A quien corresponda

La especie conocida como picudo de las palmeras (Diocalandra frumenti) es originaria de las zonas ribereñas del sudeste asiático. Este insecto se está convirtiendo en cosmopolita por el trasiego incontrolado de palmeras que realiza el hombre ante la continua demanda urbanística. Se trata de un escarabajo de pequeñas dimensiones (aprox. 5 mm) que se detectó, por primera vez en Canarias, en un palmeral de Maspalomas en marzo de 1998. A partir de ese momento y de manera progresiva se ha ido denunciando su presencia en las islas de Fuerteventura, Lanzarote y, más recientemente, Tenerife.

Nuestro personaje ocasiona la necrosis de las hojas interiores y la formación de pequeñas galerías en el raquis que pueden afectar a los haces vasculares, provocando en este caso graves daños a la planta, que en menos de un año, y una vez infectada, se seca y muere. Además, puede actuar como vector de otras plagas fúngicas.

Dado el innegable valor para Canarias de nuestro emblema botánico (paisajístico, ecológico y simbólico) y el serio peligro de una posible expansión del insecto que modifica la mortalidad natural de nuestra especie, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación publicó la Orden de 29 de Octubre de 2007 (BOC nº 222, de 6 de Noviembre), en la se establecen medidas fitosanitarias para su control.

Ahora que tenemos la plaga en nuestro archipiélago esta iniciativa es la correcta, pero creo firmemente que el principal problema es otro. ¿Cómo es posible que haya llegado a Canarias? Y -lo que aún es peor- sabiendo que la teníamos aquí, ¿cómo es posible que la dejemos entrar en otras islas? Es sabido que para cualquier factor de riesgo la primera medida es la prevención y ahí es donde estamos fallando, pues nos están invadiendo plagas constantemente. En los últimos 20 años he detectado y publicado la presencia de más de un centenar de nuevas especies introducidas (de marcado carácter antrópico) y que tanto daño están haciendo a nuestra maltrecha economía, ya que este hecho se ha transformado en un incremento adicional de muchos cientos de miles de euros extras al año de nuestros bolsillos. Eso sin tener en cuenta el coste medioambiental, que por cierto aún nadie ha podido cuantificar -coste que, no lo duden, tarde o temprano nos "cobrarán"-.

Lo he comentado muchísimas veces, alto y claro (sólo me falta gritarlo), en conferencias y entrevistas en diferentes medios de comunicación. Es imprescindible crear en puertos y aeropuertos naves de cuarentena, dotarlas (scanner, perros especializados o "narices artificiales") y cubrir las plazas con técnicos cualificados que controlen toda la mercancía orgánica que entra en la Isla. No soy el único que opina así y espero que no nos hastiemos de comunicarlo. Algo hay que hacer, no se puede seguir dejando pasar con total impunidad animales, plantas exóticas o terribles plagas que una vez llegan a nuestro territorio, por las bondades de nuestro clima y la morfología de nuestro terreno, se aclimatan rápidamente, constituyendo una epidemia que, una vez afincada, es muy difícil de erradicar (solo podremos, y a duras penas, controlar sus poblaciones).

Por eso, cuando me he enterado de que desde hace unos pocos meses en los hoteles de Fuencaliente hay cientos de palmeras afectadas y "descalabradas" por la presencia de este escarabajo, ¡no salgo de mi asombro! ¿Cómo es posible que de nuevo volvamos a cometer ese error? ¿Se sabe cómo ha sido introducida? ¿Se pedirán responsabilidades? Hace poco tiempo le decía a un colega que pusiera los cronómetros en marcha para ver cuánto tardaba en llegar a la isla otra plaga tanto o más peligrosa, el picudo rojo de las palmeras, que es el dios Set para estas plantas. Visto lo visto, creo que va a ser antes de lo que pensaba.

La realidad es que por el puerto entran los contenedores con estos huéspedes no deseados. El gran problema de esta desgracia es el poco control que se hace en la Isla con este tipo de actuaciones. Pero peor aún es que no se piden responsabilidades o bien se da por hecho que no hay culpables. Si ustedes supieran cómo ha sido la historia de toda esta ineptitud, se nos romperían los sueños de solucionar todo esto.

Mientras tanto, estas especies alóctonas continúan mermando nuestro sector agro-ganadero, destruyendo siembras y destrozando la fruta ante la incredulidad de la sociedad, el desaliento de los campesinos y la pasividad de la Administración. Siempre se ha dicho que no hay mayor sordo que el que no quiere oír.

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