Intervino en la restauración del Señor de la Columna que se venera en dicha iglesia orotavense, a instancia de su cuñado, el párroco José Pérez Hernández. Una intervención que resultó polémica y que fue perfeccionada posteriormente por el pintor Gumersindo Robayna Lazo. Esta polémica se suscitó por la denuncia que apareció en la prensa local (La Federación) firmada por el Marqués de Celada. Este caballero era el mayordomo de la imagen y recientemente cesado por el prelado. Carmona contestó -nos recuerda Pérez García- "en el mismo periódico, con una larga y razonada exposición en la que hacía constar que en su trabajo sólo se había limitado a limpiar de impurezas el policromado de la escultura y a pintar el sudario y la columna, cosa que ratificó posteriormente el citado Robayna Lazo".
También fue autor de la Dolorosa y San Juan Evangelista de la parroquia de La Luz de Los Silos, perdidas en un incendio.
Más maduro artísticamente, en 1857 arribó a su isla natal para ultimar varios trabajos inacabados que se fueron acumulando durante su ausencia. Recibieron buena crítica el acabado de los decorados que pintó para su primo el dramaturgo Antonio Rodríguez López cada vez que éste presentaba sus obras en el Teatro Chico. Le gustaba también dibujar retratos al creyón, como el de Josefa Pérez Morales o el del Beneficiado Díaz que se hallaba en la sacristía de la ermita de San Sebastián.
Una de las piezas más importantes salidas de su gubia es la imagen de la Virgen del Rosario de la parroquial de San Pedro de Breña Alta, que suplió en el culto a una talla anterior (quizá obra canaria del siglo XII). Ésta fue retirada del culto para convertirse en una Dolorosa.
Se casó con María de las Nieves Pérez Hernández, el 19 de abril de 1854 en la parroquia de El Salvador de su ciudad natal. Su esposa era la hija de Antonio Abad Pérez Ortega, propietario y regidor del Ayuntamiento. Pasó a vivir a la calle de la Cuna, en casa de sus suegros, para hacerlo más tarde a la calle O"Daly (en la actualidad nº 40), también propiedad de sus suegros.
En su amada Santa Cruz de La Palma fallecería a los 75 años, víctima de la endocarditis que padecía, el 12 de mayo de 1901 dejando dilatada posteridad. Su ciudad ha perpetuado la memoria de este gran artista palmero dando nombre a una de las glorietas.
SU OBRA EN LA PALMA
Durante su primera época artística, a partir de 1844, finaliza los cuatro Ángeles para la iglesia de San Andrés. La imagen del Señor Yacente de este templo había sido atribuido a su taller, pero fue obra del también palmero José Aníbal Rodríguez Valcárcel; un Cristo Yacente para la parroquia de Bonanza de El Paso; un Gallo para el paso del Señor del Perdón de la parroquia matriz de El Salvador… Curiosamente, esta procesión del Lunes Santo es popularmente conocida, por ello, "San Pedro y el Gallo".
Fue en este período de su fructífera carrera cuando empezó a tener contactos con los artistas grancanarios y tinerfeños. De todos ellos sobresale su maestro Estévez del Sacramento, cuya producción estuvo presente en toda su carrera escultórica. Ésta llegó a ser excelente. En alguna ocasión, incluso se ha prestado a confusión el aplicarle la paternidad de un trabajo a uno o al otro.
Veamos a continuación con más detalle las mencionadas imágenes salidas de su gubia:
– ÁNGELES. Un conjunto de cuatro pequeñas esculturas de candelero de 60 cms. de altura confeccionadas en madera policromada que acompañan en el mismo trono a las imágenes procesionales del Gran Poder de Dios, al Nazareno y al Resucitado. Carmona se inspiró para hacerlos en los delicados Angelitos de la iglesia de Santo Domingo de la capital palmera que custodian al Nazareno y a la Dolorosa, el Miércoles y Viernes Santo, respectivamente. Una de las características más destacadas es el acabado de las ocho manos, a la manera barroca y un buen tratamiento, a pesar de su hieratismo.
– ÁNGELES. En número de cuatro, como en el apartado anterior, estos querubes custodian y acompañan a San Sebastián sobre sus andas durante su recorrido procesional por las empinadas cuestas del barrio homónimo de la capital palmera cada 20 de enero, su onomástica, portando los atributos del mártir en plata, como son el arco y las flechas, la palma del martirio, el casco… "Una costumbre decimonónica muy enraizada en la sociedad palmera de la época era ornar los pasos procesionales y retablos con ángeles infantiles, coronados con un trenzado de flores de gusto romántico"
– CRISTO YACENTE. En la parroquia de la Concepción de Bonanza de la Ciudad de El Paso se conserva esta pieza en madera policromada de unos 1,58 mts. de largo. Se asemeja mucho al Señor "Muertito" de San Andrés (según Trujillo). Como característica principal es la forma en que está envuelta la imagen, como si de una momia se tratase, lo que hace dificultoso su estudio. Sale procesionalmente cada Viernes Santo.
– NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO. Se trata de una delicada escultura que se encuentra en la parroquia de San Miguel de Tazacorte. Estuvo retirada del culto durante varios años. Es una imagen de candelero de 85 cms. de altura. Está atribuida a Carmona por el licenciado de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, Domingo Cabrera Benítez. Éste observaba "unas ciertas facciones de cierta candidez infantil, no sólo en los rostros del Niño y su Madre, sino en la forma de esculpir de su autor". Añadía que "la sonrisa de la Virgen sólo puede ser fruto de la inocencia de aquél que emprende sus primeros pasos en el arte, siento totalmente distinta a sus obras de madurez, incluso en aquellas bajo la misma advocación cmo es el caso de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de San Pedro, en Breña Alta".
Existe una "espina" en su producción artística: un trabajo que no fue del gusto de sus contemporáneos. Teniendo en cuenta la profunda devoción y fervoroso culto al patrón del Barrio de la Canela, San Sebastián Mártir, su restauración no fue del todo acertada y admitida, según vecinos y estudiosos. Sobre la delicada talla flamenca (s. XVI) cometió una "atrocidad artística de esta elevada magnitud; no sólo trastocó la originalidad de la obra, sino que la policromía, de tonos amarillentos, no fue la adecuada" (Fuentes Pérez). Por seguir la escuela de Estévez, que se había impuesto en La Palma en los escultores de su generación, remodeló esta imagen al verse obligado por el interés del mayordomo encargado de su custodia "a fin de remodelarle su cabellera y darle la apariencia marcada en el clasicismo académico que imperaba en la Isla en lo que a arquitectura y escultura se refería". El desaparecido investigador palmero Alberto-José Fernández García también indicó que otra magnífica talla flamenca de mismo siglo y venerada en el Hospital de Dolores de la ciudad palmera, Nuestra Señora de La Piedad, también fue restaurada por Carmona. Ambas actuaciones, desafortunadas y sin contar con demasiados criterios, según los expertos, fueron ejecutadas en esta primera etapa. En ambos casos, las imágenes flamencas originales cambiaron su semblante y parecen tallas de estilo neoclásico.
En un segundo período, iniciado en torno a 1853, ya con madurez artística y con estilo propio, ejecuta importantes piezas devocionales. En La Palma, sobresalen: la actual talla procesional de San Blas (patrón de Villa de Mazo); Virgen del Rosario (Breña Alta); Dolorosa y San Juan Evangelista (parroquia de San Antonio Abad de Fuencaliente); y en Santa Cruz de La Palma: el Niño Jesús de la Virgen del Rosario de la iglesia de Santo Domingo; San Juan Evangelista (iglesia de San Francisco); cabeza del Crucificado (parroquia de La Encarnación) que fue colocada al cuerpo del Cristo esculpido por el Cura Díaz…

