De las muchas denominaciones de origen que atesora La Palma, una de las primeras y posiblemente más internacional sea la voz "Caldera" que el geólogo y naturalista Leopold von Buch oficializó y difundió en 1825. Desde entonces no ha hecho sino crecer el valor y la importancia que tiene La Caldera, que culminó en el año 1954 con la creación del Parque Nacional Caldera de Taburiente, orgullo y referencia de todos los canarios pero sobre todo de los palmeros.
Han sido 56 años de administración tutelada por el Ministerio de Medio Ambiente. Ahora, desde el 1 de enero de 2010 los Parques Nacionales dependen del Gobierno de Canarias, que ha confiado provisionalmente la gestión en la Viceconsejería de Ordenación Territorial, desde la cual se ha querido impulsar una Agencia de Parques Nacionales de Canarias. Algo que no ha prosperado por las presiones del cabildo tinerfeño que desea que la gestión sea llevada a cabo únicamente por las corporaciones insulares a través de la Consejería de Medio Ambiente. Ante estas presiones, desde hace unos días sabemos por la prensa, que el gobierno autónomo delegará en los cabildos que lo soliciten la gestión de sus parques. Es por eso que a partir de enero de 2011 el Parque del Teide pasará a manos del cabildo tinerfeño y lo más probable es que -en un futuro próximo- los demás parques se vayan incorporando.
Todo esto parece muy interesente, incluso lógico y necesario, si no fuera por lo mal acostumbrados -y creo que no nos equivocamos- que nos tiene nuestro gobierno y administraciones al amiguismo y al despilfarro. Sólo tenemos que mirar hacia las otras áreas transferidas como son carreteras, justicia, sanidad, educación,… para darnos cuenta de que estas no van "viento en popa…", sino todo lo contrario, ya que realmente hemos logrado algo penoso como es el hecho de llegar a empeorar la situación.
En todo este asunto, el Gobierno de Canarias afirma que las competencias más importantes son las que están peor dotadas ya que las reciben con un marcado déficit presupuestario. Por esta razón, el Presidente del Cabildo de Tenerife ha declarado que los fondos que recibirán desde el gobierno autónomo serán escasos puesto que las partidas que ha obtenido el ejecutivo regional desde el Gobierno Central no son las adecuadas. Entonces, si el dinero no es suficiente para llevar a cabo una gestión saludable ¿para qué pedimos y exigimos las transferencias? A veces nos da la sensación de que se está colocando "la tirita antes que la herida", además con esta afirmación parece que se está dando pie a la justificación de las inversiones privadas – no es que no estemos de acuerdo- pero habría que ver cómo, dónde y quién las hace y a qué coste medioambiental, pues está claro que por pura lógica capitalista habría que rentabilizarlas.
Con esto último queda más que justificada la importancia del Patronato y su constitución proporcionada, pues creo son la clave del presente y futuro de estos parajes.
Por eso, se han ido creando diferentes instrumentos de gestión para nuestros parques a lo largo de su espléndido devenir. Entre ellos, se estableció un Patronato como órgano de participación de la propia sociedad integrado por las Administraciones Estatales, Autonómicas, Locales y representantes de asociaciones, organizaciones e instituciones cuyos intereses están relacionados con el entorno protegido. Estaría compuesto por un total de 22 personas cuya finalidad es velar por el cumplimiento de las normas, realizar gestiones a favor del Parque, administrar ayudas y subvenciones, promover afecciones del paraje, defender todos sus valores, aprobar y modificar su propio reglamento de Régimen Interior, pero sobre todo informar a la ciudadanía, algo que la mayoría de las veces no se consigue con el éxito deseado. Tal vez, porque el propio pueblo soberano no ha demostrado la preocupación necesaria.
Esperamos y deseamos que los patronatos en el futuro no sean a la carta, como sospechosamente está ocurriendo con el Patronato Insular de Espacios Naturales Protegidos de La Palma, donde sibilinamente se ha ido eliminando el aparente equilibrio existente, entre los partidarios del desarrollo sostenible y los partidarios del desarrollismo, provocando un giro -al menos esa sensación da- hacia este último.
Ante estos hechos y visto los precedentes de estos últimos años en otras áreas… Les puedo afirmar que en nada me reconforta esta travesía de nuestros parques; es más, podría decir que hasta miedo me da.
Solo pedimos que desde los patronatos se siga velando por la sensatez de la sostenibilidad o en su defecto por la conservación medioambiental y que no se convierta en el cortijo de ningún partido, ni sirva para pagar favores o cultivar el privilegio de algunas castas. Que no nos hagan decir "Virgencita que me quede como estoy".

