La Peña de la Vieja

Algunos días mi Peña semejaba una gran catedral de ébano, rodeada de espuma. Las olas simulaban velos preciosos, sacados de las profundidades marinas y los asientos tenían formas satánicas que gesticulaban en las gárgolas. Me tiraba al agua, subía de nuevo, me lanzaba como una saeta, daba vueltas a su alrededor y parecía que nadara sobre las mismas olas. Hacía toda clase de locuras, la punta de mis aletas se convertían en garras de escorpión. Trepaba y observaba desde muy alto para que las olas no me tragaran. Tenía miedo cuando miraba a la orilla. Si había marea alta, el camino de vuelta era más fatigoso. Sentía que mi gran roca se quería alejar conmigo, pero el mar con su gran manto me salvaba.

Me acostumbré a estar con Oscar. Su presencia estaba hecha de sol y de salitre.

    -¿Qué soy yo para ti? -me preguntó.

      Esta fue la primera vez en que esperaba que yo mencionase la palabra amor.

      -¿Sabes lo que quiero decir? -volvió a insistir.

No le contesté, miré a lo lejos y vi acercarse a Miguel, el barquillero, que llevaba colgada de su hombro una barquillera ador-nada en su parte superior con una rueda y números. La paseaba con gran pompa por toda la playa. Sin pensarlo, corrí tras él y le di vueltas a la ruleta. Tenía un gran apetito y miraba impaciente, esperando que se parara. Al fin salió el siete, me correspondieron siete barquillos crujientes en forma de vela de un barco. Su sabor era un placer sin igual.

Óscar no había olvidado su pregunta y se acercaba a mí como a una niña frágil. Su mirada intentaba descubrir mi respuesta. Yo no podía decir lo que sentía mi corazón, debía guardarlo.              

           Era mi secreto. Tenía trece años

Fragmento de mi libro La Peña de la Vieja y otros relatos

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com;  www.rosariovalcarcel.com

COMENTARIOS (10)

  1. Luis Rollán dice:

    De vueltas con nuestra "Peña de la Vieja". No es lo más usual que el mar esté tan encrespado. Al fondo se puede observar la vieja factoría de pescado de los Hns Ojeda, en donde murió nuestro común amigo Fco Rodriguez Barba, aquel infortunado día en donde la solidaridad les jugó una mala pasada. Por esa zona de la playa, suele haber, lo que los playeros por allí conocíamos como "seba" (algas marinas) y alguna que otra morena alrededor de la peña que está ubicada en el medio del camino escorada algo hacia la derecha, en dirección hacia la Peña de la Vieja. La sensación al tirarte de cabeza no era la misma si lo hacías por un lado o por el otro. La ruleta del barquillero era de color roja. Aquellos "barquillos" tenían un crujir tan especial, junto con un sabor matizado de vainilla. Eran exquisitos, incomparables. Muy lejano del sabor que tienen los que venden hoy en día.

    Ya ves, tú con "Oscar" y yo con mis amigos Ale Faber, Hube, José Luis y Lucre, jugando al clavo próximo a la orilla.

    Buenos y gratos recuerdos que alegran un día lluvioso y plomizo como el de hoy.

    Un beso para tí.

    Saludos cordiales…

  2. Queen dice:

    Fragmento que es un libro…

    Todos hemos tenido nuestras "peñas", nuestras miradas sin respuestas, nuestros secretos guardados en el corazón… un corazón que ahora late cansado, pero con fuerza suficiente para emocionarnos y humedecernos los ojos…¡Qué bonito!
    Enhorabuena.

    Y callado, me pregunto: ¿se emocionarán los pájaros?… Sí, seguro.

  3. Eduardo Cabrera Capote dice:

    "La Peña de la Vieja y otros relatos", Anroart, 2006, fue el primer libro publicado por Rosario Valcárcel. Un libro de memorias, un libro que rescata la infancia, un libro ingenuo y bello, un libro escrito con un estilo aparentemente sencillo y un innegable toque poético. La Playa de Las Canteras fue el mundo en el que vivió la autora, quien después de este libro emprendió una senda diferente: la literatura erótica. Ahora próximamente saldrá de nuevo su vena de literatura para niños, pues prepara la edición de "Moby Dick en Las Canteras Beach", sobre el famoso rodaje que a mediados de los 50 trajo a Gran Canaria a John Houston, el grandísimo director, y a Gregory Peck, el grandísimo actor.

  4. Antonio J. Rodríguez Herrera dice:

    Pájaros solitarios que en la
    alameda buscan anidar
    sombras inconclusas en busca de
    su destino.

    Inciertas coincidencias llenas
    de exabruptos inconmensurables
    figuras incólumes de mármoles
    perpetuos.

    Noches de encantos impalpables
    de estrellas fugaces como tu
    aliento calcáreo de piedra pómez
    lacerando mis sentidos.

    Sonajas lejanas Perdidas en el tiempo
    fluctuaciones inmisericordes lacerando
    mis sentidos incompletos
    sonidos lejanos que vuelan con el viento.

    Brisas perfumadas olas misteriosas
    pinos que se mecen hierba marchita
    caderas cimbreantes cabello perfumado
    sentimientos inconclusos… lejanía.

    Mañana sigo…

  5. Queen dice:

    Siga, siga, estimado Atila
    mientras la mar lame las heridas
    a la peña de grietas adheridas
    gaviotas son los sueños que destila

    Al despertar el sol sobre la arena
    sinuosos recuerdos de la mente
    brisa salobre caricias de repente
    sobre la seda de una piel morena…

  6. Luis Rollán dice:

    Ohhhhhhhhhhh. Bravo. ¡Viva por siempre la creatividad, el talento y el buen gusto!

    Saludos cordiales,,,

  7. Anelio Rodríguez Concepción dice:

    Querida Rosario, resumo lo que en su día te dije sobre La Peña de la Vieja: ole.

  8. jose enrique garcia leal dice:

    Gracias Anelio. Eres muy amable.

    Como dice Pevalqui ¡qué maravilla los textos de Atilaelhunico y de D. Pedro Luis!

    Leerlos es como si volviera a mi playa a margullar en el mar.

    Reciban mi abrazo apretado.

  9. anselmo pestana dice:

    Es una obra llena de mucha felicidad no sólo vital sino literaria.

    En La Peña de la Vieja, la poesía no sólo está presente en esa manera de sentir y hacer sentir lo más hondo del espíritu, también se proyecta en los objetos, los lugares por donde han transcurrido sus personajes. Hay un espacio físico y vital que cobra atmósfera propia e independencia de su referente en la realidad cotidiana. Es un espacio con vida y respiración, que no se detiene al ser descrito, sino que punza en la memoria de los que nos asomamos a su lectura, y despierta todos los sentidos. Yo diría que leer-verlo es recordar y recobrar la piel de los sentidos. La piel rozada por la brisa vespertina de Las Canteras, la maresía traspasando el tacto y el olfato del nómada urbano al que tanto cantó nuestro entrañable Manolo Padorno y que Eugenio encendió con la cóncava concha de su poesía.

    Las Canteras, la Playa Chica, la trasera calle Portugal, kilómetros de espacio-tiempo que se proyectan desde el momento histórico de una niña cuyo horizonte era otear una roca desde la orilla de la playa

    “Cuando yo era pequeña vivía en la playa de Las Canteras y la vida era diferente, muy diferente.”
    Un gran abrazo.
    Antonio.

  10. Eduardo Cabrera Capote dice:

    Antonio Arroyo expresa mucho cariño en sus comentarios, cariño, sensibilidad

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