(Viene de parte I)
Otra prueba del prestigio conseguido por el artista palmero fue el hecho de que su retrato, biografía y su obra fuesen incluidos en la revista gala La Revue du Bien dans la Vie et dans l"Art (la Revista del Bien en la Vida y en el Arte). Los hermanos Romilly habían incluido en aquella edición un juicio crítico del ya famoso maestro pintor. Estos dos literatos franceses, Paul y George Romilly, escribieron: "El proverbio de que nadie es profeta en su tierra no tiene valor en España. Las Islas Canarias se enorgullecen hoy de tres de sus hijos igualmente y diversamente célebres: un político, León y Castillo; un novelista, Pérez Galdós, y un gran pintor, González Méndez". Como "modesto intérprete, aunque inspirado compositor", un minuet y una Marche Antique fueron unas piezas muy celebradas, incluso por el crítico Miguel Maffiotte La Roche.
Numerosos elogios le tributaron diversos periódicos locales con motivo de su exposición en su tierra. Con mala salud y gran desilusión por algunos altibajos de su éxito en tierras peninsulares, sus paisanos quisieron alentar a su ilustre vecino.
"Y hoy le tenemos entre nosotros; hoy se halla de vuelta en el país que arrulló sus sueños de niño. No llega a él como el valetudinario que aspira a recobrar su salud que ha perdido, ni como el desengañado que se refugia en la soledad para olvidar perfidias o desilusiones. antes al contrario, es por fortuna el artista lleno de vida y de salud, que viene a pedir a las Canarias la inspiración de su espléndido cielo y de su exuberante naturaleza, para mostrarla, trasladada al lienzo por su experto pincel, a los asombrados ojos de los que viven bajo el tibio sol y las espesas nieblas del Sena." El Eco, 1885
Tras sus estancias en Santa Cruz de La Palma y Güimar, regresa a París en 1888 donde expone en el Salón de los Pintores Franceses. Su obra Un vieux charron breton fue muy valorada por el público y por la crítica. Otra obra, Exvoto Bretagne, obtiene la mención de honor en 1889.
De Torres Edwards (1889-1943) reputado pintor y erudito local, había mencionado en una magistral conferencia a los pintores canarios que -según su parecer- eran los mejores de todos los tiempos: Alonso Vázquez, Cristóbal Hernández de Quintana, Juan de Miranda, Luis de la Cruz, Nicolás Alfaro, Valentín Sanz y a Manuel González Méndez. De este último dijo que "…supera a todos los anteriores y anuncia con su obra la floración de los actuales pintores canarios."
Le llueven las distinciones y los premios. En la Corte Española, S. M. la Reina Regente lo distingue como Caballero de la Orden de Isabel la Católica el 20 de mayo de 1889. En 1893 recibió el Diploma de honor en la Exposición de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. Fue una gran muestra en la que se dieron cita grandes maestros del arte y de la ciencia. Méndez se encontraba entre lo "más granado de la pintura isleña".
En junio de 1896 Méndez también triunfaría en la exposición antológica que tuvo lugar en la exclusiva galería parisina de Georges Petit. Allí presenta ciento cuarenta obras, entre dibujos a lápiz, pasteles, óleos, tinta china…, "lo mejor de su etapa bretona, los retratos más personales, algunos bodegones, floreros y paisajes, tomados en sus viajes a Canarias. Difícilmente muestra alguna en ese tiempo contó con tanto refrendo crítico". La prensa especializada y los más feroces críticos alaban la especial obra del gran maestro. No tardaría en conseguir la cotizada Legión de Honor en 1898 y la Medalla de Bronce en la Exposición Universal de París de 1900. Desde entonces ya empezó a ser conocido como uno de los mejores pintores de la época.
"Regresa a Canarias en el recién inaugurado siglo XX. Trae en sus alforjas un importante caudal de gran pintura y la acreditación de expositor permanente en los salones franceses. Es una personalidad que, a veces se extrovierte y en otras, sobre todo cuando nota en su entorno celos artísticos o reticencias, se cierra en un círculo concreto: la familia y los buenos amigos".
Ortega Abraham, 1983.
En Canarias, obtiene plaza en la Escuela Municipal de Bellas Artes tinerfeña. Toma parte en tertulias especializadas donde cuenta sus aventuras y desventuras en el mundo del Arte; anécdotas y su experiencia en París y en la Península; habla de un idioma nuevo: el esperanto; explica sus admiradas técnicas, etc.
"Sí, lectores, que la estancia de González Méndez en Tenerife, ha sido para mí, entusiasta de todo lo que sea arte, un verdadero filón. ¡Gusta tanto encontrar con quien departir de lo que se lleva dentro, de esa segunda naturaleza, oscura como un oráculo, vaga como un sueño y brillante como una visión…"
Pérez Armas, 1900
En Santa Cruz de Tenerife recibirá "el más importante encargo de su vida": el pedido de realizar una gran pintura para el recién construido Palacio de Justicia. En marzo de 1902 se acepta unánimemente su proyecto pictórico titulado La Verdad venciendo al Error, que había presentado el artista en un boceto. Regresa a París para trabajar la tela en su taller. Vuelve con el lienzo en otoño tras un viaje por Italia. Ortega Abraham nos recuerda que el "seis de noviembre de 1902, apenas habían pasado ocho meses, la Verdad venciendo al Error, enriquece la bandeja central del salón de sesiones. Cobró doce mil pesetas por el encargo. El ocho por ciento exacto del total del edificio, que llegó a las ciento cincuenta mil pesetas…". Se trata de una alegoría sobre las ciencias, las virtudes teologales, el comercio, la industria, etc. de la que el consagrado artista palmero se sintió muy satisfecho. Méndez también diseñó los acabados de carpintería.
Su paso por Las Palmas en 1902 le deja un contrato para la realización de unas pinturas del salón noble del Gabinete Literario y expone allí con un gran éxito de público. Después viaja a Tenerife y de allí -en marzo de 1903- a Madrid donde visita a su amigo Benito Pérez Galdós, a su querido Museo del Prado, etc. Ya en París, termina la obra Portrait de madame para su exposición en el Salón de Pintores Franceses.
Sus viajes entre Canarias y Francia se suceden a lo largo de los cuatro años que van entre 1904 y 1906. Méndez trabaja en los lienzos enormes del Palacio Provincial. Trabaja con gran acierto en el Gabinete Literario de Las Palmas hasta 1908.
Consigue plaza de profesor de vaciado y modelado en la Escuela Municipal de Artes y Oficios. Es curiosa la descripción del maestro que hacen algunos de sus alumnos. Borges Salas, por ejemplo, decía que "Don Manuel tenía un bigote muy espeso, algo ceñudo el semblante…". Padrón Acosta añadía: "… parece mentira, pienso yo, que un pintor tan eximio de la figura humana, tuviera una cabeza tan antiartística. Pero así era Manuel González Méndez: cabeza cuadrada, bigotes de carabinero, ojos de susto, rostro sin luz amable…. pero ¡qué maravillas salían del pincel de este hombre casi incivil!"
Gracias a los ingresos obtenidos por algunas ventas y por sus trabajos, pudo hacer realidad su sueño: construir una casa-estudio en el Paseo de los Coches de Santa Cruz de Tenerife, en la que lograría conseguir un "ambiente, entre señorial y bohemio", como dijera el periodista Leoncio Rodríguez. En su luminoso taller, nuestro polifacético artista custodiaba sus mejores cuadros -que jamás quiso vender-, sus gubias y sus pinceles, sus paletas y sus esculturas, sus libros y bajorrelieves, sus recuerdos…
"Maravilloso artista palmero, el pintor de más recia formación artística del siglo XIX y su labor fecunda es la que más variados aspectos presenta. Fino plasmador de la figura humana, la modela y dibuja con amor entrañable a través de toda su vida de artista fino y vigoroso a la par".
Padrón Acosta
Regresa a Madrid y a Barcelona. Viaja a Génova, Roma y París. No cesa de tomar anotaciones, referencias, bocetos, trazas, ideas… El frío reinante en el fin del otoño hace menguar su ya delicada salud. Tiene añoranza del clima de sus amadas Islas a las que jamás volvería a ver. Algo recuperado, decide volver a España en su último y terrible viaje. De Marsella a Barcelona llegaría con casi un día de retraso debido a que se durmió en primer tren y no hizo el cambio de máquina, con lo que despertó justo "a tiempo para que no fuera a parar muy lejos". De Narbona tuvo que coger el llamado "tren de las gallinas" debido a lo despacio e incómodo que era.
Escribiría dos días antes de su muerte: "Me acordaré todo lo que me quede de vida de tan horrible viaje. Olvidaba decir que yo venía medio acatarrado y al día siguiente no podía materialmente moverme, con fiebre bastante alta y dolores tremendos de huesos, guardando cama hasta medio día".
Ya en Barcelona, su estado se agrava y no podrá ya levantarse de la cama. Solo, pobre y enfermo, el más grande de los plásticos canarios del siglo XIX moría en una humilde pensión de la ciudad catalana. Era el 9 de septiembre de 1909 y tenía sesenta y seis años Ortega Abraham escribió que "en la soledad de las últimas horas, nadie salvó su cuerpo de la fosa de beneficencia ni su memoria del olvido".
"Las cenizas irrecuperables estarán para siempre en la Ciudad Condal. Un destino impensado para un hombre que, glorificado en su oficio por cuantos le conocieron, llevó más allá de su país el nombre de Canarias y más allá de la muerte su memoria".
En los últimos tiempos ha habido algún que otro recuerdo al maestro por parte de algunas instituciones. Por ejemplo, en 1970, la Agrupación de Acuarelistas Canarios organizó una exposición en el Círculo de Bellas Artes en su honor. En el mismo año, dentro del variado programa de la Bajada de la Virgen de Las Nieves, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma incluyó una muestra colectiva en la que la obra de Méndez fue unánimemente elogiada. Otra exposición antológica del maestro tuvo lugar en 1979 organizado por la misma entidad capitalina. En 1984 el propio Ayuntamiento, en reconocimiento a su magistral trayectoria artística, perpetuó su memoria poniéndole su nombre a una de sus calles. También la Caja General de Ahorros de la provincia tinerfeña inauguró una exposición antológica de Arte y Cultura de La Laguna en el que hubo muchos elogios sobre el ilustre pintor y su obra.
"Con Manuel González Méndez, nuestro desmemoriado país tiene una deuda insaldada. Un artista de tan amplios registros, de tan profunda sensibilidad no goza de la más leve referencia en las historias del arte español del siglo XIX. En cierta medida, es la reiteración de un centralismo político que no reconoció nunca los valores de los pueblos alejados del eje del poder y su influencia. En pocos creadores mediterráneos concurren los méritos objetivos que derrocha Méndez…" Gutiérrez Gordillo, 1977
En 2009, se cumplió el centenario de la muerte de "uno de los pintores canarios más destacados de todos los tiempos, el principal representante del costumbrismo canario y máximo exponente de la pintura del siglo XIX en el Archipiélago". El día 26 de noviembre se procedió al descubrimiento de una placa en la casa natal de Manuel González Méndez en la Calle Virgen de La Luz de Santa Cruz de La Palma. Para ese mismo día, en el Palacio Salazar se programó una conferencia a cargo de Ana María Quesada Acosta, Doctora y Profesora Titular del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. El título elegido es: Manuel González Méndez y su tiempo. Al día siguiente, tuvo lugar la magnífica y esperada exposición antológica del Pintor en el Museo Insular. Esta muestra estuvo abierta hasta enero de 2010, hasta hace tan sólo unos días. Un justo homenaje a un gran artista polifacético: pintor de género, grabador, dorador, naturalista, dibujante, impresionista, retratista, escultor…, en definitiva, un gran maestro.
"Aquí le aguardaba lo que él sabe y yo me callo porque no sé si le gustará decirlo, aunque lo que honra y enaltece no debe callarse: qué ejemplos tan dignos como el de Méndez mejor sirven de estímulo para los demás y de hermosa lección, que los que aquellos que llegan con esfuerzos prestados. Yo no veo una razón plausible para ocultar la terrible lucha, la tenacidad incansable, el valor sereno de un hombre, que solo, sin apoyos, sin recursos, sin más guía que la esperanza de alcanzar un fin noble y honroso se sostiene sin desmayar un año tras otro en la batalla descomunal contra el adverso destino. Esta tenacidad era la nota distintiva del carácter de Méndez: luchar hoy y mañana y no desmayar jamás"
Maffiote, 1896
"¿Para qué intentar una semblanza de Méndez? ¿Para qué empeñarse en encerrar en media docena de cuartillas una vida que es una odisea y un espíritu que es el de un coloso?"
Pérez Armas
BIBLIOGRAFÍA
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MAFFIOTTE, Juan; RODRÍGUEZ, Leoncio; PÉREZ ARMAS, Benito. «González Méndez», en Biografías Isleñas de la Biblioteca Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 1950
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– Idem. Teide, Timanfaya, Taburiente, Santa Cruz de Tenerife, 1981
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