Fotografía: «Les amateurs d’Art Contemporain. Banlieue de Paris, 1965 – by Gérald Bloncourt»
Aprovechando el nuevo formato y la expansión de posibilidades, inicio una nueva sección, pictórica en este caso.
Periódicamente expondremos pinturas y, haciendo honor a este blog, serán del más aquí y del más allá. O sea, de cualquier época y estilo. Ante todo, color, mucho color.
En este caso, sobran las palabras, será básicamente visual con referencia a la autoría, salvo algún caso puntual.
Iniciamos pinacoteca.
Big Sur Evening – by Simon Bull (1958, English-born artist now living in America)

Persian Miniature – by Adrian Ghenie (Rumanía, 1977)

Le Temps de Moisson (1889) – by Julien Dupre

Paul’s Cathedral (1754) – by Canaletto

Mammas and the small girls (1897) – by Carl Larsson

Untitled – by Monica Cook (b. 1974, Dalton, GA, USA)

The Birth of Venus (1435) – by Sandro Botticelli

Carnation, Lily, Lily, Rose (1885-1886) – by John Singer Sargent

Le Vent – by Jean Béraud (San Petersburgo, Rusia, 1849 – París, Francia, 1935)

Three Noble Horses – by Eyvind Earle (USA, 1916-2000)



What’s up doc? (¿qué hay de nuevo viejo?) aunque literalmente signifique doctor. Así solían comenzar los dibujos animados del “Conejo de la suerte”. El único conejo ganador de un óscar, como decía la voz en off, en la presentación.
Para los que hemos disfrutado del arte aunque no seamos especialistas, tampoco legos en la materia, Miguel nos trae una paletada amplia y diversa de color y estilos.
Parte de lo que yo suelo llamar “La escuela americana”, representada en tu “paleta” particular, que nos has obsequiado por parte de Simon Bull y Eyvind Earle, tuve ocasión de entrar en contacto con ella de forma presencial, no recuerdo bien si en el Instituto de Arte de Chicago o el de Arte Contemporáneo, en los aledaños de la Avenida Michigan, que viene a ser la calle principal de la ciudad. Allí estuve casi media hora impactado, contemplando una versión de la Gioconda, de la que adquirí una postalita al uso por 50 centavos.
Una forma de entender el arte muy al estilo fauvista de Bull con esa explosión de colores tan llamativos, ese contraste que en aquella Gioconda se volvía contestatario.
Canaleto para mí siempre ha sido pintor de escuela.
“El nacimiento de Venus”, junto con “La primavera”, fue como volver a mi más tierna juventud, una vez que las pude disfrutar en la Galleria Uffizi de Florencia. Vaya dos murales más impresionantes. Algo deteriorados por cierto.
El de Julien Dupre, me recuerda a Millet.
Vamos a darle a otros foreros espacio para sigan comentando.
Hasta luego.
Vaya clase de giro se ha dado Ud. estimado Miguel. Un placer para la vista que nos ayuda a calmar un tanto las sensaciones, que no emociones, que nos hacen sentir por estos lados.
Simon Bull me trajo a la mente inmediatamente a mi admirado Van Gogh, del que poseo algunas obras.
Y el acertado comentario del Sr. Pevalqui nos ayuda a transportarnos un poco más allá, para ir hurgando y encontrando todos los sinónimos de la exquisitez.
Muy bueno, y que se repita!
Así es amigo Pop Corn. Un giro de casi 360º, el de nuestro buen amigo Miguel, quien por otra parte nos transporte a un mundo lleno de luz y de color, como aquella “La vida es una tómbola”, que nos cantaba Marisol, con la candidez y la sonrisa en la mirada, propia de una niña que contaba apenas 9 o diez añitos.
Gracias por sus amables palabras, a las que acompaño el deseo ferviente de una Venezuela, que ahora mismo se mueve como en la siempre eterna canción de los Simon y Garfunkel “over troubled wáter” (sobre aguas turbulentas), aunque sin el “puente de por medio”, en la que existe un amplio reducto del populismo bolivariano, cuya mano ejecutiva o ejecutora, se resiste a abandonar el poder. El mandato de las urnas. Una Venezuela, al borde de una guerra civil. Que sufre el reducto de la demagogia populista, que se reafirmaba comprando los votos de muchos de sus conciudadanos a través de subvenciones, cuando el precio del crudo rondaba los 100 dólares. Que se sostenía mediáticamente con el “hallo presidente”, de forma semanal, al tiempo que reprimía de forma hostil cualquier voz crítica que se alzase en su contra, invocando a los demonios a los que siempre imploró el comunismo más cavernario. Una Venezuela hacia donde muchos canarios, amigos, familiares, fueron a matar el hambre en busca de un mundo mejor. Un país rico por los cuatro costados inmerso en la pobreza, con una inflación que ronda el 200%, víctima de la incultura y de la mala gobernanza. Ahora están a punto de escenificar aquellos personajes que tanto gustaba pintar a Van Gogh. “The rugged men in rugged cloth” (hombres desgarrados en ropas desgarradas), cantaba el cantautor norteamericano Don Mac Lean en aquella hermosísima canción que a su vez titulaba uno de los cuadros del pintor “Starry starry night” (La noche estrellada). La luz, la luz, que nos quiere mostrar nuestro admirado y reconocido Miguel…
Hasta luego.
Indudablemente que me sorprende agradablemente el cambio de ritmo de nuestra gran Miguel, de la música al arte pictorico y del arte a la música siempre sera un Blog de calidad, hoy no solamente he podido disfrutar de las obras aquí expuestas sino también de los envíos de PopCorn y del maestro pevalqui, hombre de mundo, visitador de los mejores lugares donde el arte se expone, bueno es que cuando escriba nos cuente con detalles como si de un essay de universidad fuera puntos de visto sobre el tema que hoy Miguel nos deja.
Me atrevo tambien a dejar mi comentario sobre este articulo de hoy, aqui aparece un cuadro de Simon Bull de 1958 y donde creo yo conocer el lugar, «el avila de Caracas visto desde la Urbina», se deja ver claro que el artista no es del lugar aun cuando sus colores llevan la alegria en tonos fuertes como bien puede ofrecer un atardecer.
Excelente el «Persian Minuature» de Adrian Ghenie.
Gran clasico de Sandro Botticelli ya comentado por nuestro amigo pevalqui.
El americano John Singer Sargent nos deja entusiasmado con su «Carnation, Lily, Lily, Rose»
Ritmico con bellos colores el «Three Horses»
Cuanta buena obra de arte existe por el mundo, y pensar que los hitlerianos se robaron mas de cuarenta y cinco mil obras en toda la Europa por ellos conquistada a base de tanques y cañones, cuanta obra perdida, y afortunadamente cuanta obra recuperada.
Aun cuando no podemos dejar de olvidar la inmensa perdida que nuestra cultura pictorica a dejado de apreciar por la brutalidad del entendimiento entre españoles, perdimos un millón de vidas, saquearon nuestro oro llevado al asesino de Stalin como regalo y si de obras de arte se trata cuanta miseria nos dejo tan nefasta contienda entre hermanos, nuestro arte sufrio perdidas inmensas, robos a granel y solo de Goya perdimos o están desaparecidos 67 obras como nos los dejó saber allá por el 2008 MARIANO GARCÍA. en Zaragoza Actualizada 11/03/2008 y que hoy me permito recordar y con un ruego de que nunca mas vuelva a suceder en nuestra tierra de artistas que han asombrado al mundo con sus pinceles y colores.
Decenas de obras de Goya, «en búsqueda y captura»
Los especialistas ignoran el paradero de numerosas pinturas del artista aragonés, de las que se conservan fotografías. La firma británica The Art Loss Register cifra en 67 las obras robadas.
Hay un Goya evidente y al alcance de todos, principalmente en el Prado, que atesora muchas de las obras más conocidas del pintor aragonés. Y un Goya sumergido, oculto, velado. Hace tan solo unos días, la empresa británica The Art Loss Register (ALR), que cuenta con la más importante base de datos mundial sobre obras de arte robadas, aseguraba que en sus archivos seguían constando como «desaparecidos» nada más y nada menos que 67 cuadros de Goya.
Pero la lista de obras que se sabe que han existido o existen, y de las que hace años se desconoce su paradero, es enorme.
Las obras más antiguas de Goya que se han perdido, y estas para siempre, son las que realizó para la iglesia de su localidad natal, Fuendetodos, y que desgraciadamente se destruyeron durante la guerra civil. Goya pintó en el exterior e interior de las puertas del armario relicario. Y también en el muro, encima del mueble. De todo ello solo quedan unas fotografías en blanco y negro.
Algo parecido ocurrió con «San Joaquín y Santa Ana» y «Visión de San Antonio», que se encontraban en la catedral de Valencia, y con una «Aparición de la Virgen del Pilar» que estaba en la iglesia parroquial de Urrea de Gaén. La guerra civil acabó con ellas y ahora nos podemos imaginar cómo eran por simples fotografías. Años antes, durante la Guerra de la Independencia, se perdieron los cuadros de la iglesia de San Fernando en Torrero.
El fuego, aunque por otras razones, acabó también con pinturas de gran belleza, como un retrato de Antonio Porcel, que al parecer estuvo en Granada hasta finales del siglo XIX y que después de ser comprado por el embajador argentino en España, estuvo expuesto bastante tiempo en el Jockey Club de Buenos Aires. Un incendio declarado en el edificio en 1953 acabó con buena parte de la colección de pintura de la institución. Y en ella se encontraba el retrato de Antonio Porcel, del que se conservan fotografías. En el mismo incendio pereció «El huracán», un cuadro de 73 por 100 centímetros, pero del que ahora los expertos dudan de que realmente fuera realizado por Goya, y apuntan a Eugenio Lucas como posible autor.
Viaje al extranjero
Y es que el catálogo de obras de Goya está lleno de sorpresas. «Hay cuadros desaparecidos para siempre por catástrofes o sucesos. O al menos que creemos desaparecidos para siempre. Y cuadros ocultos durante unos años y que vuelven a aparecer cuando los dueños quieren», señala el historiador del arte Arturo Ansón, especialista en la obra de Goya. Y añade: «Algunos surgen en sitios insospechados, porque sus dueños los han vendido y han acabado en el extranjero». En los primeros años de la posguerra, dadas las dificultades económicas que atravesaba nuestro país, muchas obras salieron al extranjero, aparentemente sin mayor problema.
«Un cuadro que no hemos vuelto a ver es un retrato de Bayeu que estuvo en la colección del marqués de Casa Torres -relata Arturo Ansón-. Desde principios de siglo no sabemos dónde está. Lo mismo sucede con un retrato de Ramón de Pignatelli de cuerpo entero. Se enseñaba una copia hasta ahora en el Museo de Zaragoza, pero el original sabemos que estaba en Zaragoza en 1860. ¿Qué hicieron los dueños con él? Seguramente algún día aparecerá, porque es un retrato de grandes dimensiones. El del barón de la Menglana, por ejemplo, ha aparecido no hace mucho y se está restaurando».
Como con cualquier obra de arte, las dimensiones son importantes para seguir su itinerario vital. Si la obra es de pequeñas dimensiones resulta mucho más difícil seguirle la pista. Es el caso de «Don Juan y el comendador», de 45 por 32 centímetros. O de un boceto de 22,4 por 38,7 centímetros de «La multiplicación de los panes y los peces», la monumental pintura realizada para la Santa Cueva de Cádiz.
Pierre Gassier, autor del catálogo de obras de Goya que se sigue considerando como de referencia, sitúa «La cocina de las brujas», una pequeña pintura de 45 por 32 centímetros, en México. «Pero, si es así, si verdaderamente sigue en México -apunta Arturo Ansón-, hace mucho que no sabemos nada de él». Cita también Gassier, e incluye una pequeña fotografía, un «Retrato de mujer», firmado y realizado entre 1808 y 1812, de 95 por 69 centímetros, del que aún no se sabe nada.
Piezas de origen «aragonés»
Otro retrato famoso sigue más de 70 años en paradero desconocido. Se trata de «La infanta María Isabel», pintado hacia 1800. Fue vendido en subasta por la casa Lempertz, de Colonia, en 1935. Pero los bombardeos y destrucciones que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial arrasaron los archivos de la citada casa de subastas, y se desconoce a quién fue vendido y dónde ha acabado.
Muchas de las piezas «en búsqueda y captura» se encontraban en Aragón. Un ejemplo: el aguafuerte «Un ciego cantando con su guitarra y su lazarillo», también titulado «Romance de ciego», que guarda evidente relación con el cartón para tapiz «El ciego de la guitarra». Pertenecía en 1928 al zaragozano Sebastián Monserrat, y su destino actual se ignora, ya que el ejemplar que se conserva en el Metropolitan de Nueva York -del que alguna vez se había dicho que pudiera ser el de esta colección-, fue adquirido por el museo neoyorquino con anterioridad a la venta de la colección Monserrat.
No es Goya un autor especialmente querido por los cacos, pese a esa cifra de 67 cuadros robados que esgrime la firma británica ALR. Pero hace tan solo un par de días se supo que unos ladrones se habían llevado del castillo de Voergaard, al norte de Dinamarca, el cuadro «El loco», de 58 por 45 centímetros. Precisamente ayer algunos expertos dudaban de que realmente fuera de Goya. El robo más famoso de los últimos tiempos tuvo lugar en noviembre de 2006, cuando fue sustraido durante un traslado a Nueva York «Niños del carretón». El FBI recuperó la obra días después.
«De Ramón Cabrera sabemos que Goya hizo un retrato -concluye Arturo Ansón-, y lo conocemos por una litografía posterior. Pero, ¿dónde está?». También se conocen, por grabados posteriores, un retrato de la condesa-duquesa de Benavente y una escena con el emblema del Real Instituto Militar de Madrid.