Las tres palomas de la Virgen de Fátima (I)

La devoción a  la Virgen de Fátima irrumpe en La Palma en los años 50 del pasado siglo a raíz de la llegada de la primera imagen mariana de esta advocación a nuestra isla. El Pueblo Palmero dio muestras de gran afecto y veneración recibiéndola de forma multitudinaria en el muelle de la capital palmera y luego llevarla a todos los municipios de la Isla antes de ser entronizada definitivamente en la parroquia de Nuestra Señora de Bonanza en El Paso.

Pero vayamos al principio de la historia. Don Blas Santos era simultáneamente cura de Fuencaliente y de Las Manchas (en el municipio de El Paso). Fue uno de los testigos de la erupción del Volcán de San Juan (o de Cumbre Vieja) el 8 de julio de 1949. El terrible brazo rojo, negro e incandescente de lava rodaba lentamente ladera abajo destrozando cuanto encontraba a su exterminador paso. Iba ya en dirección al caserío de San Nicolás y amenazaba con engullir su ermita. El sacerdote había hecho la promesa de que si se salvara la pequeña iglesia de San Nicolás de Bari (del pago de Las Manchas), levantaría allí mismo un monumento a la Virgen del Rosario de Fátima. Sus rezos fueron escuchados. La lava, incomprensiblemente, se detuvo ante el oratorio y se desbordó abriéndose a los costados. Los testigos lo definieron como un prodigio divino y así fue transmitido a través de las generaciones.

Durante la visita del ministro de la Gobernación, el palmero don Blas Pérez González, le fue comunicada la loable iniciativa del religioso. El político aplaudió la brillante idea.

La bella imagen terminó de esculpirse en Galicia en 1951, dos años después del "milagro". Una preciosa efigie de granito que fue donada por esa Comunidad a la Ciudad de El Paso. Fue bendecida en 1952 por el Arzobispo y Cardenal Quiroga Palacios en Santiago de Compostela, llegando a Las Manchas en ese mismo año. Sin embargo, no pudo ser bendecida en su nuevo entorno hasta el 24 de junio de 1960, una vez fueron reanudadas las obras del monumento donde iría ubicada la Virgen en 1958.

El párroco de El Paso, don Salvador Miralles, también quería una imagen de Fátima, esta vez procesional, para la Parroquia de Bonanza. Pretendía conseguir una réplica de la original venerada en Portugal. Para ello inició gestiones a través del misionero capuchino Padre Generoso de Barcenilla. Gracias a su diligencia, tesón e interés, la talla mariana destinada a Japón pudo ser finalmente asignada a La Palma. La escultura fue obra del mismo artista que realizo la imagen de la Virgen que se venera en  "la Capelinha de las Apariciones" de Fátima. Costó 8.000 pesetas, cantidad que fue reunida por numerosos feligreses pasenses. Tras su bendición a manos del Obispo de Leiría- Fátima, desde Portugal fue conducida a España a través de la frontera con Tuy (Vigo) y por carretera llegó a Madrid. En el Centro Canario de la capital de España aguardó hasta que fue enviada por avión hasta Los Rodeos (Tenerife). Fue apoteósica su llegada al muelle de Santa Cruz de La Palma en un barco engalanado el 28 de mayo de 1954. Allí se había congregado una ingente cantidad de pueblo para recibir a la milagrosa "Virgen Blanca". Acudió también al puerto una caravana organizada en El Paso y fue el propio don Salvador Miralles Pérez el que anunció la anhelada llegada.

Luego recorrió todos los municipios palmeros en largas y solemnes procesiones durante mes y medio con gran concurrencia de fieles. En todos los pueblos se construyeron altares efímeros, se ofrecieron loas, se embellecieron calles y plazas… No se hablaba de otra cosa en los trabajos y en los bares… Los preparativos de las sociedades y feligresías pujaban por conseguir la mayor espectacularidad para sus municipios. El Paso no fue ajeno a este trajín. Se creó una gran expectación ante la inminente llegada de la Virgen a su pueblo.

El 11 de julio tuvo lugar la concentración insular en la actual Avenida de El Puente de Santa Cruz de La Palma en un solemne acto presidido por el Obispo nivariense don Domingo Pérez Cáceres. Tras el emotivo y brillante acto se inició el traslado de la Virgen a El Paso y su recorrido por los diversos barrios hasta el día 18 de ese mes. Ante el antiguo templo de Bonanza se firmó por parte de las autoridades locales y el Padre Generoso el acta de entrega de la imagen de Fátima al municipio. Tuvo que ser recibida por el párroco de Tazacorte, don Evelio, debido a la ausencia del titular, don Salvador, al encontrarse éste en Roma.

Se cuenta que uno de los vecinos del barrio pasense de Los Cernícalos, el fallecido don Braulio Brito, harto de oír siempre sobre el mismo tema de la llegada de la Virgen,  en su tiendita de ultramarinos se "mofaba" de las creyentes señoras del lugar. Las "mortificaba" a pesar de ser una persona jovial y bromista, pues los asuntos de la Iglesia le ponían nervioso. No es que fuera un ateo consumado, pero no le gustaba oír hablar de "cosas de curas". Se reía – se decía – cuando oía en boca de las beatas la relación de los milagros e intersecciones de Nuestra Señora ante enfermedades y conflictos. Tal vez en el fondo creía en ello, pero se limitaba a demostrar lo contrario. Especialmente se "molestaba" con el asunto milagroso – repetido hasta la saciedad – que las palomas se posaban mansamente a los pies de la Virgen. Tan aburrido y harto estaba ya, que apostó con las escandalizadas y piadosas damas a que las palomas de su propiedad no se posarían a los pies de la imagen. Don Braulio había consentido en prestar algunas de ellas para la suelta como ofrenda vecinal en uno de los descansos preparados para la imagen ante su venta. Estaba convencido de que todos aquellos voladores que también estaban preparados para hacerlos explotar cuando llegase la procesión, serían motivo más que suficiente para que las palomas huyesen despavoridas y se refugiasen en el palomar que tenía en la azotea de su casa. Su éxito estaba asegurado.

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