Antonio

No sé decir tus obras: no el riente

fruto de tu pensar claro y tranquilo:

porque me lleva el corazón en vilo

la sonoridad de tu voz ausente.

Tu obra es magna, exacta, resiliente.

Tu vida es un recóndito sigilo.

Tu obra es pureza: y es tu vida un hilo

frágil que, aún vivo, te hace ya el Ausente.

Y esa es la gran verdad: esa que llena

tu vida de tu ser más hondo y serio.

Esa: la duda, la ilusión, la trena,

la gangrena, el odio, el cementerio.

La obra tuya es involución serena.

La de Dios en ti… ¡qué vil, cruel misterio!

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