"Se trata de una arqueta prismática de madera forrada en cuero gofrado en oro con tapa semicircular. Asa abatible sobre la cubierta y cerradura con pasador en el frente, ambas de bronce. La decoración, a base de motivos vegetales geometrizados y encintados curvilíneos de diseño simétrico formando bandas y medallones, se distribuye en una faja principal ceñida por sendos frisos de hojas de vid y roleos, a modo de cornisa y zócalo. Todos renacentistas con cabezas de perfil simétricamente afrontadas femeninas y masculinas – que recuerdan el busto del emperador Carlos V-, se repiten sobre la tapa y las caras laterales. Tanto el formato y las proporciones de la caja como su ornato siguen las nuevas tendencias del Renacimiento a la italiana"
Jesús Pérez Morera
Esta arqueta, conocida como la de los Mártires, tiene las siguientes medidas: 28 x 19 cm (base), 18,30 (altura) y es anterior a 1570. Contiene las reliquias que el Papa San Pío V entregó en Roma al padre Ignacio de Azevedo (nombrado visitador del Brasil por San Francisco de Borja). Son las mismas que este beato jesuita había regalado en Tazacorte a su amigo, el caballero flamenco Melchor de Monteverde, esclavón y regidor de Amberes en prueba de agradecimiento y amistad por su hospitalidad durante la estancia del grupo de jesuitas en el bello pueblo palmero. Esto ocurría en julio de 1570, días antes de su martirio.
Entre las veintidós inventariadas en 1718, el magnífico arcón cuenta con las siguientes reliquias: una canilla de Santa Cristina (joven oriunda de la Toscana que sufrió los más terribles martirios), la quijada de Santa Inés (virgen y mártir romana degollada tras haber salido ilesa de la hoguera), huesos del Papa San Gregorio Magno (uno de los cuatro Padres de la Iglesia Latina y elegido Pontífice contra su voluntad en el 590), ropa de las Once Mil Vírgenes (asaetadas junto con Santa Úrsula por los hunos ante los muros de Colonia), una costilla de los Santos Inocentes (las ciento cuarenta mil pequeñas víctimas de cruel Herodes), un pedazo de la cabeza de San Vicente Mártir (diácono aragonés martirizado en Valencia en el 304 durante la persecución de Diocleciano), etc.
En 1745 se produjo la visita del obispo don Juan Francisco Guillén y se dejó constancia durante la misma que las reliquias las habían dejado en "la dicha hermita de Tasacorte los venerados Padres Jesuitas Ygnacio de Acebedo y sus treinta y nuebe compañeros, que pasaban de missión al brasil en el año de mil quinientos y setenta, abiendo celebrado missa en dicha hermita el dicho Padre Ygnacio a sus compañeros, quien las entregó a un caballero Monteverde…"
Otras confusas noticias y sin fundamento histórico otorgan otro origen a la llegada de estas reliquias a Tazacorte. Por ejemplo, lo que se decía de ellas en el diario de noticias del capitán don Nicolás de Sotomayor Topete y que fueron contadas a don Diego González Hurtado en 1701. Allí se contaba cómo fueron traídas por sus antepasados desde Flandes "que las tenía un caballero que les debía mucha cantidad de dinero y se las dejó en prenda". Así mismo, el Marqués de San Andrés don Cristóbal del Hoyo y Sotomayor decía que "nuestras abuelas colocaron en la iglesia de San Miguel de Tazacorte una arquilla de reliquias que van con su bula ya para V siglos caminando".
Se sabe por el inventario de 1613 que, entre la mesa del altar mayor y la peana sobre la que se venera la imagen flamenca del Arcángel San Miguel, existía una "caxita o relicario donde están las reliquias que en la dicha yglecia están guardadas…" Otras visitas eclesiásticas en 1672 y 1701 confirmaban que las reliquias de la iglesia de San Miguel y las que actualmente se custodian en el vecino Santuario de las Angustias se veneraban conjuntamente en el primer oratorio dentro de "vn cajonsillo cubierto con vn tafetán donde estaba vn cofresito aforrado en terciopelo carmesí por dentro y en él las Santas Reliquias embueltas en vnos paneles y tafetanes con sus rótulos renobados…".
El profesor palmero Pérez Morera también indicaba que, por aquel entonces, las llaves del cofrecillo y el cajón de las reliquias se encontraban en la ciudad, en poder de don Juan de Monteverde, descendiente del primer dueño de las haciendas de la zona. Luego pasaron al maestre de campo don Juan de Sotomayor Topete. Más tarde tres de ellas pasaron a la ermita de Las Angustias – "un pedasito de pan del que sobró del milagro que Christo hizo con las turbas, parte del casco de San Esteuan y parte de vna quijada de Santa Apolonia" para ser custodiadas en un cofrecillo pequeño dorado y esmaltado que aún existe dentro de una hornacina acristalada hecha en una pared lateral de la capilla mayor. Fue confeccionado en La Palma a fines del siglo XVII, "a costa y devoción del capitán don Nicolás de Sotomayor Topete y Massieu (1641-1710)".
Los dueños del ingenio azucarero de Tazacorte pusieron en el siglo XVIII nuevo techo a la capilla del patrono San Miguel "figurando un gran retablo en el cuadro pintado en 1738 por el maestro palmero Luis José Escultor, que es el que cubre el testero de dicha capilla". Así lo recogía don Miguel de Monteverde Benítez de Lugo en 1854.
Los escritos de la visita de 1745 informan de cómo las reliquias fueron trasladadas a Santa Cruz de La Palma. Allí fueron depositadas en el oratorio episcopal mientras se construían unas urnas "mui decentes" que fueron fabricadas con tres llaves (una para el vicario, otra para el cura de Los Llanos y la última "a cuidado del caballero que acostumbra tenerla") y de diferentes guarniciones, una para la ermita de San Miguel y otra para el Santuario de Las Angustias. Es probable que para la primera iglesia se trate del tabernáculo que aún se conserva en el retablo colateral de la Epístola. Se trata de un sagrario de madera pintado exteriormente por escenas alusivas al martirio de los jesuitas. El Obispo nivariense Rey Redondo visitó la ermita y las reliquias. Ordenó que se proveyese al tabernáculo con sólo una llave y que ésta se guardase en sitio seguro. Indicó que dicho sagrario no fuera restaurado, ni reformado exteriormente puesto que está "decorado con las antiguas pinturas que representan el martirio de los Santos Ynacio de Acebedo y Compañeros, cuya prevención se extiende también al cuadro que en dicha yglesia se conserva con el retrato de los Santos Mártires".
Cada 15 de julio, onomástica de los Mártires de Tazacorte, la imagen del Beato Ignacio de Acebedo y la arqueta de las reliquias recorren las calles de Tazacorte a hombros de un pueblo orgulloso de tener este importante vestigio de historia y de fe.

