Flora ornamental en Los Llanos de Aridane (VI)

A finales del siglo XIX comenzó a celebrarse en diferentes lugares de España la llamada, por ese entonces Fiesta del Árbol, considerada por los promotores por signo de progreso y oportunidad para extender los beneficios que aportaba el arbolado forestal y urbano.

El uso espontáneo celebrado en toda Europa tomó carta de oficialidad y de manera tajante y obligatoria comienza a celebrarse en Canarias, incluidos en varios municipios palmeros, la denominada "culta" Fiesta del Árbol. Por Real Decreto de Alfonso XVIII, de cinco de enero de 1915, se establece las normas de la celebración "en cada término municipal", debiendo así acordarlo la Corporaciones,  "y el acuerdo se hará público para conocimiento de todos los habitantes el Municipio" y además se debía "invitar a todos los funcionarios, asociaciones y entidades, tanto oficiales como particulares, que en el término municipal residan". Las localidades debían tener previsto los gastos y los Gobernadores no aprobarían ningún presupuesto municipal que no lo tuvieran previsto, "por pequeño que sea".  Los Ayuntamiento, por su parte, venía obligados a remitir una memoria de la celebración en la que figuraría la fecha, el número de árboles sembrados y el número de asistentes "a la solemnidad, de modo especial los alumnos de las Escuelas que concurran".

El Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane se unió a la actividad y acuerda señalar el 21 de noviembre de 1915, a las 4 de la tarde, para conmemorar "Fiesta del Árbol", "celebrándo­se con la pompa y ostentación que requiera una fiesta de tanta cultura", según consta en el archivo municipal. Para ello solicitan 100 acacias variadas; blancas,  rosas y de bolas a la casa de Pedro Giraud de la ciudad de Granada, empresa fundada en 1877 con representante en Santa Cruz de Tenerife y oferta por catálogo. Con este mismo fin se solicita del servicio forestal provincial  300 árboles diferentes.

La celebración por parte de los Ayuntamiento de este peculiar festejo y su obligatoriedad venía reglado, como ya hemos visto, por Real Orden de 5 de enero de 1915.  En cumplimiento de esta disposición en la calle Real el 9 de enero de 1916,  se plantaron las acacias llegadas de la península, fuera de la fecha acordada en un principio, pero de seguro "con la pompa y ostentación que requiera una fiesta de tanta cultura".

De los fondos de la cuota voluntaria de la carnicería se pegaron los gastos de la siembra de las acacias. Consta dos facturas a favor del comérciate José Duque Guadalupe que recibió la cantidad de 80 y 65 pesetas por el "importe de los gastos ocasionados con motivo de la plantación de los árboles en la calle principal de esta Ciudad que abonó dicho Sr. de su bolsillo particular", factura firmada el 3 de febrero de 1916. El 20 de febrero de 1916 se le abonó a Agustín J. Benítez 21.00 pesetas "para pagar los fletes de los árboles de Santa Cruz de Tenerife a La Palma". El 23 de junio de 1916 se abonó 70.00 pesetas al comerciante Tomás Demetrio Felipe "por gastos al despacho y reexpedición de los árboles para la calle principal".         La recaudación y liquidación de los gastos de la siembra de los ejemplares ocupó varios meses y el 8 de agosto de 1916 se hace efectivo a Agustín J. Benítez, Secretario del Ayuntamiento, de la cantidad de 226.06 pesetas, "para pagar el resto del importe de los árboles plantados en la calle principal".

Por esos años los gastos de la adquisición de los plantones, flete marítimo y plantación contaron con la colaboración ciudadana. En 1916 el médico Benigno Capote Carballo donó la cantidad de 130 pesetas, un dineral en esa época, para sufragar los gastos de la Fiesta del Árbol. La siembra estuvo a cargo de los niños y niñas de las escuelas del municipio, donde se encontraba el recordado maestro Ramón Pol Navarro a quien la ciudad le ha dedicado una calle con su nombre.

La celebración continuó en años siguientes. El 23 de diciembre del año 1917 el Ayuntamiento cambió de variedad arbórea, destinados a la celebración anual de la Fiesta del Árbol, solicitando 500 eucaliptos a Santa Cruz de Tenerife árbol de propiedades medicinales que proliferó por toda la geografía palmera. De los 500 solicitados llegaron al municipio unos 180 ejemplares al considerar Tomás Capote, comisionado en Tenerife por el Ayuntamiento, que las 20 pesetas que había tenido de gastos "son enormes por lo que he desestimado de enviar 500 árboles en igual forma, esperando a ver si esos llegan bien y conviene a ese Ayuntamiento".

Los eucaliptos salieron del puerto tinerfeño el 12 de mayo de 1818 en el vapor Fuerteventura dirección al Puerto de Tazacorte. La compañía de Vapores Correo Interinsulares Canarios facturó por el flete  la cantidad de 22"50 pesetas, es decir, fue más elevado el trasporte en barco, desde origen a La Palma, que los gastos en Tenerife, a lo que hay que añadir las cinco pesetas pagadas a Domingo Ramos Rodríguez "por acarreto de veinte cajas de árboles del Puerto a esta ciudad".

La sensibilidad y el cuidado de los árboles ornamentales municipales obligaban a tener personal destinado a ello. En los años 1918 y 1919 figuran gastos municipales por el pago del riego de los árboles de la calle Real, carretera de Argual, Cementerio Civil, a Pablo Magdalena y Alfredo Gómez, el primero con un sueldo de 7,50 pesetas y el segundo de 3 pesetas. Suponemos que esta diferencia vendría motivada por la mayor cantidad de árboles que tendría que regar uno y otro. Los lugares anteriormente mencionados a los que hay que sumar los laureles de la plaza de España eran por esos años la flora ornamental municipal de la ciudad.

Hoy la conocida popularmente por calle Real,  en esos años Pedro Poggio, permanece sembrada de acacias, puede tratarse también de retoños de los primeros [hijos, nietos o bisnietos], de esta variedad de árboles, especie de flora ornamental que es usual y ha proliferado en otros lugares del municipio.

A la entrada del recorrido de la calle Real aridanense un placa recuerda la efeméride, realizada por iniciativa del Ayuntamiento y con la estimable colaboración de la Escuela de Arte de Santa Cruz de La Palma y el instituto José María Pulido de Los Llanos de Aridane.

Al parecer los ejemplares de las acacias de Los Llanos de Aridane responden a la variedad conocida por: (Robinia pseudoacacia), realmente una "falsa acacia" de la familia de las leguminosas. Curiosamente en La Palma el establecimiento de la perseguida masonería tiene un lugar muy destacado en la historia insular, con la implantación de varias logias. Pues bien, para esta vieja institución las acacias era todo un símbolo y por excelencia. Para algunos estudiosos de la masonería la acacia representa "la seguridad, la claridad, y también la inocencia o pureza; es símbolo de la verdadera iniciación para una nueva vida, la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, en efecto, la idea de la vida inextinguible que permanentemente renace victoriosa de la muerte".

Nos parece aventurado relacionar directamente a los protagonistas de la "siembra de las acacias" de Los Llanos de Aridane con el símbolo vegetal por excelencia de la masonería, no obstante adelantamos que efectivamente hay algunos nombres propios relacionados con las logias palmeras.

COMENTARIOS (6)

  1. Agustin Perdigon Gonzalez dice:

    A la cama no te irás sin saber una cosa más, y así me pasa con todos tus artículos.
    Mi calle la miraré de otra forma a partir de ahora.
    Gracias Vicky.
    Cariños
    Ana I.

  2. Queen dice:

    Magnífica y ejemplar medida, esa de destinar un "pellizco" del presupuesto a plantar árboles que den lustre y vida al municipio.

    Tan solo por eso merece recordar con afecto botánico al rey Alfonso XIII (¡me parece que se coló una V; hemos tenido muchos Alfonsos pero no llegan a 18!).

    Cuando vuelva a Los Llanos, me fijaré en las "acacias", que de ser las que refiere doña Victoria, son "falsas acacias" como bien subraya el epíteto específico (pseudoacacia), ya que el nombre más común que se les suele dar es el de "robinia", que coincide con el nombre del género al que pertenecen, o incluso afinando más “falsa-acacia”. Botánicamente, algo tienen que ver con las verdaderas acacias (con flores apelotonaditas, conformando bolitas amarillas o blanquecinas). En este caso las flores son más grandes y amariposadas, que recuerdan a las del tagasaste, tan extendido en las Llanadas de El Paso, desde la ermita de El Pino hasta la entrada del nuevo túnel.

    Por esa época, es verdad con muchas especies de árboles plantados como ornamentales, se les vinculaba no sé si con o sin fundamento con la masonería, como ocurre con la Ceiba. Es probable que se gastaran algunos "cuartos" en conseguirlas y plantarlas… y bien que nos parece y se les agradece.

  3. Elisa DíazHernández dice:

    Muy buen artículo. Gracias Vicky por enseñarnos tantas cosas y despertar una mayor sesibilidad por nuestra Isla. Conocer es querer.

  4. raquel curbelo dice:

    Muy interesante y entretenido. Gracias Vicky

  5. Luis Rollán dice:

    María Victoria, déjeme que le diga que su labor es impagable, al tiempo que le agradezca el permitirme acercarme un poco más a la realidad botánica en este caso, de Los Llanos. Una delicia; completado por nuestro especialista en estos menesteres, nuestro Pedro Luis.

    Saludos cordiales…

  6. Queen dice:

    Gracias "Pevalqui"… siempre estimulándonos con su generoso talante.

    Estuve el sábado por la noche en la meta de la "Transvulcania"… y me acordé de las "falsas acacias", pero después de haber estado en la cumbre, tratando de emular (¡un cachito!) a estos héroes que son los maratonianos… me limité a hacer unas fotos a la llegada del "sobrino esperado"… justo cuando se rozaban 16 horas desde el comienzo de la prueba… ya no estábamos para diagnosis botánicas … mientras Los Llanos eran una fiesta en "Clave de Ja"…

    Gran prueba la "Transvulcania" y enorme el sacrificio de los participantes… ENHORABUENA A TODOS ELLOS Y A LA ORGANIZACIÓN, tal como ya he escrito por alguna otra parte… Estoy impresionado.

Los comentarios están cerrados.

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