A Dámaso Alonso, desde el respeto y la admiración
Juan de la Cruz prurito de Dios siente,
furia estética a Góngora agiganta,
Lope chorrea vida y vida canta:
tres frenesís de nuestra sangre ardiente.
Quevedo prensa pensamiento hirviente;
Calderón en sistema lo atiranta;
León, herido, al cielo se levanta;
Juan Ruiz, ¡qué cráter de hombredad bullente!
Teresa es pueblo, y habla como un oro;
Garcilaso un fluir, melancolía;
Cervantes, toda la naturaleza.
Hermanos en mi lengua, qué tesoro
nuestra heredad –oh, amor; oh, poesía–,
esta lengua que hablamos –oh, belleza–.
Mas hoy con gran amargura honda lloro
que sea víctima de esa tropelía
que en lugar de ley es de Caín vileza.










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