He vuelto a ver esta película después de hacerlo por vez primera, que ocurrió cuando su estreno en el cine allá por el año 2008. Y como en su momento, las sensaciones no han podido ser mejores. Suponiendo que quedarte helado sea una buena sensación. Porque en el cine me quedé petrificado, sin poder levantarme de la butaca; ahora en un salón rodeado de amigos me quedé mudo, un rato sin palabras. Pero de eso se trata el gran cine: de provocarte sentimientos, de llevarte a la reflexión, de hacerte sentir pasiones en tu interior. Por eso, entre otras cosas, me meto dentro de un cine (cada vez menos, por desgracia). Casi podríamos decir que una película es mejor cuanto más tiempo te mantenga reflexionando. Y Revolutionary Road es de esa clase de películas. Te despiertas al día siguiente y te sorprendes pensando en sus personajes. Seguramente porque soñaste con ellos.
El director, Sam Mendes, basándose en la novela homónima de Richard Yates, nos ofrece un crudo relato: todo un puñetazo al manual de convenciones y al llamado sueño americano. Se desarrolla en la periferia de la ciudad de Connecticut, donde vive el joven matrimonio Wheeler (Frank y April), en el EEUU de los años 50. Ambos tienen sus ideales y se consideran especiales, diferentes al resto, pero poco a poco se ven atrapados por la rutinaria vida de la clase media, lo que hace que las suyas finalmente no se diferencien de las de sus vecinos.
Él desea viajar y escapar de la rutina, pero tiene su estable trabajo de oficina que detesta pero cumple con profesionalidad. Ella sueña con ser actriz, pero se convierte en una esmerada ama de casa que cuida de sus dos hijos. No son felices y April intenta cambiar el color gris de sus vidas. Trama un arriesgado y aventurero plan para viajar a París a vivir como bohemios. Pero no es tan fácil como parece. A partir de ese momento el amor se empieza a resquebrajar. Antes que amantes son individuos y entre ambos se produce una lucha llena de amargas riñas y discusiones, lo que les llevará a elegir entre dejar que todo permanezca igual o lanzarse a perseguir sus sueños. Frank es más acomodado. April es más valiente. Y Sam Mendes se sumerge en la psique de los Wheeler y comprobamos que las fachadas de las bonitas casas suburbanas no son tan relucientes en su interior como parecen por fuera.
La ópera prima de Sam Mendes es American Beauty. Que también es una crítica visión del sueño americano. Pero más edulcorado. Más accesible para todos los públicos. Revolutionary Road es más cruda. Menos comercial. Y aunque critica las bases que crearon los Estados Unidos, creo que es una película universal. El desamor lo es. Y en gran parte esta película trata sobre el desamor. Y para que haya desamor, previamente tiene que haber amor. Sam Mendes, con maestría, por medio de evocadores flash backs, nos recuerda los idílicos comienzos de la pareja. Y comprendemos que están enamorados; o lo estaban. Mas el paso de la vida, los sueños incumplidos, la sociedad que los somete (y por la que se dejan someter), la hipocresía de esa misma sociedad que no comprende y se burla de los que se salen, o desean salirse del sistema establecido; todo juega en contra y suma en la degradación de la relación. Un poco menos, un poco más, muchos se verán reflejados. Pero cuenta una verdad, y las verdades son difíciles de aceptar. Mendes golpea salvajemente y no esconde nada por doloroso que sea. Revolutionary Road es tan buena como devastadora.
Mención especial merecen los actores. Es el reencuentro de Leonardo Dicaprio y Kate Winslet once años después de Titanic. El reencuentro es por todo lo alto. Dicaprio está en plena forma, magnífico. Refleja a un hombre derrotado que esconde sus emociones. Y lo de Kate Winslet, como dijo un crítico de cine, está más allá del elogio. Su papel es glorioso, es increíble el grado de compromiso que mantiene con sus personajes. April es de lo más soberbio que he visto nunca. Una mujer que se rebela contra su destino y lucha por sus sueños, aunque ello le haga enfrentarse al mundo, aunque ello destruya sus certidumbres. April es una interpretación que está por encima del bien y del mal.
Kate Winslet es mi actriz favorita. La considero la mejor actriz de su generación. Aunque para evitarnos cierta diplomacia y estar en consonancia con la película, les diré que para mí es la mejor actriz del mundo. Y para seguir siendo sinceros todavía les añadiré que la considero una diosa del celuloide. Yo pago una entrada de cine solo por verla: su interpretación ya merece la pena. Es una mujer que siempre me la creo, sea cual sea su papel. Aunque normalmente tiene tan buen gusto, y sabe elegir tan bien su carrera, que te garantiza un buen film más allá de su actuación. Estoy convencido de que cuando se retire, quizás antes, su nombre se convertirá en ejemplo de elogio. Igual que se dice que tal actriz, por poner un ejemplo, es una Greta Garbo, se dirá esa chica es una Kate Winslet. Hablamos de una actriz de época.
Nunca comprenderé como no la nominaron al Oscar por el papel de April de Revolutionary Road. Lo curioso es que ese año fue cuando ganó el Oscar, 2008, pero por otra película: El Lector -The Reader- (maravillosa interpretación que también fui a ver al cine). Quizás eso mismo que les cuento explica el asunto. Los premios no dejan de ser política. Si no fuera así, la nominación a mejor actriz tendría que haber sido diferente a la de otras ocasiones. Igualmente hubiesen tenido que aparecer cinco nominadas, pero entre ellas dos veces la misma actriz, Kate Winslet: una por el Lector y otra por Revolutionary Road. O sea, jugaría con dos boletos en vez de uno como las tres actrices restantes. ¿Qué nunca ha ocurrido? Ella se lo merece, ella se lo trabajó, hacer esas dos grandes interpretaciones el mismo año no está al alcance de cualquiera. Y aunque la Academia de los Oscars no tenga cabida para el talento de una actriz tan descomunal como Kate Winslet, y ella ponga en jaque las normas, no deja de ser una injusticia. Y como les digo: a mí no me cabe en la cabeza.
De todas formas, los premios son subjetivos, nunca nos pondrán de acuerdo a todos. Tenemos que saber que nadie es mejor o peor por tener más o menos premios. Hay que darle la justa importancia. Porque Kate Winslet solo tiene un Oscar, pero personalmente creo que ya debería tener unos cuantos más: concretamente un saco. Hay algunas actrices que tienen más y no creo que tengan ni más talento, ni mejores carreras. Sin embargo, ese año sí que le dieron el Globo de Oro a la mejor interpretación femenina por la película de la que les hablo: Revolutionary Road. Los Globos de Oro son los premios que da la crítica de Nueva York antes de los Oscars. Muchas veces son más fiables. Y muchas veces estoy más de acuerdo con sus decisiones (este es un claro ejemplo). La Academia tiende a ser más conservadora, mira más al pasado y les cuesta más arriesgar; los Globos de oro son más transgresores, miran más al futuro y tienen menos problema por arriesgarse.
También merece la pena nombrar al actor Michael Shannon, que hace de loco (tiene problemas mentales y ha estado en varios centros psiquiátricos) y ganó el Oscar como mejor actor secundario por dicho papel. Los locos a veces son los más cuerdos, lo más lúcidos, y con su perspicacia dicen cosas que otros no ven o no se atreven a decir. En una reunión hogareña suelta una cuantas frases demoledoras a los Wheeler. Sin ambages, atreviéndose a desafiar la falsedad que se esconde en cada casa. Algunas de esas frases impactan. April puede que se lo tome mejor que Frank. Quizás porque está tan desencantada que prefiere saber las verdades que le dice un loco, como si se sometiera voluntariamente a una especie de psicoterapia. Pero que se lo tome mejor no quiere decir que no le afecte. Incluso puede que le provoque más daño, porque ella no intentará engañarse a si misma.
En general la película ha tenido buenas críticas, incluso excelentes, pero algunas no tan favorables se refieren a que los niños casi no salen, como si no existieran. Es verdad que salen poco, más bien al principio, y que es una presencia más testimonial que otra cosa. La película profundiza en la relación entre Frank y April. En ese sentido los hijos tienen poca cabida. Sabes que existen pero poco más. La película dura 120 minutos. No puede salir todo. Sam Mendes eligió centrarse en la psique del matrimonio. Y yo estoy de acuerdo con esa decisión.
Pudiera parecer que ya completé mi ciclo en lo que al capítulo Revolutionary Road se refiere. Pero está lejos de ser así. Me falta verla una tercera vez, en versión original. Tengo que escuchar a esos actores con sus voces propias y en su idioma. A Kate y a Leonardo, imperdonable no hacerlo; que pareja de actores. A fin de cuentas he visto media interpretación. También me falta conseguir la novela de Richard Yates. Hablan muy bien de ella. La decisión ya está tomada. Me la agenciaré y me la leeré. Cuando una película me gusta mucho no tengo problemas en invertir el proceso (normalmente es al revés: primero libro y luego película). Revolutionary Road me despierta tanta curiosidad y fascinación que el libro inevitablemente tendrá que pasar por mis manos. Será complicado no ponerles las caras de Leonardo Dicaprio y Kate Winslet a los personajes literarios de Frank y April Wheeler mientras los leo. Pero eso no será mayor problema, al contrario: será toda una suerte.
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Trailer oficial en versión original.
http://www.youtube.com/watch?v=r5XnOW-4Xxg
Trailer oficial en español.
http://www.youtube.com/watch?v=FBo_avFuBx8
Cartel de la película.
http://cine.coveralia.com/caratulas/Revolutionary-Road-Cartel.php


Magnífico comentario acerca de la película. Quizá demasiado extenso. Aunque posteriormente tocaras otros temas transversales respecto del film.
Honestamente, no le he visto. Si que que vi American Beauty.
El video que has colgado de Youtube, lo he visionado y escuchado tres veces. Verdaderamente remarkable
Recordaba, a propósito, otras discusiones casi escabrosas del mundo del cine como las que protagonizaban Liz Taylor y Richard Burton en ¿Quién teme a Virgina Wolf?. Y la misma Elizabeth Taylor con Paul Newman en "La gata sobre el tejado de zinc".
Gracias Miguel.
¡Qué grande es el cine!
Buenas noches. Saludos cordiales
Buenisimos actores a los que me gusta ver madurar. Muy acertado Miguel.
Gracias por sus palabras e interés Celia. Pues si, grandísimos actores que maduran ante nuestros ojos mientras no dejan de crecer artísticamente. Quien pudiera inmortalizarse para la posteridad así.
Igualmente gracias a camarada Pevalqui por sus palabras y su crítica constructiva.
Pues en esta escena escabrosa como la llama falta justamente el final. Yo le hubiera dado el tijeretazo unos segundos después. Porque a continuación April le dice a Frank: “¿Nos podemos ir ya?”. Se lo dice con una indiferencia casi insultante. Diría que hasta más insultante que las palabras hirientes que le dijo.
La verdad que viendo a posteriori mi artículo me doy cuenta que he realizado un auténtico alegato a favor de Kate Winslet. Siempre intento ser en la medida de lo posible objetivo. Aunque la objetividad no existe. Mejor decir que buscamos la imparcialidad o neutralidad, o acercarnos a ella. Mientras escribía era consciente que me apasionaba pero aún así no pude hacer nada por evitarlo, ni lo pretendía. Pero que menos para una actriz que me ha provocado ir al cine solo por verla. Como dije, yo fui a El Léctor y a Revolutionary Road básicamente por ella. Eso tiene mucho mérito y es de agradecer.
Añadir que los Premios Globos de Oro si estuvieron más cerca de la propuesta que yo dije. Porque Kate Winslet ese año 2008 recibió los dos globos de oro: como mejor actriz principal por Revolutionary Road y como mejor actriz secundaria por El Lector (no se si alguien más lo habrá logrado). O sea, ellos si tuvieron claro que se merecía los dos. Quizás el sistema no ofrece la posibilidad de la doble candidatura a principal pero también puede ser más salomónico así (aunque El Lector es un papel principal).
Pero quiero recalcar que en esta película el equipo lo forma la santísima trinidad. Porque pedazo de actor Leonardo Dicaprio, pocos pueden estar a la altura de Winslet como él. Y grandísimo director Sam Mendes. Su dirección es impecable. En el artículo no lo digo porque ya era excesivo, y aún así posiblemente lo fui. Pero me gusta especialmente el final de la película. Desde el principio está bien estructurada y nos guía en la intimidad de la pareja y en su círculo social: amigos, trabajo, etcétera… pero el final me parece de una maestría absoluta. Por medio de la música (un piano maravilloso) y una especie de densidad poética, nos deja en vilo y nos sumerge en el drama pero sin dejar de disfrutar el arte. La opresiva atmósfera casi la podemos tocar. Me quito el sombrero.
Como nota del corazón, que tampoco me apetecía poner en el artículo, decir que el director Sam Mendes era el marido de Kate Winslet en el momento del rodaje de la película. Estuvieron casados desde 2003 a 2010 y tienen un hijo varón en común.
Como fe de errores y nota correctora comentar que los Globos de Oro no los otorga la crítica de Nueva York como dije sino la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood. Es lo que se llama la antesala de Los Oscars.
Saludos cordiales y viva el gran cine que nos hace vivir otras vidas y reflexionar sobre nosotros mismos.
Y vivan vuestras vivencias y conocimiento, que nos enseñan a mirar, a ver y a escuchar.
Enhorbuena.