COMEDIA Y AUTO SACRAMENTAL EN LA NAVIDAD DE 1793

En algunas de las festividades importantes que se celebraban en esta histórica población -sobre todo las religiosas: el Corpus, la Bajada Lustral de La Virgen de Las Nieves, la Semana Santa, la Navidad, etc.- se ejecutaban comedias y autos sacramentales por parte de numerosos aficionados a la que acudía una gran concurrencia de público.

 Estas composiciones se representaban, tanto en las plazas públicas, como en el interior de los templos. Algunas incluso en forma de "pasillos jocosos" en los cuales, en ocasiones, ni siquiera se tenía en cuenta el respeto por el  recinto sagrado que las acogía, ni mucho menos la vida particular de los enemigos del autor, poeta o compositor de las mismas.

 Célebre fue la Navidad de 1793 donde se representó uno de aquellos "pasillos". Esto ocurrió  durante el ofertorio de una solemne misa cantada en la Natividad del Señor que se celebraba, como era tradición, en la iglesia del Convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, hoy templo de San Francisco de Asís de la capital palmera.

 En el siglo XVIII eran comunes los romances eruditos, obras de poetas o escritores que seguían una serie de normas, más o menos convencionales y cultas que, al ser cantados, se divulgaron y popularizaron. Muchos de ellos han pervivido hasta nuestros días gracias a la tradición oral. Entre estos romances conocidos como "eruditos" del siglo XVIII, muy populares en La Palma y que llegan a ser parte del acervo cultural de  nuestra Isla, decíamos que se hallan los de tipo religioso, como Los desposorios de María y José, o la Disputa entre el Bien y el Mal, Camino de Belén (y muchos relacionados con el Nacimiento del Niño), etc. Ejemplo de este último es el que ha recogido en San Andrés y Sauces Cecilia Hernández: 

"Iban caminando José y María,

por delante llevan una borriquilla.

Iban caminando en conversación,

palabras discretas de consolación.

Iban caminando cuando se encontraron

unos pasajeros que les preguntaron:

– ¿Dónde se camina quisiera saber,

un nombre de noche con una mujer?

– Si la lleva hurtada, que es de imaginar,

antes de las doce a Belén llegar…"

Maximiano Trapero -con la colaboración de la mencionada Cecilia Hernández- publica otros romances religiosos recuperados en los pueblos de La Palma:

 "San José pidió posada para una joven que traía,

que era tierna y delicada y al sereno no dormía.

– Yo no puedo dar posada a gente que no conocía,

me pueden robar de noche algo que han visto de día.

– No se lo robo, señora, más bien lo presentaría.

– Mi marido no está en casa y no sé lo que él diría,

y esta mujer por los modos ha de amanecer parida,

yo no tengo en mi casa ni fajuela ni mantilla.

– No le pedimos, señora, ni fajuela ni mantilla,

sólo lo que le pedimos un rincón de su cocina…"

 Era muy común, así mismo, que en los monasterios de Regulares se hiciese en las grandes festividades, ante toda la Comunidad, una "especie de explicacion" del misterio que se celebraba y cuyo discurso corría a cargo de los prelados respectivos. El ilustre religioso palmero -de Villa de Mazo- fray Luis Tomás Leal (1663-1757), siendo Prior del Convento de La Laguna, tuvo que hacer la explicación del Nacimiento del Señor, cuya Pascua se solemnizaba entonces. Reunida la congregación a toque de campana, se colocó el Padre Prior entre el Padre Definidor y el Padre Presentado "que en sentir de todos eran unos bolos, o cosa así". Fue entonces cuando el palmero -virtuoso sacerdote, teólogo consumado, elocuente maestro dominico y prior de varios conventos- empezó su discurso saludando "en el entre paréntesis, á sus adláteres…" de la siguiente forma: "Jesucristo nació entre dos bestias, Revdo. Padre Definidor, Revdo. Padre Presentado…" El cronista Lorenzo Rodríguez añadía a la anécdota: "de ser cierto el chascarrillo, ¿sería intencional ó casual? Nos inclinamos á lo segundo, porque esto era impropio del carácter del Padre Leal, del objeto y del sitio".

 Volviendo al acto sacramental, objeto de este artículo, y justo al momento del ofertorio "salieron vestidos de mojiganga" a las tribunas, dos coristas jóvenes, Fray Domingo José de Brito y Fray Antonio de Armas. Uno de ellos representaba el papel de Perote, un lugareño aficionado al vino, y el otro el de Marcela, la esposa de aquél. Ésta estaba desconsolada y deseosa de llegar al pesebre para visitar al Niño-Dios.

 Ambos representaron un romance, a modo de  corrido escandaloso y provocativo.

 En su representación, el marido se resistía a dar licencia a su esposa porque aquel viaje era muy largo y penoso. Sobre todo porque manifestaba "con dolorido acento que las mujeres eran aficionadas a cuellos". Estaba consumido por los celos y no quería que fuera presa de aquellos estudiantes que seguramente caerían sobre ella como aves rapaces durante su recorrido hasta el Portal, es decir, a lo largo del pasillo que separaba el coro del testero de la capilla mayor del templo. 

El alcalde constitucional  Lorenzo Rodríguez, nos cuenta en sus famosas crónicas, cómo Marcela, muy dolida, "triunfa de su celosa resistencia, halagando el vicio de la gula, predominante en Peroto".

 Escapó contenta hacia Belén, montada en el borrico negro de Paco Simón, mientras los coristas recitaban el diálogo. El que hacía de Perote tenía una "chupa larga, pañuelo liado a la cabeza y palo en mano". El que representaba a su desafiante y desventurada mujer, se vestía con una grotesca toca y un sombrero sobre "el hábito franciscano".

 Los fieles abarrotaban el interior del sacro templo y tomaban parte incluso en la representación "con gritos, silbos y chistes". Algo completamente inapropiado por el sitio y la situación, máxime en una época donde el respeto y el recato en aquellas fastuosas ceremonias no dejaba lugar para este tipo de incidentes jocosos e irreverentes.

 Por lo que se desprende de las crónicas, esos supuestos hechos degeneraron en un proceso inquisitorio muy célebre por aquel entonces. Un litigio que siguió con los duros trámites reglamentarios.

 El pobre monje franciscano que había autorizado la representación se defendía como buenamente podía,  argumentando que no tenía ni idea de que aquella ingenua obra y su insignificante contenido llegara a tales niveles hiperbólicos de  importancia como mostraban los resultados. También informaba de cómo con la distancia se abultaban los objetos y se pintaba a satisfacción de aquellos que lo odiaban y le guardaban algún tipo de rencor  queriendo así resarcirse.

 Esta polémica continuó unos cuantos años más. Se  solicitó una revisión a su causa por "haberle permitido cantar unas coplas en la noche de Navidad".

 BIBLIOGRAFÍA

 HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ, Cecilia. Romances Sacros y Oraciones Antiguas de La Palma, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, C.C.P.C., 2006

LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, t.  I, La Laguna, 1975

TRAPIELLO, Maximiliano. Romancero General de La Palma, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, Madrid, 2000

 

Scroll al inicio