El "Diálogo", junto a las "Danzas coreadas de niños" y el "Carro Alegórico", entre otros, eran espectáculos que, desde muy antiguo, tenían su pública manifestación lustral. El primero tuvo efecto ininterrumpidamente con excepción del que hubiera correspondido a la Bajada del año 1860. Ocurrió "que el Alcalde Sr. Pereyra no incluyó en el programa de actos, medida ésta que fue muy criticada por parte del pueblo con el consiguiente demérito para la autoridad municipal". (Loló Fdez.)
DIÁLOGO ENTRE EL CASTILLO Y LA NAVE, 1840.
"CASTILLO: ¡Frágil Nave y audaz! ¿Cómo te atreves
abordar al Castillo de las Nieves?
NAVE : Fortaleza, esperad, y vuestro duelo
Pasará del calor al frío Yelo.
CASTILLO: ¿Cuál es tu nombre, di, de dónde vienes?
¿y cuál el cargamento que contienes?
NAVE : Me llaman pura, cándida María,
Y de la Nazareth llego este día.
Vengo a traer la paz, paz a la tierra.
Y a destruir al monstruo de la guerra.
CASTILLO: ¿Dónde esa paz está, que el hombre anhela
Y siempre fugitiva se le vuela?
NAVE : En Jesús, el que viene aquí, a mi bordo,
la da al que a su voz no se hace sordo.
CASTILLO: Fondéate feliz, Nave dichosa,
Desembarca ese Rey, que nos endiosa
NAVE : Vedlo Niño en los brazos de María,
Respirando bondad, paz, alegría.
CASTILLO: Baja hasta medio palo mi bandera
Como señal de devoción sincera,
Y salude mi fuerte artillería
Al Hijo del Eterno y de María.
NAVE : Arría gavias hasta el tamborete:
Tremole la bandera y gallardete:
El trinquete cargad, o marineros:
Acérquense al cañón los artilleros,
Y el crujido del bronce con cordura
Rinda homenajes a esta Nieve pura."
De esta forma, los festejos en honor a la Patrona Palmera no han sido sensibles solamente a las inquietudes artísticas, sino también a las históricas. Pérez Vidal poseía en sus archivos los diálogos de los años 1810, 1825, 1830, 1835, 1840, 1845, 1850, 1880, 1905 y uno de año desconocido.
"Diálogo abierto en medio del barranco
María de Las Nieves,
Bocina al viento saludan dos imperios:
Silencio … Silencio … Silencio…
El mar y el viento…
Castillo altivo: Detener …
Y con fugaz manera preparan sus cañones,
Salvas que dan al viento como un fervor
De fortaleza.
Floreciendo la unión de María de las Nieves
En dos amores,
Frente a frente:
El Castillo y la Nave".
"La Nave y el Castillo". Juan José Pérez Morera
En la conferencia leída en el Teatro Chico Municipal -"Terpsícore y Melpómene"- el 21 de junio de 1990, con motivo de la presentación del Manuscrito de la Bajada de la Virgen de 1765, el fallecido cronista Pérez García decía: ".. Y este escenario empieza en La Encarnación, donde se encuentra emplazado el Castillo de La Virgen, que tanta actividad despliega durante los festejos. La configuración actual de esta singular fortaleza se debe a la devoción de don José Gabriel Martín, que edificó a su costa la casa almacén que allí existe, construyó su terraplén y la dotó de los pertrechos necesarios para las funciones y salvas marianas. Don José Gabriel era natural de Los Llanos y vecino de Santa Cruz de La Palma, ciudad ésta donde se dedicó al comercio y donde logró una desahogada posición económica…"
Al igual que sucediera con el "Carro Alegórico y Triunfal", la letra del "Diálogo" ha recogido los sucesivos gustos literarios. En distintas épocas, distintos poetas escribieron el diálogo, posiblemente por encargo de la Cofradía de Mareantes. Acerca del Diálogo de 1810, decía que, a pesar de ser uno de los "más pobres e infortunados de forma, tiene el interés de referirse a la Guerra de la Independencia":
Castillo: "¡Ah, de la Nave!¡Ah!¡Ah, de la Nave!
Navío: ¿Qué dirá?¿Quién invoca mi protección?
¿Quién me habla?
Castillo: ¿De dónde viene?¿Qué cargamento trae?
¿Cómo se llama?
Navío: Vengo desde la Gloria de Pan cargado;
Me llamo vuestra amorosa y tierna Madre.
Castillo: ¿Cuál es vuestro destino?¿Quién os manda?
Navío: El que es mi conductor, es vuestro Padre.
Me manda visitaros cada cinco años.
Castillo: ¡Gran privilegio!¡ilustre distinción!
Navío: Sí, vengo a traer la paz a la Nación:
mi amado Fernando, la Religión.
Castillo: ¿Quedará castigada la traición
del infame, del vil Napoleón?
Navío: Sí, contad con mi auxilio y protección.
Castillo: ¿Y cuándo abatirá España a este tirano?
Navío: Luego, él será confundido en este año.
Castillo: Todo lo esperamos de Vos, Señora
porque sois nuestra Madre y Protectora.
Navío: Y yo haré que se escriba esta memoria
en los fastos y anales de la historia.
Castillo: Entre, pues en nuestro puerto sagrado
la Nave en quien siempre hemos confiado.
Navío : Vuestra esperanza no será vana, porque
traigo en mis brazos la paz, la tranquilidad
la dulce calma.
Castillo: Siga por tanto la Nave de María
entre vivas y extremos de alegría.
Navío: ¡Viva!¡Viva!¡Viva!
Castillo: Salúdela con devota alternativa
Tu tripulación, mi artillería.
Navío: ¡Viva!¡Viva!¡Viva!".
El periodista palmero Ortega Abraham, en su Cita lustral con La Palma, informaba de que "el navío de mampuesto, que se hallaba en medio del barranco de Las Nieves, según la tradición, fue construido por la cofradía de mareantes, la que cuidaba de su adorno y de adquirir la pólvora necesaria para las salvas, sufragada con las limosnas que solicitaban por las calles de la ciudad con ingenuas octavillas de verso fácil y ripioso.
En la Bajada de 1845 hubo una singularidad: se escenificaron hasta cinco diálogos Castillo-Navío. Hemos visto que, por regla general y según la documentación llegada hasta nuestros días, lo normal es que se celebre tradicionalmente solamente el que recibe a Nuestra Señora el Domingo Grande de su Bajada. De estos cinco coloquios, y según las investigaciones de Antonio Abdó y Pilar Rey, "el primero, muy breve, se hizo en el espacio habitual, la "llanura del barranco extramuros de la ciudad…" Apenas doce versos componen las réplicas de sus únicos personajes, Castillo y Navío, que dan la bienvenida al trono de la Señora…"
CASTILLO: ¡¡¡Ah del Navío, ah!!!
NAVÍO: ¿Qué dirá, qué dirá?
CASTILLO: Alistarse y ponerse en batería
pues ya llega el Trono de María
al cual va a saludar mi artillería.
Celebrando en su día con respeto
la importante visita de este objeto.
NAVÍO: Enhorabuena sea su llegada
y su pase también por esta rada:
venga el trofeo de tan gran portento,
mi artillería está pronta y al intento
aprueba de este Fuerte el pensamiento.
El segundo tiene lugar en el mismo escenario y, como tercer personaje, se incorpora Místico, barco de pabellón musulmán (Islam). Éste bajel -"de pérfida arrogancia"- pretende asaltar la fortaleza y tiene lugar un diálogo que concluye, probablemente con la derrota oriental, muy común en las representaciones de Moros y Cristianos. En el manuscrito puede leerse que su autor es el "aficionado" José M. Lorenzo Ferrer:
"Navío:
… ahora voy a abrir los portalones
para arrojar sobre él mis municiones.
Pues no puede sufrirse tal ofensa
que ansioso me prepara a la defensa".
El tercer diálogo también se verifica en el mismo sitio y tiene lugar cuando llega el Carro Alegórico y Triunfal. "El castillo da la voz de alerta ante la extraña presencia. El Navío lo tranquiliza, explicándole la naturaleza del raro visitante, haciendo una descripción esencial del Carro Alegórico". Se establece el encuentro entre el Pueblo Palmero, representado por el Castillo, siempre vigilante, y la Patrona. Esta pieza también tiene la firma de José M. Lorenzo Ferrer. Veamos unos versos:
"Navío:
Quien a tal hora ha entrado en esta rada
no altera nuestra paz con su llegada;
es un carro triunfal que, de María
anuncia su bajada en alegría
a esta ciudad que, de gozo penetrada,
cada lustro la espera entusiasmada:
se compone de ninfas y emblemas,
sin que otra cosa medie porque temas."
Castillo:
Enhorabuena sea tu llegada
de ángeles y hombres festejada.
Rinda, pues, nuestra fuerte artillería
los aplausos debidos a María
y al bronce en su rápido estampido
se una nuestro acento enternecido
tributando el palmense con ternura
finos obsequios a la Nieve pura"
El cuarto tiene lugar ante la milagrosa efigie de Asieta, y le da la bienvenida a su ciudad. Está compuesto por José Fernández Herrera. Se trata de la más antigua tradición documentada de estas fiestas -paralelamente a las loas- que se ha perpetuado hasta nuestros días, ya en el texto que fijó Antonio Rodríguez López en 1875. En este cuarto Diálogo intervienen los habituales personajes, Castillo y Nave, quienes saludan la llegada de la Virgen en flamante trono, uno con la artillería del fuerte y el otro con la suya. El Castillo da paso a la Nave, alegoría de María.
" […]
NAVE:
Mi privilegio es, pues tan exclusivo
que del cielo a la tierra es extensivo,
yo la raza proscrita he preservado
que en emblema en la Nave está cifrado;
soy la Paloma con la sacra oliva
y el Arco Iris que en la nube estriba;
soy la Estrella Polar del norte inscripto
que salva al naufragante en su conflicto;
el Arca Santa soy del testamento
y de la nueva Alianza el fundamento,
y en fin, la predilecta y escogida
y en las generaciones bendecida.
CASTILLO:
Salve María, Nieve Inmaculada
entrad a señorear tu fuerte rada,
y entre los vivas el cañón crujiendo
a las extremidades el estruendo
lleve de tan plausible y fausto día
en que baja la Nieve de María
y antes que en conmoción ponga la esfera
arría a medio palo esa bandera
en señal que el palmense afortunado
a su Madre recibe entusiasmado,
diciéndole: bendita e intacta eres
y escogida entre todas las mujeres.
[…] "
Por último, el quinto diálogo se escenifica en lugar diferente, barranco arriba cuando la Virgen regresa a su Santuario "según igual costumbre". Los omnipresentes personajes -formados como en la Bajada pero más pequeños- hablan y "en su contenido, es un fiel transunto del que se hace en el recibimiento en la ciudad". La obrita también está compuesta por José M. Lorenzo Ferrer. Ante la vigilancia del Castillo, que increpa a la Nave por su intromisión en la rada sin su permiso, ésta le hace ver cuáles son su nombre y su procedencia. A todos da la paz. El torreón contesta, como expresión alegórica del sentimiento que invade a todo palmero, con renovación de la perenne esperanza de que siempre continúe bajando y subiendo en el futuro. Concluye el Navío con una salutación, salpicada en términos marinos, a Santa María de Las Nieves: "¡¡Viva la Sacra Nieve de María!!".
"[…]
CASTILLO:
¡¡Silencio. Silencio!!
¡Nave atrevida! ¿cómo estás mapeando
y esta fuerte ribera sondeando,
sin obtener permiso de esta plaza,
ni respeto al cañón que os amenaza?
Retírate a otro puerto desde luego
o muy pronto desde aquí os haré fuego
[…]
NAVE:
Es la cándida Nieve de María
quien de esa altura ves en este día:
es el Iris de paz del alto monte
y el astro que alumbra el horizonte;
la estrella que guía al navegante,
y al puerto le conduce más distante;
el auxilio del pobre desvalido
a quien mi protección ha socorrido
en mi origen he sido enriquecida
y con gracia del Cielo concebida;
hecha, pues, mi visita misteriosa
me vuelvo a mi morada deliciosa,
a estos hijos Palmenses no olvidando
mi corazón ansioso irá premiando,
aquellos que mi nombre han invocado,
y nunca los favores he negado,
y aún desde mi Templo religioso
les dirijo el consuelo milagroso
la paz os deja mi amoroso anhelo,
la paz, el más precioso don del Cielo.
[…]"

