¡Mi reino por un caballo!

¡Mi reino por un caballo!

Como si de Hamlet, calavera en mano recitando el ser o no ser me tratase, pero, por suerte, con mi calavera en su sitio, sobre hombros no tan robustos como parecen, y con la mano mesando indulgentemente la barbilla,  no pude evitar que dentro de las paredes de ese mi cráneo resonase insistentemente la frase  ¡mi reino por un caballo! cuando leí la noticia de que habían encontrado los restos de Ricardo III debajo de un aparcamiento municipal en la localidad inglesa de Lesceiter.

El querido culpable de que ello haya sucedido es un tal William Shakespeare. Su pluma prodigiosa creó personajes que desafían el tiempo, personajes inmortales que viven a través del reflejo del papel; un espejo que nos muestra lo humano de forma tan vívida que dichos personajes parecen ser de carne y hueso. Son fantasmas que vagan entre nosotros pobres mortales.  Porque ¿quién sería para mi Ricardo III si no fuera por El Bardo? Pues simplemente no lo conocería, o sería  uno de tantos reyes en los que te pierdes entre generaciones y números romanos. Pero no, gracias a él para mí siempre será un tirano deforme e inmisericorde. Que eso esté más o menos cerca de la realidad es improcedente, da igual. Contra Shakespeare no se puede luchar, ni queremos ni lo pretendemos, su intelecto era superior y su originalidad estelar; y yo fiel súbdito a sus pies me arrojo, prefiriendo vivir antes en su divertida imaginación que en la aburrida realidad.

El equipo de la Universidad de Leceister encargado del estudio y del hallazgo nos confirma que pertenecen al monarca "más allá de toda duda razonable". Yo no tengo motivos para dudarlo. ¿Si no dudo de Shakespeare, como voy a hacerlo de un equipo científico que ha utilizado las más modernas técnicas de investigación?  Y es que para resolver estos enigmas ya se unen diferentes ciencias así como ciencias aplicadas, en este caso historia, antropología y genética forense. A través del detenido estudio de mapas y documentos se localizó el esqueleto, luego se utilizaron técnicas de radiocarbono para situar la fecha del entierro (margen de error entre 80 y 100 años), más un análisis forense de los huesos que concluyó que era un hombre en torno a los 30 años (Ricardo III tenía 32), para incluso sumarle una prueba de ADN entre el esqueleto y el de Michael Ibsen, un carpintero canadiense descendiente de Ana de York (hermana del soberano), que desde hace cinco lustros vive en Lesceiter (decimoséptima generación a partir de Ana). El resultado es concluyente, es Ricardo III más allá de toda duda razonable. Y yo no tengo motivos para dudarlo. ¿Cómo los voy a tener si no dudo de Shakespeare?

Durante décadas los habitantes de Lesceiter aparcaban sus coches sobre los restos de Ricardo III. De saberlo más de uno hubiese aparcado en otro sitio, por temor a represalias conociendo la famosa ira del monarca, no fuera a ser que como una maldición faraónica y egipcia desatase su furia por profanarlo. Se preguntarán como estaba debajo de un parking. Pues porque en esa zona, hasta el siglo XVII, se encontraba la iglesia de Greyfriars, donde fue enterrado sin pompa alguna tras la batalla en la que murió: la gran batalla de Bosworth.

El esqueleto tenía daños en la calavera que sugiere que murió en el campo de batalla tal como dice la historia y tal como nos dice Shakespeare. También tenía curvaturas en la espina dorsal que revelan escoliosis: una desviación de la columna vertebral motivada por diferentes causas. Shakespeare lo inmortalizó como un villano jorobado, tremendamente ambicioso y cruel. Ricardo III (1452-1485) fue el último monarca de la Casa York. Su ascensión al trono se produjo tras la muerte de Eduardo IV (su hermano). Los siguientes en la línea de sucesión eran los hijos (sobrinos de Ricardo III), Eduardo V, de 12 años y Ricardo, duque de York, de 9. Ricardo se erigió en lord Protector, y por dicho motivo tuvo disputas con la madre del joven rey, Elizabeth Woodville. Ricardo III se llevó a los dos niños a la fortaleza de la Torre de Londres. Siempre se sospechó que los asesinó o los mandó a asesinar. Pero hay controversia. Lo que es cierto es que desaparecieron y que sus cuerpos nunca han sido encontrados. El 22 de junio de 1483, en la Catedral de San Pablo, se dictó una sentencia declarando ilegítimo el matrimonio entre Eduardo IV y Elizabeth, por lo que era Ricardo, y no su sobrino, el rey legítimo. Ricardo III sufrió varias rebeliones. El 22 de agosto de 1485, después de dos años de reinado,  participó contra la que le presentó Enrique Tudor, en la batalla de Bosworth. Finalmente perdió, pero se dice que combatió con bravura, con heroicidad, y que solitariamente casi llegó hasta la altura del  propio Enrique, momento en el que se vio rodeado y asesinado. Su muerte significó el derrocamiento de la casa York y el advenimiento de la casa Tudor. El propio Enrique se encargó de que fuera enterrado sin ninguna grandeza y su propaganda quiso que fuera olvidado.

Ricardo III, en la obra de Shakespeare, está considerada una de sus primeras historias, cronológicamente hablando. Es un melodrama un tanto desigual, aunque sigue teniendo mucha vitalidad. El drama se centra en Ricardo III, siendo su principal protagonista; por el contrario, los demás personajes no son muy importantes que digamos. Ricardo III es cruel, ambicioso, vengativo… pero tiene un escandaloso atractivo. Su gran poder es una misteriosa mezcla entre terror y encanto, un poder que cae irreversiblemente sobre el público y los otros personajes. Asistimos atónitos y fascinados a su seducción masoquista de lady Ana, a cuyo marido y suegro ha asesinado. Ricardo no conoce la piedad, y nos convierte en bestias a todos nosotros; su triunfalismo es autoconsciente. Ricardo es más crudo que Yago y Edmundo, y sin embargo es precursor de ambos.

En el siguiente pasaje, Shakespeare nos muestra la nueva clase de comedia perversa que creó. Es el regocijo de Ricardo después de la seducción de Ana:

¿Fue alguna vez una mujer cortejada con este talante?

¿Fue alguna vez una mujer ganada con este talante?

La tengo, pero no la guardaré mucho tiempo.

Vaya, yo que maté a su marido y a su padre;

Tomarla en el más extremo odio de su corazón,

Con maldiciones en su boca, lágrimas en sus ojos,

Sangriento testigo de su odio allí al lado,

Teniendo a Dios, a su conciencia y a ese féretro contra mi

Y yo, ningún amigo que apoyara en modo alguno mi solicitud:

Salvo el diablo mismo y unas miradas disimuladas

¡Y sin embargo ganarla, el mundo entero contra nada!

¡Ja!

(…)

En 1951, Josephine Tey escribió una hábil novela llamada The Daughter of Time (La hija del tiempo). En el relato, un inspector de Scotland Yard, postrado en cama y ayudado por un joven investigador estadounidense, intenta limpiar a Ricardo de sus crímenes, incluido el asesinato  de los pequeños príncipes en la Torre. Su defensa es vigorosa y algunos historiadores confirman su buen juicio. Pero implícitamente se convierte en una útil guía de uno de los logros de Shakespeare en Ricardo III: su permanente imposición en nuestras imaginaciones de la versión oficial de los Tudor para la historia. Implícitamente, como decimos, Josephine Tey reconoce que es imposible luchar contra Shakespeare y vencerle.

En 1996, el gran actor Al Pacino estrenó un singular proyecto. Looking for Richard es una película donde nos presenta la obra Ricardo III de William Shakespeare desde diferentes perspectivas. La comprensión de los personajes, el estudio del contexto, la puesta en escena… y así vamos profundizando, linealmente, entre ensayos, conversaciones y actuaciones teatrales, hasta conformar la obra. Es como una perfecta mezcla entre teatro, cine y documental.

A los que les guste el teatro, les encantará. A los que no sean tan seguidores les dará una visión más completa y puede que les abra el apetito teatral. Además, tiene el componente de estudiar al genial e irresistible Shakespeare, y ya se sabe que todo lo que gira en torno a su obra y figura es realmente fascinante. Rizando el rizo puede que a alguno le provoque ganas de ir a buscar y desempolvar su viejo libro de Shakespeare para leerse Ricardo III (amén de otras obras de tal insigne escritor).

He aquí el trailer.

http://www.youtube.com/watch?v=nVgdtcNwIGQ

 

Quizás algunos temen que los nuevos descubrimientos que arrojen las investigaciones del esqueleto de Ricardo III vayan contra la obra de Shakespeare. Yo no lo temo en absoluto. Me parece bien que la ciencia investigue y aporte luz pero también tengo claro que contra la gran literatura no se puede luchar. En este caso es luchar contra Shakespeare, un monstruo de la escritura, el inventor de lo humano a través del negro sobre el blanco en el papel. Y eso es imposible. Para mi Ricardo III, diga lo que diga la historia, diga lo que diga mi escepticismo, siempre será un tirano deforme cruel e inmisericorde. Creo que el propio Ricardo III, ahora que ha vuelto entre nosotros,  observará absorto e incrédulo su reputación. Si se aventurara a estudiar la figura de Shakespeare, se daría cuenta de la imposibilidad de lavar su nombre, por lo que quizás ni lo intentara, lo dejaría todo igual y lo preferiría así, porque a fin de cuentas, así ha pasado a la historia y por eso es tan famoso. Incluso puede que  le diese las gracias y se vanagloriase.

¡Mi reino por un caballo!

Observo la frase. La estudio. Intento penetrar en ella. Y pienso que la he dicho unas cuantas veces a lo largo de mi vida. La he parafraseado. De diferentes formas. He cambiado caballo por las cosas más banales que se puedan imaginar,  o por las cosas más trascendentales que yo pueda creer. Ricardo III la exclamaba una y otra vez cuando perdió su caballo en el campo de batalla al sentirse solo y desprotegido; se aferraba ferozmente a su espada. Pienso en la grandeza de Shakespeare. Como ha conseguido que utilice una frase de un idioma que no es el mío casi 400 años después de su muerte y que juegue con ella como si fuera  un comodín que puede ser todo o nada. Ha conseguido que ubique en la historia a un personaje tras aparecer sus restos más de 500 años después de fallecer.  Mi reino por un caballo; mi reino por un caballo me digo insistentemente…  mi reino por un poco de su inmortalidad, por más minúscula que sea clamo entre dientes.

 

COMENTARIOS (12)

  1. Queen dice:

    Cuando ciertos sustantivos se escriben con mayúscula: Historia, Literatura, Cultura y, además, se habla de Shakespeare… hasta los reyes jorbados y malvados se enderezan… y uno, que de eso sabe más bien poco, lee, celebra y calla.

    Tratamos de aprender. Algo es algo. Gracias por el "repaso" don Miguel.

  2. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Luego de leer temprano esta entrada del amigo Miguel, creo que hoy voy a tener un día de locura bastante más calmada, tipo Orinoco Flow de Enya

    Déjame navegar, déjame navegar,
    deja fluir al Orinoco,
    déjame alcanzar, déjame costear
    en las costas de Tripoli.

    Déjame navegar, déjame navegar,
    déjame chocar con tu costa,
    déjame alcanzar, déjame costear
    más allá del Mar Amarillo.

    navega, navega, navega
    navega, navega, navega
    navega, navega, navega
    navega, navega, navega

    http://www.youtube.com/watch?v=JaHpHcCwMcc

    y también un poco de Air, con unos recuerdos lejanos, aunque quizás no tanto

    http://www.youtube.com/watch?v=NINOxRxze9k

    Que estén bien!

  3. Luis Rollán dice:

    Ricardo III "el jorobado". Shakespeare, el Cervantes de la Lengua Inglesa.

    Recuerdos de Stratford upon Avon, ciudad natal de Shakespeare, paseando a través de sus canales regados por el río Avon, aprovechando el estiaje.

    Teatro especialmente diseñado para representar las obras de tan insigne autor, especialmente en Verano.

    Inglaterra, desde el smooth sureño, pasando por las hilly mountains, hasta la Región de los Lagos en Windemere. Digno del nacimiento del genio.

    Confieso que no me gusta la novela histórica. Y si me gusta Shakespeare.

    That is the question (Esa es la cosa), que hubiera dicho nuestro admirado D. Genaro.

    Buenas tardes. Saludos cordiales.

  4. Luis Rollán dice:

    Miguel, no podemos abandonar la parte musical de tu blog. Sólo para reconerle a nuestro amigo Atila, su excelente aporte, como tal como nos tiene acostumbrados. Hubo un Verano, unas vacaciones, concretamente hace 14 años en que me desayunaba con la música de fondo de Enya. Estupenda cantante irlandesa, a quien ya conocía.

    Hasta luego

  5. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Sus palabras siempre denotan un conocimiento de la vida que ya muchos quisiétamos poseer, estimado Pevalqui. La animadversión no tiene cabida ni raíces en sus apariciones. Gracias por hacerme la segunda como decimos por aquí en el tema propuesto, pero la verdad sea dicha, he leído por obligación a los autores citados hace ya un montón de años, y no me han dejado mucho arraigo.

    Aparte de que como ya todos sabemos, lo que hay son más bien desencuentros debido a los cambios de latitud; no es lo mismo bailar una charanga o cualquier otro ritmo pegajoso en una disco de digamos Los Llanos, a bailarla en un tugurio de Petare. La diferencia es abismal, pero porcentualmente sumando hacia el Oeste.

    Lástima que no le haya dado a Ud. por atemperar algunas entradas que se dan en otros sitios de este periódico digital, estoy seguro que se calmarían mucho los ánimos.

    Mis más sinceras expresiones de amistad!

  6. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Disculpa amigo Miguel, no pretendo llevar este post tan interesante a mi albedrío, pero es que tengo que postear esta canción:

    http://www.youtube.com/watch?v=96NzAzGIWoI

    Gracias por la tolerancia!

  7. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Y esta…

    http://www.youtube.com/watch?v=Fef354X6UeM

  8. José Amaro Carrillo Rodríguez dice:

    Querido Miguel: tu brillante artículo estimula la imaginación. Tras leerlo con detenimiento he tenido un súbito pálpito. Ya sé dónde hallarán los restos de don Juan Carlos de Borbón dentro de seiscientos años: bajo los aparcamientos de un casino de EuroVegas, en El Escorial. Fijo. O ahí o debajo de un cocotero en las Islas Caimán, verdadero paraíso de los exilios fiscales.
    Saludos cordiales y feliz carnaval.

  9. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Y yo dónde estaré?

    He dado instrucciones de que me vuelvan cenizas, y que éstas sean lanzadas al mar mirando al Este. Serán capaces de cumplir el mandato?

    Ese negro, asqueante, nauseabundo hueco no lo quiero para mí, ni para nadie de los que quiero. La levedad del ser no se merece que la enclaustren en un foso asqueroso. Lo que quede del ser inmaterial debe ser compaginado con lo que admiramos.

    Tantas batallas libradas y todo va a parar en un hueco?

    NOOO!!!!

  10. Juan C. Bartolomé dice:

    Atila, la verdad que no he pensado que quiero que hagan conmigo, o lo que quede de mí, tras mi muerte. Buen interrogante. ¿Qué me metan en un agujero bajo tierra? ¿Qué me quemen y me conviertan en cenizas? No se, no se… quizás inventaría algo nuevo. Soy un tanto volátil y disperso, también independiente. Si fuera por mí, como en esas películas de ciencia ficción, una vez que mi muerte fuera segura, como por arte de magia, me gustaría que mi cuerpo desapareciese. Así no molestaría a nadie y me iría tranquilo al otro mundo. Aunque si lo pienso, si actúo de esa forma anulo otra posibilidad: congelar mi cuerpo (criónica) para aprovechar la posibilidad de que en un futuro la ciencia fuera capaz de reanimar a los muertos. No se, no se…

    Sobre las canciones y demás. Considérate en tu casa. Me gusta que la gente se sienta en su libre albedrío. Que reine la armonía, la paz y la alegría (suena casi a sermón de iglesia); y que cumplas muchos más (esto ya suena a cumpleaños). Gracias y déjame decirte que me gusta mucho Enya y Air. Creo que están en sintonía con este artículo. Sobre todo Enya, personalmente se me hace una música ideal para viajar a través de los tiempos. Con Enya soy capaz de retrotraerme para visitar a Ricardo III cuando estaba vivo y su aire era tan desenvuelto como maléfico. Está decidido Atila, la banda sonora de este artículo es la canción que has enviado de Enya. Como caballo al reino.

    A José Amaro muchas gracias por sus palabras. Siguiendo el juego de imaginación, yo imagino un futuro al estilo de la película El Planeta de los Simios. Una civilización futura (o una avanzadilla; o quizás un comando atrapado en una misión), una vez extinguida la nuestra, explorando el planeta y encontrando en el centro de España, asomando entre los polvos de la Meseta, los restos de un mega casino. Y debajo varias criptas, al estilo faraónico, con las siguientes inscripciones: Juan Carlos, Esperanza y Marianico. Y una leyenda que pone “En España hubo un tiempo en donde se podía ir de norte al sur y viceversa sin dejar de pisar un green de golf y sin dejar de tener un casino a mano”.

    Me he puesto un poco dramático, megalómano y futurista, si, pero es la imaginación y con este tema se torna sombría. Reconozco que lo del casino en Madrid es algo que me duele. Las Vegas lo considero el paradigma de lo peor de los vicios del capitalismo. Es una ciudad ficticia, que solo existe por exigencias del guión. Cuando caiga la economía tal como la conocemos, ¿seguirá existiendo? Creo que quedará sepultada bajo el desierto donde fue construida. No tiene más arraigo que a los oscuros intereses a que se debe: dinero, vicio, corrupción, sangre, mercantilismo… quizás por eso lo hicieron en medio de la nada. Las Vegas es el parque de atracciones del capitalismo.

    Con la sucursal de Las Vegas en Madrid tengo la sensación de que es la enésima imposición de algo que la gente no demanda. La sensación de que es persistir en los errores que nos han llevado hasta aquí. Y la sensación de que no arreglará nada, más bien todo lo contrario. Me produjo horror ver como las autoridades recibían al jefe del emporio tendiéndole una alfombra roja como si se tratase de ¿un mesías? Un tipo con una oscura historia que incluso ha sido criticado por China por sus políticas laborales (manda huevos que diría Trillo). Le hicieron más reverencias que si te tratase de Gandhi, Luther King o La Madre Santa Teresa. Definitivamente hemos vendido nuestra alma al diablo.

    Además, se crea la posibilidad de crear un paraíso fiscal dentro de un propio país. Un vertedero donde esconder los dineros de dudosa procedencia. Es curioso que ello ocurra cuando Suiza se está mostrando más transparente que nunca. Últimamente están accediendo a las peticiones realizadas por otros países para mostrar los nombres de los titulares de cuentas sospechosas de defraudamiento. Seguramente están cansados de ser considerados los oculta fortunas (turbias) de Europa y quieren revertir la situación. Quizás España tome el relevo. Se que muchos pensarán que eso es imposible, que España no es así y nunca ocurrirá. Pero es una triste posibilidad que se abre. Como dijo un periodista hace poco, los que vengan atraídos por las luces del casino se sentirán como en su casa.

    A mi admirado Pedro Luis decirle que es muy humilde a pesar de su sabiduría. O quizás por eso mismo: la sabiduría es humildad (entre otros dones). Créame que aprendo mucho de usted. Mis conocimientos son limitados. Yo solo trato de entretener un poquito, y de contagiar en lo posible, para leer a Shakespeare, Jane Austen o Cervantes, o adentrarse en otras músicas. Resumiendo, para que pasen un rato agradable. Porque me nace pero también porque otros lo han hecho conmigo. Y creo que es de recibo ofrecer algo a cambio.

    A mi camarada Pevalqui gracias por sus ilustradores comentarios, ayudando a poner escenario a los lugares que, a personas como yo, solo la imaginación y las grandes palabras nos pueden llevar. Se agradece que una persona tan viajada como usted nos aporte sus conocimientos. También gracias por sus palabras musicales. Me gusta que mi blog esté trufado de música. Así que bienvenido sea. Una vez hizo un comentario en el blog de nuestra querida y afable Rosario Valcárcel diciendo que le recordaba a un antiguo periodista musical un tanto variopinto. Aunque solo fuera por el recuerdo, me llegó mucho. Todo un honor viniendo de quien venía (ambos).

    Saludos shakesperianos para todos. También carnavaleros.

  11. Cruz dice:

    … ¡Lo dudo!.

  12. Cruz dice:

    ¡Lo dudo, salvo que sufriese de una escoliosis de cojones, tipo, que un tren te pase por encima, y te tirasen a una zanja como si fueras un saco!. ¡Eso es lo que delata estructuralmente y posturalmente el "cadáver"!.

Los comentarios están cerrados.

Scroll al inicio