Venerable Hermandad de Jesús Nazareno (y II)

Era obligación de todos los hermanos y hermanas -con la mayor ostentación que permitiesen los fondos- hacer anualmente la función de la Exaltación de la Santa Cruz con vísperas, tercia, misa y sermón, procesión general por la tarde, así como sus correspondientes novenas. También, en la octava, hacer tercia, misa, procesión alrededor de la plaza y sermón por la noche; el día siguiente, un solemne aniversario con túmulo en sufragio de los hermanos difuntos. Otra obligación de la Hermandad era la de "asistir y costear los nombres al Señor, todos los miércoles de cuaresma y el último con sermón". En corporación, debía de asistir el Miércoles Santo a confesar y comulgar a El Salvador y a la solemne función y procesión del Nazareno o a cualquier otra que se le haga. También se debía de acudir a las estaciones el Jueves Santo; o acompañar al sagrado Viático, cuando se administrase a algún miembro o a sus funerales hasta el cementerio. También acudían al entierro de las esposas de los hermanos que fallecieren antes que ellos. Los difuntos titulares eran depositados en la capilla donde se veneraba al Nazareno y los gastos eran sufragados por los fondos de la Hermandad. Éstos amparaban la vigilia del funeral, la misa y el acompañamiento del Beneficio con dos capellanes hasta el cementerio. Los mismos hermanos eran quienes porteaban el féretro.

La Junta Directiva estaba compuesta por el párroco de El Salvador (el presidente, que velará por la observancia estricta de las constituciones y la conservación del buen orden en las reuniones y será encargado de abrirlas y cerrarlas, conceder la palabra…) y, elegidos por los cofrades: un hermano mayor (suplente del presidente, quién también hará cumplir los acuerdos de la Hermandad, la convocará cuando falten fondos o así lo soliciten un mínimo de cinco hermanos, cuando se trate de recibir a uno nuevo, etc.), un tesorero (recaudador de limosnas y encargado de custodiar las alhajas y fondos, de anotar los gastos y de formar las cuentas anuales a principios de diciembre de cada año…), dos vocales y un secretario (el de menor de edad  quien comunicará los acuerdos, extenderá en los libros las actas -firmadas también por el presidente-, conservará los documentos…). Estos cargos duraban un año.

Era curioso el método de votación entre los hermanos. Estos se proveían de unas bolas blancas y negras para expresar aprobación o reprobación, respectivamente. El secretario recogía los votos en un bolso blanco  y las sobrantes en otro azul. Luego se hacía el escrutinio ante el presidente y si así era exigido por algún miembro, éste tendría derecho a examinar las bolas.

Para poder ingresar en la Hermandad, los interesados o interesadas debían de presentar al secretario las solicitudes y luego los hermanos discutían si reunían o no las cualidades y aptitudes necesarias para su admisión. Ésta era aprobada en caso de tener las tres cuartas partes de los votos. Entonces, la Junta Directiva lo convocaba y le imponía las obligaciones a contraer y cobraba la retribución que era recogida por el tesorero. El hermano mayor escribía "Téngase por hermano, anótese en la lista respectiva, y cítesele para que en el día que se designe, sea recibido por la Hermandad". El presidente le decía: "Que la Hermandad se complace en admitir en su seno un gaje más, que le ayude á tributar el omenaje debido á Nuestro Señor Jesucristo, bajo la invocacion de Jesus de Nazareth". Como curiosidad, diremos que esta comparecencia ante la Junta y la Congregación tenía lugar tan sólo con los miembros masculinos, ya que con las hermanas "deberán ser impuestas por el Secretario de su admisión y obligaciones que contraen".

También se recogen en sus constituciones otros aspectos, como la colocación de los miembros en procesiones, etc. (los dignatarios en primer lugar: presidente, luego la Junta Directiva y detrás los hermanos eclesiásticos por orden de edad); cómo la baja en la misma debería de ser formulada al presidente por escrito y éste a la Hermandad, para ser anotado por el secretario en la lista respectiva; cómo a juicio del hermano mayor, los asuntos urgentes que no permitan consultar a la junta, éste decidirá qué hacer, aunque luego dé cuenta ante la Confraternidad y responda como responsable de su decisión; etc.

Lorenzo Rodríguez nos informa de cómo fue decayendo las obligaciones de la Hermandad. Así, llegaron a limitarse a "algunos jubileos en las fiestas de la Cruz y de la Corona, concedidos por la Silla Apostólica y por patrono al Capitán Don Gaspar Olivares Maldonado y sus herederos". Nos decía también que estos últimos estaban obligados a costear la procesión del Miércoles Santo y también una memoria de una misa a perpetuidad –"cantada de pasión"- todos los viernes del año ante la venerada imagen del Nazareno, titular de la cofradía. Añadía que era de las últimas hermandades que había subsistido hasta entonces, a pesar de las vicisitudes de los tiempos.

Las cofradías de la capital palmera llegaron a constituirse -no tanto en sus objetivos explícitos como implícitos- "como mecanismos de reproducción ideológica del sistema sociocultural de la ciudad y de sus representaciones colectivas" (Barreto Vargas). Fueron pocas las que subsistieron a través de los tiempos. La cofradía que nos ocupa, sin embargo, se vería beneficiada porque recibiría donaciones de particulares y no tan sólo de ciudadanos con algún título  nobiliario, como así ocurría con otras. Subsistió hasta principios de los años 60. Hernández Rodríguez nos informaba de que "… cuyos piadosos cultos han subsistido hasta la fecha, gracias a la generosidad de los descendientes de aquel prócer fundador, vinculados actualmente en las nobles y religiosas familias de Sotomayor-Castillo Olivares y de don Juan B. Fierro." . El articulista continuaba su relato en la prensa local diciendo:

"… nos sentimos deudores a la sociedad que nos lo proporcionó y que tenemos la obligación de transmitirlos, como ricos tesoros de nuestra popular tradición, a las generaciones que nos suceden, mejorándolos, si ello fuese necesario, pues, así como ningún árbol vive sin raíces, ningún pueblo vive sin Tradición… "

                                      Antonio Hernández Rodríguez, 1959

Hubo un intento de refundación de la Cofradía del Nazareno a finales de la década de los 70 (aproximadamente hacia 1977 o 1978) por parte de un grupo de gente muy animoso que quiso recuperar la antigua Venerable Hermandad de Jesús Nazareno. Entre los mismos se encontraban Gabriel Duque Acosta, Manuel [Hernández] Piñero, Antonio Pérez, etc. Contaban con el beneplácito del párroco Manuel González Méndez. Se reunieron un par de veces pero la  idea no llegó a fraguar.

Hernández Rodríguez nos informaba también de que esta cofradía había subsistido  hasta "los primeros años de este siglo, a juzgar por las referencias que recuerdo de un familiar que tuvo el honor de pertenecer a ella, no ha perdurado y ello es una pena que podría remediarse, reorganizándola bajo el mismo Patrocinio de este perfectísimo paso procesional".

"Quiera Dios que el próximo año veamos la reorganización de dicha Cofradía para que revivamos nuestra Semana Santa como la vivieron nuestros antepasados, mejorada con el creciente fervor de nuestras actuales generaciones".

                                      Antonio Hernández Rodríguez, 1959

Afortunadamente, tres décadas más tarde, la Cofradía mixta del Santo Encuentro (fundada en 1987), titular de los pasos del Miércoles Santo -entre los que se encuentra el venerado Nazareno de Estévez del Sacramento-  ha hecho realidad esta loable y unánime aspiración.

En una carta fechada el 26 de agosto de 2008, con el nuevo membrete, Pedro Poggio, hermano mayor de la cofradía comunicaba:

"La aprobación por parte de la vicaría de La Palma de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna (registro de salida 602 de 8 de agosto de 2008) de la recuperación de nuestro antiguo nombre de Venerable Hermandad de Jesús Nazareno. Dicho logro ha sido concedido por el vicario general de la Diócesis de La Laguna el pasado día veintiuno de julio de dos mil ocho. Esta denominación se corresponde a la que tenía la antigua confraternidad del Nazareno, fundada en 1667 en el templo del antiguo convento dominico de San Miguel de las Victorias de la capital palmera. Por esta razón, se hace saber que, a partir de este momento, la Cofradía de El Santo Encuentro pasa a denominarse a todos los efectos, Venerable Hermandad de Jesús Nazareno".

BIBLIOGRAFÍA

BARRETO VARGAS, Carmen Marina. «Las Cofradías en Santa Cruz de La Palma. Una forma de relación social», I Encuentro Geografía, Historia y Arte, Área de Difusión Cultural, Santa Cruz de La Palma, 1993

Constituciones de la Venerable Hermandad de Jesús de Nazareth, establecida en la iglesia del extinguido convento dominico de San Miguel de las Victorias, aprobadas por S. M. en su Real Cédula de 27 de junio de 1864. Imprenta de El Time, Santa Cruz de La Palma, 1865.

FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «Notas históricas de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma: Miércoles Santo», Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, (2 de abril de 1963)

HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Antonio. «Nuestros "pasos" procesionales y sus antiguas cofradías: Jesús Nazareno», Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, (25 de marzo de 1959).

LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna-Santa Cruz de La Palma, t. I y II, 1975-1997.

PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y Familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995

Quisiera agradecer a Manolo y a Pedro Poggio su inestimable ayuda y completa información.

 

 

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