era la primera vez que el corazón fallaba a un futbolista; recuerdo que cuando aún era un niño le pasó a un magnífico extremo del Sevilla, Berruezo. Y que en épocas más recientes además de Puerta cayeron un internacional camerunés en un partido de la Copa Confederaciones y un joven jugador húngaro del Benfica, entrenado entonces por Camacho; sin olvidarnos que un accidente similar tiene apartado de los terrenos a De la Red, aunque este logró salvar la vida.
Los reconocimientos cardíacos se han intensificado, los avances médicos han sido grandes y, sin embargo, este tipo de lesiones parecen más frecuentes. Los especialistas señalan que la clave puede estar en la falta de unos estudios genéticos que permitan prevenir riesgos coronarios, ya que de momento otras prevenciones no están al alcance de la ciencia. Yo, profano en la materia, si veo que en las pretemporadas o en los comienzos de temporada es cuando se han producido los fallecimientos de Jarque y Puerta, igual es otra casualidad, pero es evidente que es el periodo de preparación en que se le exigen mayores esfuerzos a los organismos de los futbolistas, por lo que quizás habría que extremar los controles y prevenciones cardíacas. A falta de los resultados de la autopsia en el historial de Dani no había nada que hiciera sospechar una lesión, cosa que si había ocurrido con Puerta, por lo que en tal sentido nada podemos reprocharles a los servicios médicos periquitos.
Otros jugadores nos dejaron en plena carrera por accidentes u otras enfermedades como los magníficos jugadores de la UD Las Palmas Guedes y Tonono; ayer se produjo también la muerte de Salvador Mesa, que con 54 años fallecía tras haber jugado en los clubs palmeros Tenisca y Mensajero. Llegó a la Palma, a principios de los ochenta para integrar el centro del campo del Tenisca, acompañado nada menos que por Carmelín y Blas Ramón; luego jugó más tiempo en el Mensajero a las órdenes de Lamelo y de allí ya con 30 años pasó a la UD con la que llegó a jugar en Primera División. Le vi jugar además de en los equipos palmeros, en el Tenerife y puedo decir que es de los mejores jugadores que he visto en categoría regional, con una visión de juego y una técnica muy por encima del resto de sus compañeros, en una época que en nuestra isla no había tantos jugadores foráneos y que evidentemente no podíamos sino felicitarnos de poder disfrutar de jugadores con esta calidad. Hoy en las crónicas que elogiaban su figura valoraban que a día de hoy jugaría en cualquier equipo de Primera, a mí volviendo a resaltar su magnífica técnica no me gusta contrastar épocas diferentes, porque por ejemplo las exigencias físicas son completamente distintas, en la suya naturalmente mereció haber alcanzado la división de élite mucho antes y tuvo el mérito de hacerlo jugando en La Gomera hasta los 17 años.
Hasta siempre y esperando que en la otra vida sigan ejerciendo como grandes jugadores Jarque y Salvador; con cariño, descansen en paz.

