Parroquia de Nuestra Señora de La Encarnación (I)

HISTORIA

 En un promontorio, a la vera de un barranco y cerca de la cueva de Carías -lugar donde habitó el último príncipe de Tedote y se reunió el primer concejo de la isla o cabildo-, se fundó la ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de La Encarnación. A su alrededor se erigió el barrio con el mismo nombre, que se extendió al término comunal de La Dehesa, franco para el ganado de los vecinos.

 Para la fundación de la pequeña iglesia, se "cree que trajo de Cataluña" Gabriel Socarrás y Centellas una pintura del misterio de La Anunciación. Fue conquistador y morador de La Palma y uno de los Regidores del Consejo de la Isla. Sin embargo Juan Bautista Lorenzo niega que se trate de este conquistador "porque habiendo este venido á la Palma en 1508, esto es, 15 años después de la conquista, ya debió haber estado colocada la pintura de referencia en la rústica Ermita".

 Según la tradición, la humilde iglesia cubierta de paja, sirvió de parroquia a la naciente villa. Cuando se trasladó el incipiente núcleo hacia el Sur, se fabricó la iglesia de El Salvador y aquélla quedó convertida en ermita, extramuros de la ciudad y aneja a la parroquia matriz.

 A la primera iglesia conservada de la isla de La Palma que fue erigida por los conquistadores, no se le conoce fecha fija de fundación. Erróneamente se cree que es la segunda pues se consideraba como la primera el oratorio de San Miguel Arcángel de Tazacorte. Digo erróneamente pues nada queda de la primigenia construcción. Ésta sí es,  sin embargo, la primera fundación religiosa de La Palma. Cuando llegó a Tazacorte, Jácome Monteverde vio una iglesia vieja y derribada. Decidió construirla en otro lugar -según consta en la Visita de Vicente Peraza- para que no se perdiese la devoción al santo.

 Consta que el 26 de noviembre de 1520 visitó la ermita de La Encarnación el Bachiller Pedro de Pavía, Visitador que tenía encomendado "gastar 2.000 res. o más en los reparos mas necesarios". En el Libro Primero consta también que en 1522 la visitó el Obispo de Tierra Firme, fray Vicente Peraza, quien se remitió al inventario de 1518, cuyas actas no se conservan. Ya en la visita del licenciado García Calderón en 1532, se la denomina "Nuestra Señora de La Encarnación de la Dehesa desta villa".

 Don Juan Toscano, nombrado Visitador por el Sr. Obispo Cabeza de Vaca, escribió el 8 de mayo de 1525, que "el consejo de esta isla dio á la ermita por los años de 1495…" (es decir, dos años y ocho meses después de la conquista). Esto corrobora la tesis de que este santuario mariano existía antes de 1495 -hace ahora 514 años-. El mismo Toscano había mandado guardar una piedra de altar que estaba quebrada.

 Sufrió el saqueo de los piratas franceses mandados por el hugonote François Leclerc, "Pata de Palo" en julio de 1553, quienes expoliaron la iglesia, destruyendo obras de arte y documentos que acreditaban su antigüedad. Se quemó, por ejemplo, el libro donde figuraba la visita de Sancho Trujillo, Obispo de Marruecos. Robaron también una escalera de palo con sus escalones; un frontal nuevo de ruán con cenefa de redecilla… En 1550, el inventario del doctor Juan Vivas conserva anotaciones de numerosos ornamentos y valiosos objetos robados durante el saqueo.

 No obstante, quedan evidencias de su pasado de esplendor -no sólo de la constancia de sus cultos y romerías, famosos en el siglo XVI- sino también en el interesante arco toral gótico (c.1532-1534). Es el pionero en la isla y labrado por el cantero Hernando Luján, con capiteles con decoración de hojas de cardinas (son hojas parecidas a las del cardo que se usan como adorno). En el del lado del Evangelio se distingue un murciélago, tomado del bestiario medieval.  Posiblemente se trate del mismo autor de la portada principal del templo de Santo Domingo.

 La encargada de organizar estos actos para las fiestas de la Virgen era una cofradía que pedía limosnas para costear la cera y pagar el estipendio al sacerdote por decir las misas. La última noticia que tenemos de ella es de 1530, cuando el Obispo Zamora ordenó al vaquero Juan Alonso  que pagara su deuda.

 Tal era la cantidad de rentas, "muy crecidas", que era suficiente para absorber todos los gastos generados por las obras y reformas que se hacían en  la ermita. Incluso de sus fondos se sacaron 50 doblas para la fábrica de la capilla de El Salvador. En los inventarios de 1525 y 1530 consta la donación que se hizo también para esta parroquia de "porta-paces y otras alhajas propias del servicio parroquial… de las que se llevaban prestadas á aquellas para sus funciones…".

 El cronista Miguel de Monteverde (1855) escribía que la ermita era poseedora de las tierras concedidas por el concejo que empezaban por encima de la plaza de la ermita hasta llegar al mar, por un lado el barranco de Machado y por el otro el de Santa Catalina. Por esto, las casas construidas a la vera de la cuesta de La Encarnación pagaban anualmente un pequeño tributo en reconocimiento de tal posesión. Una cuesta que tan sólo servía para acceder al santuario, por lo que había una cancela al inicio y dos a los extremos de los muros de la plaza para evitar el paso del ganado. Esto fue así hasta 1787, cuando el Ayuntamiento repartió los terrenos para su cultivo y se hizo camino real.

 Por cierto, a propuesta de la Concejalía de Turismo y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, que en la actualidad dirige Alejandro Hernández, el Pleno municipal aprobó recientemente la redacción de la memoria histórica e inventario de bienes pertenecientes a este templo, a fin de tramitar la incoación de expediente de declaración de la misma como Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.

 ONOMÁSTICA DE LA VIRGEN

 Se celebraba la fiesta litúrgica de La Anunciación, cada 25 de marzo, aquellos años que no lo impedía la Semana Santa (el año de 2005, por ejemplo, coincidió en Viernes Santo, por ello se trasladó al 4 de abril). Se cuenta que "el beneficio no lleva derechos, porque, según tradición, la juró, por haber sido socorrida en este día, la ciudad, con la llegada de algunos buques cargados de trigo de que había gran penuria." Ya en 1706 se empezó "á tomar 8 reales antiguos en lugar de la oblata ó cera del altar, que despues se aumentó á 15 rvón. corrientes".

 La Encarnación de María, o también llamada La Anunciación, es la fiesta más antigua de las que hoy celebramos de la Virgen.

 Hacia 1589 se fabricó en la plaza una casita para el ermitaño, reedificada y destruida por el fuego en tres ocasiones. A mediados del s. XVIII se hizo en la cuesta otra casilla baja como hospedería para las gentes que venían de romería. El portugués Gaspar Frutuoso indicó que la ermita era un lugar "de gran romería para los vecinos de la isla", devoción que se tradujo en abundantes limosnas de "quesos, vinos, granos y frutos… legados testamentarios en dinero, tributos y fincas y con la renta de las tierras".

 Por cierto, Gaspar Frutuoso (Ponta Delgada, Azores, Portugal 1522; Ribeira Grande, Azores, Portugal 1591) fue un historiador, sacerdote, incansable viajero y humanista portugués.

 El santero no sólo pedía limosnas por las calles de la capital, sino también en las eras y entre los criadores de ganado. Siempre iba en asno o burra para recoger el vino que le regalaban para el santuario.

 Esta profunda devoción mariana se tradujo en abundantes dádivas, sobre todo durante las fiestas de la Virgen, a la que acudían romeros de toda la Isla, portando quesos, vinos, granos, frutos… Las cuentas también citan los becerros y las vacas de Nuestra Señora. De esta manera, en 1534 se relaciona en el inventario unas ocho vacas con sus nombres (Ligera, Ligera Vieja, Erguida, Rosada, Maldonada…), dos añojas (becerros de un año cumplido) y tres eralas (reses de más de un año y que no pasan de dos); una burra algo vieja y  un pollino hijo suyo. Se subastó en almoneda, por ser bienes poco seguros, para con su producto comprar un trozo de tierra o algún tributo. En 1539 se anota el dinero obtenido de la venta "de una erala, un nouillo que uendió a los de las Yndias y cinco vacas a carnicería y sus cueros".

 Otro ejemplo que nos puede dar una idea de la importancia de la fiesta fue que en 1530 el primitivo templo había sido reedificado y ampliado. El Obispo fray Francisco de Zamora encargaba al mayordomo Rodrigo Alonso de la Higuera hacer una nueva capilla mayor donde cupiera toda la gente que acudía los días festivos de la Virgen.

 Casi en nuestros días, la publicación del Diario de Avisos de 22 de mayo de 1954 informaba de que "hoy y mañana se celebrarán solemnes actos cívico-religiosos en la ermita de La Encarnación, en honor de la venerable imagen. Existe mucha animación entre los vecinos de aquellos contornos para estas fiestas que, como en años anteriores, revestirán el mayor esplendor".

 LAS TALLAS DE LA VIRGEN Y SAN GABRIEL

Encargada a Amberes por el mayordomo Rodrigo Alonso de la Higuera, y gracias a la mediación del comitente Jácome Monteverde y a que fue custodiada en la travesía desde la Península por el conquistador Marcos Roberto, la escultura de la Virgen de La Encarnación llegó sin incidentes a La Palma en 1525. Esta efigie y la del arcángel San Gabriel -de 96 cms. de alto y llegado unos años después- componen un grupo irrepetible del patrimonio canario e inaugurarían el rico repertorio de arte flamenco conservado en La Palma. Se calculan sus gastos en torno a 8.180 maravedíes por la hechura y otros 1.433 abonados en indumentaria traída para la imagen mariana. Una enorme cuantía para la época.

 El profesor Hernández Perera confirma en sus trabajos de investigación que algunas imágenes, como las que aquí nos ocupan, llegaron anteriormente al atroz incendio de la capital palmera en 1553 perpetrado por el francés François Le Clerc «Pata de Palo».

 El alcalde constitucional y cronista de la ciudad, Lorenzo Rodríguez, cuando hace el inventario de las imágenes que se veneran en la iglesia, refleja lo siguiente: "1º. La de Ntra. Sora de la Encarnacion, de talla, que el Obispo Dn. Fray Vicente Peraza, en su visita hecha en 11 de diciembre de 1522 mandó traer de Flandes, de lo que se encargó Jácome Monteverde…"

 La Virgen, bellísima y elegante escultura de madera policromada de 105 cms de alto, fue colocada en su altar el 8 de mayo de 1525. Fue entronizada en una especie de retablo-escenario que se cerraba con dos puertas que, en pintura, representaban a Santa Catalina y "Santa Bárbola" (Santa Bárbara).

 Esta efigie, junto a San Gabriel, fechada en el primer cuarto del Quinientos, presenta ciertos arcaísmos que nos hablan del gótico en los talleres de Amberes.

 Conforme a la iconografía habitual del tema de la Anunciación en los Países Bajos, la escena se desarrolla en el interior del aposento, donde María, de pie ante una mesita con un atril y junto a una librería compuesta de 17 volúmenes de madera, medita sobre la lectura de un texto sagrado que comienza: "O radix lesse, qui stas…" (Antífonas Mayores de Vísperas de los días 19 y 23 de Diciembre).

 Se representa aquí el instante previo a recibir la sorpresa por la súbita aparición de San Gabriel que, con las alas aún desplegadas y los ropajes sacudidos por la velocidad, se ha arrodillado en una nube para transmitirle el mensaje divino.

 Las palabras del Papa San León Magno quedan materializadas en los instantes siguientes a esta escena: "No sólo ante nuestra memoria sino que en cierto modo ante nuestros mismos ojos, tiene lugar el coloquio del ángel Gabriel con María, llena de estupor; y aquella concepción por obra del Espíritu Santo, en la cual tan admirable fue la promesa que le anunció, como la fe con que ésta fue creída…"

 La apariencia del Arcángel es de un hermoso joven imberbe, de cabello largo y rubio, que porta sus atributos característicos: palo de mensajero o cetro dorado con pomo floreado, dedo índice levantado en actitud de transmitir la buena nueva, y una filacteria (cinta con inscripción) con las primeras palabras del Ave María. Está arropado por una capa sujeta mediante un broche de orfebrería trilobulado. Sus cabellos pegados en la coronilla a modo de casquete, se abren en bucles hacia las puntas.

 La hermosa Virgen, cuyo cuerpo se quiebra en un gótico zig-zag, va ataviada con un hábito de escote cuadrado, típico en la indumentaria femenina nórdica de las primeras décadas del s. XVI, y un magnífico manto recogido en diagonal por delante, que describe unos duros pliegues inspirados en los Van Eyck. Su semblante es juvenil, con frente abombada, cejas altas y ojos de mirada baja, velados por amplios párpados, enmarcado por una larga cabellera cayendo en mechones semiondulados sobre el busto.

 EL TABERNÁCULO – ESCENARIO

 Ambas tallas se integran en un marco arquitectónico, un interior flamenco que, a su vez, fue embutido en el nicho central de un retablo barroco de 1740, con pilastras almohadilladas y estípites en el ático que, por primera vez, aparecieron en la carpintería sagrada de La Palma.

 En el archivo parroquial se encuentra "Un Dizeño para retablo", obra probable de Bernabé Fernández (1674-1755), dibujo a tinta sobre papel de 1730, considerada la única planta o traza para retablo de esa época que se conserva en la isla.

 La familia benefactora de la ermita, los Vélez y Guisla, trataba de construir un nuevo retablo mayor que acogiese en su centro el magnífico y antiguo tabernáculo-escenario con la teatral representación escultórica de La Anunciación, único retablo-hornacina que ha perdurado en Canarias del s. XVI. Nunca llegó a ejecutarse.

 Ya aquí había trabajado, si bien como dorador, hacia 1642, el maestro Antonio de Orbarán, cuya obra más destacada en nuestra isla es el retablo mayor de La Candelaria, en Tijarafe.

 El actual retablo de La Encarnación se data en las cuentas de 1768, especificándose, como nos recuerda el profesor Trujillo, "los nombres de carpinteros, como por ejemplo, Antonio Luis de Paz o Pedro Lorenzo del Rey que con Miguel de la Concepción, realizan en él los pintores- doradores Tomás Rege y Cayetano González". Ambos maestros habían trabajado también en los retablos de la nave en 1762, como asimismo el primero realizó la policromía de algunas imágenes de esta ermita. Continúa aquel profesor en su estudio informándonos de que el precioso retablo mayor -trabajado con madera de viñátigo y tea, al igual que los de la nave- conserva en su nicho principal "el grupo escultórico gótico-flamenco del retablo antiguo, que se trajo de Flandes en los años anteriores a 1525, representando la Anunciación o Encarnación". Considera ésta una prueba más del intenso comercio de Canarias con aquella parte de Europa, desde fecha tan temprana.

 El tabernáculo muestra la sacra representación de la Anunciación en un retablo-escenario inspirado, sin duda, en el teatro litúrgico medieval. La escena ofrece -como dijera la profesora Negrín- "una versión plástica de los numerosos cuadros de análogo asunto pintados por los primitivos flamencos", siempre inclinados a la recreación de los interiores domésticos en estas características casitas de muñecas.

(SIGUE PARTE II)

 

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