Los exvotos pictóricos marineros (II)

 – El franciscano fray Diego Henríquez, al historiar los milagros de Nuestra Señora de Las Nieves (1714), recoge en el catalogado como número cuatro, la intersección de la Virgen en la terrible enfermedad del primer doctor mencionado. Pérez Morera lo recoge en su artículo titulado "De la Nieve de María…". Dice así: "El doctor Natur, médico de aquella isla, enfermó gravemente de cantidad de sangre que vertía por la boca, no alcanzó su phísica a curar tan mala enfermedad, pero no discurrió su cristiana prudencia recurrir al mejor médico. Imploró el auxilio de Nuestra Señora de Las Nieves, a cuya presencia se halló libre de enfermedad tan penosa y con perfecta salud. En hazimiento de gracias deste beneficio, deseó predicar perpetuamente las maravillas desta milagrosa imagen y halló modo de hacerlo mandando poner en la iglesia un lienzo, cuya pintura hiciese a todos patente este milagro y clemencia que obró con él esta soberana Señora". 

 – El mismo religioso escribía el otro prodigio mencionado con el número trece: "El doctor Juan Méndez, natural de aquella isla, antes que fuese canónigo de la catedral de Canaria, pasando a España, fue a Argel cautivo por un navío de turcos que los apresó en el viaje. Viéndose con tan bárbara y tirana servidumbre, imposibilitado de medios para redimirse, recurrió a la protectora de su isla, puso en las manos de su poderosa clemencia su angustiado corazón, encomendó su necessidad a esta señora de Las Nieves, en quien tuvo firme la esperanza de su remedio, perseveró en su fe, y consiguió la libertad felizmente, de que mandó poner en lienço la pintura que hasta ahora se ve en la capilla mayor de la iglesia de esta milagrosa señora".

 La imagen de la Virgen de Las Nieves -que es representada en sus exvotos- aparece como una vera efigie -retrato de la verdadera imagen-, con el Niño Jesús en su brazo derecho y  su conocido porte majestuoso y hierático y embutida en su percha textil triangular y barroca. Se trata de la imagen mariana más antigua de Canarias y la que suscita más devoción entre los palmeros. Generaciones de isleños la han venerado bajo este aspecto que aquí también se muestra. Tan sólo en el exvoto de 1768, la Virgen es representada con Jesús en su brazo izquierdo y el rompimiento de gloria se encuentra a la derecha del espectador. La representación de la Virgen no guarda relación con la representación iconográfica de la "Morenita", aunque es mentada bajo su advocación palmera.

 Nuestra Señora de Las Nieves es la que más aparece representada en este tipo de exvotos. Queda así demostrada que, para el Pueblo Palmero, la Virgen es la más importante intercesora ante el Creador; y su Patrona Inmemorial, la advocación mariana más reiterada, notable y efectiva ante la adversidad.

 El viajero Charles Edwardes visitó La Palma en 1887. Tras su visita al Santuario de la "Señora" dejó escrito lo siguiente: "Es también en esta famosa capilla donde los hombres de la mar hacen sus promesas antes de embarcarse para La Habana. De sus paredes cuelgan viejas pinturas grotescas que representan milagros obrados en la mar por la Virgen misericordiosa. En 1704, por ejemplo, el capitán de una bricharca canaria, enfrentada a un barco pirata turco, invocó a la Virgen de las Nieves con tal éxito, que durante tres horas que duró la lucha no cayó ni un solo español, aunque sí numerosos turcos. Otra sencilla historia nos cuenta que la nave de Nicolás Marques, habiendo partido el 25 de febrero de este puerto rumbo a la isla de San Miguel, al llegar la noche del vigésimo sexto día de viaje, se vio envuelta en una feroz tormenta, y al divisar una estrella durante al confusión, los tripulantes invocaron a Nuestra Señora de Las Nieves y en unos instantes volvió la calma -el año 1702". La nave está representada como una pequeña barca sacudida por las blancas olas, mientras una estrella del tamaño del sol brilla en el cielo azul sobre un banco de nubes violeta que se desvanecen.  Por todas partes en la iglesia pilas de viejas velas e innumerables piernas, cabezas y brazos de cera dan prueba, como exvotos, del poder taumatúrgico del santuario".

 A lo largo de su historia, los navegantes palmeros han buscado el refugio de la Virgencita de Las Nieves en los infortunios, calamidades e incidentes producidos durante la travesía marítima hasta puerto seguro. Yanes Carrillo nos recordaba la oración que las tripulaciones de buques y navíos hacían antes de partir: "Señores, recemos y digamos que buen viaje hagamos; una salve a la Virgen de Las Nieves, abogada de esta embarcación: el Señor nos dé buen viaje y buen tiempo y nos lleve a puerto de salvamento".

 Otra de las costumbres relacionadas con la Virgen y la mar era que las naves llevaran a bordo una imagen de la "Señora de La Palma". Pérez Morera recogía en su obra que era a Ella a la que los marinos "imploraban y se encomendaban con fervorosa oración en momentos de peligro, diciendo: Madre mía de Las Nieves, ayúdanos". Yanes Carrillo escribía también: "en las noches cerradas, en plena y dura tempestad, los marineros repetían aquella invocación, antes de subir a lo más alto de la jarcia, y esto, decían, les daba ánimos y alientos para luchar allá arriba. Cuando la más absoluta oscuridad los envolvía, suplicaban: Madre mía de las Nieves, manda un relámpago para ver dónde me agarro. De nuevo en tierra, iban siempre todos a visitar a esta Virgen de su devoción y a darle gracias por haber podido pisar nuevamente su tierra y si el viaje había sido malo y les había azotado alguna dura tempestad, al regreso le llevaban botijas de aceite para la lámpara y le hacían promesas, yendo unos desde el muelle desnudos, de la cintura para arriba; y otros mudos, sin hablar, hasta llegar al santuario, y otros descalzos, en cumplimiento de lo que habían prometido".

 En la mayoría de los casos (en todos excepto en uno), el tema sobre el que gira el exvoto en Las Nieves es el marino. Esto nos da una idea de la importancia de la mar en la vida del canario. Recordemos que el puerto de Santa Cruz de La Palma fue el tercero en importancia durante el Imperio de Carlos V tras Amberes y Sevilla. También que sus astilleros llegaron a ser considerados como los más importantes del Archipiélago, donde encontraban trabajo numerosas familias isleñas y que tanto prestigio internacional dieron a La Palma durante la navegación a América, la Carrera de Indias. No en vano, la importancia comercial y demográfica en las relaciones La Palma – América, también están aquí muy presentes. Así, proliferan en estos cuadros los puntos de partida y destino a ambos lados del Atlántico: muelles de Canarias y de América (La Guaira, Campeche, Veracruz, La Habana…) Como excepción: la "galena que partió de la Martinica para Cádiz (1723) y la que dejó las islas de Furguillán con destino a Guarico (1768), así como el de 1715 del Planto, en el que se habla de una embarcación, salida de Caracas, que queda en situación de embarazo al ser afectado por un norte a la entrada de Veracruz".

 Es precisamente la Isla de San Miguel de La Palma, la que ha tenido a través de los siglos, una dilatada historia marinera, y los hombres de la mar, navegantes, mareantes, marinos, viajeros, náufragos, marineros… tuvieron siempre por especial Protectora a la Santísima Virgen de Las Nieves, a la que imploraron en todas sus adversidades y vicisitudes. Muchísimos fueron los beneficios recibidos y estos exvotos que aún se conservan en su Real Santuario son una prueba de ello. Todos se refieren a hechos similares y son un vivo exponente del agradecimiento y de la fe de aquellas generaciones de palmeros por el favor recibido o la gracia alcanzada, siempre de forma milagrosa y sobrenatural. Pérez Morera nos decía que "se realizaban para dejar testimonio en el santuario correspondiente del milagro con que alguna Virgen, Santo o Cristo había favorecido a una o varias personas".

 Fray Diego Henríquez en 1714 había relatado numerosos prodigios y milagros de la Virgen de Las Nieves. Recuerda como "las otras maravillas y beneficio desta prodigiosa ymagen, los tullidos, baldados y otras enfermedades que ha sanado; los despeñados y naufragios de que se han librado; los conflictos y necessidades que han remediado a los que han implorado su favor y auxilio, las dicen más bien las muletas, pedaços de maromas, cuerdas, pinturas y demas instrumentos que en su iglesia se miran para eterna memoria colocados en las paredes sin los muchos que se quedan en el olvido sepultados…"

En la escena aparecen numerosos tipos de embarcaciones: galeras, goletas, fragatas, etc. Aparecen en la representación de un naufragio y en la batalla contra un buque infiel (exvoto de Las Nieves de 1704). El de 1867 plasma a un infante en una cuna junto  a una ventana, a través de la cual se observa un paisaje escarpado y un faro. En estos lienzos, la mar y las olas están ingenuamente representadas. Otra de sus características es que esta representación es marcadamente primitiva, a pesar de que hay alguno de ellos que sobresale en cuanto al realismo y acabado de sus elementos. Es el de 1722, en el que la imagen del mar está mejor plasmada, a pesar de que la embarcación es una de las más toscamente representada. En el de 1704 está mejor logrado el trazado de los acantilados de Anaga (Tenerife) así como su oratorio de Las Nieves. Otras de sus características mejor conseguidas por el anónimo autor son: la calidad del velamen, el acierto y exactitud en los pequeños detalles (las figuras humanas, los navíos, el fuego de los cañones…)  En referencia a este exvoto, Concepción Rodríguez precisa que estos pormenores "nos trae a la memoria la batalla naval retratada por Cristóbal Hernández de Quintana en el lienzo de San Pío V de la iglesia de Santo Domingo de la ciudad de La Laguna, obra posterior a la palmera en casi un cuarto de siglo e inferior en valores táctiles…"

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