El "Ojudo de Los Sauces" (y II)

Otros muchos sucesos conmocionaron la población palmera. Veamos algunos:

– El 15 de agosto de 1800, "el Castillo de Tazacorte defiende valerosamente la entrada de su puerto contra un buque francés, de cuya refriega salieron algunos artilleros heridos y mutilados".

– El coronel Antonio Ignacio Pinto, el alcalde mayor Domingo Román de Linares, el sargento mayor Mariano Norma y Luis Vandewalle Llarena "avisados oportunamente, evitan el asesinato á que estaban condenados por cierta conspiración de gente de Barlovento" (10 de julio de 1822)

– Un somatén en Barlovento se alzó contra su párroco Luis Rodríguez Casanova y contra la tropa que, "viéndose agredida, hace una descarga contra el pueblo, causando dos víctimas". (30 de diciembre de 1823)

– El 12 de diciembre de 1835, cuando entró en su casa, a eso de las 10 de la noche, el comisionado del Gobierno Civil Nicasio Viña es agredido por un desconocido que lo apalea y lo deja gravemente herido en el suelo.

– Una despechada, María Hernández Cazadora, terriblemente celosa, se abalanzó sobre su rival, Manuela Pérez García, y la asesinó en pleno día en San Pedro de Breña Alta, asestándole numerosas puñaladas. Ocurría el 12 de diciembre de 1844. Tres años antes, el Barranco de San Pedro corrió tan impetuosamente que derribó una casa arrastrando catorce personas que se hallaban dentro. Murieron diez (8 de noviembre de 1841)

– La Audiencia de Las Palmas condenó a la pena de muerte en garrote vil a José Martín, vecino de Breña Alta, por haber asesinado a su convecino Mariano Martín, "al ser sorprendido pr aquel en su propia casa, en flagrante delito de adulterio". Ocurría el 30 de junio de 1836.

– El mayordomo de la imagen de San Francisco de Asís, del extinto convento de la Inmaculada de la ciudad, Antonio García, mientras colocaba unas astas de bandera en el campanario de la iglesia homónima en las vísperas del patrono, cayó a la plaza quedando muerto en el acto (3 de octubre de 1838)

– 12 de diciembre de 1839: un joven garafiano llamado Antonio Rodríguez había apedreado en el barranco de "Discaguan" a un niño de tan sólo tres años de edad. Como aún estaba vivo, lo cogió y lo despeñó por uno de  aquellos altos riscos del norte de La Palma, "quien en definitiva fue declarado escinto de responsabilidad criminal por falta de edad".

– Un caso ocurrido cuatro meses antes del crimen que nos ocupa: un vecino de El Paso -llamado Agustín Martín- había sido condenado a diez años de presidio por haber asesinado a Antonio Taño de Los Llanos de Aridane, "á las 8 de la noche del día 4 de enero de 1846". Había sucedido en el pago llanense de Triana. Se embarcó en la balandra llamada "Virtud" para cumplir la pena en Tenerife el día 6 de agosto de aquel año.

– Muere María del Carmen Remedios y Pintado tras haberse arrojado el día anterior ("al primer doble de la una de la tarde") desde la azotea de su casa en la antigua calle de la Cuna, número 5 (hoy Díaz Pimienta). El cronista confirmaba que no había dado señales de demencia. (2 de noviembre de 1848)

– También fue célebre el asesinato de Manuel Lecuona y Castellano, recaudador del Tesoro, ocurrido en Garafía la noche del 23 al 24 de septiembre de 1850. Cuando se hallaba dormido, después de hacer 168 embargos, fue sorprendido por un disparo de arcabuz efectuado desde la ventana de la casa que le servía de alojamiento. Murió por la tarde desangrado puesto que no había ni médico ni botica para atajar las hemorragias. Fue encarcelado por este vil asesinato el vecino Juan Martín Sánchez. Sólo un año estaría en la cárcel puesto que, al no encontrar pruebas concluyentes de que fuera autor del delito imputado, fue liberado en la cárcel de Santa Cruz de Tenerife.

-Fue un año sangriento, pues, el 28 de septiembre de 1850, el presbítero Manuel Remón Suárez y su sirvienta, la doncella Sebastiana Rodríguez Hernández, aparecieron horriblemente asesinados, el primero en su domicilio de la Calle de San Sebastián de la capital palmera, y la muchacha en unos huertos que existían en La Alameda, llamadas luego "California".

– y así un largo etcétera.

Pero volvamos con el caso principal que nos ocupa. Son muy curiosas las dos acepciones que aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua sobre "ojudo". En Cuba, se llama así a la persona, especialmente un niño, que codicia y pide lo que tienen los demás. También, coloquialmente, se usa en El Salvador y en Honduras para decir que una persona tiene los ojos grandes y salientes. Cuando oí hablar por primera vez del "ojudo de Los Sauces", me imaginaba a un hombre con los ojos enormes, pero al conocer la primera acepción cubana, pues me inclino a pensar que el americanismo era aplicado al niño "bamballo" y ladrón. Quién sabe si, aparte de malhechor, el saucero tenía unos grandes ojos. Sin embargo, una casualidad sería que el asesino, como se desprende de la crónica de Lorenzo Rodríguez, tuviese Ojudo como segundo apellido. Cosas de la casualidad. Cosas de La Palma.

BIBLIOGRAFÍA

LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, tomo III, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, Santa Cruz de La Palma, 2000

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