Leer

  Cuando inicié el blog señalaba que además de fútbol haría alguna incursión en otras historias en función de mi vinculación a la educación o de mi afición a la lectura, los viajes o la política. Se ha hecho esperar este artículo, pero voy a intentar analizar las ventajas que puede reportar que la sociedad y, especialmente, los jóvenes refuercen sus hábitos lectores. Para no defraudar a mis seguidores futbolísticos intentaré incluso algún símil que se puede establecer entre el fútbol y la lectura. Por ejemplo, para muchos entrenadores lo importante es ganar independientemente del juego desplegado, para muchos profesores lo importante es que sus alumnos lean aunque sea el Marca.

  Está claro que las alternativas de ocio que ofrece el mundo actual son muy superiores a las que se tenían hace treinta años, donde sin Plays, Mps, Internet y demás avances tecnológicos y con una sola cadena televisiva era más fácil que buscásemos el entretenimiento en la literatura. Ante tal tesitura los profesionales educativos han optado por atraer a sus alumnos con libros de menor calidad literaria pero que traten temas de actualidad como la moda, el terrorismo, el deporte, la inmigración,etc.. Las lecturas clásicas de los grandes narradores o los géneros como la poesía y el teatro se reservan para aquellos chicos con mayor madurez intelectual y formación como pudieran ser los de Bachillerato; la terapia parece correcta en cuanto que los cambios siempre han de ser graduales y no radicales. Los resultados no siempre son halagüeños y, por supuesto, pueden depender del enfoque y el entusiasmo que transmita el profesor. Al hilo de lo que cuento precisamente leía una entrevista con el excapitán del Athlétic Iosu Urrutia en la que señalaba que se había enganchado a la lectura después de que cayese casualmente en sus manos La sonrisa etrusca de Sampedro y que a partir de entonces en las largas concentraciones había devorado con fruición multitud de libros.

  No descubro nada nuevo si apunto que con un mayor nivel de lectura tendríamos más capacidad creativa, mayor riqueza léxica, menos faltas de ortografía, mayor cultura y muchas otras cualidades positivas que engrandecerían nuestra formación.

  Este verano ha hecho furor entre los lectores la trilogía Millenium con récord de ventas e incluso versiones cinematográficas. Los más puristas cuestionan la calidad literaria de la obra de Larsson: la famosa novelista policíaca Donna León señala que no le gusta por tener unos personajes violentos y malos; un columnista de la revista Tiempo manifestaba que le producía una enorme alegría si veía a alguien que leyese una obra fuera de esta serie; un amigo que me vio con uno de los libros de Larsson me preguntó si eso era literatura. Claro, que acudió a mi rescate uno de lo más grandes narradores actuales, Vargas Llosa, quien, en un artículo escrito en el peródico de información con mayor tirada en España, señalaba que había leído la trilogía en un santiamén y con una dependencia que no sentía desde sus tiempos infantiles cuando leía a Dickens. Reconozco que soy un seguidor de las novelas de intriga protagonizadas por detectives como el Carvalho de Montalbán o el Vila de Lorenzo Silva; del mismo modo que no me gustan las novelas de ciencia ficción.

  Pero para eso están los gustos, lo importante sería que leyésemos más, estoy seguro de que avanzaríamos ; a veces incluso llego a creer que a la mediocridad política existente no le interesa este tema sino que prefieren a unos jóvenes que no piensen y transiten pasivamente sin cuestionar el modelo social imperante.

 

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