ESCULTURAS
En cuanto a esculturas, además de las de la Virgen y de San Gabriel, el templo posee un variado legado:
– una pequeña talla del Niño Jesús y una arquilla de madera calada y policromada, ambas piezas donadas en 1737 por Francisca del Rosario, una esclava liberta del señor de Lillout y Zuitland, Nicolás Vandale Massieu y Vélez;
– un San Lázaro (escultura en madera sobredorada y policromada de 74 cms. sin peana; talla popular y medievalista de 1553 dada en 1568 por don Amador Gómez );
– una Santa Rita (inventariada en 1745), patrona de las viudas y de los "casos imposibles";
– un San Pedro Bautista (talla de candelero de 33 pulgadas de alto, colocada en 1705).
-una imagen de Santa Lucía (obra de artistas locales, inspirados en modelos flamencos. c.1700) que sustituía una anterior por ser un "bulto de madera antiguo defetuoso en su escultura", que se había colocado en su retablo en 1537;
– las efigies de San Felipe y San Juan Bautista (donadas en 1736 por el vicario Alfaro Monteverde y su sobrino Juan Antonio Vélez y Guisla);
– un magnífico Crucificado (modelado en pasta de papel por don Manuel Díaz. Es de tamaño natural y data de 1863, aunque la cabeza fue tallada en madera posteriormente por el artista palmero Aurelio Carmona);
– una Virgen de la Caridad del Cobre (Patrona de Cuba, donada en 1965 por emigrantes cubanos), etc.
Hablemos de algunas de ellas:
NIÑO JESÚS
En el nicho superior del retablo mayor se halla una pequeña talla popular del Niño Jesús en actitud de bendecir, "de color loro", donado por una esclava liberta del señor de Lillot y Zuitland, Nicolás Vandale Massieu y Vélez, llamada Francisca del Rosario. Se venera dentro de una pequeña arquilla en madera calada y policromada, formada por roleos vegetales en los que se entrelazan diminutas cabezas aladas y angelitos desnudos. En ella figura el nombre de JOSEPH LVIS DEL ROSSARIO, hijo de Francisca. En la declaración otorgada antes de morir, el 14 de julio de 1737, manifestó que éste, antes de embarcarse para Campeche en el navío del capitán Pedro Toledo "que se fabricó en esta isla", le había dejado un Niño Jesús con sus andas doradas. Su última voluntad fue que la imagen se entregase a mayordomo de la iglesia de La Encarnación y que se le pagasen 17 pesos "que le tiene prestado el caudal de la Virgen sobre unas prendas que tiene en empeño" (Pérez Morera, 1994)
EL CRUCIFICADO
El Crucificado de tamaño natural que actualmente se venera en esta antiquísima iglesia fue la última obra que realizó el célebre sacerdote liberal Manuel Díaz (1774-1863) -conocido por todos como el "Cura Díaz"-, y que puesta al culto el año de la muerte de su artífice en 1863.
En la mañana de Pascua siguiente falleció su autor, que contaba ochenta y nueve años. Cayó por las escaleras de la Parroquia Matriz de El Salvador y en el lugar donde murió, en medio de la Plaza de España, se alza una estatua en bronce. Se trata del primer monumento civil erigido en Canarias y el primer monumento dedicado a un canario levantado en esta Comunidad.
Por encargo de los Señores García de Aguilar y Carballo, el imaginero Aurelio Carmona López (1826-1901) esculpió una nueva cabeza, que es la que actualmente posee.
Es una talla de treinta centímetros preparada para adaptarla al Crucificado; realizada en madera policromada, destaca la expresividad del rostro en el que "Cristo tiende su mirada al infinito como implorando consuelo de su Padre Omnipotente".
El motivo de este cometido no fue otro que el de proporcionar al "cuerpo perfecto", modelado en pasta de papel y esculpido por el Cura Díaz, una cabeza que tuviera la calidad artística demandada por sus promotores, ya que la original se consideraba una obra de deficiente calidad técnica.
La cabeza original se encuentra custodiada en la sacristía de la ermita de San Sebastián de la capital palmera.
El precioso Crucificado, llamado originalmente "Señor de las Siete Palabras" (cuyas medidas son 170 cms. x 115 cms.), desfiló procesionalmente en el Viernes Santo de la Semana Santa de la ciudad hasta el año 1968, formando el Calvario de la Parroquia de San Francisco de Asís junto con la Magdalena y San Juan Evangelista.
Excepcionalmente, este Crucificado salió del templo de La Encarnación para tomar parte en la V Muestra de Arte Sacro titulada "Misterios de Muerte y Resurrección", que tuvo lugar en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, desde el 25 de abril hasta el 17 de mayo de 1992. Allí se recogieron 250 obras de arte de los siglos XVI al XX, tanto esculturas, como pinturas, grabados, orfebrería y tejidos.
SAN PEDRO BAUTISTA
Esta escultura de candelero realizada en madera tallada y policromada se venera en la única hornacina del retablo de la Epístola. Al santo franciscano se le representa con los brazos extendidos y atados a una cruz de madera y atravesado por dos lanzas. Esta iconografía fue adoptada para el santo abulense (¿?) y sus veinticinco compañeros mártires de Nagasaki en Japón, tal y como hizo en 1630 el pintor indio Lázaro Pargo Lago en su cuadro del convento de la Recoleta en Cuzco. Fue colocado entre 1705 y 1712, cuando se cita por primera vez la imagen y su "ávito de teletón honesto de China orlado con guarnicionsilla de oro"
Fue restaurada en junio de 2005 por Jorge Afonso Álvarez siendo párroco Gabriel Benítez Pérez. Se encuentra al culto en el retablo del lado de la Epístola de la única nave y estrenó nuevas vestiduras en julio de 2005 coincidiendo con la Bajada de la Virgen de Las Nieves.
Se trata de la única representación en Canarias de este Santo. Es curioso reseñar que existía una tradición en La Palma -recogida por Monteverde y Benítez en el inventario de 1855- que ponía al santo en su gentilicio como natural del término municipal palmero de Puntallana, considerándose entonces el primer Santo Canario. Su nombre propio es Juan de Oropesa y, a pesar de que aún se piensa que es palmero, se venera como patrón en San Esteban del Valle (Ávila) de donde se dice que nació. El Libro de Bautismos desapareció después de la última restauración del templo de San Juan Bautista de Puntallana, donde se dice que se había visto el registro del que sería santo mártir. Es un asunto que debería de ser investigado con más profundidad.
SAN LÁZARO
La pequeña imagen de San Lázaro es anónima, confeccionada en madera dorada y policromada de 74 cms. y anterior a 1568. La primera vez que se menciona es en el Inventario de ese año, 1568, donde consta haber "un retablo de Sant Lázaro de bulto en un tabernáculo con sus puertas, en la una de Santa Bárbora y en la otra Santa Margarita, que dio Amador Gomes". Tal y como informa el profesor Pérez Morera -tan conocedor de este templo y de sus tesoros- "junto a los retablos pictóricos, en esta época fueron muy comunes los tabernáculos en forma de nicho u hornacina, provistos casi siempre de dos puertas de cierre que servían de soporte, en la cara interior, a pinturas de santos-estatuas que quedaban a la vista cuando se abrían hacia fuera". Anterior a éste y añadido al inventario de 1568 fue otro tabernáculo de la entonces ermita de La Encarnación. Era el perteneciente a Santa Lucía en cuyas puertas aparecían pintados San Felipe y San Cristóbal, patronos de los donantes: los bachilleres Felipe Pérez y Cristóbal de Llerena.
Actualmente San Lázaro se venera en el ático del altar del mártir franciscano San Pedro Bautista, colateral del lado de la Epístola. Se encuentra sobre una ménsula semicircular encima de la única hornacina del retablo.
Pérez Morera nos aclara que es curiosa la desproporción de sus miembros "acusada especialmente en la cabeza". Esto junto a su concepción frontal "evidencian la permanencia del lenguaje medieval". El patrón de los leprosos y mendigos porta en su mano derecha las llamadas tablillas de San Lázaro, una especie de matraca que el enfermo hacía sonar para advertir a los transeúntes de su presencia. Su forma de sujetarla sugiere que la está agitando ante el espectador. En la izquierda sostiene y apoya a su hombro una bacineta -también dorada- con la que pide limosna para sobrevivir. Bajo su anacrónico sombrero redondo lleva una toca blanca con listas de color azul y rojo que sirve para mantener su pelo recogido y cubrirse del frío. Una bien tallada barba y bigote, finas cejas arqueadas, ojos grandes almendrados de mirada ensimismada y melancólica, una larga y fina nariz y anchos pómulos, son algunas de sus características visibles. Su corta túnica roja con decoración de flores doradas cae en pliegues en forma de "uve" y de aristas redondeadas -por la influencia flamenca- y deja ver unas piernas delgadas y unos pies descalzos. Su pierna izquierda está flexionada hacia atrás, lo que sugiere estar en movimiento. Un perro pequeño moteado le lame una de las llagas del empeine del pie derecho mientras es protegido por el largo manto del santo -de forro color azul- que cae hacia detrás hasta el suelo.
Se ignora la procedencia de la pieza que nos ocupa, pero se sabe que fue donada al recinto sacro por Amador Gómez entre 1558 y 1568. Según Hernández Martín, el donante figura en 1553 enviando en una carabela "12 pipas de vino encascadas, 46 quesos, 6 fs. de bizcocho, 6 fs. de harina, 6 botijas de miel de abejas…" a las islas de Cabo Verde a cambio de esclavos.
Al ser concebida la talla para colocarla en un retablo y no para usarla en procesiones, se observa que por la parte posterior su configuración es completamente plana. Ésta es otra de las características utilizadas durante el siglo XVI para la estatuaria religiosa. Por cierto, el retablo original -en una de cuyas hornacinas estaba adosada la efigie- desapareció entre los años 1658 y 1672. Finalmente fue colocado en el actual antes de 1768, una vez éste fue terminado.
La popularidad de San Lázaro -cuya onomástica es celebrada el 17 de diciembre- está probada por sus muchos patronazgos. Es el patrón de los leprosos y de los leprosarios donde se les atendía. También a ese título era invocado por los panaderos que, por superstición, se creían especialmente expuestos a la lepra a causa de su oficio. Como los leprosos pedían limosna, se convirtió también en el patrón de los mendigos, quienes en Italia se llamaban lazzaroni (de Lázaro). Por esta razón, en la Edad Media se ha representado con frecuencia la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón en los atrios de los templos, el sitio en donde se instalaban los mendigos para implorar caridad. También comparte el patronazgo de los sepultureros con Tobías y con José de Arimatea.
SANTA LUCÍA
En 1548 se inventarió por primera vez una "Santa Luzía de bulto, vestida con una saya de tornasol con faxas de razo colorado y vn sayo del mismo razo vna camyza de lienço blanco de Ruan y vna gorgera de redecilla, labrado el cabezón de negro y tocada con vna cofia de rred con vna frangida de oro y vna toca de seda, della pendiente vn joyel de plata sobredorado con vna piedra azul en medio". Así lo recoge el profesor Pérez Morera en su magnífico trabajo sobre la iglesia. Sin embargo, según Lorenzo Rodríguez, la imagen original ya estaba entronizada unas dos décadas antes del inventario mencionado. Así, cuenta que "la imagen de Santa Lucia que se puso en su retablo en 1537… "
El inventario realizado en el templo en la visita del 13 de julio de 1550 se hace una lista de los objetos robados durante el saqueo del hugonote francés "Pata de Palo", como "una joya de plata sobredorada con una piedra azul en medio de la imagen de Santa Lucía que se hurtó; unas cuentas de plata de la misma imagen que se la hurtaron…"
Hasta nuestros días, Santa Lucía -imagen de candelero de finales del siglo XVII- ha presidido el altar del lado del Evangelio, frente al de San Lázaro.
Pedro de Brito Fleitas, en unión de los restantes escribanos "del número de la isla" (por esa época ascendían a doce en toda ella) -Cristóbal Alarcón, Gaspar Simón, Tomás González, Andrés de Chávez y Andrés de Armas-, suscribió una escritura pública de compromiso en 1643, "por la devocion que nuestros antecesores han tenido y nosotros tenemos todos los años de hacerle a la bienaventurada Santa Lucia que esta en su altar de Nuestra Señora de la Encarnación", una misa solemne con sus vísperas, sermón y procesión con toda solemnidad. La celebración la hacía cada año uno de los escribanos, por turno, de forma rotatoria. (A.P.N., 1621).
La onomástica de la Patrona de los Ciegos, el 13 de diciembre (su martirio se produjo ese día del año 303), se celebraba también -como hemos visto- por devoción de los escribanos públicos, que la tenían por patrona del oficio, si bien en la ermita de La Encarnación, los festejos más importantes tenían lugar al día siguiente, 14 de diciembre. Es posible que se haya hecho así para evitar la coincidencia con las fiestas de Santa Lucía de Puntallana, a la que acudían muchos romeros en rogativas desde todos los puntos de la isla.
Hacia 1680, según escribe el licenciado Pinto de Guisla, los escribanos trasladaron esta función a la iglesia del Hospital de Dolores, "auiéndose hecho ymagen de talla de la santa que se colocó en dicho hospital". Con esta afirmación, se confirma que esta magnífica talla del Hospital, que aún existe, no es la escultura original de La Encarnación, como se pensó durante mucho tiempo.
El célebre poeta Poggio Monteverde (1632-1707) es autor de un romance satírico dedicado a la "Señora Santa Lucía, en la función que le hacen los escribanos por abogada de los ojos". Allí se burla de la avaricia de estos profesionales -los mencionados Antonio Ximénez y su compañero Juan de Alarcón-, que sólo dejan de estar "ciegos" a la vista del dinero: "Virgen, si eres protectora/de las luces oculares,/los escribanos nos quitan/los ojos por celebrarte…"
En 1700 consta que el "bulto de madera antiguo" de Santa Lucía había sido sustituido por hallarse defectuoso por una nueva imagen de candelero hecha por los devotos. El Mayordomo Vélez y Cubillas solicitó licencia para vender la retirada del culto, "porque puede ser que alguna persona que para formar de ella otra ymagen quiera dar alguna limosna". Así consta en las Cuentas de 1706, donde se anotan unos veinte reales que le dieron "de limosna por una hechura duplicada de Sancta Lucía que estaua en la hermita y se dio para un navío".
La nueva imagen parece obra de artistas locales, inspirados en modelos flamencos. En su mano lleva una palma de madera de viñátigo dorada, regalada en 1820 por el teniente coronel Miguel de Monteverde y Molina, mayordomo. Es simbología habitual de los santos mártires su representación con una palma: símbolo de la victoria del martirio sobre la muerte. Nuestra Santa la sostiene con su mano izquierda.
La actual imagen de candelero de la Santa siciliana (martirizada por orden del emperador Diocleciano a principios del siglo IV) está suntuosamente vestida como "una dama de siglo".
Esta costumbre de revestir y engalanar las imágenes con toda suerte de vestidos, jubones, sayas, cofias, tocas, pechos, alzacuellos, joyas, gargantillas, etc, motivó la condena de algunos obispos. Éstos criticaban el hecho que se vistiera a las imágenes de "Nuestra Señora y algunas sanctas tan profanamente como mujeres del siglo (…) por tanto mandamos que las imágenes que estuvieren hechas de talla con su ropaje y enmatiçadas bien y decentemente que no se uistan ni se les ponga otra vestidura encima…"
Este mandato fue anterior a esta imagen, concretamente decretado por Francisco Martínez Ceniceros el 29 de noviembre de 1602. También se repite igualmente en 1794, siendo obispo Antonio Tavira y Almazán: "Siendo la mayor parte de Ymagenes que hay en esta Iglesia de una talla hasta regular es cosa incongruente y que desdice mucho que por una deuocion mal regulada y de puro capricho les sobrepongan mantos de tela y ya que se toleran por una especie de necesidad con harto dolor nuestro Ymagenes vestidas quando no tienen mas que cabeza y manos…"
Tiene una larga cabellera de pelo natural, donado por devotas. Ha desaparecido la guirnalda de flores que coronaba su cabeza, como las santas más ilustres. Su cuidado rostro reitera el modelo arquetípico en el que, como en otras obras, la influencia flamenca es muy acusada. Su atributo personal es un platillo o fuente de plata donde están depositados sus dos ojos. Es extraño, pero ni siquiera en las antiguas pasiones ni en la Leyenda Áurea se habla del tormento de sacarle los ojos: al parecer el atributo no tiene otro fundamento que su nombre derivado de "luz".
Nos recuerda el desaparecido historiador palmero Fernández García: "Le hizo el amor un destacado señor de su pueblo que admiraba sus virtudes y estaba cautivado de sus bellos ojos, pero la Santa no quiso corresponder a los deseos de su enamorado que insistentemente seguía en sus propósitos y optó por hacerse algo en su cuerpo que fuera desagradable a su galanteador". Es aquí cuando se cuenta que la muchacha se arranca sus dos ojos y se los envía en un plato al caballero. Su hagiografía continúa contándonos cómo "El Eterno" le restituyó la vista como premio a su amor a Dios, razón por la cual el pueblo la invoca siempre como "abogada de la vista". De esta tradición histórica han tomado los artistas la forma de interpretar a la Santa. La representan con un plato en las manos y sus ojos dentro.
Esta escultura de candelero realizada en madera tallada y policromada fue restaurada en diciembre de 2004 por Verónica González Pérez siendo cura-párroco don Gabriel Benítez Pérez. Esta actuación -de 1.357,5 €- fue costeada por los feligreses de la parroquia. Presenta nuevas vestiduras realizadas en diciembre de 2004.
Una talla preciosa custodiada en un magnífico retablo que debería tener una celebración anual en la ciudad de Santa Cruz de La Palma, auspiciada, por qué no, por la ONCE y por el Barrio de La Encarnación, tan orgulloso de tener a la Patrona de los Ciegos entre los tesoros de su histórico templo.
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