Jerónima de las Cuevas y El Greco

Un lienzo cautivador. Un lienzo que hechiza.  Un lienzo para fijar la atención.  No lo conocía pero me atrapó totalmente.  Una belleza fina y elegante, de mirada segura y penetrante.  Me parecía estar viendo a una Inés Sastre de otra época.  Lo pintó el Greco,  un genio visionario. Imaginé que le gustaba, quizás la amaba, tenía claro que para él no era una mujer cualquiera.  Su pincel mimó su aura otorgándole la invisible chispa de la vida, de la vida eterna. De alguna manera me recordaba a Cecilia Gallerani, la joven muchacha de La Dama del Armiño, de Leonardo da Vinci. No tanto física ni estéticamente (una morena, la otra rubia – vendrían a ser la Gina y la Clelia de La Cartuja de Parma de Stendhal), sino en la similitud de ser jóvenes inmortalizadas en la flor de la belleza por dos auténticos maestros.  

No me quedó más remedio que investigar. Quería saber quién era ella, porqué la pintó El Greco y descifrar algunos secretos. Pronto me encontré que, efectivamente, el secreto es el común denominador del cuadro.

Curiosamente también es conocido con el mismo nombre que el cuadro de Da Vinci: La Dama del Armiño (100 años de diferencia entre ambas: 1480 – 1580).

Se llama Jerónima de las Cuevas (su nombre le hace honor: tiene solera), amante del pintor y única mujer que le dio un hijo, su querido e inseparable Jorge Manuel.  Tuvieron relaciones al poco de llegar El Greco a Toledo.

Poco se sabe de ella. Algunos especialistas la sitúan como perteneciente a la nobleza toledana (aunque en los archivos no aparezcan nobles con estos apellidos). Se ha sugerido que doña Jerónima sería de ascendencia morisca. Lo que es seguro es que no se casaron. En el poder que firmó para su hijo Doménikos dice:

"…tengo tratado e comunicado con Jorge Manuel Theotocopuli mi hijo y de Doña Gerónima de las Cuevas, que es persona de confianza y de buena conciencia lo que cerca de ello se a de hazer".

Mucho se ha especulado sobre porque no se casaron. Unos dicen que ella murió joven (justo al dar a luz su hijo). Otros dicen que su amor era imposible (por la diferencia social) y que tras tener un hijo fuera del matrimonio Jerónima fue recluida de por vida en un convento.

Toledo es ciudad de misterios y leyendas. Por supuesto esta historia la tiene. Una especie de Romeo y Julieta toledano. Nada explica mejor todos los misterios que rodean al cuadro.

La leyenda dice así:

Al poco de llegar a Toledo El Greco (llamado así por estar su tierra lejana) pintaba un retrato encargado por un noble toledano, don Diego de las Cuevas, que frecuentemente posaba acompañado por su bella hija, doña Jerónima. Ella asistía impresionada por la facilidad del pintor para pintar a su padre.  

Jerónima observaba el estudio de El Greco lleno de tarros de pinturas y pinceles. Lo que más le llamó la atención fue una redoma que destacaba entre las demás, de color verdoso y elegante forma.

Doménico aprovechó la curiosidad de Jerónima para hablarle. Le contó que se lo encontró por casualidad en los subterráneos de la casa y que tras traducir un pergamino se enteró que era un elixir mágico de tal poder que si un hombre y una mujer respiraban una sola vez su perfume, quedarían enamorados para siempre.

Ya se despedían cuando Jerónima echó en falta un pañuelo que traía. El Greco le acompañó. Al intentar recogerlo Jerónima cayó con tan mala suerte de empujar la redoma, cayéndose esta al suelo haciéndose mil pedazos. De forma instantánea un intenso aroma perfumó la habitación mientras ambos reían recordando lo anterior.

Se enamoran y quedan furtivamente en diferentes lugares de la ciudad, siempre a escondidas. Doménico decide pedir la mano a su padre pero él se opone porque ya tenía intereses puestos en casar a su hija con un noble toledano. Le advirtió que la encerraría en un convento si perseveraba en la idea de casarse con un mísero pintor, además extranjero.

Pese a las advertencias, siguieron viéndose a escondidas, hasta que una noche Doménico fue atacado por tres jóvenes.  Desenvainaron acero toledano, el cretense se defendió bravamente, incluso estuvo a punto de perder la vida. Finalmente hirió a uno de ellos, momento que aprovechó para perderse por los callejones de Toledo.

Al día siguiente, una criada de don Diego visitó la casa del pintor y le contó que la mala suerte había querido que el joven al que hirió la pasada noche fuera primo y pretendiente de doña Jerónima, habiendo muerto hacía pocas horas…

Esa misma semana doña Jerónima entraba como novicia en un convento.

Casi pasado un año sonaron fuertes golpes en la casa del pintor. La vieja sirvienta lo llamaba a gritos. Había encontrado en el suelo un cestillo con un niño de escasos meses, y junto a él una escueta nota donde se leía:

"Cuidad de él; es vuestro hijo Jorge Manuel. Su madre, Jerónima de las Cuevas murió ayer, y su deseo es que Vos lo criéis".

Esta fue su última voluntad antes de morir en el convento.

Con gran tristeza Doménicos volvió a su estudio, donde estaba perfeccionando un retrato de doña Jerónima que estaba haciendo conforme la recordaba. Con el niño en brazos, tomó un pincel y moteó de negro el manto blanco del retrato de la que fuera su amada. Así, con tales señas, ha llegado hasta nuestros días, la imagen de "La Dama del Armiño".

 

COMENTARIOS (3)

  1. Eduardo Cabrera Capote dice:

    Emotiva y bella historia. El cuadro es verdaderamente magnífico

  2. Ana Molina Carballo dice:

    En el último Dias de Cine, enseñaron un libro, creo que de Eiseinstein, sobre el Greco, afirmando que en cuanto a elección de planos, puesta en escena, encuadre e iluminación, actitud… todo el cine estaba en El Greco.

    Estaba medio dormido pero me dejaron patidifuso.

  3. Juan C. Bartolomé dice:

    Muchas gracias Luis, me alegro que le haya gustado el
    cuadro.

    Ificrates también vi el programa que comentas y me sorprendió igualmente. Al principio no sabía cual era la relación, hasta que la explicaron. Atrevida y curiosa
    tesis. Si bien es verdad que El Greco fue un genio visionario y hay más personas que piensan un poco así.

Los comentarios están cerrados.

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