Las Loas a Nuestra Señora de Las Nieves (II)

                   El autor anónimo del manuscrito que obraba en poder de Jaime Pérez García, fallecido Cronista Oficial de la capital palmera -dado a conocer en la obra Descripción de todo lo que pasó…-  narra con gran sentido del humor lo que sucedió en la Bajada de 1815. Fue curioso lo que ocurrió durante la interpretación de la loa en honor a la "Morenita" a su llegada al ex cenobio franciscano de Santa Águeda, Patrona de la Ciudad, hoy Hospital de Dolores: 

"… Toda esta carrera anduvo la procesión haciendo muchas pausas y por todas partes, saludos, cohetes, piezas de artillería. Concluyó dicha procesión en las monjas claras, las cuales tenían la iglesia que parecía el paraíso, en todas maneras estaba hermosa; al entrar la imagen cantaron un dúo muy bonito, al cual acompañó desde afuera una música muy arreglada y luego al concluir fueron tanto los tronadores que aquellas malditas dieron fuego que creímos que todo el convento se venía abajo; para gozar todo esto era tal el concurso, que hubo bofetones, mantos rotos, chinelas, y rosarios perdidos…" 

                   En la misma obra, el mismo escritor  nos acerca cómo se vivían los preparativos de la loa y lo que ello significaba en la población de entonces:

 "… En la semana siguiente se dieron principio los ensayos de la loa y del carro; si por desgracia alguno de estos chicos tararean en sus casas la música que están aprendiendo, éste es un delito muy grande y será castigado severamente, pero sus madres curiosas encierran a sus hijos en un cuarto y por fuerza los hacen cantar y ellas se creen que son ángeles bajados del cielo. Bien pudieran dichos niños en este tiempo azotar un Santo Cristo, seguros están que ni sus padres ni nadie, les dirá palabra tal es que se ponen tan deslavados que el demonio no puede sufrirlos; estos dichos por otra parte padecen la pena de no gozar nada de las diversiones, pues si gritan o salen al aire se pueden enronquecer y se desgracia la música; y en otro tiempo un mes antes los tenían casa del mayordomo que ni a misa iban…"  

                   Tampoco las religiosas de Santa Clara quisieron despedirse de la Patrona sin cantarle una loa en su honor. Así, se narraba en 1815:

 "aquella noche trajeron la Virgen desde el trono a la reja para que las monjas se despidiesen de ella; allí la mudaron de las andas al sillón y le mudaron también el vestido; las monjas unas lloraron y otras cantaron; estuvo allí hasta la madrugada y las dichas, queriendo obsequiarla, le cantaron la cachucha y la simona nona…" 

                   En el año 1951, Elías Santos Pinto -director de la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma- descubrió, entre los valiosos escritos del archivo musical de su familia, probablemente el documento musical más antiguo existente sobre la Bajada de la Virgen. Había heredado la partitura, sin saberlo, de su abuelo Elías Santos Abreu (1856-1937).

                   José Juan Pérez Morera, en su trabajo para las Fiestas Lustrales de 1980, al referirse a él,  también nos informa de que "tal documento, amarillo y borroso por los efectos del tiempo y la humedad, consta de unos veinte folios de papel pautado, forrados en pergamino y en su primera página ostenta el siguiente título, que transcribe literalmente: Música para la Loa de Nuestra Señora de Las Nieves, para el recibimiento del año 1780. Don Antonio Rippa". Este compositor, nacido en 1718 y muerto en Sevilla en 1795, fue maestro de la capilla de las Descalzas Reales de Madrid en 1762. Con igual cargo pasó a la catedral de Sevilla, donde escribió muchas piezas de  música religiosa, consistente en misas, motetes, un oficio de difuntos y villancicos.

                   Se trata de una partitura musical aparentemente completa, escrita para dos sopranos solistas, que llevan el nombre de Amor y Cuidado; "coro a cuatro voces mixtas, clásicamente distribuidas, como es lógico, y acompañamiento instrumental, reducido a dos violines y bajo, confiado éste último, seguramente, bien a un violonchelo bien a un contrabajo…" 

"Como la rosa en la cuna

del botón, donde le teje

para cárcel de su pompa

cinco prisioneros lo verde,

que descolorida al susto

su candidez inocente,

prisionera de diamante

grillos de esmeralda tiene,

triste y retirada vive

hasta que pudo impaciente

romper el fuero a la injusta,

severa ley que le prende

y convirtiendo en halago

su pena, en nácar su nieve,

ostenta ufana en el prado

majestad de rosicieres :

así, Señora, oprimido

nuestro generoso, ausente

fiel corazón en la cárcel

de una esperanza…"

 

Loa, 1765. Rippa

                    Se pensó que había sido escrita con motivo de la celebración del "II Centenario de la Fundación de la Bajada",  pero lo que se ignora es la fecha en la que dejó de cantarse. Santos Pinto decía: "es decir, si la de Alejandro Henríquez vino a sustituir la de Rippa o ya había dejado de cantarse ésta cuando se estrenó la actual". El propio Pérez Morera, sin embargo, encontró en "La Cosmológica" un impreso conteniendo el poema de esta Loa, con lo que "si bien resuelve el conocimiento íntegro de su texto, crea nuevos problemas, puesto que dicho folleto, editado en la imprenta "El Time" en 1873, se titula "Loa a Nuestra Señora de Las Nieves en la Bajada de dicha Imágen en el año de 1765". En otras palabras, según esto, la Loa de referencia se representó por vez primera, por lo menos en 1765, y no en 1780, es decir, tres lustros antes, como parece dar a entender el título de la partitura musical. En unas líneas preliminares que encabezan este folleto, probablemente del "prolífico e incansable" don Antonio Rodríguez López, se dice que en el manuscrito original del poema no existe el nombre del autor o autora – ya que también se sugiere que haya sido obra de una mujer-,  pero "que es una de las más preciadas joyas del parnaso canario y La Palma debe gloriarse de contar  a su autor en el catálogo de sus celebridades literarias".

                   A los dos personajes cantantes, Amor y Cuidado, personificados por los dos sopranos solistas, se les unen Afecto y Devoción, que únicamente declaman.

                    "Comienza la Loa con una corta Introducción musical de 38 compases en tiempo allegro, terminada la cual entra a cantar la primera soprano – Amor- quién, alternándose en el canto con la otra solista – Cuidado-, reclama la atención de mar, tierra, monte y playa, puntos clave determinantes de nuestra insularidad, para entonar alabanzas a la Virgen. Sigue un Dúo con nuevas palabras; y así, con este sistema de soli alternativos y dúos, desemboca la composición en la incorporación del coro mixto, a cuatro voces. Se entabla entonces una especie de duelo musical entre solistas y coro, que en juego armónico se persiguen, se preguntan y contestan. El coro desaparece y surge una canzoneta para la que hay cuatro  coplas, encomendadas: los impares, a Amor y los pares, a Cuidado. El coro reaparece para contestar a las solistas a cantar la primera copla. Un cambio rítmico nos trae lo que la partitura llama Pie, en andante, a cargo de las sopranos solistas. Las mismas entonan luego, en andantino gracioso, unas Coplas, en número también de cuatro, repartidas como la vez anterior. Y con intervención del Coro, la obra terminada con un allegretto en donde, una vez más se emplea el método constructivo que informa  de la música: Lírica por principio y alternativo de solistas, , cuyas palabras repite el Coro…"

 Una Loa del Siglo dieciocho, José Juan Pérez Morera

                    Pérez Vidal comentaba que en seguida la "Bajada de la Señora" se convirtió en el acontecimiento más importante de la vida de La Palma, atrayendo hacia sí todo lo que en aquella época barroca se celebraba con ocasión de festejos y solemnidades, incrustándose lentamente en la efeméride quinquenal y llegando a ser tan tradicionales como ella. Estas notas históricas son imprescindibles para poder entender el sentido de muchos actos de las Fiestas Lustrales palmeras, a primera vista, extraños a nuestra idiosincrasia. Y, por encima de todo, barrocos y recargados en su simbolismo y lenguaje teatrales. Todo tiene una razón de ser:

 "De estos pomposos números que, desde el principio se hicieron obligados en el programa de la nueva fiesta, los más cultos fueron los de carácter teatral: la representación de carros y loas semejantes a los del Corpus. Los autos, con los mismos procedimientos alegóricos y las mismas formas recargadas y retorcidas, sólo cambiaban el tema: exaltaban a la Virgen, en lugar de referirse al misterio eucarístico. Las loas, por lo general también alegóricas, no podían faltar en ninguna festividad".  

                   La composición poética de la pieza que hoy se representa para dar la bienvenida a la flamante Patrona de La Palma fue debida a la inspiración del vate don Antonio Rodríguez López, y la partitura musical a Alejandro Henríquez Brito, destacados hijos de la Isla. Fue estrenada en la Bajada de la Virgen de 1880.  

"A Son Mayor, los ángeles del amor, voces de oro.

Sobre un coro de cantos que se presenta en la plaza,

Por el aire vuela las rosas de amores.

Canto mariano que lleva un siglo abriendo las puertas del templo

Y llenan de colores el altar en Son Mayor para María.

Todo es canción para llenar el paso a nuestra

MADRE convertidos en flores de alfombras hacia su blanca

Plata del altar del templo, María y el Niño entra con el

Corazón lleno de amor y dentro en masa esperan atentos,

Para recibir a María de Las Nieves por los siglos."

 «La Loa», José Juan Pérez Morera, 1980

                     El maestro Elías Santos Pinto, en una carta custodiada en el Archivo General de La Palma, nos informaba de que "su estructura musical es sencilla, sin complicaciones armónicas, muy al estilo de la época, siguiendo las corrientes italianas  que estaban en boga. Es muy melancólica y sencillamente encantadora".

                   Fue concebida para ser representada y cantada por voces tiples masculinas. Así fue como se llevó a cabo el día de su estreno y en lustros sucesivos. Manuel Henríquez publicaba que "los ángeles solistas fueron encarnados por los jóvenes Jaime Matheu, luego célebre tenor en Cuba, Cipriano Valcárcel, como barítono, y Jaime Viera, oriundo de Lanzarote…"

                   El anónimo manuscrito sobre la Bajada de la Virgen de 1880 detalla cómo "la Virgen continuó procesionalmente hasta la parroquia de El Salvador, y al llegar á la plaza de la Constitución, se levantaba debajo de la torre un elegante tabladillo donde tuvo lugar la Loa, que fue ejecutada por tres ángeles; que los fueron D. Felipe […] natural de Lanzarote, D. Jaime Matheu Fernández, y D. Cipriano Valcárcel Lorenzo. La Loa fue compuesta por D. Alejandro Henríquez Brito, agradó muchísimo y estuvo perfectamente  ejecutada; el gentío era inmenso pues se calculó en doce mil personas, la letra es composición de D. Antonio Rodríguez López…"

                   Tras aquellas primeras representaciones, el papel de los ángeles fue confiado a voces femeninas. Así ha sido hasta nuestros días. 

"¡Salve, Numen de los númenes, /Madre del divino Verbo,

Adoración de los hombres,/ Emperatriz de los cielos!

Por Ti la vida es más vida,/ triunfa el arte en sus diversos

Recursos y se disipan/ los pesares más acerbos.

Señora: en tu honor cantamos / plegarias de amor sincero,

Mientras los ángeles pulsan / las liras del universo…"

 Amor Eterno, Félix Duarte Pérez, 1955.

                    Con respecto a la Loa de 1955, el fallecido cronista de la ciudad, Pérez García, escribía: "…Antonia Hernández Castro cantó el Purísima María y Victoria Rodríguez Pérez el segundo aria De misteriosas Nieves a las que hizo el dúo Acidalia Carballo. Se dio el caso de que la cantante, al inicio del primer aria, víctima de los nervios y la responsabilidad, no empezó en su tonalidad por lo que paró la orquesta y sólo se le acompañó a  piano transportando la partitura original a la tonalidad musical que ella había iniciado; no creo que el público que abarrotaba la plaza se hubiera dado cuenta. Para la segunda aria ya intervino la orquesta, se le dio la entrada a la cantante y todo siguió con entera normalidad". 

"Aurora eres del sol de tu cabello,

Puerto de rayos, cristalino oriente,

Anesala de luz, cristal luciente,

Bello por albo y por dorado bello.

La nave hizo al oro (o quiso hacerlo)

Cambiar su precio al oro de su frente.

El oro quiso codiciosamente

Tanto caudal de plata poseerlo.

Ni vence el oro, ni venció la nieve:

El uno al Tajo bebe su tesoro,

El otro al Teide sus almiños bebe.

Oro y nieve disputan su decoro.

Arguye el oro, el hielo se le atreve;

Y es dudosa cuestión de nieve y oro".

 

La Nave, Poggio Monteverde, 1705

                    Las aportaciones de Antonio Rodríguez López (1836-1901), "Cantor de Benahoare", a las fiestas de la Bajada de la Virgen fueron de tal número y variedad y tuvieron tal aceptación en su época que algunas han llegado hasta nuestros días. "Fue auténtico paladín de la cultura insular y escritor prolífero" (Fdez.García). Ocurre con el tradicional y popular "Diálogo entre el Castillo y la Nave", que se repite ininterrumpidamente desde 1890 a la entrada de la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves en la ciudad; y con la no menos célebre "Loa" de llegada al templo de El Salvador. Además, Rodríguez López asumió desde 1855 la autoría de uno de los números más significativos de las fiestas: los "Carros Alegóricos", al principio simples "escenas lírico-dramáticas". Su magisterio en esta solemnidad se extendió por espacio de medio siglo, de forma que los tres últimos Carros -correspondientes a los años 1905, 1910 y 1915-, se representaron póstumamente. Entre otros textos para las Fiestas Lustrales destacan: Escena lírico-dramática escrita en Sta. Cruz de La Palma para la Bajada de la Virgen de 1855; Alegoría dramática representada sobre un carro en la Bajada de 1865; Alegoría para el Carro de 1870; Alegoría anunciando la Bajada de la Virgen el año 1875; Carro para la Bajada de la Virgen de 1890; Carro para la Bajada de la Imagen de Ntra. Sra. de Las Nieves de 1910; Carro para la Bajada de 1915; Diálogo entre el Castillo y la Nave; Loa. 

 

                  

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