– ARTILLERÍA
La situación de inseguridad que sufren los ciudadanos palmeros a través de los siglos se había agravado por el aislamiento geográfico, las dificultades para la fortificación de la Isla, la constante ausencia de dinero, la débil gestión militar y política, etc. Teniendo en cuenta el vasto territorio que amparaba el Imperio Español, la Palma era un ínfimo trozo de tierra olvidado en el mar. Por esto, el Cabildo luchaba sin tregua para dar a conocer esta precaria situación insular ante la Corte y obtener de ella las ayudas necesarias para la seguridad ante los ataques vandálicos. Existía una verdadera obsesión por su defensa.
Así, a mediados del siglo XVI, el fuerte contaba con dos culebrinas – piezas de artillería de bronce propias de ese siglo, de cañón largo y poco calibre -, que habían sido compradas por el Cabildo a Bazán en 1555. También con un cañón de la fundición de Don Juan Manrique de Lara. Había otro francés que fue capturado en la Batalla de San Quintín. También un inglés, un pedrero y un falconete (especie de culebrina), un mortero… En total once piezas de artillería, incluido otro falconete regalado por Su Majestad al Castillo. En el inventario de soldados, armas y artillería confeccionado por el ingeniero real Torriani, a la vista de la escasez de artilleros, propone que todos los oficiales mecánicos lo sean durante algún tiempo, y alentando el voluntarismo, "lo hagan de buena gana para servicio de Vuestra Magestad y de su patria".
Un disparo de este castillo había hundido uno de los navíos de los que formaban la espectacular escuadra del corsario inglés Francis Drake el 13 de noviembre de 1585.
También el Rey Felipe II regaló en 1591 una culebrina de la fundición de Juan Morel. En el mencionado y premiado trabajo sobre las fortificaciones palmeras, sus autores también informan acerca del catálogo de piezas existentes en la última década del siglo XVI: "una culebrina bastarda, dos medias culebrinas, un medio sacre, dos cañones encampanados, un falcón inglés, otro alemán, un cañón francés, un pedrero y tres piezas de campaña". Así consta en el inventario ordenado por el capitán general Luis de la Cueva, nombrado en 1589, con el que cambia el sistema político de Canarias.
El poderoso monarca ordenó un inventario de la artillería propiedad de la fortaleza, "que ha fabricado esta ciudad con ayuda de sus vecinos", instando a sus cuidadores y al Cabildo a que velaran por su conservación, reparo y aumento. La Real Cédula había sido firmada el 31 de agosto de 1588. Rumeu de Armas recoge en su obra cómo había descendido la potencia artillera de la fortaleza de Santa Catalina. En 1599, por ejemplo, un nuevo inventario acusa el tremendo deterioro defensivo que sufre la ciudad capital. En el castillo que nos ocupa, ya sólo aparecen ocho piezas y tres en la torre del puerto y del Cabo.
Otro rey, Felipe III, en 1602, da licencia al Cabildo para imponer sisa sobre el vino durante ocho años con destino a las fortalezas y artillerías y pago de artilleros, privilegio éste que se mantiene durante bastantes años.
En las Noticias… de Juan Bautista Lorenzo, extraemos el siguiente párrafo, por lo curioso de su contenido: "(..) y porque la artilleria que tienen es totalmente inútil que mas servirá para matar la gente que le defiende que para hacer daño a sus enemigos; como se reconocio el dia de Córpus al primer tiro reventarse el mejor cañón de los que tenía (…)".
En el Inventario de la fuerza de Santa Catalina que se hizo siendo capitán Juan Vendama Daguiar en 1633 se nombra las piezas, curiosamente, por el apodo que le daban los "Doce de S.M.". Eran: "el pedrero, el encampado, el frances, la melcocha, la media culebrina, el buscarruydo, el falcon y el falconete". Tous Melián identifica el cañón Escorpión -procedente de la Torre de Londres- con la pieza mencionada como melcocha. Por cierto, a la petición que se hizo en el año 2005 para que el Gobierno Central devolviese este cañón, la respuesta fue tajante: "el cañón Escorpión es una pieza única de extraordinario valor histórico y didáctico, máximo exponente de la artillería de la época del emperador Carlos I. Por esta razón está previsto que forme parte del nuevo Museo del Ejército de Toledo, donde ocupará un destacado lugar en la colección de artillería del museo, considerada en la actualidad como una de las mejores del mundo y adquirirá una gran relevancia en el entorno artillero en el que será exhibido".
Casi un siglo y medio más tarde, en 1742 el fuerte contaba ya con catorce cañones, si bien en el inventario constaba que seis estaban inútiles y otros averiados. Tan sólo cuatro estaban en buen estado. En tal lamentable estado se hallaba el castillo, que se solicitó al Rey Felipe IV, para que se reactivase y revalidase la Real Cédula de 1651 para la imposición de un arbitrio sobre la entrada y salida de mercancías con objeto de comprar nuevas piezas. Este impuesto, autorizado finalmente por el monarca, tendría una validez de veinte años a partir de esos momentos.
Tampoco la actual fortaleza se librará de las riadas, avenidas y acciones marinas que irían minando la estructura del baluarte. El 12 de enero de 1792, el albañil Josef Manuel Cicilia, informa de su estado: "(…) habiendo pasado al Castillo de Sta Catalina, el Real de esta Ysla, reconosí que la pared que sostiene la explanada de dho Castillo(…) se halla desplomada y arruinada desde sus simientos(…)". En un expediente de 1874 custodiado en la Capitanía General de Canarias -y recogido en la obra Historia de las fortificaciones…, -se mencionaba este progresivo deterioro: "(…) el mar ha horado el trozo de muralla o sea plataforma que sirve de resguardo (…) y por dias cada vez que crece la marea va arrastrando la piedra (…) dentro de muy poco tiempo llegará a los simientos del castillo(…)"
Hasta 1808 tuvo este castillo una guardia permanente de doce soldados, los célebres "Doce de Su Majestad", que eran enterrados en la capilla de San Francisco Solano del convento franciscano. Sin embargo, el deplorable estado en el que se encontraba el castillo hizo que se propusiera en varias ocasiones su enajenación. Se recibió la Real Orden de 2 de mayo de 1924 declarándolo inadecuado para los servicios de la guerra y se dispuso su venta. La subasta pública se efectuó el 17 de febrero de 1949, siendo "adquirido por D. Manuel Rodríguez Acosta, quien pagó por el mismo la suma de 300.010,99 pesetas". Este ilustre vecino lo adquirió en nombre de un grupo de comerciantes. Así consta en el Archivo de la Capitanía General de Canarias (3ª división, 3ª sección, legajo núm. 1).
– LOS CASTELLANOS
Entre muchos otros, han desempeñado el cargo de castellano los siguientes caballeros:
Los primeros, Juan de Monteverde (de 1555 hasta 1566) y el regidor Miguel Lomelin (a partir de 1567 durante varios años); Juan Fernández Sodre (desde 1606 hasta 1614; aquí fue nombrado Francisco de Valcárcel por estar aquél "viejo y enfermo"); el Capitán Nicolás Van-de-Walle de Aguiar (1646); el Capitán Diego de Guisla Van de Walle (1652); Luis Van de Walle de Cervellón (1736); Dionisio O´Daly (1775); éste renunció al poco y fue nombrado Domingo Van de Walle Cervellón; en 1777 tomó posesión Francisco de Lugo y Viñas, último elegido por el Cabildo de La Palma.
En las celebraciones para conmemorar la proclamación de Felipe V como Rey de España, como en las de otros monarcas, el Cabildo vestido de gala llegaba al Castillo "onde llamaron y salió el Castellano con su espada desnuda y rodela sobre una muralla, y preguntó el Alférez mayor por quién tenía aquel Castillo y respondió el Castellano que por Don Carlos II su Sr. Y volviole a decir el Alférez mayor que de allí adelante lo tuviera por Don Felipe V nuestro Rey y Señor y con un viva repetido se disparó toda la artillería y pasaron hacia las monjas claras".
– ASESINATO
Se ha escrito mucho sobre los acontecimientos vividos en las medianías y en el interior del castillo. Como muestra, he recogido uno de tantos ejemplos, éste, perpetuado por el alcalde Lorenzo Rodríguez, copiado del diario de noticias que llevaba Diego González Hurtado: "El día 26 de noviembre de 1700, a las ocho de la noche, mató Domingo el Carnicero con un cuchillo a Lucas Marques, herrero, soldado del Castillo principal de esta ciudad; y como iba borracho lo cogió la Justicia y prendió y se está fulminando la causa. Matólo en aquel llano onde es hoy Ermita de Santa Catalina, al principio de aquel callejón que va al Castillo, y murió al otro día. Fue el primero que se enterró en la capilla que hicieron los soldados en San Francisco junto al Monte Alverno. El mulato huyó sin castigo"
– LOS DOCE DE SU MAJESTAD
Para custodiar la cárcel de esta ciudad así como las fortalezas de la misma, había 12 soldados movilizados que se les designaba con el nombre de "soldados de los 12 de S. M." Estos, que residían en el Castillo de Santa Catalina, fabricaron en el claustro del "Real Convento y Grande de la Inmaculada Concepción" , una capillita y sepulcro para ser enterrados, y para su régimen y gobierno, hicieron unas constituciones de la forma en que habían de celebrarse los entierros y la contribución o cuota que cada uno de ellos había de pagar. Estas constituciones fueron elevadas a documento público ante el escribano Andrés de Huerta, el 18 de noviembre de 1697. No sólo fueron enterrados en dicha capilla los soldados fundadores, sino los que les sucedieron.
Una causa célebre que tuvo que ver con uno de estos soldados del Castillo fue ésta: en la madrugada del 6 de septiembre de 1794, se encontró el cadáver de Rita Hernández, soltera de 23 años, en el Barranco de Maldonado. Las heridas que presentaba el cuerpo eran producidas por un objeto cortante, similar a las que producen las bayonetas, no por haberse despeñado. Por este motivo se trasladó al Castillo algunos miembros de la Justicia ordinaria para hacer el oportuno reconocimiento a las armas. Allí se descubrió cómo el novio de la difunta, Joaquín de Paz, poseía una bayoneta untada en sangre. El soldado confesó su culpabilidad, fruto de "una pasión de celos". Desde el primer instante, arrepentido, rogó que fuera ejecutado inmediatamente para pagar con su vida aquel asesinato. Sin embargo la causa contra él duró más de tres años. Finalmente el Rey Carlos IV firma la condena a muerte en Aranjuez el 4 de marzo de 1799. En el Castillo Real, donde se hallaba el preso, se hizo una capilla y el 15 de mayo de 1799 entró en ella el reo, acompañado por los Hermanos de la Misericordia y auxiliado por todas las Comunidades Religiosas y el clero. Con toda ostentación, se inició la procesión con el Sagrado Viático desde El Salvador hasta el Castillo, y el día siguiente, en la cercana Plaza de San Fernando, fue "arcabuceado" (fusilado).
– LA IMAGEN Y LA ERMITA DE SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA
Desde principios del siglo XVI existía en esta ciudad una ermita bajo la advocación de esta Santa Mártir egipcia de Alejandría, edificada cercana al barranco y al Castillo Principal, a los que diera nombre. Este castillo, declarado Monumento Histórico Artístico (el 22 de junio de 1951), es el único ejemplar de fortaleza militar de la época de los Austrias que existen en Canarias. Tous Meliá añadía que "consideramos que la ciudad debe recuperar el castillo y dedicarlo a Museo de la Historia de la Isla, que recuerde el esplendor de los siglos XVI y XVII".
Del primer siglo mencionado tuvo lugar la construcción de la ermita de la santa, antes de la visita que el obispo Diego Deza hizo en julio de 1558. En el testamento de Álvaro de Torres, otorgado ante Pedro Belmonte, citaba que esta ermita ya estaba construida el 30 de diciembre de 1543. La primera ermita estaba enclavada en la explanada donde se construyó la plaza de la Alameda en 1855. Una fuerte avenida del barranco de Las Nieves o de Santa Catalina -en diciembre de 1689- la arruinó, por lo que tuvo que ser erigida nuevamente algo más hacia el sur. Se bendijo el 20 de octubre de 1701. Fue vendida en 1907 y luego derribada para construir sobre su solar la conocida ahora como Casa Cabrera Perera (en la actual esquina de la Calle Pérez de Brito con la de Santa Catalina). La primitiva ermita es nombrada en el plano del ingeniero Torriani como de "S. Caterina martire" y es la que bautizó el castillo y el barranco.
La magnífica escultura flamenca de la "Gloriosa Santa Catalina de Alejandría" -de 105 cms. de alto- fue rescatada por los vecinos de la avenida de diciembre de 1689. Actualmente es venerada en la bella ermita de San Sebastián de la capital palmera, que ha estado lamentablemente cerrada, excepto en enero, durante las fiestas del Santo mártir. Afortunadamente ha sido puesta al culto nuevamente en el año 2009. La efigie de la Santa parece ser obra anónima del mismo taller antuerpiense del que salió la fabulosa imagen de Nuestra Señora de La Encarnación. Está entronizada en su retablo barroco original, que también pudo salvarse. Como nos informa el profesor palmero Jesús Pérez Morera, "y como ésta, quizá fue enviada a La Palma por alguno de los factores que actuaban al servicio de Jácome de Monteverde en el puerto de Amberes".
Este investigador nos explica cómo la advocación a esta Santa, Patrona de los Filósofos, aparece vinculada a los ingenios de azúcar, que tanta riqueza y prosperidad darían a La Palma en el pasado. Las primeras representaciones de esta advocación son de origen flamenco. Según la Leyenda Dorada, el Emperador Majencio inventó un instrumento de tortura para martirizarla "que, como la rueda que molía la caña en los ingenios, consistía en cuatro ruedas provistas de puntas de hierro a las que la mandó atar". Fue finalmente decapitada, por ello, como atributo personal, sostiene en su mano derecha una espada, mientras que en la otra un libro, símbolo de su sabiduría e iconografía de su patronazgo sobre los filósofos. Es patrona también de las jóvenes casaderas, de los universitarios, carreteros, molineros, alfareros, afiladores, hilanderas, barberos, nodrizas (porque de su cabeza cortada no brotó sangre sino leche), etc.
En el Inventario del Castillo, fechado el 24 de noviembre de 1843, se lee: "…sobre dicha puerta por la parte de afuera, hay un escudo en piedra con las armas de Castilla con tres flores en lis en el circulito del centro; el aro de la puerta es todo de piedra viva labrada lo mismo que el frontis sobre él y, por la parte de adentro de halla una imagen de Santa Catalina, construida en madera". Se trata -en palabras de Tous Meliá-, "de un altorrelieve en madera que conserva restos de policromía, se cree que pertenece a la Escuela Flamenca y pudo tallarse en torno a 1560 e ilustrarse en el primer castillo. La imagen se mudó al segundo castillo hasta que éste fue subastado el 17 de febrero de 1950". Fue entonces cuando pasó a pertenecer al Ejército y se guardó en la capilla del cuartel de Los Cancajos hasta que se disolvió el Batallón. El Comandante General, Manuel Borra, en junio de 2002, la donó a la Isla de La Palma y fue recibida por el Presidente del Cabildo Insular, José Luis Perestelo. Esta imagen, cuyas medidas son 79 x 29 x 5,5 cms., se custodia actualmente dentro de una urna de cristal en la iglesia de San Antonio de Breña Baja, colocada sobre una ménsula en el testero de la capilla mayor al lado del Evangelio
La Santa de Alejandría celebra su onomástica el 25 de noviembre y ha sido desde siempre considerada una de los catorce santos de más poderosa intersección en el Cielo. En la Tierra posiblemente también: tan sólo basta admirar la admirable fortaleza construida por el hombre para glorificar su nombre.
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