El santoral recuerda que, un 15 de julio, 40 jóvenes misioneros jesuitas de entre 20 y 30 años murieron violentamente en la mar palmense defendiendo su fe en Cristo. Durante 5 días hicieron escala en La Palma, arribando al puerto de Tazacorte.
El azul oceánico se tiñó de rojo, del color de la sangre martirizada. La nave El Santiago, con el padre superior Ignacio de Azevedo y sus 39 compañeros a bordo, nunca llegó a su último destino, la colonia portuguesa de Brasil. De ellos, 32 eran españoles y 8 portugueses. El 15 de julio de 1570, el hugonote-calvinista Jacques de Sores los degolló, abordando la embarcación de los misioneros. Hoy, en el fondo de ese mismo mar donde encontraron la muerte, cuarenta cruces de hormigón recuerdan a perpetuidad su memoria, gracias a la iniciativa del palmero José Feliciano.
Santa Teresa de Ávila (a más de 2.500 kilómetros entre mar y tierra) tuvo la visión del martirio producido en las orillas palmeras, y los vio "entrar en el cielo vestidos de estrellas y con palmas victoriosas". Un primo-sobrino suyo era componente de la expedición misionera; se trataba de Francisco Pérez Godoy. (No creo necesario desarrollar la vida de quien hoy es reconocida como doctora de la Iglesia, ni destacar la importancia religiosa e histórica que su personalidad adquiere en este dramático suceso que tuvo lugar en La Palma.)
Pasaron los años. Y los siglos. Y llegó el momento en que los mártires eran beatificados por el papa Pío IX, con gran regocijo popular entre los habitantes de La Palma. En 1899 se recordaba en el «Boletín del Obispado de Tenerife» que no debía pasar desapercibida para los fieles de la diócesis la festividad de los Santos Mártires de Tazacorte y «que los moradores de la isla de La Palma se apresuren todos a acudir en romería a Tazacorte el día en que la iglesia celebra la fiesta de esos Santos Mártires». Las cosas han cambiado y, hoy en día, la festividad pasa totalmente desapercibida; casi podría decirse que en el olvido de la gran mayoría de los palmeros.
Nos consta que en algunas parroquias palmeras se dedican oraciones y funciones en su onomástica, perpetuando así su memoria (lamentamos que no en todas, como entendemos, debería ser). En Tazacorte habrá misa y procesión con la imagen del beato Ignacio de Azevedo, la arqueta de las santas reliquias y las fachadas de algunas viviendas con un lona que reproduce la imagen de los jóvenes misioneros. Este año de 2009 será recordado por el retorno a La Palma, después de 264 años, del cáliz de la premonición o relevación del martirio. En el año 1745 se lo llevó de la isla el obispo Juan Francisco de Guillén, regalándolo posteriormente a la Compañía de Jesús de Gran Canaria.
No hay programa cívico-religioso de la festividad de los Santos Mártires de Tazacorte y, en general, las instituciones civiles y los medios de comunicación no han mostrado el más mínimo interés por realzar uno de los tres hechos históricos más importantes que han sucedido en La Palma. Nos referimos concretamente a aquellos acontecimientos por los que la isla ha entrado, por derecho propio, en la historia universal: 1) El martirio de 40 jesuitas en las costas de La Palma en 1570. 2) La inauguración (1985) y los continuos trabajos científicos de los observatorios astrofísicos internacionales del Roque de los Muchachos. 3) La declaración de La Palma Reserva Mundial de la Biosfera (1983 y 2002) por la Unesco.
No conocemos otros eventos de entidad internacional con participación de varios países relacionados directamente con la isla. No olvidemos que, en el caso que nos ocupa, le compete directamente a España, Portugal, Brasil y al Vaticano, más a los millones de católicos extendidos por todo el mundo.
Mientras tanto, cientos de páginas de Internet navegan con errores disparatados que relegan el protagonismo de La Palma al más indignante olvido. Un ejemplo: la conocida enciclopedia-libre Wikipedia sitúa el abordaje del Santiago en las costas de Las Palmas (Gran Canaria). Por otro lado, mayoritariamente se les reconoce como «Mártires del Brasil», cuando realmente no llegaron nunca a pisar aquellas tierras. Es curioso observar que en muchos de los municipios y diócesis de origen de los compañeros de Ignacio de Azevedo se celebren actos religiosos en las fechas del martirio.
Se dice, desde hace muchísimos años, que la causa de Ignacio de Azevedo y sus 39 compañeros «está adelantada»; nos tememos, sin embargo, que la Compañía de Jesús, que dispone de tantos expedientes de santificación abiertos, sitúe a la cola de sus preferencias los casos ocurridos hace siglos. Si ese glorioso día llega (como siempre, corriendo o improvisando), La Palma no estará preparada. Muchos peninsulares, palmeros, portugueses y devotos de las ciudades de origen de los 40 jesuitas estarán en la plaza de San Pedro asistiendo a la ceremonia. Sin embargo, el lugar donde encontraron la muerte pasará desapercibido (o peor, confundido), como hasta ahora.
Cuando llegue ese día, el inmueble tazacorteño tradicionalmente conocido como «casa de los Santos Mártires» seguirá estando en manos privadas. Y las cuevas del Puerto de Tazacorte donde pernoctaron o tuvieron intención de hacerlo seguirán abandonas o destinadas erróneamente a otros usos (siempre, desde nuestra modesta opinión).
Lo más lamentable de todo viene porque somos los propios palmeros los que no exigimos. Para aprender, sólo hay que mirar hacia la isla hermana de Tenerife, concretamente hacia Vilaflor, municipio pionero con la canonización de San Pedro de Betancur. Hace muchos años, la hoy famosa «cueva del Hermano Pedro» estaba abandonada a su suerte; hoy, sin embargo, es uno de los lugares que mayor afluencia recibe creyentes (y no tan creyentes) que quieren respirar en la misma tierra que pisó Pedro de Betancur. La Palma, como no podía ser menos, recogió con regocijo y devoción la canonización del tinerfeño y ya son varias las iglesias palmeras que poseen una imagen de San Pedro de Betancur, pero muy pocas las que cuentan con una representación de los Santos Mártires de Tazacorte.
Otro ejemplo lo tenemos en el padre José de Anchieta, compañero y amigo de Ignacio de Azevedo. Los tinerfeños descubrieron al venerable lagunero cuando se erigió un monumento a su memoria a la entrada de La Laguna, en medio de la autopista. Curiosamente, las carreteras de La Palma se están llenando de esculturas, posiblemente con valor artístico, pero ni artistas ni políticos han tenido un momento para pensar en la historia de La Palma e inmortalizar a los Santos Mártires de Tazacorte.
Hace un tiempo, en un viaje a Tenerife, coincidí, un 15 de febrero, con un grupo de palmeros que iba a rezar ante «la Siervita», sor María de Jesús. Recordé entonces que cuando yo estudiaba en La Laguna, ese día se abría la iglesia del convento de Santa Catalina de Siena. En esos años estudiantiles, no había cola alguna ni la prensa recogía la fecha con espectaculares fotos de la masa humana que se agolpa en las puertas conventuales y espera paciente en la calle del Agua. Sin dificultad se podía visitar y contemplar el cuerpo incorrupto de la monjita.
La Palma busca reclamos atractivos que potenciar ante el viajero. Se anuncian museos temáticos de toda índole por los catorce municipios. Los políticos están en una carrera del «yo llegué primero y este contenido es mío». Todo muy bien. Pero, ¿quién es el que quiere apostar por los Santos Mártires de Tazacorte? ¿Quién preparará a la isla para miles de viajeros potenciales que, con devoción y fe, vendrían a La Palma al encuentro de los últimos pasos de los 40 jesuitas, pisando la última tierra que los acogió horas antes del sacrificio?
¿Qué organismo, religioso o civil, pondría todo lo necesario para potenciar la canonización de Ignacio de Azevedo y sus 39 compañeros? ¿Quién costearía la colocación de un grupo escultórico de este hecho en una carretera principal? ¿Quién redactaría una ambiciosa ruta de los lugares concretos que, según la historia y la tradición, anduvieron los jóvenes misioneros? ¿Quién sería capaz de reclamar la vuelta indefinida y para siempre a La Palma del cáliz del último sacrificio eucarístico que ofició Ignacio de Azevedo, el mismo que sostenía durante la premonición de su muerte? ¿Quién apoyaría, tal y como se rumorea, que dadas las edades de los jesuitas, sean declarados por el Vaticano «patronos de los jóvenes»?
En el año 2000, a propuesta del PSOE, el Cabildo de La Palma aprobó una moción para revindicar y divulgar la memoria de estos jóvenes jesuitas mediante la construcción de un museo en el Puerto de Tazacorte. Han pasado nueve largos años y no se ha movido nada, ni siquiera sobre el papel. Curiosamente el antiguo Cabildo de la isla en 1632, y años siguientes, solicitó a Roma fueran beatificados y nombrados Patronos de La Palma. No estaría mal recuperar este acuerdo histórico y solicitar de la autoridad eclesiástica el título de copatronos, junto a San Miguel.
Lamentablemente, por localismos mal entendidos, la parroquia denominada por el Obispado, el 21 de junio de 1975, «de los Santos Mártires […] el título atribuido a esta nueva parroquia tiene base en la actual condición de beatos de los mártires Ignacio de Azevedo y compañeros,» en la montaña de Tenisca de Los Llanos de Aridane pasó a llamarse «de los Protomártires de Roma», cuya onomástica se celebra el 30 de junio. Nos parece vergonzoso que en dos municipios colindantes y hermanos (y, lo que es más grave, bajo una misma fe y credo) se haya logrado este descabellado cambio por el argumento absurdo y «ombliguista» de que los Mártires de Tazacorte sólo pueden ser de Tazacorte y de nadie más. Yo digo que bienvenidas sean las iniciativas que apuesten por dedicar una iglesia a los Santos Mártires de Tazacorte en Los Llanos de Aridane, en Tazacorte o en otro cualquier lugar, dentro y fuera del marco insular. Si en este momento hallásemos por la geografía palmera, canaria o de más allá muchos más templos dedicados, mejor nos habría ido y, sin ningún género de dudas, la presión popular habría convertido en un «hecho» la canonización (la que, como los Mártires, duerme el sueño de los justos entre papeles mojados).
En lugar de estas disputas localistas más debería preocuparnos que Ignacio y sus compañeros sean canonizados como Mártires de Tazacorte y no como Mártires del Brasil, como recogen todavía algunos santorales. Al parecer, esto último se pretende desde algunos estamentos políticos y eclesiásticos, cuando, en verdad, el martirio aconteció en aguas palmeras, aún a vista de Tazacorte, y cuando nunca llegaron a arribar a las costas brasileñas. Éste sí sería un gran logro para Tazacorte, para La Palma y para Canarias.
La iconografía del beato Ignacio de Azevedo le representa con las heridas del martirio, sosteniendo entre sus manos una pintura de la Virgen (según sus biógrafos, le fue entregada en Roma por el papa Pío V junto a las reliquias de Santos que dejó en depósito y se conservan en la iglesia de San Miguel de Tazacorte y en el Santuario de Nuestra Señora de las Angustias de Los Llanos de Aridane). El destino le deparó a Ignacio morir abrazando a la efigie de Santa María la Mayor, también conocida como Virgen de las Nieves, cuando por esos años ya se encontraba la misma advocación en la Isla en que vivió sus últimos días y surco su litoral.
Bibliografía
Hernández y Hernández, Pedro, "San Miguel de La Palma, en la historia. Nueva aportación al tema de los Santos Mártires de Tazacorte", Serta Gratvlatoria. In honoren Juan Régulo, III. Universidad de La Laguna, 1988.
Hernández [Pérez], María Victoria, "Los Santos Mártires de Tazacorte, en el olvido", Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 15 de julio de 2003), p. 21.

