A estas alturas, cuando en este sumidero de país todo es una apariencia de realidad (y de legalidad) que deja el mito de la caverna de Platón en una escena hilarante y conmovedora de Los Teleñecos, cuando ya nada de cuanto suceda importa porque nuestra condena a vivir en esta pocilga mental (y física) suena a prisión permanente revisable (cada cuatro años), el juez José Luis Camala Harris, que ha facilitado al ex presidente imputado la oportunidad de destruir toda clase de pruebas incriminatorias (las que, por otra parte, hubieran sido la constatación de algo de lo que se tenía fundada sospecha desde hace casi una década, que es el tiempo que este cretino lleva amasando una fortuna como cualquier criminal que se sabe impune), se puede meter sus ochenta y pico folios por el mismo orificio corporal para cuya higiene otros, otras y otres, por encima de él en la escala jerárquica, utilizarán cualesquiera documento suscrito por dicho magistrado durante la citada instrucción.










COMENTARIOS (0)
Los comentarios están cerrados.