Anunciar (I)

Una noche, hace muchos siglos, unos pastores descansaban bajo un techo de estrellas. De pronto, un ángel se presentó ante ellos y les envolvió con luces celestiales. Sobrecogidos y con temor, escucharon una dulce voz que les decía: «-Deponed el miedo. Vengo a anunciaros una nueva que traerá grandes gozos. Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador. Os doy esta señal, hallaréis a un niño envuelto en pañales en un pesebre». En aquel momento se sumó al ángel una legión de celeste ejército que alababa a Dios diciendo: «-Gloria a Dios en los cielos y, en la tierra, paz»

Señor rector del Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la isla de La Palma y Alcaldesa Honoraria de los municipios de Santa Cruz de La Palma, Los Llanos de Aridane, Breña Baja, Breña Alta; Puntallana, San Andrés y Sauces; Tijarafe y Villa de Mazo; señor presidente y señores miembros de la junta directiva de la Asociación de Belenistas «San Francisco» de la isla de La Palma; señoras y señores:

Ya anuncian cantares renovados la Navidad en La Palma. En aquellos meses que van de septiembre a mayo, entre los años 1492 y 1493, se debió celebrar la primera Navidad en la Isla. De seguro que los misioneros que acompañaban a Fernández de Lugo en los improvisados campamentos de las playas de Tazacorte y El Apurón, el poniente y el naciente palmero, debieron celebrar, en medio de los preparativos de la contienda bélica, el nacimiento de un niño que anunciaba paz.

Han pasado más de cinco siglos desde la incorporación de La Palma a la corona de Castilla y las guerras, el hambre, la incomprensión y la intolerancia entre los hombres continúa de igual manera. Sin embargo, por estas fechas ya se anuncia un deseo unánime y sincero, que se repite desde que aquel niño nació en Belén de Judea; unas palabras que siendo conocidas, siguen despertando la emoción de las gentes de buena voluntad: «¡Gloria en el cielo y, en la tierra, paz!».

Anunciar la venida de Jesús ha ocupado un destacado espacio en las expresiones artísticas de la humanidad. El pincel y la paleta han dado colorido al lienzo, la gubia y el cincel han doblegado la madera y la piedra, humildes instrumentos del pueblo -castañuelas, flautas, tambores y panderos- han acompañado los romances de pastores anónimos y también la música; asimismo, afamados eruditos, literatos e historiadores de renombre de todos los tiempos han vuelto una y millones de veces con sus diestras plumas sobre el entrañable relato de José, María y el niño Jesús y los camellos de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Son días de gozo y regocijo y, como tales, se comparten los mejores manjares. Son jornadas en las que sobre la mesa se depositan las más antiguas recetas de guisos, repostería y licores. Sin lugar a dudas, cada una de esas mesas -la del acaudalado y también la de menos pudiente- tendrá un mismo fin: celebrar la venida de Jesús; en todas y en cada una de ellas habrá risas, emociones contradictorias y recuerdos de añoranza de los que ya no están. Otros, los menos afortunados, no tendrán una mesa para compartir familia y manjar. Pero no lo olvidemos: para estos últimos también es Navidad.

En mi infancia, cuando llegaban las fechas próximas a la Navidad, niños y mayores nos apresurábamos a sembrar, en una caja de dulce guayaba, alpiste, destinado luego a simular fértiles huertitas en el nacimiento. Las figuritas de barro salían de la caja de cartón después de dormir durante 12 meses con placidez. Comenzaba el arreglo de los destrozos que la humedad había producido en el barro policromado de las caras de los ángeles, en los ricos ropajes de los Magos y en la barba de san José. La clínica del pegamento y la caja de pintura hacían el milagro de la restauración. Comenzábamos a montar el nacimiento y nos apresurábamos a coger pequeños peces rojos de estanques y atarjeas para introducirlos dentro de la bañera de zinc rebosante de agua de La Caldera.

Es difícil, por la falta crónicas descriptivas, recomponer y describir con exactitud los festejos de la Navidad de La Palma entre los siglos XVI y XIX. No obstante, los archivos parroquiales han dejado constancia de su celebración y pueden dar luz, sin ausencia de imaginación, de cómo serían aquellos festejos cuando aún no se habían incorporado a los cantares de lo Divino guitarras, bandurrias, timples y otros instrumentos musicales.

Por fortuna, aún perduran algunas de esas viejas costumbres populares de alto valor etnográfico, a las que lamentablemente no se ha sabido dar el valor suficiente que merecen. Nos referimos a los llamados bailes de pastores, ejecutados al son de castañuelas. Ejemplos dignos de tener en cuenta en la Navidad palmera son los grupos de repiqueteo de castañuela palmera -elaborada con madera de almendro y naranjera del país- de la parroquia de San Pedro Apóstol de Breña Alta, del Santuario Insular de las Nieves y de la parroquia de San Andrés Apóstol (en San Andrés y Sauces).
Las cofradías del Buen Jesús y de Nuestra Señora del Rosario eran las principales entidades encargadas de la organización de la Navidad. Para ello, el esfuerzo recaudatorio de limosnas por medio de aguinaldos acompañados de música y cantigas resultaba imprescindible para la confección del nacimiento y asumir otros gastos. El origen de ambas hermandades se remonta, en la mayoría de las parroquias palmeras, al siglo XVI.

En la de San Andrés, en 1602 se inventariaba un Niño Jesús de tercia de bulto y una caja de viñátigo para la cera. En 1654, se pagaban seis reales por las andas de la imagen. Entre los cultos a que estaban «obligadas» todas las cofradías del Buen Jesús, se encontraban la procesión alrededor del templo en los segundos domingos de cada mes y la celebración de la fiesta de la Circuncisión y Dulce Nombre el primer día del año. Hoy, el único municipio donde se celebra con misa y procesión de la imagen de vestir del infante sobre andas es Tijarafe, en la ermita del Buen Jesús.

Aquí en el Santuario Insular de las Nieves se celebra el 1 de enero con procesión bajo palio del Niño recostado en la cuna, acompañada de toque de castañuelas y tambor. Sería muy emotivo recuperar, en este entrañable lugar para todos los palmeros, la procesión de la magnífica imagen barroca titular de la antigua cofradía del Dulce Nombre, el Niño bendiciente que se conserva en el baptisterio del templo. Aquí queda ese ruego.

Como ya se ha comentado, la recaudación de los fondos para estos festejos se recogía por medio de la interpretación de cantigas y, para ello, era necesario dotar a los tocadores de instrumentos: tambores, panderos y chapas, castañuelas…, que acompañaban el canto de romances y otras estrofas alusivas al asunto navideño. En los libros de cuentas de la fábrica parroquial de Las Nieves, consta el ingreso «por limosnas de los cantadores» por un total de 21 reales y «por lo que sacaron los cantadores de limosnas la noche de año nuevo y reyes del año 1633».

Por su parte, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Los Llanos de Aridane compra en 1682 un tambor «para año nuevo y Reyes y pedir para la cofradía». Asimismo, en la iglesia de San Juan Bautista de Puntallana, consta la adquisición entre 1745 y 1757 de un farol y «un pandero que se compró para cantar por año nuevo y reyes».

También en Puntallana, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario recaudaba fondos por «las limosnas ordinarias que se piden por las puertas y las que se piden por las eras en tiempos de la cosecha y los aguinaldos por año nuevo y reyes». En las cuentas de 1802 de la parroquia de San Andrés, se abonó por un pandero y un tambor para las noches de Navidad y Reyes y, en 1830, se adquiere un «tambor para las cantigas».

Por el archivo de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, nos podemos imaginar la organización de esos cánticos recaudatorios. En las cuentas de la cofradía del Rosario correspondientes al periodo 1695-1700, el asiento 35 recoge el pago por «un pandero y chapas para pedir el aguinaldo la noche de año nuevo y reyes» y, en el siguiente, el 36, el gasto de cuatro reales por «una imagen de Nuestra Señora de los Remedios para llevar en la mano en los días que se pide el aguinaldo». Es decir, este grupo de tocadores y cantadores llevaban en su recorrido pequeñas imágenes de devoción que ayudaban al auditorio a identificar su procedencia De igual manera, portaban una pequeña capilla o caja de madera colgada sobre el pecho los llamados ranchos de Ánimas y Pascua de Fuerteventura. Se conserva una de ellas en el Museo de Arte Sacro de Betancuria, de 20 x 30 cm, con la representación del Calvario en un óleo sobre lienzo, pieza catalogada como obra de autor anónimo canario del Setecientos.

El nacimiento era -como hoy- un elemento fundamental de esas fechas. Vemos que los gastos anuales diferían de una edición a otra, de manera que pudiesen completarse poco a poco el andamiaje y las figuritas. En las cuentas de la parroquia de San Andrés de 1628-1636 se invirtió por el coste de hacer el nacimiento, así como en 1652 se confeccionaron «algunas obresitas de papel que sirven para otros años». En la misma parroquia, en 1668 figura el gasto «por un niño pequeño de palo para la cuna del nacimiento».

También en las cuentas de la cofradía del Rosario de Los Llanos de Aridane de 1738 constan 225 reales por el coste del nacimiento, «así por haberse hecho nuevo», más cera y rama y, a finales de la centuria anterior, el abono de 39 reales «que se han gastado en los nacimientos por clavos, alfileres, oropel y papel».

En la iglesia de San Pedro Apóstol de Breña Alta el nacimiento debió ocupar un gran espacio, según deducimos del cargo de seis reales corrientes pagados por traer los pinos para el nacimiento entre 1838 y 1844 y 12 reales acreditados a favor de Francisco Conde por formar el nacimiento en 1839. En 1851, la fábrica de la parroquia de los Remedios afrontó los gastos por «armar el nacimiento» y en 1876 por acarreo de pinos.

En 1852, la fábrica de la parroquia de San Amaro de Puntagorda pagó al citado pintor Francisco Conde por la «composi¬ción y figuras del nacimien¬to». En 1854 se adquieren «12 pastores, una mula y un buey y la cuna para el niño del nacimien¬to». En 1855 se liquidaron con el conocido pintor palmero Aurelio Carmona López 190 reales de vellón «por el lienzo del nacimien¬to e incluso el trabajo de pintarlo». Cada año, el nacimiento puntagordero iba aumentando su ornato y en 1891 el pintor palmero Virgilio Cerezo Pérez realizó «un telón de fondo para el nacimiento de 8 metros de largo y 6 de ancho, imitando un paisaje y reformó las figuras del mismo».

De la pluma del pintor y decorador madrileño Ubaldo Bordanova Moreno, asentado en La Palma en la última década del siglo XIX, nos ha llegado una de las crónicas festivas relativas a la Navidad en Breña Alta más interesantes y completas que se conocen. Así, en el periódico palmero La Justicia, de 12 de enero de 1899, explica que las figuras «que componen el nacimiento [de San Pedro] no tienen mérito artístico, pero el conjunto es agradable […]; de la profusión de los detalles y […] el gusto que denota su colocación lo que más atrae las miradas son dos preciosos molinitos colocados a la derecha del altar […] moviéndose graciosamente sus aspas por medio de un ingenioso mecanismo». Debieron utilizar, posiblemente, una pequeñísima central hidráulica que hacía girar las aspas; no en vano, recordemos que en 1899 todavía no había luz eléctrica en Breña Alta.

Conviene recordar que al pincel de Ubaldo Bordanova, autor de esta completísima descripción, se deben los frescos que coronan el retablo mayor -donde desarrolla el tema de Anunciación a María, primer episodio de la liturgia de Navidad- y la bóveda de este Santuario -la Asunción-. Probablemente este artista, de quien acaba de cumplirse el primer centenario de su fallecimiento en Santa Cruz de La Palma, debió colaborar en la puesta en escena del nacimiento de Breña Alta.

Scroll al inicio